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‘El Señor Ye Ama los Dragones’, o ser la abeja reina

abril 20, 2015

Espectáculo en bilingüe (castellano / chino)

El primer encargo de Juan Carlos Pérez de la Fuente al frente de la dirección del Teatro Español ha sido el estreno de El Señor Ye Ama los Dragones, un texto del joven dramaturgo Paco Bezerra –Premio Nacional de Literatura Dramática por Dentro de la Tierra y que ya llamase la atención de propios y extraños hace tres años cuando estrenó Grooming en el Teatro de la Abadía-. Ahora, en este nuevo texto, se sirve de una comedia costumbrista con tintes de thriller de misterio para reflexionar e indagar sobre las relaciones entre comunidades y culturas, sobre culturas dominantes y culturas dominadas y sobre qué sucede cuando el pez pequeño intenta echar un pulso al pez grande, todo a partir de un cuento chino –me atrevo a decir que no es un proverbio, como reza el programa de mano-, El Señor Ye Ama los Dragones, que cuenta la historia de un hombre que creía adorar los dragones y tenía toda su casa llena de motivos con dragones; pero que sintió pánico el día que el rey de los dragones decidió visitarle y se topó con un dragón real ante sí: desde ese día, el hombre no quiso saber nada más sobre dragones….

Un edificio cualquiera del Madrid actual. Posiblemente en ese Lavapiés multicultural tan en boga en los tiempos que corren. Como en un enjambre de abejas, en el sótano viven las trabajadoras –representadas aquí por Xiaomei y su madre, la Señora Wang, dos mujeres chinas-, en el centro los zánganos –Amparo, esa  vecina cuya máxima preocupación es cebarse a comer turrón y hacer autodefinidos- y en lo alto, la abeja reina –Magdalena, la viejecita malhumorada y racista de vuelta de todo: esa vecina llena de razón que siempre tiene la última palabra aunque puede que ni siquiera nos conozca… todos hemos tenido una así alguna vez-. Un buen día, Magdalena –que lleva 18 años conviviendo con las vecinas chinas aunque jamás se ha relacionado con ellas, porque como le dice Amparo “cada vez que te las cruzas por la calle apartas la vista y escupes en el suelo porque dices que te entran arcadas”– cree ver una extraña sombra fantasmagórica merodeando por los bajos del edificio, y ha de bajar por primera vez a tocar a la puerta de sus vecinas chinas en busca de respuestas a un fenómeno que no acierta a explicarse. Xiaomei, la hija china, afirma conocer la causa del fenómeno y propone a Magdalena un trato: le contará qué sucede si accede a celebrar el cumpleaños de su madre, enferma terminal, esa misma tarde en su casa. Magdalena, aterrada, accede; y convence a Amparo para que no la deje sola ante las extranjeras… y así tiene lugar la cena, en la que dos madrileñas castizas se enfrentarán a dos chinitas ¿inofensivas? en busca de verdades que quizá sea mejor no saber. Pero ¿qué ocurre realmente? ¿hay una fuerza sobrenatural en el edificio? ¿es todo una estratagema de Xiaomei? ¿tiene Occidente el poder sobre Oriente o se puede dar la vuelta a la tortilla? ¿es posible un equilibrio entre culturas? ¿quién maneja los hilos? Dos son los aciertos principales de Bezerra al concebir este texto: escribir una historia de lo cotidiano, abordando una realidad que nos afecta directamente a todos –el racismo, la lucha de clases mal entendida  y los aires de superioridad- e impregnarla de algo a medio camino entre la comedia inglesa de misterio –porque para colmo de males, una extraña y espesa niebla invade la ciudad- y un sainete zarzuelero –porque es difícil no reconocer en Magdalena y Amparo, por ejemplo, a dos personajes de Agua, Azucarillos y Aguardiente traídos al aquí y al ahora-. Hay en este texto mucho espacio para el humor –y en este sentido, la sección central de las dos señoras en su hábitat natural desborda comicidad por lo chabacano y a la vez reconocible de los diálogos y las situaciones-, pero también para trazar una intriga que hace que la imaginación del espectador vuele incluso más alto de lo esperado. Porque, fiel a su idea, Paco Bezerra acaba tirando por la vía del conflicto social, y el coherente desenlace, lejos de sorprender con una traca final como la que podríamos estar esperando, se sitúa en unos niveles mucho más intuitivos, y quizá hubiese requerido un mayor desarrollo, porque todo sucede muy aprisa una vez que se conoce lo que sucede: si se analiza el texto, queda claro lo que Bezerra nos quiere contar; pero uno esperaba un desenlace más inclinado al terreno del thriller… Hace mucho por la función la inteligente puesta en escena de Luis Luque, que se sirve de una muy bien planteada escenografía de Mónica Boromello –que permite ver tres alturas distintas de un mismo bloque de vecinos- para contar una historia salpicada de detalles de ironía que no renuncia a jugar con el terror psicológico, e incluso a impregnar toda la puesta en escena de un aire de cuento que le confiere un cierto aire de irrealidad que conviene mucho al conjunto –la brillante composición musical de Luis Miguel Cobo y el gran juego de luces de Felipe Ramos son decisivos…-. Creo que Luque ha acertado de pleno en el tono de su puesta en escena, y que consigue un espectáculo que no solo juega a favor del texto –porque genera ambiente y por extensión también expectativa-; sino que explora todas las aristas que éste ofrece. Las dos vecinas españolas cuentan con dos intérpretes de raza que se roban el espectáculo por pleno derecho. La Magdalena de la siempre camaleónica Gloria Muñoz está dibujada a medio camino entre la abuelita entrañable que se ha quedado anclada en otra época y la mujer mala capaz de crispar al más tranquilo de los mortales escupiendo veneno con su tono de falsa autocomplacencia que en el fondo acusa a todo lo que se mueve porque es incapaz de verse en un espejo: Muñoz lo clava, y todos vamos a reconocer en ella a ese familiar o a esa vecina que todos tenemos aunque no querríamos tener y que queremos que se lleve su merecido. No le va a la zaga Lola Casamayor, una Amparo zafia y vulgar que es la justa horna del zapato de Magdalena, y que resulta un personaje tan antagónico y complementario al de ésta como reconocible. La química entre las dos es magnífica, y por esto la escena central entre ambas –una estampa de costumbrismo del bueno-. Tal vez a la Xiamomei de Huichi Chiu –muy adecuadamente planteada desde unos términos de gestualidad auténticamente orientales- que ayudan a la narración de esta fábula le falte un punto extra de mala leche que tal vez nos haga desconfiar más de ella; y la Señora Wang de Chen Lu –un rol íntegramente escrito en chino que el espectador recibe a través de subtítulos- completa el elenco desde una óptica ciertamente tierna y entrañable.

La sala prácticamente llena, y el público receptivo –quizá un poco descolocado ante el precipitado desenlace- para una propuesta que sabe tratar con audacia un tema de actualidad, agitando toda una diversidad de géneros en una coctelera; a la que quizá –puede que al igual que ocurría en Grooming– le falte desarrollar un poco más el desenlace. Pero, a pesar de todo, si leemos la obra como una fábula contemporánea, todos los elementos están muy bien empleados.

H. A.

Nota: 3.75 / 5  

“El Señor Ye Ama los Dragones”, de Paco Bezerra. Con: Gloria Muñoz, Lola Casamayor, Huichi Chiu y Chen Lu. Dirección: Luis Luque. TEATRO ESPAÑOL. Naves del Matadero del Teatro Español (Sala 2), 9 de Abril de 2015

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