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‘Grooming’, o ¿quién teme al lobo feroz?

abril 20, 2012

Grooming: Acciones deliberadas por parte de un adulto para establecer lazos de amistad con un niño o niña en Internet, con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor o incluso como preparación para un encuentro sexual, posiblemente por medio de abusos contra los niños. (Wikipedia).

Parafilia: patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra cosa o actividad que lo acompaña. (Wikipedia). 

He querido empezar esta entrada con las definiciones de los dos conceptos clave entorno a los que gira este texto teatral. Paco Bezerra, el ganador del Premio Nacional de Literatura Dramática 2009 –con un texto que, por cierto, inexplicablemente, sigue sin estrenar- se consolida con este Grooming como un autor interesante, por lo actual y atrevido de los temas que toca.

Veamos: Carolina, una chica de 16 años, conoce a Leonardo, un hombre que se hace pasar por joven en el Messenger. Tienen cibersexo. Entonces él hackea su cuenta de correo, graba un vídeo, y la chantajea; por lo que deben encontrarse en un parque para evitar el escándalo de que la verdadera naturaleza de Carolina salga a la luz. Este encuentro comienza como la clásica batalla del gato y el ratón, donde Carolina es el ratón y Leonardo el gato. Un parque. Un espacio neutro –sencillo pero sugestivo espacio escénico firmado por José Luís Gómez-. Una inscripción en un contenedor de basura: “Esto es un parque”.

–          Usted no tiene dieciséis años –dice Carolina al comienzo-.

–          Eso lo dices porque todavía no me conoces –le responde Leonardo-.

Es el comienzo de lo que aparentemente es la lucha de Carolina por la supervivencia, por escapar del depredador que la amenaza. Solo aparentemente, porque esto, claro, es un thriller en el que las vueltas de tuerca se suceden sin cesar hasta el final. Lástima que no se pueda contar más. “Esto NO es un parque”, reza la pintada del contenedor de basura en otro momento de la función. Es el comienzo del cambio, de un momento en que las líneas que separan a presa y depredador se difuminan y se confunden peligrosamente.

Grooming aprovecha un tema actual para bajar a las profundidades del alma humana, y para cuestionarse qué tan bajo podemos llegar a caer los individuos, y hasta que punto sufrir algún tipo de perversión (in)confesable puede convertirnos en seres deplorables. Bezerra domina la caracterización de los personajes, sabe engañar al público e incomodarle desde la temática para acabar incomodándole mucho más cuando muestra todo lo que hay realmente bajo esta historia. Al final, tras varios giros argumentales –que en el fondo son mucho más coherentes de lo que parecen-, el público debe replantearse si ha juzgado correctamente a los personajes o no, y quién es el bueno y quién es el malo; si es que cabe hacer distinciones en esta historia…

En este thriller, más bien circular y fascinante; aunque, por qué no decirlo, también algo incómodo de ver – no tanto por lo que se ve y se dice, sino por el hecho de que, desgraciadamente, todos sabemos que en este preciso momento pueden estar sucediendo 100 historias semejantes en el mundo…- Bezerra sabe dar donde más duele, es implacable y no deja un segundo de respiro. Sin embargo, sobre el último giro argumental –brillantísimo- no se detiene, y avanza implacable hacia el final. Quizá esto sea un error: de la misma manera que hemos escuchado las motivaciones que tiene Él para hacer lo que hace, habría que alargar la escena final, para saber también qué motivos tiene Ella. Insisto, no se debe contar más, pero se podría profundizar sobre esta cuestión, porque la función –60 minutos- es muy breve. Varias críticas han dicho que el final no es creíble: sí lo es, simplemente pide a gritos un mayor desarrollo… E, insisto, se podría hacer perfectamente.

Dos personajes complejos, bipolares, que piden a gritos dos actores de raza. Es un gustazo comprobar que Antonio de la Torre –excelente actor cinematográfico- es también un animal de teatro: aquí crea un personaje que por momentos –los menos- es un pobre diablo con su corazoncito, y por momentos –los más- un ser repugnante, desquiciado y hasta aterrador. Además, el texto está dicho con total claridad. Ella (Nausicaa Bonnin) es una presencia perturbadora, que bordea lo fantasmagórico en su minifalda de colegiala… y mucho más allá de eso cuanto más nos acercamos al final. Puede parecer demasiado mayor para los dieciséis años que tiene su personaje, pero todo tiene una explicación si se va viendo la obra. Pese a todo, como digo, son dos personajes poliédricos: el cambio está muy bien reflejado en él, pero no tanto en ella, que quizás no refleje toda la evolución que el personaje pediría.

Esta vez como director, José Luís Gómez acierta al situar la acción en un espacio tan básico como sugerente –muy bien iluminado por Cornejo-. Esta puesta es un doble acierto: por un lado consigue dar un aire de irrealidad a lo que se está viendo, y por otro permite concentrarse en el texto, que, a fin de cuentas, es lo que importa; a pesar de todo, la videocreación para la escena del Messenger, y el doble plano que se crea, resulta muy interesante. Además, es un acierto plantear ese prólogo sobre Alicia en el País de las Maravillas –hasta donde sé, ausente en el texto original- que solo cobra sentido al final. Quizá, eso sí, habría que revisar cómo reflejan los actores la complejísima evolución de los personajes.

Un espectáculo que no será redondo, pero sí que es muy interesante por diversos motivos: porque nunca antes se ha hablado de estos temas sobre un escenario, porque consigue incomodar –algo que, a veces, es necesario- y porque hace trabajar al cerebro del espectador. No es poca cosa, desde luego. Lástima no alargar aquí y corregir allá, porque el material es de calidad, porque la audacia y la intuición del autor están ahí, y el producto está bastante bien servido.

H. A.

 

Nota: 3.75 / 5

“Grooming”, de Paco Bezerra. Con: Antonio de la Torre y Nausicaa Bonnin. Dirección: José Luís Gómez. TEATRO DE LA ABADÍA.

 

Teatro Principal (Santiago de Compostela), 19 de Abril de 2012.

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