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‘Verano en Diciembre’, o las cosas que tocan

febrero 23, 2016

cartel verano en diciembre

La primera vez que supe de Verano en Diciembre –texto de Carolina África merecedor del Premio Calderón de la Barca 2012 y que la autora escribió durante una estadía en Buenos Aires- fue hace aproximadamente dos años y medio, a la salida de una función en el María Guerrero por la referencia emocionada de una persona que conozco, que acababa de verla –juraría que me dijo que en un pase único en el mismo María Guerrero, la semana anterior-. A raíz de su entusiasmo, busqué el texto, lo leí –no me suele gustar leer funciones que aún no he visto y quizá llegue a ver más adelante, pero con esta lo hice…- y ya entonces me pareció que estaba extraordinariamente bien escrita. Pasó un tiempo, llegó su repercusión en los Max, algunas reposiciones en Madrid que por haches o por jotas me fui perdiendo; y finalmente ha hecho temporada en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán, donde por fin vi la función. Vuelvo a pensar lo que pensé leyéndola: la capacidad que tiene este texto para conectar, acariciar y arañar a cualquier espectador con unos mínimos de sensibilidad es brutal.

En la España actual, una familia de tres generaciones de mujeres: la madre –Teresa- cuida en casa de la abuela Martina –impedida y con un Alzheimer más o menos avanzado-. Por la casa pasan también las tres hijas: Alicia, una pintora divorciada y amargada por las circunstancias; Paloma, acomplejada, insegura y empastillada a calmantes para sobrellevar una existencia que no va a ningún punto; y Carmen, una moderna que aún no ha terminado de encontrar el equilibrio entre salir de fiesta por las noches y cuidar a la hija pequeña que tiene con su pareja. Bajo la influencia un punto castradora de la madre, las tres hijas –cada una bregando con sus problemas cotidianos- construyen en ese microcosmos que es la casa una suerte de olla a presión a punto de estallar, por las tensiones no resueltas que existen entre ellas; y sobre todo para con su madre: unas tensiones que solo la presencia de la sacrosanta abuela –a la que las cuatro adoran y se afanan en cuidar en sus últimos meses de vida- parece suavizar. La abuela enferma de Alzheimer es pues el punto de unión; lo que hace que esa familia tenga algo por lo que seguir remando en una dirección determinada. Hay también una cuarta hermana –Noelia-, pero vive en Buenos Aires, y no está segura de poder venir a casa por Navidad. A lo largo del mes de Diciembre, las tres hermanas desarrollan sus problemáticas pasando por casa de la madre –alegrías, frustraciones, secretos, revelaciones, anhelos…- mientras se ocupan de que la abuela viva lo mejor posible. Y eso ocurre en Verano en Diciembre: la vida en la intimidad de una familia en la que hay sin duda mucho amor, aunque las discusiones alcancen bocinazos de proporciones épicas; porque en las familias –ya se sabe- se pueden decir las cosas más terribles y volver a la ternura en un santiamén.

verano 1

Da a entender la autora en las notas al programa que Verano en Diciembre es en primera instancia un retrato de su familia, cuyos personajes se fueron modificando y creciendo con el tiempo hasta convertirse en lo que son hoy: personajes de ficción –deduzco pues que el resultado no es autobiográfico ni mucho menos-. No sé hasta qué punto esto pueda ser cierto; pero de serlo hay que decir que es una belleza de homenaje, como para estar orgullosa de haberlo escrito.

Hay muchos aciertos en el texto de Carolina África. Primero, la cercanía en el retrato de unos personajes con los que uno está deseando irse de cañas, porque son normales, son como nosotros. Segundo, haber sabido escribir una historia de conflicto familiar pero siempre más desde la ternura que desde el rencor –en esta familia hay humanidad, y esto nunca lo perdemos de vista: cuando se necesiten, van a estar ahí las unas para las otras-. Tercero: haber escrito una historia con mujeres, pero nunca una historia de mujeres –siento que Verano en Diciembre elude el feminismo y otras ideologías, de hecho todas estas mujeres están influenciadas por distintos hombres que no aparecen pero se mencionan constantemente y son capitales en el devenir de los acontecimientos. Cuarto: incorporar humor y gags con buen gancho, permitiendo al espectador pasar de la risa a la lágrima. Y quinto: el imponente retrato del personaje de la Abuela Martina, ya no como una escalofriante muestra de la cruda y triste realidad del Alzheimer –que lo es-, sino como una auténtica declaración de amor: porque el Alzheimer de la abuela –con episodios tan reales que estremecen- está escrito desde un punto que se ocupa más en reflejar la melancolía de una anciana que va perdiendo la cabeza con la tranquilidad de saberse cuidada que el miedo y el horror del no reconocerse en el espejo… y si ustedes no se emocionan con este retrato –y con la bella relación familiar llena de valores que pivota en torno a la entrañable abuelita- revisen sus niveles de sensibilidad. Ahí, en la cercanía y en la ternura que desprende Verano en Diciembre están las claves que hacen de ella un textazo. Se podría pulir alguna cosa –hay una escena narrada en multiplazo que denota que África quiere recordarnos que tiene bien asumido el teatro argentino; y que rompe un poco el discurso del resto de la función sin mucha necesidad-; pero a mí lo que me cuentan me llegó hondo: pasé de la risa al nudo en la garganta, y con eso me basta y me sobra. Un textazo de lo cotidiano. Que hayamos visto otros esquemas similares antes que también eran muy buenos –los hemos visto…- no resta ni un ápice de valor a este.

Además de haber escrito el texto, es la propia Carolina África quien dirige la función e interpreta a una de las hermanas; en este montaje que nació en una sala off que ella misma regenta. Tiene su propuesta claro pulso de teatro Argentino en fondo y formas –la escenografía de Almudena Mestre es sencillísima, pero resuelve sin embargo muy bien diferentes espacios: brillante la economía de medios para situar la escena en la galería de arte, por ejemplo-. Es cierto que algunas escenas –sobre todo la que transcurre con varias acciones en paralelo, que, lo diré una vez más, no me funciona- pecan de estar demasiado medidas a pesar del caos aparente –quiero decir, creo que no siempre es necesario que escuchemos y entendamos todo a la perfección en las escenas de las discusiones, como ocurre aquí…-; que These boots are made for walking ya la tengo muy escuchada este año en teatro -tercera función en la que me sale en apenas tres meses- y que seguramente al equipo actoral –honestísimo y con la función bien estudiada- le falte en algunos instantes o casos concretos ese plus de organicidad tan argentina que creo solo la escuela argentina puede conseguir; pero la puesta cumple su función de contar la historia ordenadamente y –lo más importante- llega al público, toca.

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Viendo este gran texto, no podía evitar imaginarme lo que hubiese sido con grandes nombres de la escena; pero sin que por ello este elenco estupendo desmerezca en absoluto. Me quito el sombrero con la impresionante abuela que se marca Lola Cordón: porque la vi, porque me la creí; y porque en esa escena en la que se mira al espejo y cree ver a su madre mientras la hermana más atolondrada reprime un nudo en la garganta casi tan grande como el mío me tocó en lo más hondo. Sin más: la función es suya por derecho propio, porque hay mucha verdad en lo que hace. Me gustó muchísimo también la Carmen –la hermana mayor, pero la más alocada- de Virginia Frutos –alterna el personaje con Laura Cortón- por el equilibrio perfecto que alcanza entre el perfil más desenfadado del personaje –les juro que dan ganas de irse de cañas con ella- y la ternura y la emoción máximas con las que interactúa con su abuela: en ambos planos está muy convincente; aquí hay una gran actriz. A la madre de Pilar Manso seguramente le convenga un punto extra de mala baba para que le cojamos un poco de manía aunque en el fondo sea una buena mujer; esa misma mala baba que sí irradia a veces la Alicia de Carolina África –tiene sus motivos, ya se verá, pero empieza siendo un personaje muy, muy antipático…-; y quizá a la luminosa Paloma de Almudena Mestre se le pueda pedir algo más de ensimismamiento en su propia ingenuidad, para que dudemos si está en este mundo o en su mundo: el personaje se presta a ello. Pero el conjunto, quizá sin ser sobresaliente; sí funciona de forma notable como grupo.

verano 3

Debo insistir -sé que lo he dicho ya unas cuantas veces, pero es que es la clave-: lo bonito de Verano en Diciembre, lo que la hace ser todo lo grande que es, es que conecta con el público, llega, toca, transmite, emociona: cuando ocurre eso; entrar en consideraciones de puesta en escena o diferenciación de interpretaciones roza casi lo superfluo. A no ser que sean muy insensibles, esto les va a tocar: espero poder encontrar una producción grande de este texto dentro de unos años –les juro que tengo un reparto de primeros nombres ya en la cabeza…- para poder confirmar que se ha convertido en el clásico que se merece y recordar que el germen fue esta pequeña compañía; de momento ya han llegado hasta aquí, y es que el trabajo bien hecho da sus frutos.

H. A.

Nota: 4/5

 

“Verano en Diciembre”, de Carolina África. Con: Carolina África, Lola Cordón, Virginia Frutos, Pilar Manso y Almudena Mestre. Dirección: Carolina África. LA BELLOCH TEATRO.

Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), 18 de Febrero de 2016

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5 comentarios leave one →
  1. febrero 23, 2016 15:13

    Hoxe apetéceme deixar un comentario. Porque me gustou moitísimo o espectáculo e porque topei cousas na túa crítica que me chamaron a atención (sempre) pero hoxe vou estirarme
    Cando sentei e vin o espazo escénico antes de que comezase a función e mentres non empezaba a función, temín o peor. Non me gustou nada o que vin. Aqueles mobles, aquela mesa, aquel … e cando empezou a actuación pensei tamén “Ah! É este teatro no que non se actúa” E consonte foi avanzando a función foron levándome e levándome e cambiándome o aire, e fun recoñecendo escenas da miña familia, e fun sentindo un nó na gorxa e outro no corazón, e rindo e agoniando. Foi emocionante, no sentido literal da palabra, pois provocaron moitas emocións en min nesas menos de dúas horas que gocei da función (por que hai quen se empeña en funcións de dúas horas e media, tres…?).
    Concordo contigo na escena en multiplano, concordo en ir de cañas con elas, concordo ca emoción da escena do espello,…
    Non concordo co que dis dos grandes nomes da escena, son prexuízos comerciais puros. Tampouco no do feminismo, non terás -teremos- prexuízos sobre o feminismo e serán estes o problema? Ata onde me chega a memoria,o que eu aprendín de coidar, aprendino de mulleres, e non de homes. Podería mudarse o sexo dos personaxes desta obra?
    Espectaculazo! Como chuvia miúda que vai calando e cala tanto que te decatas de que choraches despois de chorares e fai rir e sorrír dende a tenrura.
    É un pracer lerte. Coma sempre

    • febrero 23, 2016 15:34

      Ola Avelino!
      Grazas coma sempre por lerme e comentar!
      Dúas puntualizacións sobre as cuestións coas que non concordas. Creo que esta obra trata o mundo do feminino dende un punto de vista que fuxe do feminismo, e iso é bon -alomenos para min-: quero dicir, non hai nin discurso feminista, nin ideoloxía; simplesmente personaxes. De feito, se te fixas hai moitos homes presentes na narración aínda que non saian (o pai, o avó morto, o ex marido da pintora, o amante, o marido da irmá maior…) Agradecino moitísimo, porque sei que outras funcións con este plantexamento poderían terse quedado nun mero alegato feminista. Aquí hai algo -moito- máis.
      Non digo o do cast estrelado coma un handicap, nin moito menos. Simplesmente (e pásame poucas veces, pero con esta función pasóume) mentres a vía, visualicei con claridade caras que poderían perfectamente ter feito este espectáculo: mándoche un mail nun chisquiño e cóntoche quen eran! Pero iso tampouco quita NADA de valor a esta versión….
      Creo que para min a liña que separa esta función do sobresaliente cara o merecido notable alto no que se atopa é so esa escena multiplano, que non rematou de conectar conmigo…
      Pero a min (como a ti) esta función tocoume moitas fibras. Estaba na fila 2 -pretísimo- e nun momento crucei unha mirada cunha das actrices que estaba parada xusto diante de min… cando eu estaba secándome as bágoas. Vin claramente que ela deuse de conta, foi un momento moi bestia. E si, a min tamén me recordou cousiñas da miña familia aquí e acolá.
      É que é ben bonitiña!

      Grazas de novo!

      P.D.: Mándoche un mail entre hoxe e mañá.

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