Skip to content

‘Panorama desde el Puente’, o ¿pero era Eddie un buen tipo?

marzo 15, 2017

panoramacartel

Lógica expectación ante una nueva producción del clásico de Arthur Miller Panorama desde el Puente protagonizada nada menos que por Eduard Fernández -que rara vez se deja ver en los escenarios de la capital- acompañado de un elenco bastante sólido a primera vista y dirigida por Georges Lavaudant, que en principio debería ser un valor seguro para hacer de esta versión un espectáculo sumamente interesante… Por si fuera poco, se anuncia una traducción de Eduardo Mendoza y, sin embargo, la cosa no termina de despegar; creo que básicamente -aunque no sólo por eso…- por una lectura de la obra que es bastante discutible y que por momentos va en contra del mensaje que Miller pretendía transmitir.

Para empezar, ignoro cómo se habrá hecho la traducción de catalán -idioma en el que se estrenó esta versión hace algunos meses- a castellano; pero podemos decir que hay algunas expresiones francamente mejorables: que Eddie diga que Rodolfo “no es agua clara” -cuando la expresión más apta en castellano seguramente sea “no es trigo limpio” es tan sólo una de las que más hace saltar los pilotos. Creo que la traducción -por mucho que sea de Eduardo Mendoza, y cuesta decirlo…- aún necesitaría y debería revisarse. Curiosamente, la traducción de Mendoza es la que está publicada por la Editorial Tusquets; pero no todo lo que se escucha en esta función corresponde a esa traducción publicada.

panorama2

Por lo que respecta a la lectura de la obra, podríamos decir que Panorama desde el Puente es la historia de la caída al vacío de Eddie Carbone, un hombre que en principio parece el perfecto padre de familia; pero que desde el mismo inicio de la trama alberga ya sentimientos oscuros contra los que lucha y acabarán por imponerse precipitando su caída, llevándose de alguna manera por delante a muchos otros personajes que se convierten en víctimas de su propia oscuridad. Es, por tanto, un drama, y como tal debe leerse. Sin embargo, en su lectura de la obra, Georges Lavaudant parece querer potenciar los aspectos más ácidos de la trama, en una lectura que casi bordea por momentos el tono de comedia negra americana -viendo a este Eddie es imposible no pensar por ejemplo en el personaje de Kevin Spacey en American Beauty-: el Eddie que plantea Lauvaudant es un tipo lleno de defectos; pero a la vez un tipo con el que el espectador probablemente querría tomarse unas cañas… Un tipo poco oscuro, quizás con una capacidad infinita de equivocarse sin darse cuenta y que va hacia el abismo casi empujado a rastras por todos los que le rodean. Cuesta creer, por ejemplo, que este ciudadano tenga una parte verdaderamente turbia; y que pueda llegar a propasarse con su sobrina ante el deseo que siente por ella -máxime si consideramos además que para el personaje de Catherine se ha escogido a una actriz con el empaque suficiente como para poder plantar cara a Eddie sin amilanarse, con lo cual el aspecto de la indefensión de la joven se vuelve como mínimo discutible-. Porque este hombre -casi un niño grande- es incapaz de dañar a una mosca -al menos no queriendo-. Como digo, se crea casi una conexión entre el público y este Eddie, de manera que en su fatal desenlace casi logra dar lástima al público, y que se le vea más como una víctima que como un verdugo -incluso si es verdugo involuntario- que acaba recibiendo su merecido… En resumidas cuentas, que uno sale de la sala sintiendo lástima hacia Eddie -un hombre que en este montaje nunca llega a intimidar del todo…-: es un enfoque, claro; pero tengo mis dudas acerca de si esta era realmente la intención de Miller a la hora de presentarnos al ciudadano Carbone, y desde luego tengo la impresión de que esta lectura cambia por completo las conclusiones que uno saca cuando ve la obra. Decisión de alto riesgo de dirección y primer punto discutible -pero personal, y por tanto asumible- de este montaje.

panorama3

Pero al margen de este aspecto, sí se puede decir que en el montaje de Lavaudant -que suele tener su gusto por la estética una de sus máximas señas de identidad- quizá peque esta vez de pobreza visual; y que incluso esa pobreza visual -la escenografía de Jean-Pierre Vergier es sencilla en exceso, y más para un teatro grande como el de la sala verde de Canal- provoca unas caídas de ritmo que ya deberían estar más que superadas en el teatro de hoy en día: fundidos a negro entre cada escena -conté más de diez…-; y, lo que es peor, para realizar cambios de cuadro que resultan bastante pobres a la vista. A día de hoy, con las posibilidades técnicas que hay en el teatro, tiene que haber otras formas de solucionar esto; porque dejar -tanto- espacio en negro entre las escenas sencillamente rompe la continuidad y la tensión dramática. Otra cuestión: muchos cambios de escena, y marcas claras del paso del tiempo… pero los personajes rara vez se cambian la ropa -adecuado vestuario del propio Vergier, aunque resultan pocos trajes para una obra que transcurre durante semanas…- incluso aún cuando los fundidos daban pie a que así fuese. Mejor las imágenes de Franscesc Isern, que genera algunos de los mejores momentos visuales de la propuesta; aquellos que están resueltos sólo mediante la integración de una producción -visto esto ¿por qué no haber solucionado toda la puesta en escena con imágenes como elemento principal?-.

panorama3

El elenco está lleno de algunos de los mejores nombres del teatro catalán actual; y nadie desentona especialmente si tenemos en cuenta que siguen ese enfoque -¿diverso? ¿extraño?- que ha escogido el director. Seguramente el más completo del elenco sea el Alfieri de Fancesc Albiol, que se muev, por presencia y formas, en unos niveles de contención expresiva muy elocuentes y muy adecuados al personaje; más acentuados si consideramos el tono en que está actuando el resto del elenco: suyos son algunos de los más logrados momentos de la propuesta -y de los que más recuerdan a lo que uno pueda tener en la cabeza sobre lo que debe ser esta obra. Eduard Fernández me parece uno de los mejores actores de este país; y se mueve con comodidad en el enfoque que este montaje ha escogido para Eddie: la carcajada invade el teatro y uno acaba sintiendo piedad de él… Es lo que le han marcado y como tal es lo que hace; pero creo que esa no es la esencia de Eddie: me faltan rudeza y violencia, me falta que parezca una presencia intimidatoria. La Catherine de Marina Salas también es una actriz válida, que ha hecho cosas interesantes en teatro. Pero aquí, sencillamente no da el físico del personaje ni por asomo: más allá de que cueste verla como a una adolescente de apenas 17 años -y ojo, no hablo tanto de la edad de la actriz como de su apariencia física…-, en carácter tiene poco de vulnerable -pisa el escenario con fuerza resolutiva-; y, como ya he dicho antes, ante cualquier amenaza que surgiese por parte de Eddie, uno siente que esta Catherine podría plantarle cara perfectamente. Además lleva implícita una sensualidad excesivamente evidente -que hace que el espectador encuentre factible sin sorprenderse una supuesta relación entre Eddie y esta Catherine… y creo que el personaje no debería ser eso. Nuevamente, es un tema más del enfoque de dirección que de actriz. Mercè Pons -otra estupenda actriz que se prodiga tan poco en nuestros escenarios- consigue liberarse en Beatrice de un cierto soniquete afectado al comienzo para convertirse en la actriz sólida que es. Bernat Quintana -que se las tiene que ver con una caracterización que no le favorece nada…- y Pep Ambròs solucionan sus personajes con solvencia. Rafa Cruz y Sergi Vallés completan el elenco sin problemas en roles de menor compromiso.

panorama3.jpg

La sala hasta los topes -y las entradas agotadísimas desde varias semanas antes de terminarse las funciones- para un espectáculo que tenía todas las fichas para haber sido uno de los éxitos de la temporada; pero que se queda en un intento fallido, básicamente por una lectura de la obra que es como mínimo discutible -esto podríamos discutirlo desde mil puntos de vista; seguramente sin llegar a una conclusión única válida- y por una puesta en escena que por momentos retrotrae a un teatro de otros tiempos que debería estar superado a día de hoy -y esto es ya más indiscutible…-. El elenco, a pesar de todo y siguiendo las indicaciones de dirección, hace todo lo posible por subir el nivel de una función que sólo despega del todo en sus últimas escenas. Pero no estaba nada fácil la cosa.

H. A.

Nota: 2.25/5

Panorama desde el Puente”, de Arthur Miller. Con: Eduard Fernández, Francesc Albiol, Mercè Pons, Marina Salas, Bernat Quintana, Pep Ambròs, Rafa Cruz y Sergi Vallés. Dirección: Georges Lavaudant. Versión: Eduardo Mendoza. TEATRE ROMEA / LG TEATRE.

Teatros del Canal (Sala Verde), 25 de Febrero de 2017

‘In Memoriam (La Quinta del Biberón)’, o cerrando heridas que no cicatrizan

marzo 13, 2017

quintacartel.png

Espectáculo en castellano y catalán

Puede que inconscientemente -porque creo que el éxito y la repercusión de In Memoriam (La Quinta del Biberón) ha sido, al menos hasta cierto punto, una sorpresa para todos-, el Centro Dramático Nacional ha alcanzado con esta propuesta uno de los pináculos de la programación de su temporada. Se trata de una producción del Teatre Lliure -que presenta a una agrupación denominada La Kompanyia Lliure- en la que Lluis Pasqual obra un ejercicio de teatro documento -en este sentido hemos visto tantos…-; pero que va mucho más allá del mero teatro documento para hablar del horror de la guerra dejando de lado los bandos; y desde el punto de vista de las personas, en una narración que focaliza en el día a día de un grupo de jóvenes que iban -sin saberlo, y quizás sin quererlo…- a dar su vida; alejada de heroicidades y centrada en las personas. Esa es una de las grandes claves de la función: que, desde un punto de vista global, conmueve porque ofrece testimonios reales, en primera persona.

La función nos ofrece los testimonios de un grupo de jóvenes de apenas 17 años reclutados durante la Guerra Civil para la llamada quinta del biberón; desde su llegada a filas hasta su capital intervención durante la ofensiva republicana en la Batalla del Ebro (1938). Como si se tratase de un diario de guerra a varias voces -basado siempre en testimonios reales-, vamos asistiendo al día a día de estos jóvenes que en principio se creen pequeños-grandes héroes engañados; y que se acaban convirtiendo en víctimas del horror, casi sin darse cuenta ni poder si quiera controlarlo. Jóvenes que tal vez no tenían ninguna posibilidad en la batalla, inexpertos hasta a la hora de coger un fusil, y que pronto irán abandonando el frenesí de la heroicidad en favor del temor a perder la vida; a convertirse en asesinos sin quererlo o a dejarse la dignidad por el camino, sin saber ni siquiera si habría merecido la pena. A fin de cuentas ¿qué es y de que sirve lo heroico cuando el precio a pagar tal vez sea demasiado alto? ¿Qué se dejan estos jóvenes por el camino?

quinta1.jpg

Se han visto muchos espectáculos de teatro documento -y muchos centrados en la Guerra Civil-; pero sin embargo esta dramaturgia de Lluis Pasqual tiene el acierto pleno de haber tomado testimonios y cartas reales -en algunos casos ciertamente íntimos-; de manera que el público se puede parar a valorar el conflicto bélico desde un punto de vista que deja en segundo plano la batalla para hablar de personas. Pasqual no juzga y se limita a exponer, en una historia sin buenos ni malos, en una historia que focaliza en un conjunto de víctimas inocentes que pasan de futuros verdugos a inciertas víctimas. Creo que es precisamente esa voluntad de exponer hechos sin juzgar -corresponde al espectador juzgarlos, y a fin de cuentas víctimas hubo en ambos bandos…-, y lo bien escogido de los textos que se leen para exponer el conflicto lo que hace que este espectáculo -que se sigue en silencio ceremonial, con contenida emoción- sea distinto a otros de la misma índole que se hayan visto. Su voluntad de honestidad, su capacidad de aparcar el conflicto bélico para hablar del miedo, de la incertidumbre, de la pérdida y del precio a pagar por algo que estos jóvenes ni siquiera sabían que iba a ocurrir. Como una manera de que todos -unos y otros- tal vez podamos de una vez empezar a cicatrizar esa herida sangrante que parece que no cesa. La conexión entre público y platea es tal que el público no duda en acompañar en un momento al último superviviente de la quinta en un escalofriante minuto de silencio en memoria de lo caídos en guerra; con la luz en sala encendida, en un momento especialmente mágico; que sin embargo en mi función dio lugar a un desagradable incidente -un espectador, ofendido, intentó boicotear el momento vociferando: “Habéis hecho una función fascista: cabrones, sinvergüenzas, hijos de puta” -muestra de que, efectivamente, aún hay heridas de guerra que curar… y deben ir curando lo antes posible-: un momento que no empañó el respetuoso silencio que público, músicos y actores guardábamos, y que seguramente potenció -sin quererlo- el impacto teatral y emocional de la escena.

quinta2.jpg

Es una propuesta sencilla -apenas una estructura móvil, proyecciones, un grupo barroco que interpreta en directo páginas de Monteverdi, por un manuscrito que encuentra uno de los protagonistas entre las pertenecncias de su padre (el Libro Octavo de Madrigales Guerreros y Amorosos, con especial atención a fragmentos de Combatimento di Tancredi e Clorinda) y Henry Purcell (el Cold Genious, de King Arthur, que por cierto empieza a aparecer en teatro hasta en la sopa…) y la verdad descarnada de los actores. No se necesita mucho más, porque los textos suenan con una sinceridad apabullante -y esto no es sólo mérito de la selección, sino también virtud del elenco que los expone desde la verdad y sin especiales grandilocuencias-. Aún reconociendo que la puesta en escena -del propio Pasqual- pueda pecar tal vez de sencilla en exceso -esto es un espectáculo de texto y de palabra; no se puede negar que hay algún momento estéticamente hermoso -esas velas del final por los que van cayendo, seguidas de ese sobrecogedor silencio…-. Pero el mensaje y la emoción que transmite el espectáculo trascienden a la sencillez -por momentos excesiva- del montaje, y la tensión y la emoción acaban por inundar el teatro sin remediarlo.

En otro orden de cosas la función -que se ofrece en alternancia entre catalán y castellano- fuerza a los actores a hablar con un acento catalán que acaba resultando algo impostado -¿por qué no haber hecho todo el espectáculo en el catalán original en el que se ofreció en Barcelona?-; e incluso se podría argumentar que las interpretaciones barrocas -que empiezan pareciendo un simbolismo caprichoso para convertirse enseguida en una opción plenamente justificada en los textos- no estén ejecutadas de la forma estilísticamente más correcta -ya saben, estas cosas del historicismo…-. Estupendos el vestuario de Alejandro Andújar y -sobre todo- la caracterización de Eva Fernández -fundamental para ir embadurnando a nuestros personajes en el horror progresivo del que pronto verán que no pueden escapar-.

quinta3

Pero, como digo, estamos ante un espectáculo de texto. Y si gran parte del mérito de que esta propuesta emocione reside en lo bien que funcionan los textos seleccionados -reales, de una u otra manera-; tanto o más está en la honestidad y verdad con la que exponen estos testimonios sobre el escenario Joan Amargós, Enric Auquer, Quim Ávila, Eduardo Lloveras, Lluis Marqués y Joan Solé; todos caminando desde lo pequeño -a través de esos primeros e ingenuos alientos de heroísmo que pronto se tornarán en decepción-; hasta lo grande -esos monólogos en los que cada uno va cerrando el ciclo de su personaje bordean lo escalofriante y en el teatro no se oye ni una mosca…-. No es fácil trabajar con este material y conseguir darle este vuelo dramático, y sin embargo aquí lo han logrado. Creo, no obstante, que de haber podido trabajar sin forzar el acento catalán -ya sea en catalán puro todo el tiempo, o en castellano- ayudaría a que se pudiesen centrar por completo en el aspecto dramático -que sacan, pese a todo, con nota-; y redondear aún más el resultado final. Correcto -y bien integrado en la acción dramática- el conjunto musical -al mando nada menos que de un auténtico especialista en materia barroca en nuestro país como es Dani Espasa-; y acaso un poco excesivo en la exposición del estilo barroco Robert González -que da la impresión de poder moverse con mayor comodidad en repertorios más líricos que el primer barroco-.

quinta4

Grandes aplausos -y un momento teatral para el recuerdo debido a ese incidente del que hablo algo más arriba- para una función que creo que trasciende de lo teatral: puede no ser perfecta en su estética -la puesta en escena, insisto, me pareció demasiado sencilla-; pero el mensaje que transmite y la honda y profunda reflexión -o revisión- a la que mueve se elevan mucho más allá de eso. Y, cuando hablamos de heridas que deben cicatrizar, creo que eso es lo verdaderamente importante. Un espectáculo necesario, ciertamente -y miren que odio esa expresión-.

H. A.

Nota: 4/5

In Memoriam (La Quinta del Biberón)”, dramaturgia de Lluis Pasqual. Con: Joan Amargós, Enric Aunquer, Quim Ávila, Eduardo Lloveras, Lluis Marqués, Joan Solé. Dirección: Lluis Pasqual. LA COMPANYIA LLIURE / TEATRE LLIURE

Teatro Martía Guerrero, 24 de Febrero de 2017

Nominaciones XXI Premios María Casares de Teatro gallego

marzo 10, 2017

casares.jpg

Hace algunos días, la Asociación de Actores y Actrices de Galicia hizo pública la lista de nominados a la vigésimo-primera edición de los Premios María Casares, que se entregarán el próximo 29 de Marzo en el Teatro Rosalía Castro de A Coruña. Un total de 13 espectáculos estrenados durante 2016 optan a los galardones. Parten como favoritas O Tolleito de Inishmaan, de Contraproduccións S.L y el FIOT de Carballo -con 11 candidaturas- Eroski Paraíso, de Chévere -con 8 candidaturas-, Raclette, de Iboprufeno Teatro y Voaxa e Carmín -con 5 nominaciones a la jarra cada una-. El premio de Honor Marisa Soto será para Eduardo Alonso. La lista completa de nominados queda como sigue:

MEJOR MAQUILLAJE

Martina Cambeiro- O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

Trini F. Silva- Os Rockenstein- Malasombra Producións

Trini F. Silva- Voaxa e Carmín- ButacaZero

MEJOR VESTUARIO

Carlos Alonso / Belén Pichel- O tolleito de Inishmaan-Contraproducións SL /FIOT Carballo

Diego Valeiras- A nena que quería navegar- Redrum Teatro

Mari Seoane- Voaxa e Carmín- ButacaZero

MEJOR ESCENOGRAFÍA

Carlos Alonso- O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

Dani Trillo- Foucellas- Talía Teatro

Suso Montero- Get Back- Eme2 Producións

MEJOR ILUMINACIÓN

Afonso Castro- Foucellas- Talía Teatro

Afonso Castro- O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

Fidel Vázquez- Eroski Paraíso- Chévere

MEJOR MÚSICA ORIGINAL

Manuel Riveiro- Foucellas- Talía Teatro

Piti Sanz- Os amores de Jacques o fatalista- Producións Teatráis Excéntricas

Terbutalina- Eroski Paraíso- Chévere

MEJOR ADAPTACIÓN/TRADUCCIÓN

Cándido Pazó, Santi Romay e Alberto Rodríguez-O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

Paula Carballeira- Xurdefet (Jour de Fête)- Berrobambán

Quico Cadaval- Os amores de Jacques o fatalista- Producións Teatráis Excéntricas

MEJOR TEXTO ORIGINAL

Esther F. Carrodeguas- Voaxa e Carmín- ButacaZero

Manuel Cortés- Eroski Paraíso-Chévere

Santiago Cortegoso- Raclette- Ibuprofeno Teatro

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA

Cristina Iglesias- Eroski Paraíso- Chévere

María Roja- O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

Susana Dans- O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

MEJOR ACTOR SECUNDARIO

Evaristo Calvo- O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

Salvador del Río- Raclette- Ibuprofeno Teatro

Toni Salgado- Raclette- Ibuprofeno Teatro

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA

Belén Constenla- Voaxa e Carmín- ButacaZero

Mabel Rivera- Voaxa e Carmín- ButacaZero

Patricia de Lorenzo-Eroski Paraíso-Chévere

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA

César Cambeiro- Tartufo- Centro Dramático Galego

Miguel de Lira- Eroski Paraíso- Chévere

Santi Romay- O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

MEJOR DIRECCIÓN

Cándido Pazó- O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

Santiago Cortegoso- Raclette- Ibuprofeno Teatro

Xron- Eroski Paraíso- Chévere

MEJOR ESPECTÁCULO INFANTIL

A nena que quería navegar- Redrum Teatro

Danza da Choiva- Elefante Elegante

Pavillón Lino- Caramuxo Teatro

MEJOR ESPECTÁCULO

Eroski Paraíso- Chévere

O tolleito de Inishmaan- Contraproducións SL /FIOT Carballo

Raclette- Ibuprofeno Teatro
Mucha suerte a todos los nominados, y el 29 de Marzo en el Rosalía de Castro coruñés veremos sobre quién recae la suerte de las jarras.

H. A.

‘Zenit (La Realidad a su Medida)’, o de sátiras y actualidades

marzo 10, 2017

zenitcartel

Desde que Albert Boadella dejase la dirección de Els Joglars hace unos años en manos de Ramón Fontserè, parecía que la mítica compañía catalana -azote de la actualidad sociopolítica española desde tiempos de la última etapa de la Dictadura, durante la Transición y hasta nuestros días-, parecía que la compañía había optado por nuevos derroteros; e incluso había dado algunos espectáculos de corte diferente -no alcancé a ver V.I.P. en su momento; pero su libérrima versión de El Coloquio de los Perros, de la que di cuenta en este blog en su momento, me pareció verdaderamente lograda-. Sin embargo, con su nueva producción –Zenit: la Realidad a su Medida, una sátira sobre el pasado y el presente del mundo de la prensa-, Els Joglars parece recuperar la impronta de su fundador; pero también de alguna manera parece distanciarse del humor más actual, para ofrecer una sátira que podría dar mucho -más- juego pero que acaba cayendo en ciertos lugares comunes -y peca de poco hiriente y poco incisiva-, de forma que a fin de cuentas prima el factor puramente estético -el espectáculo ofrece momentos visualmente hermosos- sobre el poder de la sátira se supone una de las bazas de la compañía: pero lo que escocía hace un par de décadas quizás necesite una vuelta para seguir escociendo -e ir más allá de lo simpático, más hacia lo incisivo y lo incómodo, hacia lo decididamente crítico; que, a fin de cuentas es lo que se espera siempre con Joglars- ahora.

Un periodista hacia el final de su carrera, alcohólico y desencantado, cae profundamente dormido después de una borrachera y ve pasar ante sí -en un sueño a ritmo de Tchaikovsky que es una larga escena coreográfica que se acaba convirtiendo en lo mejor de la función- algunos grandes hitos de la Historia pasada. Acabado el sueño, descubrimos que nuestro protagonista trabaja para Zenit, un diario en horas bajas con una ávida necesidad de vender ejemplares a toda costa. Poco importa si una noticia es verídica o está manipulada para darle al lector lo que busca, lo que tiene jugo, lo que quiere leer… Y así, en este entorno -en el que vemos a una periodista absolutamente enganchada a una especie de busca parlante que acaba por dominar sus actos, a una anciana directora del periódico obsesionada por tener una cita con el becario o a los limpiadores explotados y asqueados…-, nuestro protagonista lucha junto a su nuevo becario -que es para él una suerte de Sancho Panza, en su pequeño e iluso mundo quijotesco que implica que el periodismo sea algo más que lo meramente sensacionalista- por una información digna, contrastada y por unos principios de ética periodística que parece que escasean en el mundo actual. Un mundo en el que se impone la informática y la tecnología como motores que llegan a dominar incluso los cerebros de los individuos hasta el borde de idiotizarlos, en el que vivimos bajo la influencia de las máquinas y en el que esa ética que busca nuestro protagonista tal vez ya no sea posible… Y, ante esta perversión del sistema ¿qué salida ha de tomar un periodista digno?

zenit1

Como digo, creo que la sátira que trabaja Joglars -que es un doble viaje, a través de Zenit y hacia la degradación del sistema de valores éticos en la escala informativa- funciona mejor en lo visual que en su contenido. Porque, aunque se apuntan cuestiones interesantes, las más de las veces la sátira se queda en lugares demasiado amables, o demasiado superados por la época actual -esa imagen de la redacción de ABC es de un simbolismo excesivamente evidente…-. Son, sin embargo, los -pocos- momentos realmente políticamente incorrectos -esa parodia de comunicado y asesinato yihaddista…- los que arrancan alguna carcajada, no sólo por lo oportuno de la acidez que desprenden; sino por su atrevimiento -y hasta lo molestos que pueden llegar a resultar como elementos cómicos-: eso es la sátira actual bien entendida. Pero, sin embargo, la dramaturgia de Ramón Fontserè y Martina Cabanas ha preferido quedarse en un lugar más negro, en un tipo de sátira más fácil, más obvia -por momentos hasta un punto zafia y primaria…-; que seguramente desatará la carcajada de un público concreto, pero que no mueve a una reflexión más profunda -¿y acaso no está la sátira pensada como elemento que mueva a la reflexión de quien la vea?-. A juzgar por algunos momentos de verdadero -e incómodo- ingenio, creo que otro enfoque era posible para que el espectáculo volase más alto; máxime cuando se supone que la mayor baza de la compañía es precisamente la de lograr un tipo de sátira crítica que remueva e incomode.

En otro orden de cosas, estamos ante un espectáculo de buena factura en lo visual, en la realización y en lo interpretativo. Nada que objetar pues ni a la puesta en escena -fundamentada en una estructura central en varias alturas que da mucho juego para entradas, salidas y planos- ni a la entrega del elenco fundamentalmente coral -son Ramón Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xevi Vilá, Julián Ortega y Juan Pablo Mazorra, todos en su lugar y en una buena labor de equipo-, que hacen no sólo un buen trabajo actoral, sino también un trabajo corporal verdaderamente formidable -las no pocas coreografías que van desde la danza hasta el mundo del circo, firmadas por la Compañía de Mar Gómez acaban resultando lo mejor de la función, y los intérpretes se amoldan muy bien a ellas, más aún si asumimos que no estamos ante un elenco especializado en la danza-. Así pues, en esta ocasión creo que la factura del espectáculo se impone claramente al contenido… Y puede que lo que para otra compañía fuese una mera anécdota; aquí termina por inclinar decisivamente la balanza.

zenit2

Diría que después de ver Zenit mis sentimientos son encontrados: porque no se puede negar que estamos ante un espectáculo bien producido y bien ejecutado; un espectáculo que arranca las carcajadas de algunos, pero que toma un tema que podría haber dado mucho más juego para arañar y hacer daño en un tema -el de la actualidad y cómo tratar esa actualidad- que está de plena vigencia… Pero creo que, de alguna manera, se queda uno con la sensación de un texto que nunca -o casi nunca- sobrepasa los límites de lo políticamente correcto -porque no quiere-, y que parece más escrito hace ya algunos años que hoy en día. A pesar de todo, es de ley reconocer que hubo fuertes y largos aplausos; y que incluso buena parte del público aplaudió en pie.

H. A.

Nota: 2.25 / 5

Zenit: La Realidad a su Medida”, dramaturgia de Martina Cabanas y Ramón Fontserè. Con: Ramón Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xevi Vila, Julián Ortega y Juan Pablo Mazorra. Dirección: Ramón Fontserè ELS JOGLARS.

Teatro Colón, 19 de Febrero de 2017

‘Las Bodas de Fígaro’, o una reposición con plena vigencia

febrero 28, 2017

figarocartel

A pesar del gran revuelo que causó en el momento de su estreno -tardó en subir a escena varios años a causa de la censura- seguramente Las Bodas de Fígaro -segunda parte de la Trilogía Fígaro de Caron de Beaumarchais, que se inicia con El Barbero de Sevilla y finaliza con La Madre Culpabrle– haya pasado a la posteridad mucho más gracias a su transposición operística que al original en sí mismo. Es por ello que esta reposición que ofrece ahora el Teatre Lliure -ahora en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que sigue apostando por ampliar fronteras más allá de los autores españoles- de un montaje exitoso de 1989 puede considerarse como una rareza que resulta atractiva por varias cuestiones: para revalidar la vigencia de este tipo de teatro clásico como herramienta cómica; como mera curiosidad para los melómanos que tal vez nunca hayan tenido la oportunidad de ver representada la obra original en castellano; como ejercicio comparativo entre el texto de Beaumarchais y el libreto de Lorenzo Da Ponte; e incluso para ver -o volver a ver, según el caso- un montaje que ya es -por derecho propio- un clásico del Lliure. Además, ha sido nada menos que Lluis Homar -que fuera Fígaro en las representaciones de 1989- el encargado de reponer la puesta en escena de Fabià Puigserver.

A primera vista, uno podría pensar que tal vez no resulte fácil mantener el interés de una función como esta -que se prolonga por tres horas-; y sin embargo todo en ella funciona como un mecanismo de relojería suiza que avanza hacia el éxito seguro. El enredo que traza Beaumarchais entorno a la lucha de clases entre sirvientes y criados -que Da Ponte calcó casi literalmente para la ópera de Mozart- tiene esa capacidad de encadenar situaciones de manera incansable para terminar resultando una comedia hilarante y llena de ritmo; y Homar ha sabido colocar los gags con soltura y en su punto justo para que las carcajadas del respetable no cesen. Sin forzar mucho las tuercas -apenas hay concesiones para alguna morcilla-, Homar sabe que cuenta con un caballo ganador y deja que sea la propia comedia la que se meta al respetable en el bolsillo. El público -conozca o no la ópera mozartiana- entra con gusto a la comedia, y las risas se suceden. Esto, insisto, en un espectáculo de esta duración y con una obra como esta es una cuestión muy a tener en cuenta.

figaro1

Además, la escenografía prácticamente única, pero tremendamente cuidada al detalle en la disposición arquitectónica -de Rafael Lladó sobre el original de Fabià Puigserver- es al mismo tiempo de una sencillez, una elegancia y una funcionalidad que ayuda decisivamente a fomentar ese ritmo implacable con el que fluye la comedia. Apenas un par de cambios -para introducir básicamente la cama de la Condesa- y juegos de iluminación -de Xavier Clot- sirven para crear todos los espacios internos y externos del palacio de los Almaviva, en el que la acción transcurre a lo largo de todo un día. También el vestuario -César Olivar- es vistoso y elegante. Hay en el conjunto -sin perder de vista esa sencilla elegancia que es clave en esta propuesta- gran sentido del ritmo y la continuidad, cosa fundamental en las comedias -las transiciones de actos y espacios son ejemplares-; y, como digo, se logra que los personajes, si bien visten ropas dieciochescas, hablen y suenen desde y como lo harían hoy. Haber encontrado esa frescura en el lenguaje en un montaje que no deja de ser de época es quizá la clave que hace que esta versión vaya más allá de ser una mera excusa para admirar la belleza de un montaje que es ya -¿por qué no decirlo?- histórico. Más que en la lucha de clases -que está muy clara, particularmente en el largo monólogo de Fígaro hacia la mitad de la segunda parte- en este acercamiento se ha apostado por la continuidad de esa comedia de situación que ha construido Beaumarchais, como valor intrínseco de la función. Como digo, apenas se han subrayado con algunas morcillas, que unas veces funcionan mejor que otras -hay guiños directos a Mozart, sea a través de Le Nozze di Fígaro o Don Giovanni; pero también a la moral inglesa, o incluso a la sardana- pero la esencia del original hace que a fin de cuentas comprobemos que tanto el texto -con algo más de dos siglos a sus espaldas- como este montaje -veinticinco años después- siguen de plena vigencia, con lo que esta reposición queda plenamente justificada.

Puede que las referencias a Mozart me resulten tal vez excesivamente evidentes -los arreglos orquestales además no son especialmente afortunados…- sí revisaría el número musical final -que empieza como una especie de fandango cantado, y desemboca en una sardana, marca de la casa pero que se hace algo extraña entre tanto traje dieciochesco, y que seguramente resulte más simpática en Cataluña que en Madrid…-; e incluso ciertos excesos jocosos con acentos catalanes exagerados -quiero pensar que a propósito….- que buscan causar la hilaridad y que a mí no me terminan de funcionar como recurso cómico. Pero al margen de estas pequeñas notas, lo cierto es que la propuesta y el sabor de la comedia funcionan como un tiro y las tres horas se pasan en un suspiro.

figaro2

Con la dificultad añadida de que se trata de un espectáculo montado originalmente en catalán y que ahora se ofrece en traducción -y ya saben que nunca es fácil que un reparto cambie de idioma, sea el que sea…- el amplio elenco -que cuenta con algunos de los principales nombres del teatro catalán- prácticamente todos dan en el tono justo de sus personajes. Al margen de la honestidad del cuarteto protagonista -son Marcel Borràs, un Fígaro desenvuelto y pleno de carácter, aunque acaso un punto dubitativo con el texto en la función que vi; Joan Carreres, que trata de forma inteligente de huir de la caricatura cómica del Conde; Mónica López, que presta su elegancia habitual a la Condesa; y Aina Sánchez, una Susana que no se queda en el mero prototipo de la criada- sí quisiera destacar entre los personajes de menor peso el estupendo trabajo de la Marcelina de Victoria Pagès, que no deja pasar ni una sola de las oportunidades que el personaje le ofrece para demostrar que pisa el escenario con fuerza; y el Bartolo de Manel Barceló, mucho actor para tan poco personaje. En cuanto a Querubín -un personaje complicado para encontrar el tono exacto desde el que enfocarlo-, me quedo con la sensación de que se han exagerado en exceso algunos aspectos del personaje, lo que no permite que Pau Vinyals -un actor que, para empezar, sobrepasa demasiado a simple vista la supuesta edad del personaje…- termine de encontrarse cómodo en un personaje que, a fin de cuentas, tiene algo de caramelo envenenado, porque puede llegar a ser muy lucido pero hay que saber dar con la tecla exacta para que su ingenuidad sea creíble: creo que, en este caso, se trata más de una cuestión de enfoque que de elección del actor.

figaro3.jpg

Pero, al margen de minucias, hay que quedarse con tres horas de belleza estética a partir de la sencillez; con un montaje que sabe cómo se monta una comedia y que no renuncia a que algo de ayer parezca tan actual a pesar de las pelucas y los miriñaques; con el público llenando cada noche hasta la bandera el Teatro de la Comedia; y con la idea que revalida la plena vigencia de esta reposición que es, a fin de cuentas, tan oportuna. Gran y merecido éxito.

H. A.

Nota: 4/5

Las Bodas de Fígaro”, de Caron de Beaumarchais. Con: Manel Barceló, Marcel Borràs, Oreig Canela, Joan Carreras, Oriol Genís, Mónica López, Eduard Muntada, Victòria Pagès, Albert Pérez, Diana Torné, Aina Sánchez, Òscar Valsecchi y Pau Vinyals. Dirección: Lluis Homar (sobre la original de Fabià Puigserver). TEATRE LLIURE / COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO.

Teatro de la Comedia, 15 de Febrero de 2017

‘#Malditos16’, o el monstruo que vive en nuestro cerebro

febrero 28, 2017

malditos16-cartel

Éxito sin precedentes el de este proyecto de Escritos en la Escena del Centro Dramático Nacional -ya saben, funciones creadas a pie de escenario durante los ensayos- que corre a cargo de Fernando J. López: todo vendido desde mas de un mes antes de estrenar para apenas once funciones y -afortunadamente- de momento una segunda vida en El Pavón Teatro Kamikaze como función para institutos -y, de algún modo, para todos los que nos quedamos fuera de aquellas apenas dos semanas de funciones para público general-. En #Malditos16, Fernando J. López toma las figuras de cuatro jóvenes -Dylan, Nayma, Ali y Rober- que han sobrevivido a sendos intentos de suicidio a los 16 años -cada uno por sus motivos- y que en la actualidad -en la veintena- forman parte de un programa cuyo fin es ayudar a adolescentes que, como ellos, atraviesan situaciones semejantes; en una serie de sesiones coordinadas por dos psicólogos.

Esta premisa sirve no sólo para hacer una crítica al suicidio -segunda causa de muerte en adolescentes según estudios-, sino también para evaluar tanto el peso de nuestro pasado para evaluar nuestro presente -esas cicatrices aparentemente olvidadas pero aún abiertas que todos llevamos de una u otra forma y que marcan nuestra forma de ser hoy, tal vez creando un pequeño monstruo dentro de nuestra cabeza visible y palpable sólo para nosotros-; e incluso para dar una patada al sistema y a las normas morales y éticas que rigen nuestra sociedad ¿Es implicarse una obligación del sistema y del ciudadano ante casos de este calibre, o se nos va la fuerza por la boca? Todos estos temas afloran en el texto de Fernando J. López; algo que pretende ser teatro para adolescentes sólo en apariencia, pero que por fortuna logra ir más allá de eso.

Cualquiera que haya visto otros trabajos de Fernando J. López ya se habrá dado cuenta de su capacidad para escribir historias sociales con personajes humanos y cercanos. Esa es también una de las claves del éxito de #Malditos16, una obra de hoy -el hashtag que acompaña al título, así como las múltiples referencias a redes sociales que contiene el texto demuestran que la obra es hija de su tiempo, y como tal ha de leerse- que junta a un grupo de personajes impregnados de verdad, impregnados de contradicción y -en general- huyendo de ciertos tópicos. No se trata de desvelar cuál es la problemática de Rober, Ali, Nayma y Dylan para haber estado a un paso del suicidio y para no haber terminado de superarlo a día de hoy -cada uno tiene la suya, y todos sus motivos son perfectamente válidos-; pero sí de reseñar la manera en la que J. López ha logrado plasmar una panorámica de una problemática social tan grave a través de cuatro personas que son un todo tanto metafórico -porque representan a todo un grupo mucho más amplio- como real -porque se sienten unidos por haber logrado salvarse en aquel momento, son como balsas de salvación los unos para los otros, se necesitan y confían en ellos. El regreso de estos cuatro adolescentes para ayudar al sistema es un reto de doble filo, que Fernando J. López emplea de manera inteligente como excusa para que afloren sus temores -en ese círculo de seguridad que suponen los unos para los otros y que seguramente sea el único lugar en el que puedan hablar de ello-, y como herramienta crítica para evaluar el grado de compromiso del sistema educativo y social para con ellos -por todo lo que les deben- y para con los adolescentes de hoy: ¿cuál es el deber del sistema y cuál es el nivel de implicación real de esos individuos que lo forman? ¿Están ahí para ayudar o para cumplir una mera función sistemática en la que no se necesita una verdadera implicación? ¿Son nuestros protagonistas meros instrumentos del sistema? ¿Qué nuevas heridas les podría ocasionar sentirse nuevas víctimas? En este sentido, Fernando J. López no deja títere con cabeza; y excede con creces la mera etiqueta del ‘teatro para adolescentes’ para arrojar al aire cuestiones que nos implican a todos. Estas dos bazas -la veracidad y la dignidad que el autor aporta a cada uno de sus personajes y esa voluntad de remover conciencias- son claves en el hecho de que #Malditos16 sea el éxito que está siendo.

malditos161

Es cierto que seguramente algunos de los adolescentes estén mejor perfilados que otros -Nayma, por ejemplo, es el personaje más rico precisamente por todos los interrogantes no resueltos sobre los que se asienta; y Dylan es ejemplo de una cruda realidad aquí representada con una dignidad que rara vez se encuentra en los escenarios; de la misma manera que Rober puede caer en el prototipo del graciosete que esconde, por supuesto y de manera bastante previsible una culpa terrible e injusta; y a Ali posiblemente le falte el tiempo necesario para desarrollar su historia como se merece; e incluso las figuras de los psicólogos podrían estar más desarrolladas en su problemática paralela, que apenas queda perfilada y da para un debate mucho mayor… e incluso se podría haber apostado por un desenlace más explosivo-. Así y todo, creo que estos hechos -que bien pueden venir dados por una cuestión de metraje cerrado -estas funciones suelen durar por norma más de una hora, pero menos de hora y media…- con la que López debe luchar- no invalida en absoluto este artefacto que se ofrece ahora para adolescentes; pero que cautivará con toda seguridad al público general por lo directo, la sinceridad y la contundencia de su escritura.

Ignoro el tiempo que hay para levantar estos proyectos -aquí se ha acompañado de diversos talleres con especialistas en la materia-, pero de alguna manera siento que la sencilla -y válida- puesta en escena de Quino Falero -apoyada en muy pocos elementos escénicos y bien iluminada; pero acaso demasiado estática por momentos-  quizá le falte una cocción a fuego lento que resalte aún más ciertos aspectos estéticos, aspectos que seguramente se podrán redondear con una etapa de ensayos más extensa; si bien por ejemplo la cuestión física -esa gestualidad y fisicidad con la que los actores pasan de los 16 a la actualidad en apenas un movimiento- está trabajada de forma formidable, y es uno de los mayores ganchos de la propuesta. Seguramente, eso sí, las transiciones con cortinillas musicales sean aún susceptibles de mejora.

malditos162

El elenco trabaja de forma bastante sólida; desde la acostumbrada rotundidad de los psicólogos de David Tortosa y Rocío Vidal -se les perdona algún desliz con el texto por una cuestión concreta que comentaré más abajo-, hasta el extraordinario Dylan de Manuel Moya -que triunfa en un rol que lo tiene todo para triunfar por escritura-, lo bien que se maneja Pablo Béjar en un perfil que podría haberse quedado en la caricatura, el muy destacable trabajo físico y gestual de Andrea Dueso -que, en Ali, es a menudo una presencia muda que observa los hechos; pero que precisamente por ello crea expectativa que se cumple cuando finalmente explota y se confiesa-. A Paula Muñoz le ha tocado el que creo que es el mejor personaje de la función, y le falta un escalón para terminar de redondearlo: el trabajo físico -e incluso la vocalización- son aún un punto mejorables; si bien se hace con un momento de lucimiento personal cuando dispara su monólogo final como una metralleta, con claridad en la dicción y sin titubear: hay actriz, pero debería rendir siempre a este nivel.

Un último apunte que no quisiera pasar por alto: mi función -una matinal escolar que los adolescentes siguieron con un completada con un animado coloquio- se vio alterada por la presencia de un individuo adulto -a día de hoy no acierto a saber quién era- que, con su impropio comportamiento, perturbó notablemente tanto el seguimiento de la función como el grado de concentración del elenco artístico; que incurrió en algunas faltas porque no se dieron las mejores condiciones para la actuación.

malditos163

Así y todo, la propuesta es estimulante por texto y mensaje; y con una propuesta escénica muy válida, que seguramente crecerá con tiempo, rodaje y alguna revisión. Esperemos, eso sí, que esta propuesta tenga vida más allá de estas funciones escolares. Lo merece.

H. A.

Nota: 3.75/5

#malditos16”, de Fernando J. López. Con: Rocío Vidal, David Tortosa, Manuel Moya, Paula Muñoz, Andrea Dueso y Pablo Béjar. Dirección: Quino Falero. CENTRO DRAMATICO NACIONAL / COARTE

El Pavón Teatro Kamikaze, 14 de Febrero de 2017 (11.30 horas).

‘Los Atroces’, o la tragedia nuestra es esperpento

febrero 24, 2017

atrocescartel.jpg

Pese a que no ha permanecido demasiado tiempo en cartel en Madrid, había hecho mucho ruido con anterioridad esta función, Los Atroces, una curiosa revisión de la saga de los Átridas traída España y a la actualidad de las diversas épocas del siglo XX y que junta toda una serie de géneros -el drama, la comedia e incluso tintes de absurdo y esperpento- para darle una vuelta de tuerca a la tragedia griega, demostrando que en toda gran tragedia puede haber una gran comedia -o, más sencillamente, que toda tragedia puede nacer de una comedia-, por acidísima que esta resulte.

La función se abre con un prólogo en el que los actores intentan explicar la complejidad de las relaciones que se entretejen en la trama, y a qué -y a cuántos- personajes interpretará cada uno. Es una presentación pretendidamente caótica, que asienta aparentemente las bases de la función: se trata de una comedia -o eso parece…-. A continuación, instigado por su hermana, Orestes acaba de ejecutar la venganza de Electra asesinando a Clitemnestra y a su nuevo esposo Egisto. De alguna manera ahora Orestes quiere saber dónde están las bases que le han llevado a convertirse en un asesino; y para ello, todos sus antepasados -varias generaciones de “Atroces”- aparecen ante él para reconstruir su pasado y ayudarle a entender quién es, de dónde proviene y si hay o no posibilidad de dejar de ser como ellos, uno de ellos. La historia retrocede entonces hacia las primeras décadas del siglo XX en España, y avanza progresivamente hasta la actualidad. Es por esa España convulsa por la que transitan nuestros mitos, salpicados por el pasodoble, lo cañí; e incluso la influencia de esa tierra seca, del calor de la meseta, que terminan siendo elementos indispensables para que nuestra familia sea eso que es: asesinos, incestuosos, y, en definitiva, no más que meros seres golpeados por su tiempo y sus circunstancias… Seres de anteayer que bien podrían ser -son- seres de hoy, que asumen que deben dejarse arrastrar por ese fatum tragico que saben que no pueden controlar, y hasta llegan a reírse de su propia desgracia, cuando entienden que tal vez no les quede otra. Vemos entonces una tragedia griega de hoy, de alguna manera pasada por el filtro de esos espejos que -como decía Max Estrella- dan el esperpento. Hay de hecho mucho de esperpento en este acercamiento -a un tiempo fiel en contenido y libérrimo en forma- al mito griego: historias que hemos visto muchas veces sobre los escenarios, pero con total seguridad nunca como nos las cuentan aquí.

atroces1

Puede que la mayor audacia de la idea de Vanessa Martínez a la hora de crear esta original dramaturgia sea la de tomar una historia que es más o menos conocida por todos -puede que no toda la saga Átrida, pero quien más quien menos conocerá alguno de los episodios por los que pasan estos personajes- y darle una vuelta de tuerca insospechada, sin renunciar ni a respetar la historia -con toda su complejidad y densidad de relaciones entre personajes, que es mucha y se mantiene-. Como digo, parece a primera vista que estamos ante una revisión cómica del mito desde lo irónico -hay un algo de esperpento en muchos de los momentos que va que ni pintado a esta historia tan abyecta-; y sin embargo Martínez no renuncia en su escritura a romper una y otra vez la convención de lo que estamos viendo, enfocando ciertas escenas -el asesinato de Agamenón, por ejemplo está enfocado desde un impulso dramático de rompe y rasga-, dando buena prueba del gusto por lo estético y por lo poético de la directora. Este mejunje de géneros bien podría haber acabado en una ida de olla de dimensiones desproporcionadas; y sin embargo no se puede negar que la historia tiene un encanto y un pulso innegables; y que Martínez sabe perfectamente a dónde va con su historia y cómo nos quiere contar lo que nos cuenta. Viendo esta función, hay que preguntarse cómo es posible ese equilibrio sin traicionar el original -y es que ¿acaso no tiene la mitología griega mucho de telenovela latina?-; pero la propuesta funciona.

Sólo por poner un par de peros/sugerencias: quizá la dramaturgia ganase si optase por simplificar un punto de la tremebunda historia -conviene llevársela revisada de casa, o corren el riesgo de perderse, porque el material es mucho y muy denso…-; e incluso puestos a llevar la tragedia griega a estos límites tan originales -y nunca antes vistos-, sería interesante apostar con mayor decisión por la comedia esperpéntica -yo me atrevería a llegar hasta la astracanada: prueba de esto es lo bien que funciona por ejemplo la escena de la Virgen-, aún a riesgo de perder parte del pulso dramático sobre el que se sostiene esta propuesta de extraño equilibrio. Creo que sustentarla en lo cómico, llevando al absurdo aún más algunas escenas -como plena novedad que es; y como apuesta peligrosa, valiente y bien ejecutada- podría ser una de las grandes bazas de la propuesta, y que seguramente ese aspecto debería potenciarse como principal seña de identidad del montaje.

clitemnestra-agamenon

Dirige la propuesta la propia autora, Vanessa Martínez -que también actúa, en sustitución de una compañera-; y tiene el acierto de no renunciar a un fuerte sentido por lo estético, sin amilanarse ante la intrincada estructura textual. Hay sentido del espacio -se encadenan acciones paralelas, guiando al público a la perfección- y del ritmo -hacer que el tiempo fluya de manera continuada, sin subrayar especialmente los cambios ni de generación ni de tiempo es todo un acierto- y se encadenan como digo momentos de pulso cómico -esa Virgen, esa encarnación de Electra bordeando lo choni…- y dramático -ese asesinato a ritmo de “Alfonsina y el Mar”– verdaderamente prodigiosos. La iluminación -David Martínez- está muy en su sitio y ayuda mucho a crear un clima que se consigue, como digo, con muy pocos elementos muy bien empleados.

Los seis actores -todos se reparten un sinfín de personajes, salvo Mon Ceballos, que aporta su sólida presencia a ese omnipresente Orestes, sobrepasado por los acontecimientos- hacen un trabajo de equipo ciertamente admirable, en una propuesta que es especialmente compleja no tanto por el cambio de personajes, sino más bien por el cambio de género -y por tanto de intensidad y de temperatura- que todos deben afrontar sin titubear en cuestión de segundos, tarea nada fácil y que aquí está bien lograda merced a la versatilidad del equipo. Hay que citar a todos, porque todos contribuyen al éxito de la propuesta -son Mon Ceballos, Pablo Huetos, Gemma Solé, Vanesa Martínez, Pedro Santos y Vicenç Miralles– porque todos se merecen su parte del pastel y trabajan a conciencia; si bien seguramente sean Solé y Miralles quienes se lleven los episodios que dan mayores ocasiones de lucimiento, lo saben y les sacan todo el jugo. Así y todo, la capacidad de este elenco de volcarse en una propuesta tan compleja es digna de admiración.

atroces2

Así pues, en Los Atroces encontramos una propuesta llena de personalidad, que difícilmente podrá recordarnos a nada que hayamos visto antes, y que parte de un atrevimiento que hay que calificar de audaz -se podrían haber caído con todo el equipo…-, pero que sin embargo termina convirtiéndose en un todo coherente en manos de este equipo. Puede que, como ya he señalado, a la propuesta le falte condensar más los episodios de la saga; e incluso terminar de dibujar lo esperpéntico de algunas situaciones. Ahora bien, es un proyecto serio, cuidado y original; indiferente, desde luego, no deja de ninguna manera e ingeniosa es un rato largo.

H. A.

Nota: 3.75/5

Los Atroces”, de Vanesa Martínez. Con: Vanesa Martínez, Mon Ceballos, Pablo Huetos, Vicenç Miralles, Pedro Santos y Gema Solé. Dirección: Vanessa Martínez. TEATRO DE FONDO

Teatros Luchana, 13 de Febrero de 2017