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‘Macbeth’, o más clásico que arriesgado

agosto 1, 2018

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Procedente del Festival de Teatro Clásico de Almagro se pudo ver en el Centro Niemeyer de Avilés el acercamiento al Macbeth shakesperiano que presentan en coproducción el Teatro Colón de Bogotá y La Compañía Estable, dos de las máximas fuerzas del teatro colombiano actual. Se trata de un montaje dirigido por Pedro Salazar que se presenta en una versión de Joe Broderick, y en formato “depurado” en gira respecto a la propuesta original; manteniendo sin embargo un copioso elenco. La idea, según afirma el director, bascula entre el respeto al original y una cierta tendencia de adaptación a la realidad colombiana; algo que sin duda, y a la vista del espectáculo, podrá sorprender a más de uno. A fin de cuentas, lo que se presenta aquí es una versión minimalista y atemporal de Macbeth, concentrada en el trabajo del actor pero despojada de artificios –y también, por extensión, de cualquier elemento netamente ligado a Colombia, al menos a simple vista más allá del aspecto lingüístico-.

Macbeth es sin duda uno de los títulos de Shakespeare que suben con mayor recurrencia a los escenarios; e incluso podemos señalar que hemos visto propuestas notables latinoamericanas basadas de notable impronta localista – la más reciente y evidente Mendoza, de Los Colochos, que reimaginaba la tragedia en el marco de la revolución mexicana-. Tal vez sea por eso que sorprende el rigor formal que presenta esta propuesta colombiana, limpia hasta lo impecable en su desnudez formal; pero a la vez despojada de verdadero riesgo –y también de esa impronta netamente colombiana que promete el montaje-. El resultado es, como digo, una digna versión del Macbeth shakesperiano, centrada en el trabajo actoral y apoyada en la desnudez escenográfica casi total, sí; pero también exenta de verdadero riesgo y mucho más clásica en fondo y formas de lo que uno puede pensar a primera vista.

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Al margen de no saber en qué consiste la “depuración” del montaje que se anuncia en el programa de mano –esto es, qué elementos de la puesta en escena no habrán viajado en gira- podemos comentar que la propuesta escénica de Pedro Salazar transcurre enmarcada en arcadas metálicas que encierran un vacío escénico casi total –a excepción del trono del rey Duncan o la mesa para el convite del matrimonio Macbeth- envuelto en brumas, que seguramente busquen subrayar el componente más onírico de la pieza-. Será este espacio – tan funcional como impersonal- el que encuadre la tragedia de ambición de los Macbeth, en un entorno en el que las faldas escocesas y los ropajes nobles de época – para los personajes nobles masculinos- contrastan con algunas prendas estampadas de cuero –Lady Macbeth, que aparece con una estética diferente al resto sin que haya una lógica aparente en esta decisión- o los pelajes animales que lucen las tres brujas – una de ellas un actor travestido, un recurso que tampoco es novedad-. Al margen de estos asuntos, tanto la versión del texto que firma Joe Broderick –fiel al original y bastante extensa, superando las dos horas y que, afortunadamente abre muchas escenas que habitualmente se cortan: escuchar un Macbeth tan completo seguramente sea uno de los mayores atractivos de esta versión- como el gusto por lo estético que muestra la puesta en escena de Salazar son dignos de admirar; pero el resultado se acerca mucho más un montaje de corte clásico minimalista que a algo verdaderamente rompedor o innovador: de hecho, las pocas innovaciones que presenta el montaje – más centradas al universo de lo estético- parecen ocurrencias que no siempre tienen una justificación clara en el concepto escénico; por más que el resultado sea en algunos momentos visualmente atractivo. Hay instantes más logrados –el convite con la aparición del espectro de Banquo, sin duda el momento visualmente más reseñable de la representación- junto a escenas inicialmente prometedoras pero no del todo bien resueltas en su conjunto –el asesinato de Banquo genera ambiente; pero la fuga de Fleance resulta sin embargo bastante torpe- en un montaje clásico en su sencillez al que seguramente le falten riesgo y concepto -teniendo en cuenta además que hemos visto muchos y muy variados Macbeths en los últimos tiempos-. Por otro lado, aunque el montaje cuenta con un reparto muy numeroso – una opción cada vez más infrecuente- creo que la propuesta escénica no siempre saca todo el partido posible –sobre todo a nivel de montar cuadros- a la cantidad de actores con los que cuenta: pudiendo hacerse, hay pocas escenas de masas. La iluminación tiende a ser válida para crear atmósferas, pero no escapa ni de algunas obviedades –el rojo que inunda las escenas de muerte- ni de golpes de modernidad de dudoso gusto –neones en algunos momentos en la estructura que enmarca el escenario-.

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Más reseñable –siempre dentro de una estética clásica- el trabajo actoral, homogéneo y en el que destacan sobre todo los sólidos trabajos del Macbeth de Christian Ballesteros –elegante y alejado de excesos- el rotundo Banquo de Felipe Botero, el particular acercamiento a Duncan que ofrece Diego León Hoyos –en una escena con un punto de caricaturesco, que habitualmente se corta- o el muy bien aprovechado Portero de Matías Maldonado, que se lleva en su monólogo previo al descubrimiento del cadáver de Duncan uno de los mejores momentos de la representación. Correcta en líneas generales –tal vez algo falta de esa malicia sibilina que debe caracterizar al personaje- la Lady Macbeth de Diana Alfonso; bien las tres brujas – Brunilda Zapata, Natalia Ramírez y un Jimmy Rangel que juega el travestismo con seria habilidad- y tal vez algo pasados de revoluciones por momentos tanto el Macduff de Iván Carvajal como el Ross de Andrés Estrada y el Malcom de Fabio Espinosa. El resto del nutrido elenco – muchos de ellos doblando y triplicando roles- cumple con corrección en sus respectivos cometidos, en un acercamiento al texto que opta por resaltar en el tono el aspecto más épico de la pieza.

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Gran éxito en el Niemeyer para una propuesta que se ve con agrado y que ofrece una versión muy completa de la obra; pero que acaba siendo un acercamiento mucho clásico y hasta conservador – en la línea quizá de algunos trabajos de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en España, por buscar una cierta equivalencia- de lo que se anuncia a primera vista. Se disfruta, sin duda, y hace justicia a Shakespeare; pero no estaría de más mayor riesgo – y una apuesta estética más clara- cuando estamos abordando una obra que ha subido tantas veces a los escenarios. Quienes busquen un Macbeth de corte más clásico que no traicione las premisas del original disfrutarán tanto con la versión como con el notable nivel actoral; pero los enfoques arriesgados implican otras cosas. Si tenemos en cuenta que estamos ante un montaje extranjero, tal vez hubiera que pedir algo más de riesgo o de novedad, por más que este sea un Macbeth clásico muy válido y disfrutable.

H. A.

Nota: 3.25/5

Macbeth”, de William Shakespeare. Versión: Joe Broderick. Con: Christian Ballesteros, Diana Alfonso, Felipe Botero, Iván Carvajal, Andrés Estrada, Fabio Espinosa, Diego León Hoyos, Natalia Ramírez, Brunilda Zapata, Jimmy Rangel, Matías Maldonado, Carlos Gutiérrez, Alexis Rojas, Felipe Correa y Andrés Gaitán. Dirección: Pedro Salazar. TEATRO COLÓN DE BOGOTÁ / LA COMPAÑÍA ESTABLE.

Centro Niemeyer (Avilés), 24 de Julio de 2018

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