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‘O Mel Non Caduca’, o naturaleza artificial

julio 30, 2020

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Espectáculo en lengua gallega

Se podría decir que con O Mel Non Caduca –otro de esos montajes gallegos que quedaron congelados en el tiempo al poco de estrenarse y que recupera para nueva normalidad la Mostra Internacional de Teatro de Ribdavia- Santiago Cortegoso se aleja de textos inmediatamente anteriores de estructura más clásica –como podrían ser Raclette o Casa O’Rei- para adentrarse de nuevo en formas más experimentales, como aquellas que le dieron la fama años atrás. No en vano, O Mel Non Caduca se anuncia como el resultado de una serie de talleres e improvisaciones en torno a asuntos como la obsolescencia programada, la destrucción de un mundo cada vez más golpeado por el sistema capitalista o la relación de los seres humanos con el espacio y el tiempo. El espectáculo es, en esencia, el resultado de todos esos talleres –uno de los cuales tuvo lugar, por ejemplo, durante la pasada edición de esta Mostra-.

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Santiago Cortegoso –que, además de escribir la pieza la dirige- hace dialogar dos fábulas: por un lado la de una pareja de científicos que, en un futuro distópico en el que los hombres y las mujeres parecen casi drones programados, intentan crear una abeja –nueva vida útil- a partir de un frasco de miel conservado de épocas anteriores; por otro, la historia de dos hermanos que se han hecho a vivir en grandes ciudades con ritmo frenético –perfectamente integrados por tanto en el sistema capitalista- y que deben encontrarse en la casa de la madre poco después del fallecimiento de ésta –que llevaba tres semanas muerta cuando la encontraron y que vivía con la única compañía de unas abejas, al parecer adiestradas, que producían miel- para repartirse la herencia y decidir qué hacer con el domicilio, en un entorno en el que, además de una incomunicación manifiesta, hay posturas diferentes –hasta puede que irreconciliables ante la vida. Desde un lugar profundamente irónico, parece que precisamente la vida es el eje central de O Mel Non Caduca. La vida humana con inevitable fecha de caducidad en la trama del presente y la vida artificial como única salida posible en la trama del futuro. También el recuerdo –el recuerdo físico- como herramienta activadora de la vida –con qué nos puede conectar, por ejemplo, un objeto?-.  Y, en el centro de todo, la naturaleza –no en vano la miel y las abejas son centrales en ambas tramas- como única opción posible para lograr que, incluso en un futuro donde reina la degradación y la vida artificial parece haberse impuesto, el ciclo continúe.

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Puede parecer a primera vista que O Mel Non Caduca es otra de esas piezas centradas en el clásico conflicto familiar que tanto juego da en el teatro; pero, sin embargo, Cortegoso emplea códigos muy sencillos para hablar de algo mucho más grande: la actitud de los seres humanos ante el planeta tierra y la idea de preservarlo y cómo la carrera capitalista a la que nos subimos en el presente podría condicionar un futuro en el que, efectivamente, la vida natural sea tan escasa que solo sirva para ser tratada en experimentos por seres con capacidad para programarse y desprogramarse. Así, los dos hermanos del presente pintan una visión irónica de la situación: mientras el hermano se niega en rotundo a bajarse de la rueda capitalista de alto ejecutivo de éxito – y entiende bien cómo funciona la cosa y lo explica, por más que sus explicaciones desaten la sonrisa del público; quizá por ese punto de vista tan excesivamente pragmático que nos indica que el mundo tiene que seguir porque si no el pez grande se come al pequeño-, la hermana parece, por la contra, estar más apegada a la esfera del recuerdo, a la casa y a la extraña idea de salvar de algún modo a esas abejas que convivían con la madre –cosa que, al hermano, por supuesto, ni le entra en la cabeza-. Desde aquí, Cortegoso nos plantea no solo una metáfora del paso del tiempo en los seres humanos –porque los hermanos deben enfrentarse al recuerdo, al pasado y a cómo gestionar ese pasado para continuar en el presente- sino –y aquí viene lo que posiblemente sea más curioso- la certeza de destrucción: porque, como nos muestra la fábula del futuro, ese mundo avanzado que se promulga ha terminado por destruir toda inteligencia real humana; y quizá hasta la –poca- naturaleza que quedaba. Desde luego que, pese al humor que destila la visión de futuro que tienen los personajes del presente; Cortegoso –en lo que podríamos denominar como comedia ecológica, o biodegradable, como reza el programa de mano- parece poco optimista a la hora de dibujar el planea que los seres humanos depredadores del consumismo les dejamos a las generaciones venideras. De hecho, el punto de vista de la hermana –apegada a la tierra y al continuismo- acaba por parecer casi una utopía a la vista del futuro distópico del que –para el autor- no vamos a poder escapar. Y, aunque pueda parecer una trama complicada de seguir, hay que señalar que Santiago Cortegoso es capaz de partir de una trama personal muy sencilla –y muy explorada en el mundo del teatro- para hablar de cuestiones mucho más elevadas; de forma que cada espectador podrá decidir hasta dónde lleva la lectura de la obra. Podrá haber pasajes algo más farragosos –alguno hay y convendría aligerar algo el texto- pero, sin embargo, O Mel Non Caduca tiene la capacidad de mantener una estructura clara y concisa –incluso a la hora de emparentar los avances de los dos científicos futuristas con los de la relación de los hermanos- para tratar, desde la fábula y la metáfora – y a partir de cuestiones como la vida, que todos podemos entender- asuntos mayores –el efecto del ser humano, el capitalismo y el consumismo mal entendido sobre el mundo en el que vivimos-. No es poca cosa, aunque el texto –para mí más interesante que los inmediatamente anteriores de Cortegoso- aún mejoraría recortando algunas partes; y quizá hubiese sido deseable profundizar más en el conflicto familiar para dotar a los personajes del presente de una humanidad más clara, más inmediata, que generase mayor empatía del público hacia ellos: sin embargo parece bastante claro que aquí Cortegoso prefiere explorar el conflicto temático que el que tienen los personajes.

Lejos de limitarse a ofrecer un teatro de texto y de actores, en la puesta en escena que firma el propio autor hay un sumo cuidado por el trabajo corporal y físico –el movimiento escénico es de Carmela Bueno, y es de ley mencionar su nombre- y un interesante juego escenográfico –firma la escenografía Diego Seixo, funcional en su doble cometido y nada parca en detalles, como ese árbol central que se acaba formando y que tiene tanto de simbólico-. Podrá parecer que algunas transiciones se demoran en demasía; y, sin embargo, siempre hay una clara voluntad coreográfica que acaba redondeando el todo: la misma voluntad coreográfica con la que muchas veces se relacionan ambos intérpretes en escena, dando lugar a imágenes unas veces sugerentes y otras veces grotescas que dan un cierto atractivo visual a la propuesta.

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En escena, Marián Bañobre y Avelino González se manejan bien en las dos realidades que deben cohabitar: si en la trama de los científicos puede haber algún exceso que inclina el universo futurista hacia la comedia surrealista; en la de los dos hermanos –que de largo es la más conseguida- se ha despojado a las actuaciones de cualquier atisbo de exceso, enfocándose desde una frialdad interior que acaba por resultar tremendamente elocuente al demostrar cómo esas dos personas que deben pasar por semejante trance seguramente no tengan nada que decirse. En los dos retratos, se puede señalar como mientras el personaje de Bañobre se crea a partir de un perfil más idealista –un idealismo muchas veces al borde de la comedia- el de González transmite el conflicto interior de un hombre agotado, desbordado por el frenesí de una vida que tiene que seguir  buen ritmo pase lo que pase, como en una gran huida hacia delante, porque no queda otra.  Ambos se complementan bien y sirven con eficacia el aspecto más físico de la función. Hay, eso sí, algunas réplicas que no llegan con toda la claridad deseable aquí y allá –siempre aquellas que ocurren de espaldas al espectador-; pero esto seguramente sea más achacable al espacio que a los actores.

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O Mel Non Caduca seguramente no llegue –ni lo pretenda- al impacto de la recordada 0,7% Molotov –seguramente el texto de Cortegoso que más me haya interesado hasta la fecha- y, sin embargo; hay algo en esta que recuerda a aquella: tanto por algunos rasgos temáticos como por esa capacidad de hablar desde un lugar sencillo de asuntos más elevados de los que parece a primera vista y por esa voluntad del autor de jugar con las formas respetando sin embargo las estructuras, aunque los asuntos temáticos quizá se acaben elevando por encima de los retratos de los personajes; con todo lo que eso implica. Sin que pretenda inventar la pólvora, ni mucho menos; lo cierto es que se ve con agrado, es honesta en fondo y formas y está bien producida e interpretada. Con todo, intuyo que lucirá mejor en distancias más cortas y espacios más íntimos que el del Auditorio del Castillo.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

O Mel Non Caduca”, de Santiago Cortegoso. Con: Avelino González y Marian Bañobre. Dirección: Santiago Cortegoso. IBUPROFENO TEATRO.

XXXVI Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia. Auditorio do Castelo Rubén García, 22 de julio de 2020

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