Saltar al contenido

‘La Vie en Rose’, o el amor ni se crea ni se destruye, solamente se transforma

agosto 25, 2019

lavieenrosecartel

Segunda de las propuestas que la Compañía de Danza Mar Gómez trajo a la 19ª edición del Festival Manicómicos, La Vie en Rose es un dúo de teatro-danza que acierta de pleno al realizar una disección irónica, ácida y –¿por qué no decirlo?- hasta cierto punto también bastante realista de la vida en pareja, desde el encantamiento del primer enamoramiento hasta que el asunto se va deteriorando sin remedio con el paso de los años… tal vez llegando hasta las manos, o tal vez dañando a terceros que poca culpa tienen en algo tan real –y hasta tan previsible- como es la degradación de la pareja.

lavieenrose1

A lo largo de 40 minutos –y con unas músicas con un punto convenientemente almibarado, que van desde el musical de Broadway al ballet clásico o el desgarro de Edith Piaf- asistimos a la rutina de la vida en pareja: desde el punto en que dos seres se conocen pescando –o pescándose, mejor dicho- hasta que deciden emprender una vida juntos. Una vida que, en un principio, es color de rosa –tanto que puede llegar a subir el azúcar- pero en la que, a partir de la boda, irán surgiendo progresivamente el peso de la rutina –una cena de Nochebuena, y otra, y otra, y otra…-, la imposición de los roles de género aparentemente preestablecidos, la incomunicación y el tedio… hasta que, efectivamente, ese panorama de película romántica se vaya transformando en una lucha sin cuartel del uno contra el otro. Una lucha que pronto se convierte en linchamiento, y en la que se verán implicadas desde las mascotas hasta los propios hijos. Nada que no pueda pasar, al fin y al cabo, en las parejas de hoy en día. Y, cuando el deterioro de la pareja acaba por arrasarlo todo… ¿Qué salida queda? ¿Genera el ansia de destrucción una suerte de relación de dependencia? ¿Es posible la reconciliación? La Vie en Rose no pretende dar una respuesta rotunda a esta cuestión; pero, desde luego, sabe cómo trazar una radiografía bufa e incisiva al mismo tiempo acerca del mundo de la pareja. Por momentos edulcorada, por momentos deformada; pero siempre perfectamente reconocible.

lavieenrose2

La Vie en Rose tiene una factura de una calidad infrecuente en un espectáculo de calle – existe también en formato de sala- y sabe cómo enlazar el lenguaje teatral –porque aquí hay una narrativa progresiva, prácticamente muda pero siempre tremendamente clara- con el mundo de la danza. Aquí la danza está siempre al servicio de contar una historia, y el aspecto técnico – resuelto sin problema alguno por Mar Gómez y Xavier Martínez, artífices de la compañía, que dan vida a esa pareja bien avenida en un primer momento pero que acaba llegando casi a las manos- bien integrado en una comicidad que, precisamente por lo reconocible de las situaciones, resulta simpática en su ironía. Hay profunda inteligencia en la mirada simbólica de según qué situaciones –desde ese inicio en el que la pesca parece una mera excusa para atarse hasta esa langosta navideña que se convierte en improvisado elemento de lucha, la evocación de los animales; o lo bien integrada que está la interacción con el público, cuando las cosas se ponen más oscuras y la narrativa opta por irse por la vía del cuento…- y el conjunto se maneja a medio camino entre la comedia blanca –aquella que verán los niños- y la ironía ácida que deja ver mucho mar de fondo –aquí penetrarán mejor los adultos-. Pero, tal y como sucedía en Slapstick, esta función admite varias capas de lectura; y será cada espectador quien decida hasta dónde llegar.

lavieenrose3

Hay mucho trabajo concienzudo en La Vie en Rose, tanto a la hora de cuidar el aspecto plástico de la propuesta –que juega con una escenografía móvil que permite cambios de cuadro y juegos de entradas y salidas de vodevil sin que se resientan los tiempos: ¡esto en un espectáculo de calle- como a la hora de integrar perfectamente la danza en una narración puramente teatral, clara y concisa. También es interesante la mirada crítica – por todo lo que resulta por debajo de la comedia- que Gómez y Martínez aportan al sistema de las relaciones de pareja, tanto por el tono como por las formas. E, incluso, la idea de escoger la danza para narrar la historia de una caída al vacío, de una destrucción, es bastante útil aquí; porque permite partir de un inicio que admite un código más edulcorado, para irlo desfigurando en lo progresivo y caer en una agresividad física y gestual más clara. Desde luego que el viaje de los personajes lo admite perfectamente; y, en este sentido, el valor expresivo y narrativo de la coreografía es de muchos quilates.

En su brevedad, La Vie en Rose no deja fase del periplo amoroso por tocar; y evita ofrecer un punto de vista excesivamente autocomplaciente; y, desde luego, pone ante nosotros una realidad muy clara mediante un código concreto empleado con sabiduría para reírse de ello – porque no queda otra-, sin descuidar nunca ni la calidad de la coreografía y su ejecución ni el aspecto estético del espectáculo. Desde luego que encontrar propuestas de calle con este acabado no es frecuente; y se agradece mucho porque ayuda a dignificar el género.

lavieenrose4

Puede surgir la duda de hasta dónde este espectáculo – esta vez sí, puramente de danza-teatro- está bien enclavado en un festival de circo y de calle. Y, sin embargo, la duda quedará disipada de inmediato si escuchamos el calurosísimo aplauso con que el público recibió esta función, presentada en horario nocturno. Tal vez precisamente por contar con una versión de sala, La Vie en Rose parezca tener un acabado impropio de las funciones de calle; pero lo cierto es que se disfruta en su estética, en su humor y en el duro mensaje que deja, después de todo, la fina ironía con la que la situación está tratada. Y, por encima de todo, que el público que ve teatro de calle pueda acceder a propuestas de esta envergadura es algo que ha de agradecerse. Un gran trabajo.

H. A.

Nota: 3.75/5

 

“La Vie en Rose”, dirección artística: Mar Gómez. Dirección Coreográfica e interpretación: Mar Gómez y Xavier Martínez. COMPAÑÍA MAR GÓMEZ

XIX Festival Manicómicos (Plaza de España), 17 de agosto de 2019

Anuncios

‘Slapstick’, o el cine mudo también baila

agosto 24, 2019

slapstickcartel

Dentro de la 19ª edición del Festival Manicómicos –asentado certamen coruñés de calle, esencialmente centrado en el mundo del clown y el circo; pero que en esta ocasión se ha abierto también al género del teatro-danza- la compañía Mar Gómez presentó dos de sus más recientes creaciones: el solo Slapstick y el dúo La Vie en Rose, en ambos casos en su formato de calle. Corresponde esta reseña a Slapstick, primera de las propuestas.

Slapstick –término inglés que hace referencia a una comedia física, de caídas y golpes- es, en esencia, un homenaje al espíritu de un tipo muy concreto de cine mudo que, sin duda alguna, marcó una época: Buster Keaton o Charles Chaplin abandonan por un rato la pantalla y reaparecen en plena calle, reencarnados en nuestro protagonista. Ante nosotros, un hombre solo. Un personaje elegantemente vestido y cargado con maletas se dispone a emprender un viaje –¿tal vez una huida?- que, por supuesto, se complica hasta la imposibilidad ya sea por la capacidad de los elementos para ponerse en su contra o por su propia torpeza para manejarse con sus propios elementos. Así, lo que parecía que iba a ser un viaje inmediato se convierte de pronto en una eterna espera, en una expectativa truncada de movimiento que entretiene al público con la torpeza del personaje –aquí nace la comedia en sí misma- y que bebe de algún modo del absurdo; pero que, al mismo tiempo, deja lugar a la ensoñación –porque tal vez sea ahí, en la esfera del sueño, donde el personaje pueda realizar sus anhelos- e incluso a la ternura que nos produce la melancolía creciente del payaso.

slapstick

Probablemente hayamos visto muchos espectáculos de este género –ahí está, por ejemplo, la influencia del gran Pepe Viyuela y su memorable Encerrona– pero si Slapstick tiene una particularidad que la distancia del resto, con seguridad es la elegancia que aporta el equilibrio que obtiene entre danza y comedia. El homenaje que Xavier Martínez y Mar Gómez plantean aquí es esencialmente temático –y mantiene intactos algunos de los recursos más esperados del género del slapstick: maletas con las que el personaje no se maneja, alturas que son verdaderas barreras arquitectónicas; y por supuesto, mamporrazos-; pero visto siempre desde un lugar coreográfico que le aporta un plus de verdadera elegancia. Porque sí, Slapstick toma prestado el espíritu de un tipo de comedia muy claro y reconocible; pero aprovecha para vestirlo, ampliarlo; e incluso tratar la comedia desde una nueva posibilidad de expresión. Vuelta en este punto a las preguntas que surgen siempre que hablamos de propuestas híbridas: ¿qué es exactamente Slapstick y dónde encajarlo? ¿Humor mudo? ¿Danza teatralizada? ¿Danza temática? El resultado tiene seguramente elementos de los tres géneros.

slapstick2.jpg

Slapstick es una propuesta conscientemente híbrida en la que la temática es un vehículo conductor, un motivo que sirve a la danza para integrarla de manera novedosa en un hilo narrativo que se había explorado otras veces –como puro clown-, pero pocas desde el particular lugar que lo hace este espectáculo. En Xavier Martínez, antes incluso que el cómico físico, trasluce la figura del buen bailarín que es – y no olvidemos que está ejecutando un espectáculo de danza-teatro en superficie de calle sin dificultad aparente, con toda la dificultad añadida que ello conlleva-; y casi diría que cada sector del público debe decidir como qué y desde dónde admirar este espectáculo: uno puede quedarse en la vertiente más esencialmente cómica –aquí entrarán los más pequeños- o ver el espectáculo como un ejercicio de elegancia y precisión; una coreografía teatralizada en la que, efectivamente, el componente de danza acaba siendo capital para apoyar la narrativa. Slapstick, de hecho, no renuncia a ser una comedia de gesto; pero lo hace desde un lugar en el que prima la coreografía, y tal vez por eso sus mejores momentos sean aquellos en los que el personaje se entrega a una mayor intimidad – la parte más onírica- por más ni siquiera ahí deje de lado el aspecto más cómico. En este sentido, lo sensible de la selección musical –otra gran baza- es también toda una declaración de intenciones de hacia dónde pretende ir el espectáculo: los ecos de Bach u Offenbach envuelven aquí y allá al payaso danzarín que interpreta Xavier Martínez; de manera que –al menos desde mi visión de público- sus estupendas condiciones para la danza se acaban incluso imponiendo a las del clown y decantando la balanza hacia un lado del espectáculo. Pero, como digo –y esta es otra virtud de la propuesta- será cada uno quien decida si prefiere ver en Slapstick un espectáculo más centrado en el teatro gestual y el clown o en la danza como forma de narración de un material teatral: aquí yo me quedo con lo segundo.

SLAPSTICK3

Desde luego que Slapstick es una propuesta breve –unos 35 minutos- pero interesante; precisamente por el equilibrio que encuentra a la hora de emplear la danza como nueva forma de acercarse al universo del clown. Podrá verse como una cosa, como la otra o como la suma de ambas –y por lo tanto puede llegar a un público tremendamente amplio-;pero, en mi opinión, su mejor baza es la de haber sabido vestir una elegante coreografía para homenajear a un género teatral muy concreto. Como tal, está bien ejecutado y se disfruta; del mismo modo que me parece encomiable que un festival de calle centrado en el mundo del circo apueste por ampliar sus fronteras con propuestas como esta, que aunque tal vez resulte más compleja para lo que podría ser su público potencial, tiene una factura de calidad incuestionable.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

 

“Slapstick”, dirección coreográfica e intérprete: Xavier Martínez. Asesoramiento coreográfico y dramatúrgico: Mar Gómez. COMPAÑÍA MAR GÓMEZ

XIX Festival Manicómicos, A Coruña (Jardines de Méndez Núñez), 16 de agosto de 2019

9 años de Butaca en Anfiteatro

agosto 10, 2019

9 años

De nuevo estamos a 10 de agosto, por lo tanto hoy hace ya 9 años que Butaca en Anfiteatro salió a la red por primera vez. Y, a punto de cumplir 290.000 visitas y con 770 posts publicados, nuevamente toca hablar de una tendencia creciente; en la que el feedback recibido es cada vez mayor y el posicionamiento de la página en la red es cada vez mejor. El tiempo vuela, y en este tiempo Butaca en Anfiteatro se ha convertido en una propuesta firme, que ha logrado hacerse con su pequeño hueco en el mundo cada vez más masificado de Internet. Pero ese hueco no depende solo de quien escribe estas líneas, sino de mucha más gente que ayuda a que el proyecto siga vivo y en su mejor momento.

Como siempre digo, Butaca en Anfiteatro es un universo que se construye entre todos. Desde quien la escribe hasta cada una de las personas que interactúan; ya sea leyendo, comentando, compartiendo, debatiendo o consultando temas. La función del blog es siempre la de ser no sólo un punto de información, sino también –y sobre todo- un gran foro de debate del que todos podemos formar parte. Sin la respuesta que está recibiendo constantemente, el blog no sería más que una anécdota; y, sin embargo, nueve años después, sigue siendo una hermosa realidad. Una realidad que vive y respira gracias a sus lectores, por supuesto. Gracias por vuestra confianza.

También hay que dar las gracias a los creadores artísticos, que enriquecen las carteleras con propuestas variadas y de calidad, dando la posibilidad de que poder contarlas desde esta página; a los departamentos de prensa de teatros y festivales, que facilitan que Butaca en Anfiteatro pueda cubrir cada vez más eventos; y a las instituciones externas pero hermanas que han colaborado conmigo y me han ofrecido colaborar con ellos a lo largo de estos nueve años –habría que mencionar a muchos, pero no quiero olvidarme de los compañeros de Tragycom, Revista Primer Acto, Revista de la ADE, Revista de la Academia de Artes Escénicas de España, Proyecto Dúas…-. Entre todos ayudáis de forma decisiva a que el universo de Butaca en Anfiteatro crezca y se expanda. Sin vosotros todo esto tampoco sería posible.

En definitiva, gracias a todos por visitar, leer y comentar el blog; y gracias a todos por formar, de algún modo, parte de él. Ahora toca seguir remando para que Butaca en Anfiteatro pueda seguir siendo lo que es al menos durante un año más. Me pongo a ello. Pongámonos a ello.

Muchas gracias a todos por vuestro tiempo. Nos seguimos leyendo en estas páginas.

Hugo Álvarez Domínguez.

‘La Transfiguración del Mastodonte’, o eterna capacidad de reinventarse

agosto 9, 2019

mastodontecartel.jpg

En un mes en el que, desde Butaca en Anfiteatro, hemos explorado los límites de lo teatral en no pocas ocasiones; podemos decir ante la presentación de Mastodonte –el nuevo proyecto musical del actor Asier Etxeandía y el músico Enrico Barbaro– que lo que sigue, efectivamente, no es una crítica de teatro propiamente dicha. Ni siquiera se refiere, de hecho, a un evento teatral propiamente dicho. Y, sin embargo, no quiero dejar pasar la oportunidad de escribir unas líneas acerca de un proyecto que, por un lado, tiene una conexión directa con el universo teatral –interesará y llamará la atención del público de teatro: ya lo está haciendo-; pero que además tiene suficientes elementos de interés en sí mismo como para convertirse en algo con personalidad propia. Quienes seguimos la carrera de Etxeandía –un artista total en el más amplio sentido de la palabra- posiblemente sepamos que era solo cuestión de tiempo – sobre todo después del éxito sin precedentes que obtuvo El Intérprete– que esto ocurriese. Revelado hace tiempo como cantante espléndido y showman total, Etxeandía – puede que en el año más intenso de su carrera interpretativa, cuando ha terminado de grabar Velvet Colección, secuela de la aclamada serie de Bambú Producciones; y coprotagoniza la última cinta de Pedro Almodovar, Dolor y Gloria, junto a Antonio Banderas- se ha unido ahora a Enrico Barbaro –otro nombre familiar para el público de teatro: ha colaborado con Etxeandía en un proyecto tan importante como fue El Intérprete– para armar Mastodonte, una banda que arrancó sus pasos el año pasado y que aúna gran parte de los intereses musicales de ambos artistas.

La pregunta que lanzamos al aire siempre que nos encontramos con un proyecto híbrido: ¿Qué es exactamente Mastodonte? ¿El proyecto más personal de Etxeandía –y Barbaro- hasta la fecha? Seguramente. ¿Un mero concierto de techno-rock? Está, desde luego, lejos de quedarse en eso; porque gran parte del atractivo está en esa capacidad de showman del actor vasco; esa descarga energética capaz de arrastrar a todo el público: ese sello propio que ya estaba en El Intérprete y que vuelve a estar ahora aquí. Da lo mismo que el formato haya cambiado; las claves siguen siendo las mismas. Puede que por su carácter de banda –y por su categoría de concierto- Mastodonte, vaya dirigido a un público más amplio – un público no esencialmente teatral-; pero los primeros destinatarios que disfrutarán de Mastodonte son, desde luego, todos aquellos que lo hicieron en su día con El Intérprete. Teniendo en cuenta el fenómeno que fue aquello, lo que se puede estar gestando aquí no es poca broma –máxime si consideramos, como digo, que esto va a llegar a un público mucho más amplio-.

mastodonte1

Hay, de hecho, no pocos rasgos del espectáculo que ofrece Mastodonte en la presentación de su primer trabajo que recuerdan no poco al espíritu de El Intérprete. No es de extrañar, de hecho, que los propios artistas confiesen que las primeras improvisaciones que dieron pie a la aparición de Mastodonte surgiesen durante el tiempo que duró El Intérprete. Porque puede que el espectáculo de Mastodonte no cuente con una dramaturgia propiamente dicha como sí tenía El Intérprete –aunque Mastodonte sí tiene, desde luego, una puesta en escena importante-; pero hay en los temas de la banda una serie de hilos conductores que ya aparecían en aquel espectáculo: la soledad y la forma de sobrellevarla, la formación de la identidad y la manera de afrontar la vida en sus diferentes etapas estaban –están- en una y en otra. También esa idea de exorcismo colectivo, que permite que los artistas se abran en canal e inviten a todo el público a abrirse con ellos nos llama inmediatamente al recuerdo de El Intérprete; del que Etxeandía toma prestadas un par de referencias directas para este show –sí, aquí también rula el tequila a base de bien…-, por si la relación no estaba lo suficientemente clara.

Hay, efectivamente, un hilo conductor en el concierto –en este sentido, la posición de los temas no parece aleatoria-. No en vano cuentan Barbaro y Etxeandía que “Mastodonte es un concepto, es la materialización imaginaria de un ente enorme y pesado, algo con lo que todo el mundo suele cargar. Mastodonte es el peso de todas las inseguridades que no nos permiten revelar al mundo exterior nuestras peculiares cualidades, por el íntimo terror a juicio ajeno, por el miedo de no estar ‘a la altura’, por el pánico que nos produce pensar que los demás descubran que en el fondo somos unos impostores. Mastodontes son también aquellos que consiguen romper estas ataduras, revelando y reivindicando su exclusiva belleza”. Así, podríamos decir que todo el espectáculo supone un viaje liberador; que el tono comunicativo de ambos artistas eleva por momentos a una suerte de exorcismo o aquelarre que debe contagiar –y vaya si contagia- al público hacia la búsqueda del propio yo. Y de aquí nace ese carácter de corte más simbólico que tiene la propuesta.

mastodonte2

No sorprenderá a muchos que la sonoridad de los temas de Mastodonte dialogue con varios estilos –aquellos de los que se empapan ambos artistas- que van desde el pop electrónico hasta rock más puro, pasando por el universo del blues y hasta la balada o ritmos de corte decididamente más étnico. ¿Cómo se come esta mezcolanza? Primero, como un material libre, nacido de las tripas, de las entrañas del gusto musical de la pareja; segundo, como un viaje, como el viaje al que hacía referencia más arriba y que es, en esencia, parte del concierto. Varias etapas, varios estilos, una única meta. Desde luego, queda más que claro que en Mastodonte, Barbaro y Etxeandía han dado rienda suelta a aquello que sienten en un trabajo todavía inclasificable; que quizá por ello tenga entidad propia. Para juzgar la sonoridad del producto en todo su esplendor debemos ir al cd, o emplazarnos a una nueva cita en la que las condiciones del lugar sean mejores –no podemos culpar de esto a la banda-; pero el material que ofrece el grupo tiene un interés incuestionable, sobre todo en esa voluntad propia de no querer ni encasillarse ni clasificarse.

Como líder, vocalista, de Mastodonte, Asier Etxeandía da rienda suelta, una vez más, a su carácter de artista total, plasmando en escena un personaje en sí mismo que es carta de presentación sobre las tablas. Más allá de unas condiciones musicales que, lo sabemos, están fuera de toda duda desde hace tiempo; lo tiene todo y todo te lo da. De algún modo, podríamos considerar este salto mortal la consagración de un artista único en su género que, si bien ya no sorprende a quienes ya le conocemos –porque sabemos de lo que es capaz ese ciclón- sí merece todo nuestro respeto en esa capacidad continua de reinventarse, de explorar nuevos terrenos y mostrar nuevas aristas del artista. Ahora, con la complicidad clara de Enrico Barbaro, Asier Etxeandía se revalida como un artista total, capaz de entregarse hasta el paroxismo a su público sobre el escenario; en una especie de coito colectivo al que pocos artistas podrían llegar. Su energía parece infinita, como su capacidad de arrastrar al respetable. Una vez más, uno podrá preguntarse dónde están los límites de este artista; y una vez más no alcanzamos a vislumbrarlos. Cuánta generosidad.

Mastodonte –proyecto al que por lo visto Etxeandía y Barbaro viven ahora entregados en cuerpo y alma- está dando ahora sus primeros coletazos, y ya es un éxito. Quizá por el hecho de ser sus primeros coletazos ni el emplazamiento escogido por el Festival Noroeste para el concierto fue el mejor –algo de esta envergadura requiere de un lugar más amplio, no aparecer en una programación de corte off… de hecho me quedo con la sensación de que este show respirará mejor en un espacio más amplio; y que la banda ha tenido que hacer cierto esfuerzo por adaptarlo a las condiciones ofrecidas, que desde luego no eran las que merecían: esto es, o debería ser, algo más que un fenómeno alternativo-, ni siquiera todos los asistentes al concierto sabían exactamente la que se les venía encima –más de una cara de sorpresa al descubrir al actor como líder de la banda-. No sucederá mucho tiempo: tiene pinta de que Mastodonte ha venido para quedarse; y convertirse en un sello propio en sí mismo. Cuando eso ocurra –no falta mucho tiempo: ojo a las dos fechas en el Teatro Español en septiembre, por ejemplo- algunos podremos decir que ya hemos formado parte del fenómeno.

mastodonte3

¿Es Mastodonte un material teatral? Seguramente no en primera instancia; y, sin embargo, hay algo en la construcción de un personaje en sí mismo que tiene Etxeandía y en la estructura lineal del concierto que nos podrían llevar a pensar en algo de eso. ¿Va a crear tendencia pronto si es que no la está creando ya, y va a arrastrar en esa tendencia a ese público teatral que sigue al actor? Incuestionablemente, y por eso merece su lugar aquí. ¿Tiene personalidad y calidad? Está fuera de toda duda. Mastodonte es una muestra clara de cómo reinventarse, renacer, buscar nuevos resortes y mostrar todo el potencial de unos artistas plurales. De momento se está presentando sobre todo en salas y festivales; pero hay curiosidad por ver cómo se mide el asunto en teatros de gran formato, a los que llegará pronto. Desde luego, deja la curiosidad de saber qué camino emprende este Mastodonte, y hasta dónde es capaz de llegar. ¿Dónde están sus límites? Imposible saberlo.

H. A.

Plaza de la Constitución (A Coruña), 8 de agosto de 2019. Festival Noroeste Estrella Galicia.

‘Hemos Venido a Darlo Todo’, o una celebración (de clausura)

agosto 2, 2019

hvadt cartel

Espectáculo en lengua gallega

El trabajo de Voadora –que es probablemente, junto con Chévere, una de las compañías teatrales gallegas con mayor proyección nacional de la actualidad- ya debería ser sobradamente conocido por todo buen aficionado al teatro; y en concreto por aquellos que lean este blog. Lo mismo le dan una vuelta de tuerca gamberra y pop a los clásicos con su sello inconfundible –A Tempestade, Soño dunha Noite de Verán– que se adentran en la senda del teatro documental más juguetón trabajando con público amateur –Don Juan, Garage– o arman sus propias creaciones, a menudo cercanas al posdrama, sin perder nunca de vista ese sello artístico, crítico, gamberro y pop marca de la casa –Calypso-. Todos sus espectáculos cuentan con unas señas de identidad inmediatamente reconocibles; aunque todos son diferentes entre sí en fondo y forma; y todos dan gran presencia a la música y la danza. No en vano, en los últimos tiempos su directora, Marta Pazos, se ha interesado por el mundo de la ópera contemporánea, en la que va buceando poco a poco con éxito –este mismo año ha firmado el estreno de Je suis Narcissiste, de Raquel García-Tomás; y en unos meses hará lo propio con A Amnesia de Clío, de Fernando Buide-.

hvadt2

Para clausurar la 35ª Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia –en horario de madrugada y en la Igrexa da Madalena, como fin de una jornada que había empezado intensamente nada menos que con una representación de Jauría– se presentó Hemos Venido a Darlo Todo, posiblemente el espectáculo más híbrido e inclasificable de Voadora hasta la fecha. Nacido como un laboratorio de creación entre artistas multidisciplinares –al amparo del Festival Surge Madrid- ha avanzado hasta convertirse en lo que es hoy: una experiencia de corte experimental, a medio camino entre rave musical techno y salvaje y experiencia plástica y estética que puede ser un espectáculo difícil de clasificar –decir que es estrictamente teatro no sería justo, y también va más allá de la mera performance- que permite a Voadora indagar con plena libertad en su imaginario –musical y visual- y que encuentra en un horario de madrugada –e incluso en un espacio digamos extraño como la Igrexa da Magdalena- su mejor lugar de exposición. Es complejo encajar Hemos Venido a Darlo Todo en unas coordenadas concretas; pero desde luego que las de un fin de fiesta de un certamen que se ha preocupado por indagar nuevos lenguajes parece especialmente pertinente; máxime cuando, aunque se puede vivir como una experiencia más activa o más pasiva, Hemos Venido a Darlo Todo solo estalla en todo su esplendor si cuenta con la complicidad del público. Sí, para disfrutar de la experiencia al completo hay que bailar.

hvadt1

Una discoteca interespacial en una iglesia ¿Una contradicción? No para la MIT Ribadavia.

Desde un principio se otorga al público total libertad para tomar imágenes y vídeos, y para levantarse a bailar cuando así lo deseen. Al comenzar el espectáculo se nos recuerda el experimento que realizase la NASA en 1977, al enviar al espacio toda una serie de vinilos de oro que definían lo que podríamos llamar la música de la humanidad –allí cabía un poco de todo: desde Bach hasta Elvis; pero parece ser que los Beatles se quedaron fuera por una cuestión de derechos-. Algo así como una selección de aquella música que habría que salvar si el Planeta Tierra desapareciese y existiese la posibilidad de vida en otro lugar Junto a la música, se enviaron también algunos elementos representativos de lo que sería la vida en la Tierra en aquel momento. El juego que propone Voadora –en un espacio escénico efectivamente dorado, de corte interespacial- es mezclar todos esos elementos musicales y visuales para armar una festiva reflexión sobre la condición humana. En Hemos Venido a Darlo Todo hay música sobradamente conocida junto a música de nueva creación –mezcladas en directo-, imágenes que completan el conjunto y lugar para la reflexión filosófica; en una miscelánea que pretende ser, ante todo, una fiesta. Una celebración del baile, de la vida, de la extrañeza de la condición humana y de la necesidad del otro –o de muchos otros- para completarnos.

hvadt3

Volvemos un momento sobre ese espinoso asunto de los límites del teatro sobre el que ya hemos hablado con anterioridad para preguntarnos ¿qué es Hemos Venido a Darlo Todo? Complicado ponerle una única etiqueta. Desde luego una propuesta en la que lo musical impera sobre lo textual –porque hay texto, sí; pero a menudo debe luchar por imponerse al volumen de una música que acaba llevando al espectador a observar las imágenes como primer complemento-, y una función más experiencial que experimental. Porque lo que proponen Marta Pazos, Hugo Torres, Jose Díaz y Fernando Epelde es un juego irónico en el que, hasta cierto punto, cada espectador deberá irse dejando llevar por los estímulos –musicales y visuales- que nos acaben llevando desde la comodidad de nuestra butaca hasta una especie de rave festiva en comunión general, que es el fin último del espectáculo. Se acerca más al concierto teatralizado –con marcados ecos performativos- que al espectáculo teatral en sí mismo; y, desde luego, está más cercano al teatro experiencial que a al teatro experimental; porque necesita de un público receptivo para llegar a completarse como lo que es.

hvadt4

Tras la contextualización inicial, y mientras la música sigue su curso, por el escenario – de corte espacial- van desfilando personajes e imágenes irónicas que, muy en consonancia con el sobradamente conocido aspecto estético de la compañía- han de completar esos estímulos: desde una astronauta que descubre una nevera y lucha con ella para acabar sucumbiendo a los encantos de algo tan humano como la Coca-Cola, hasta la Fe y la Razón –representadas aquí como dos figuras peludas claramente no humanas- dándose un paseo sin que se sepa con claridad quién sigue los pasos de quién, o una pareja prototípica de humanos –un maniquí de hombre y uno de mujer- vistos a través de los Rayos X, e incluso una pareja de seres inclasificables que se entregan a los placeres del sexo; pasean por el escenario mientras la música avanza y los ánimos del público se van caldeando. Ya hacia el final, Marta Pazos se queja de que está cansada de tener que bailar siempre sola frente al espejo, e invita al público a bailar con ella; en lo que podríamos entender como un estallido de libertad en forma de pequeña rave a la que todos acabamos entregándonos. El espectáculo acaba con ese público entregado, ahora en fase de recuperación, y la propia Pazos reflexionando –en forma de canción, una de esas expresamente creadas para el espectáculo- sobre la capacidad de la especie humana para aminorar sus propios problemas con problemas nuevos en los que meterse una y otra vez, en bucle interminable. Así, puede que la condición humana y la vida sean un problema en sí mismo; del mismo modo que Hemos Venido a Darlo Todo puede verse como uno de esos momentos en los que dejar los problemas fuera y dejarse arrastrar por esa sensación de libertad comunitaria que nos produce la posibilidad de baile.

hvadt5

En Hemos Venido a Darlo Todo están, sin duda, todos los presupuestos estéticos que definen el trabajo de Voadora –por lo tanto es visualmente atractivo y tiene el cuidado que siempre caracteriza a esta compañía para ofrecer propuestas tan ligadas al imaginario pop como impecables en su acabado: vestuario, luces, sentido de la estética; todo en su sitio- expuestos en un ambiente quizás no estrictamente teatral; por lo que puede ser un espectáculo interesante para aquel público no específicamente de teatro que quiera acercarse al universo de la compañía – y, tal vez, imaginar cómo es ese universo aplicado al teatro de texto-. Sabe a lo que juega e invita a jugar a un público que, al menos esta noche –en ese ambiente festivo de cierre de Festival- se entregó con gusto a la fiesta; más oportuna si cabe al estar programada inmediatamente después de una bomba emocional como es JauríaHemos Venido a Darlo Todo es, sin duda, un buen lugar para descargar toda esa tensión.

hvadt6

Participar de Hemos Venido a Darlo Todo es, desde luego, divertido; pero considero importante tener claro qué se está yendo a ver, e intuyo que funcionará mejor en espacios y enclaves singulares –insisto, pocas veces el formato va a ser tan oportuno como lo fue para esta clausura- que en teatros al uso, que no parecen ser el terreno natural de esta propuesta. Porque Hemos Venido a Darlo Todo es fiesta, es baile y es celebración. ¿Teatro? ¿Performance? ¿Experiencial o experimental? Sería erróneo ponerle una etiqueta. Puede que si creen que van a una función de teatro al uso se sientan decepcionados; pero si lo asumen como una gran fiesta colectiva de celebración de la especie humana pasarán un rato estupendo. Nuevamente, por lo particular del formato, resultaría superfluo reducirlo a una calificación final. La 35ª edición de la MIT se cerró este año en forma de gran celebración.

hvadt8.jpg

Diez días y más de una veintena de propuestas después, la XXXV MIT Ribdavia se cerró este año bailando.

H. A.

 

“Hemos Venido a Darlo Todo”, de Marta Pazos, Hugo Torres, Jose Díaz y Fernando Epelde (creación colectiva). Con: Marta Pazos, Hugo Torres, Jose Díaz y Fernando Epelde. Dirección: Marta Pazos. VOADORA.

Espectáculo creado en: Laboratorio de creación escénica multidisciplinar V Muestra de Creación escénica Surge Madrid / Réplika Teatro / Comunidad de Madrid / Convocatoria de residencias artística y estadías técnicas para proxectos de artes escénicas / Centro Sociocultural Santa Marta / Sala Agustín Magán. / Concello de Santiago /
​Auditorio Municipal de Rianxo / Sala Arcos Moldes / Concello de Rianxo.

XXXV Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Igrexia da Magdalena, madrugada del 27 al 28 de julio de 2019)

‘Curva España’, o el imperio de la posverdad

julio 30, 2019

curvaespañacartel

Espectáculo bilingüe (gallego / castellano)

Chévere estrenó en la MIT de Ribadavia su último espectáculo, Curva España, ambiciosa coproducción entre el Ayuntamiento de Teo (A Coruña), los madrileños Teatros del Canal y la propia MIT Ribadavia. En Curva España podríamos decir que Chévere vuelve por la senda del teatro documento –que tan buen resultado les ha dado en ocasiones anteriores- para, partiendo de una anécdota real ocurrida en Galicia y nunca aclarada de todo, reflexionar sobre asuntos como la construcción de la identidad –en este caso de la identidad nacional(ista) ligada al trazado de las vías de tren- o el imperio de la posverdad y las fake news, cada vez más extendido en los medios y en la sociedad: ¿Hemos de creernos las historias que nos cuentan? ¿Existe un discurso falso que intenta, a toda costa, mantener el discurso de la unidad de España en un país cada vez más fragmentado? ¿La realidad es como es o son los discursos los que la construyen?  Sobre estas y otras cuestiones reflexiona Curva España; en un formato que hace dialogar constantemente el componente audiovisual –muy presente en la pieza, puede que tal vez hasta demasiado presente- con el componente teatral; para armar lo que podríamos llamar un falso documental que, desde la anécdota inicial, abre muchos más caminos e incluso traza paralelismos razonables.

curvaespaña1

Curva España nace de una anécdota que un taxista le contó al actor Miguel de Lira en un trayecto entre A Gudiña y Verín, cuando tenía que llegar a toda costa hasta allí para hacer función de Eroski Paraíso: la historia del ingeniero José Fernández-España y Vigil, que se mató en una curva el 26 de mayo de 1927, al estrellarse el coche en el que viajaba; justo cuando proyectaba un trazado que introdujese el ferrocarril en Galicia desde Zamora, pasando por Verín. Mientras el ingeniero España murió en el acto, el conductor del vehículo salió ileso; y todo parece apuntar a algún tipo de complot de los caciques del pueblo, a los que no parecía interesarles demasiado un progreso que pudiese poner en riesgo su control sobre el territorio. Pero lo cierto es que el asunto nunca se aclaró del todo. Al comenzar el espectáculo, vemos el encuadre de una cámara y una máquina de escribir, en la que Miguel de Lira comienza a redactar un guion –entendemos que el guion de un documentar sobre la curva Epaña- en una máquina de escribir que cobrará especial relevancia más adelante. A continuación –siempre dentro del terreno de la ficción- asistimos a una –falsa- rueda de prensa de la Guardia Civil, en la que se intenta salir de paso lo antes posible de la polémica generada a partir de la próxima exhumación del cuerpo del ingeniero España, para acallar así cualquier polémica; una exhumación que, según un forense que interviene a continuación, va a ser más veloz de lo previsto. En ambas escenas iniciales, asistimos de forma consciente a la filmación del documental – de modo que la imagen, proyectada en el centro del escenario, acaba casi por devorar a lo filmado en directo-.

curvaespaña3.jpg

Lo que sigue es un espectáculo que, en primera instancia, intenta aclarar lo sucedido con el ingeniero España, casi a modo de docuthriller fragmentario; pero que, conforme avanza, va lanzando más temas y preguntas que quedan en el aire. Por los –múltiples- testimonios recogidos en Verín – y nuevamente proyectados en directo- queda claro que todo el pueblo conoce el incidente; pero también que todos, absolutamente todos los lugareños tienen una idea formada de lo que pasó, como si hubiesen estado ahí… Lo curioso –o lo irónico- es que las rotundas verdades de unos y otros sobre el asunto no sólo no encajan sino que se contradicen hasta límites insospechados, como si la información hubiese llegado a modo de teléfono estropeado. ¿Accidente, complot o conflicto de intereses? Para poner un poco de orden a los datos, los Chévere se marcan entonces –en una suerte de comic de manipulación de objetos proyectada en directo, que sin duda es uno de los mejores momentos de la representación- una radiografía de la aparición y evolución del ferrocarril –más tarde tren- en Galicia: como casi todo en Galicia, llegó tarde, mal y a rastras. Esta breve lección de historia –muy cómica en su planteamiento- sirve para enlazar los conceptos de formación territorial/formación nacional, y ligar los trazados del terreno con el concepto de Galicia como nación – alegoría tan evidente como bien traída por lo divertido del momento-. Del mismo modo que, siempre siguiendo con la investigación, Chévere sitúa en primer plano la figura de Eloi Lois André (1878-1935), psicólogo, filósofo y pensador nacido en Verín que fue uno de los máximos defensores del progreso –ese progreso que nunca llegó al replantease el trazado del ferrocarril tras la muerte del ingeniero España- y que planteó en su momento la llamada variante André como alternativa. Por su importancia, André –evocado dentro del documental en su naturaleza ficcional- también tiene su lugar en el desarrollo de Curva España, incluyendo un poético y encendido discurso nacionalista que manda redactar; y que, de algún modo, niega la evidencia de la España unitaria que parece querer defenderse desde el centro del país. Como si los Chévere nos recordasen –a través de la figura de André- que la identidad nacionalista existe, y no está reñida con la idea de progreso.

curvaespaña2.jpg

Surge entonces el imperio de la posverdad, que es desde luego asunto central del espectáculo. No en vano, Curva España traza otra alegoría al abrir una trama en la que los propios actores –Patricia de Lorenzo y Miguel de Lira- son detenidos e investigados por un supuesto delito contra España en redes mientras preparaban este espectáculo: en Galicia resultará evidente la conexión con el comentado episodio que sufriese la compañía Chévere cuando el exalcalde de Santiago, Gerardo Conde Roa les imputase un supuesto delito de enaltecimiento del terrorismo tras un evento para el que se había alquilado la Sala Nasa, en una persecución que terminó con el cierre de la sala  y su traslado a la actual base en Teo –en Galicia este escándalo es conocido por todos, pero si me leen desde otras latitudes, quizá conviene que se den una vuelta por algunos enlaces al respecto, para hacerse una idea de la dimensión del asunto-. Nuevamente la ironía: parece que la historia real está condenada a repetirse –aunque ahora sea en la ficción-. Siempre a medio camino entre teatro y documental, teatro y cine, realidad y ficción; la función termina con la recreación – nuevamente en un extenso vídeo- de una entrevista a María Victoria Fernández-España –polémica política y periodista, a la sazón hija además del ingeniero España; y, en otra oportuna filigrana de doble lectura, nieta del fundador de La Voz de Galicia- en el desaparecido programa A Fondo, de TVE. Entrevista que vemos en vídeo –recreada y ficcionalizada; pero siempre a partir de declaraciones reales de la periodista- como colofón a una función que, efectivamente, toma el asunto de la muerte del ingeniero España para reflexionar sobre lo relativo de la realidad y la existencia de discursos falsamente ciertos a veces adoctrinados en la sociedad a través del boca-oreja o los medios de comunicación.

curvaespaña6

Símbolo de madurez, desde luego, Curva España es una de las propuestas más complejas y menos condescendientes de cuantas hayamos visto a Chévere últimamente. La anécdota aparentemente inofensiva inicial enseguida deja paso a cuestiones mucho más espinosas –el tema central de la pieza, de hecho, es la creación de discursos falsos como reales- que a menudo tienen una doble lectura más o menos soterrada. Porque la historia de la muerte del ingeniero España acaba derivando, efectivamente, en una metáfora territorial que pasa de las vías de tren al concepto de país; del mismo modo que el oscurantismo en torno al asunto del accidente puede ligarse con el oscurantismo en torno a la persecución política que sufrió Chévere. Prácticamente todo en Curva España tiene doble lectura –y, a menudo, la lectura soterrada pesa más que la inicial- siendo responsabilidad de cada espectador el saber bucear para encontrar toda la extensión paralela de la pieza. En este sentido, puede que este sea uno de los trabajos más personales de la compañía, signo de valentía incuestionable.

curvaespaña5

No es tampoco la primera vez que Chévere aborda el teatro documento –ahí tenemos, siendo todas propuestas muy diferentes entre sí Citizen, Eroski Paraíso, As Fillas Bravas o incluso Eurozone, por citar algunos ejemplos-; pero nunca había sido tan tajante como aquí. Primero porque Curva España versa sobre la grabación de un documental –como también ocurría, por ejemplo, en Eroski Paraíso– pero apuesta fuerte por el componente de la imagen, del cine. Mientras que en Eroski Paraíso no había ni una sola proyección, aquí el aparato audiovisual es reinante: aquí a menudo la imagen visual acaba comiéndose a la acción escénica propiamente dicha, e incluso hay largas escenas –los testimonios y la falsa entrevista final- estrictamente filmadas, en las que el escenario queda desierto por largo tiempo. Es un camino arriesgado al que Chévere juega con todo –tal vez la presencia del vídeo, desde mi punto de vista excesiva, desequilibre el rimo de la pieza en algunos momentos- y sorprende que jueguen con conciencia a un camino que tal vez no sea el más sencillo para el público. En consonancia, tampoco el discurso –más documental y crítico que nunca; prácticamente exento de chascarrillos de cara a la galería- es de los más sencillos que haya planteado la compañía: Curva España aporta datos –la comedia, aquí siempre más de sonrisa que de carcajada, no surge de los hechos en sí mismos; sino de la contradicción existente entre ellos-; y con toda seguridad apela menos, por ejemplo, al factor puramente emocional –que reinaba por ejemplo en Eroski Paraíso– para dejar una reflexión más seria, más honda y más profunda.

curvaespaña4

En una propuesta donde prima lo audiovisual –no en vano tanto Lucía Estévez, con la cámara, como Leticia T. Blanco, con el montaje, son presencias prácticamente silentes; pero al mismo tiempo constantes en escena- a veces podemos tener la sensación de que la abundancia de datos expuestos –y lo hilarantes que resultan algunos de los testimonios grabados, que muchas veces acaban robándole el foco a lo que sucede en escena en directo- haga que por momentos veamos el trabajo actoral de Miguel de Lira –que se mueve igual de bien en la contención con la que personifica a Eloi Lois André que en la soterrada ironía que aplica a su acercamiento al periodista Joaquín Soler Serrano- y Patricia de Lorenzo –siempre sólida pero especialmente desopilante en su encarnación de María Victoria Fernández-España, que nos hubiera gustado ver en escena y no en vídeo: es un acierto tomarla en serio, porque así es como más gracia hace; la comedia viene de su discurso y no de su caracterización- como piezas de un todo que se integra en el espectáculo. Un espectáculo que –de acuerdo a la filosofía de la pieza- no está pensado para un lucimiento específico de los actores; sino que – como buen teatro documento- pretende aportar datos para que cada espectador los asimile y arme su propia conclusión. Hasta en eso Curva España no es especialmente condescendiente; y en esa dificultad –no resulta un teatro especialmente popular, ni fácil, ni para todos- radica su valentía. Se nota que Chévere sabe bien lo que se hace, y van con su idea, su concepto y su planteamiento hasta las últimas consecuencias.

curvaespaña7

La reflexión central que deja Curva España en el aire –estamos condenados a dejarnos arrastrar por el imperio de la posverdad?- es interesante y da que pensar; y la madurez que adquiere la compañía con este espectáculo está fuera de toda duda. Se agradece que no busquen aleccionar, limitándose a dar datos para que cada uno de nosotros los ordene y asimile como considere conveniente. ¿Se aleja Curva España del espíritu más habitual de los espectáculos de Chévere? Puede que hasta cierto punto. ¿Perjudica ahora mismo el exceso de audiovisual a la cuestión de ritmo? Es más que posible. ¿Puede que llegue a territorios no gallegos con menor fuerza que otras propuestas suyas anteriores? No me atrevo a aventurarlo; pero desde luego que hay símbolos y alegorías –el guiño al asunto Conde Roa- que difícilmente se captarán fuera: se puede entender el espectáculo sin ello; pero es quitarle una de las tantas capas de doble fondo que posee. Ahora bien –y con esto quiero quedarme- ¿es símbolo de valentía que la compañía se lance a abordar un espectáculo tan personal confiando en la inteligencia del espectador como lo hace? Sin duda alguna; por más que el resultado sea uno de los espectáculos más complejos –menos fáciles- de la factoría Chévere. Por lo de pronto, quizá habría que equilibrar el peso –hoy por hoy para mí excesivo- de lo audiovisual sobre la acción escénica propiamente dicha para mejorar una cuestión de ritmo.

H. A.

Nota: 3.35 / 5

 

“Curva España”, de Chévere (creación colectiva). Con: Miguel de Lira, Patricia de Lorenzo, Lucía Estévez y Leticia T. Blanco. Dirección: Xron (Xesús Ron). CHÉVERE / CONCELLO DE TEO / MIT RIBADAVIA / TEATROS DEL CANAL.

XXXV Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Auditorio do Castelo, 25 de julio de 2019)

‘¡Gaudeamus!’, o beber con Cervantes

julio 29, 2019

gaudeamuscartel

En su búsqueda de nuevos lenguajes, la 35ª edición de la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia, en sus programación paralela en lugares no convencionales –esta vez la función tuvo lugar en un palco de la Alameda- dio un lugar concreto al género del teatro de objetos –todavía una rareza en su género, aunque en este blog ya hemos dado cuenta de varios ejemplos notables- presentando ¡Gaudeamus!, un espectáculo en el que la compañía castellano-leonesa La Chana Teatro adapta la novela ejemplar de Miguel de Cervantes El Licenciado Vidriera a un formato en el que un único actor dialoga con toda una serie de objetos –de toda índole, pero fundamentalmente relacionados con el mundo del vino- para dar vida a la historia.

gaudeamus4

Sobradamente conocida por todos es la historia de El Licenciado Vidriera en la que el protagonista, Tomás Rodaja, pasa de manzanillo a soldado aventurero, luego licenciado en la universidad de Salamanca, es arrastrado a la locura y casi muerte por parte de una dama que lo envenena incapaz de aceptar su rechazo amoroso –porque Rodaja está más atento a asuntos más productivos-, ganándose entonces la vida como torpe consejero, llegando en su locura a creerse de vidrio; para más tarde curar y decidir acabar sus días con el honor de ser soldado, puesto que, una vez cuerdo de nuevo, sus consejos ya no suscitan el interés del respetable. Novela corta de corte ejemplarizante –cuyo protagonista conserva no pocos paralelismos con el Alonso Quijano de Don Quijote– resulta al mismo tiempo un atractivo material de aventuras; que ejerce además una afilada crítica social desde diversos puntos de vista. La Chana Teatro acerca en su versión la obra cervantina a cualquier público mediante un lenguaje atractivo por su sencillez –va al meollo de la cuestión- y que podrá sorprender mucho a quienes todavía no se hayan enfrentado a un espectáculo del denominado teatro de objetos.

gaudeamus1

Quienes conozcan el género del teatro de objetos –del que recordamos, por citar dos ejemplos muy diversos entre sí, espectáculos como El Avaro, de Pèlmanec, con el recordado y añorado Miquel Gallardo; o Cosas que se Olvidan Fácilmente, de Xavier Bobés- sabrán que podría definirse como una especie de teatro de títeres –o de manipulación, para ser más exactos- en el que el títere deja paso a cualquier tipo de objeto, que se integra en el espectáculo actuando como tal; mientras el manipulador suele servirse de un diálogo entre el texto y los objetos para completar la historia.

gaudeamus5

En ¡Gaudeamus! Jaime Santos –único actor y manipulador- entreteje un universo en torno al mundo de la bebida y sus diferentes recipientes, para convertirlos en los personajes de la trama. Así, son botijos, botellas, copas, tazas y todo tipo de recipientes líquidos –además de un par de pequeñas maquetas para evocar las distintas ciudades en las que transcurre la trama- arman una narración en la que el actor-manipulador ejerce de narrador y construye a esos personajes que toman forma en los recipientes más insospechados. En este entorno, la versión que se plantea cuenta con claridad la historia de Cervantes y, por su formato –claro, directo, original y simpático- llega a audiencias de cualquier tipo. No son pocas virtudes, desde luego.

gaudeamus2

Desde luego que hay que aplaudir la agilidad y limpieza que pone Santos en la manipulación y reconocer que el espectáculo resulta fresco, divertido y entretenido –y hará las delicias no sólo de un público muy amplio en edad y condición, especialmente si no se han visto otros espectáculos de este género con anterioridad-. Hay, desde luego, hallazgos formales importantes que fomentan la sorpresa y la carcajada –el inesperado sombrero inicial, con sorpresa incorporada, las distintas conversiones del protagonista en distintos recipientes a lo largo de la historia, lo bien resuelta que está la tempestad o la personificación de la dama que envenenará a Tomás por despecho son algunos de los notables aciertos- ; pero, reconociendo la impecable factura formal de la propuesta, tal vez sería deseable un discurso más concreto –una relación más estrecha entre objetos y personajes-, e incluso una interactuación más concreta entre el actor y los objetos. En este sentido, la decisión de Jaime Santos es, claramente, la de erigirse como una suerte de manipulador a la vista, que da voz a los personajes y objetos; pero no ejerce un diálogo con ellos –como sí ocurría, por ejemplo, en la inolvidable versión de El Avaro que Miquel Gallardo nos regalase hace unos años: además, la coincidencia del mundo del líquido en una y otra hace que la memoria nos lleve directamente a aquella función a quienes la hemos visto-. Pero no hay que perder de vista que en este ¡Gaudeamus! hay momentos de ingenio, golpes cómicos y una manipulación sólida; por más que ni siquiera la Alameda de Ribadavia permita del todo la inmediatez y la cercanía que este tipo de espectáculos –de género tan concreto- siempre exigen.

gaudeamus3

Levantar una propuesta sólida de teatro de objetos nunca es fácil, y ¡Gaudeamus! lo es. Mantiene el interés, es entretenida y se mete al público en el bolsillo; contando además con un más que notable manipulador. Habremos visto piezas de teatro de objetos con un discurso más sólido; pero eso en absoluto invalida el disfrute ni las virtudes que tiene esta propuesta. El público –mayoritariamente sorprendido por la originalidad del género, como siempre sucede la primera vez que se asiste a un espectáculo de teatro de objetos- dio muestras de sorpresa y disfrute; y desde luego que es de agradecer que el festival abra la puerta a este género tan complejo, infrecuente y difícil de ejecutar con propuestas como esta. Disfrutable, qué duda cable, y un soplo de aire fresco dentro de la programación.

H. A.

Nota: 3/5

 

“¡Gaudeamus!”, a partir de “El Licenciado Vidriera”, de Miguel de Cervantes. Autoría, dirección e interpretación: Jaime Santos. LA CHANA TEATRO.

XXXV Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Alameda, 25 de julio de 2019)