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‘Elisa e Marcela’, o de comedias e historias de amor por contar

julio 31, 2018

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Espectáculo en lengua gallega (con fragmentos en castellano y portugués)

Precedida de un grandísimo éxito que ya la aclama como uno de los montajes teatrales más destacables del año en Galicia – triunfador en la pasada edición de los Premios María Casares, con 4 galardones- llegó a la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia – donde obtuvo el Premio del Público- Elisa e Marcela, espectáculo de la todavía joven pero ya asentada compañía gallega A Panadaría – Premio de la Crítica 2015- en torno a la historia de Elisa y Marcela: dos mujeres que, en La Coruña de 1901 – después de conocerse y superar la distancia y el rechazo de las familias- decidieron casarse; para lo cual Elisa debió vestirse de hombre y registrarse como Mario, constituyéndose así como el primer matrimonio homosexual de la historia. Lo que siguió fue un periplo de ocultaciones, denuncias, cárcel y fuga para dos mujeres pioneras que, después de todo, lucharon por amarse contra todos los obstáculos que encontraron en el camino. Condenadas por los medios y la opinión pública, perseguidas y convertidas en un icono para muchos, Elisa y Marcela vuelven a enfrentarse a la distancia y a la huida, hasta que consiguen llegar juntas a Buenos Aires, donde se les pierde la pista. Historia que ha llamado la atención de muchos, Isabel Coixet acaba de filmar estos días una cinta centrada en Elisa y Marcela que se verá próximamente; mientras que este espectáculo de A Panadaría se convierte por tanto en el primer acercamiento dramático a la historia.

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Y lo cierto es que no se puede negar el grandísimo éxito que Elisa e Marcela alcanza allá por donde va, como tampoco puede negarse que estamos ante un espectáculo entretenido y que se ve con agrado. Sin embargo, uno puede quedarse con la sensación de que la historia de Elisa y Marcela podrían no ser más que un punto de partida, un pistoletazo de salida para algo que poco a poco va convirtiéndose en otra cosa, de manera que conocemos retazos de la historia principal, sin profundizar en ella más de la cuenta; en favor de dar vida a una comedia vitalista, irónica y gozosa, centrada en lo gestual y lo corporal: es sin duda un camino – y, como tal, funciona con el público y es comprensible que así sea- pero uno sale del teatro no sólo queriendo saber más sobre Elisa y Marcela, sino con la sensación de que falta entre tanta catarsis cómica algún atisbo de profundidad que dibuje, por ejemplo, la historia de amor y la tensión dramática que implica un periplo como el que vivieron estas mujeres.

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Probablemente la gran diferencia que tenga Elisa e Marcela con respecto a los anteriores espectáculos de la compañía – Pan!Pan! y Panamericana, que desgraciadamente no pude llegar a ver- sea que mientras aquellos parten de ideas más generales, este se apoya en al responsabilidad de contar una historia muy concreta. Anuncia A Panadaría una “reconstrucción irreverente” de la historia, que se apoya en el vacío escénico casi total – apenas un telar que servirá para juegos de sombras- para crear un espectáculo esencialmente cómico, que bebe de distintas disciplinas –lo corporal, el teatro físico, el clown, el teatro de sombras, lo musical y hasta el cabaret- para ir deconstruyendo progresivamente la historia central de Elisa y Marcela, tanto en la forma de contarla –desde voces de diversos narradores, no siempre fiables y muchas veces hasta contradictorios- como en los planteamientos estéticos. Asistimos, desde el momento de la boda con que arranca la función, a flashbacks y flashforwards que nos pasean por el pasado –su primer encuentro, las voces de sus compañeras de residencia…- y el futuro –su huida, su estadía en prisión a partir de un encuentro de apoyo en un local lisboeta…- de manera que conocemos la historia de Elisa y Marcela condensada mediante retazos que deberemos completar como espectadores si queremos hacernos una idea más sólida de lo que supuso la historia de las mujeres. Y es que la narración se realiza no sólo desde las actrices – que entran y salen de los personajes que interpretan, e incluso se contradicen sobre la realidad de los acontecimientos- sino desde personajes alegóricos, reales o no –desde fantasmas de las compañeras de pensión en Madrid, hasta fadistas, cantaores flamencos, puros que se fuma el cochero que traslada a Elisa y Marcela o bombillas que intentan sobrevivir a bordo de un barco…-: todos ellos tienen algo que decir, todos ellos aportan su punto de vista y es a partir de todos ellos que se construye una historia en la que los personajes y elementos externos acaban adquiriendo casi más importancia que las propias Elisa y Marcela dentro del todo.

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Más de uno se sorprenderá al comprobar que, efectivamente, con su espíritu crítico y su canto al amor libre, Elisa e Marcela es y pretende ser una comedia disparatada, desenfrenada y entretenida, que busca a menudo reírse del exceso para provocar la hilaridad de un respetable que entra sin miedo y goza con el juego. La dramaturgia –que firma la directora Gena Baamonde al alimón con las tres integrantes de la compañía, Areta Bolado, Ailén Kendelman y Noelia Castro- fragmentaria tiene, sí, algún hallazgo – la escena de los fantasmas de las alumnas burgalesas y la de los puros son de una comicidad incuestionable, y grandes aciertos de fondo y forma en la manera de contar y en la realización- pero también cae con frecuencia en un humor que empieza funcionando pero también bordea – y a menudo cae- en la brocha gorda: la única escena de sexo que se muestra entre Elisa y Marcela; por ejemplo se presenta desde una búsqueda premeditada de la parodia que me resulta bastante discutible, porque debería haberse mostrado lo hermoso del amor entre ambas mujeres. Es cierto que el público entra a la comedia constantemente, y que podemos reconocer el tipo de comedia al que nos estamos enfrentado; pero apostar por este tipo de comedia para armar un espectáculo libre y gozoso puede ser un arma de doble filo: por un lado arrastrará a buena parte del público en su frenesí cómico, pero por otro tal vez distancie a aquellos que queramos profundizar más en la historia de Elisa y Marcela. Y tal vez este sea el gran pero que le encuentro a la dramaturgia, con la que reconozco que no terminé de conectar: apenas conocemos un breve resumen de la historia y –sobre todo- no hay ni un atisbo de profundidad dramática, como si hubiese miedo a perder la comedia por mostrar – si quiera por un momento- la verdadera profundidad de la relación de las dos mujeres. Sabemos que hay una relación de amor madura, honesta, intensa y sincera; pero, además, queremos verla reflejada en el escenario. Me quedo con ganas de entrar en su intimidad, me quedo con ganas de ver una historia de amor valiente, profunda y bonita y, sobre todo, me quedo con ganas de profundizar en Elisa y Marcela y su verdadera problemática, en algunos momentos aquí al borde de quedar algo banalizada por tanta -tantísima- comedia. En otras palabras, siento que la dramaturgia escogida –con aciertos simpáticos de ritmo e ideas- sirve bien al tipo de espectáculo que han querido hacer –y, en este sentido, el equipo de A Panadaría ha sido valiente al apostar por una idea y llevarla a sus últimas consecuencias-; pero que el tipo de espectáculo no termina de hacer justicia – o, al menos, no la suficiente- a la historia de Elisa y Marcela; ni a Elisa y Marcela como personajes. El público entra en furor a la comedia, sí; pero por debajo de la comedia debería haber otra cosa: una profundidad que nunca aparece. Enfocar como comedia un material no debería implicar dejar de lado su parte más profunda, más aún teniendo en cuenta que estamos ante una historia de amor. En este sentido, hay que decir que si bien se entiende el enfoque de parodia por el que se apuesta -con punto de vista crítico, aquí se denuncian ciertos tópicos y lugares comunes extendidos a través de la risa; y es un camino válido- parece que se ha perdido la oportunidad de contar una historia de amor.

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Nada que objetar ni al trabajo de las tres actrices –Areta Bolado, Ailén Kendelman y Noelia Castro– que se dejan la piel en un espectáculo que exige de ellas un trabajo físico, vocal y gestual extenuante, y son capaces de llenar el espacio vacío con la expresividad de sus cuerpos: en este sentido, su trabajo de composición es verdaderamente estimable, y estamos ante actrices perfectamente preparadas y el ritmo que les marca la propuesta obliga a un esfuerzo del que salen airosas de forma notable y que es muy de agradecer. Tampoco a la dirección de Gena Baamonde, que ha armado un espectáculo alocado y trepidante sin miedo de lanzarse a la piscina – de la misma manera que creo que la dramaturgia crecería abriendo la puerta al drama; también siento que la propuesta crecería relajando algunos momentos; pero montar un espectáculo con este sentido del ritmo que trabaja desde el espacio vacío no es fácil-. El espectáculo no da tregua al espectador ni por el tono de comedia alocada –en muchos momentos casi de verdadero vodevil- ni por la concatenación de situaciones, a menudo enfocadas a lo disparatado. Quien guste de este género –o quien acuda despojado de la expectativa de saber más sobre Elisa y Marcela- seguramente disfrutará de un espectáculo con puntos álgidos y ritmo trepidante. No quisiera dejar de señalar que seguramente una propuesta íntima como esta luzca mejor en espacios más pequeños que el enorme Auditorio del Castillo, que a veces se quedó demasiado grande para el formato del espectáculo.

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Enorme éxito en la Mit Ribadavia – no en vano se alzaron con el premio del público- para un espectáculo que funciona mejor si lo vemos como una comedia gozosa, desenfadada y disparatada que como una verdadera reconstrucción de la historia de Elisa y Marcela: el cómo se cuenta no siempre encaja de la mejor manera con el qué se cuenta; y aún así –asumiendo el tipo de espectáculo- ese cómo se cuenta amarrará con fuerza a gran parte del respetable. Como propuesta cómica desenfadada, Elisa e Marcela es una fiesta perfectamente válida; pero dado el tema que se está tratando, lo cierto es que me quedo con ganas de conocer la historia de Elisa e Marcela con mayor profundidad de la que obtiene aquí, tanto en el contenido como en la voluntad de mostrar la belleza y sinceridad de una historia de amor como esta. Así y todo, es de ley volver a reconocer el grandísimo éxito de público – con aplausos a escena abierta, carcajadas sonoras y ovación final en pie- que obtuvo el espectáculo. Yo, esta vez, no terminé de entrar en la propuesta.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

Elisa e Marcela”. Creación colectiva de Areta Bolado, Ailén Kendelman, Noelia Castro y Gena Baamonde. Con: Areta Bolado, Ailén Kendelman y Noelia Castro. A PANADARÍA / CENTRO DRAMÁTICO GALEGO / CONCELLO DE A CORUÑA / CONCELLO DE VIMIANZO / CONCELLO DE RIANXO.

XXXIV Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia. Auditorio do Castelo, 21 de Julio de 2018

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2 comentarios leave one →
  1. agosto 8, 2018 11:42

    Vaites ho! A min gustoume xustamente polo que ten de festa, de celebración da felicidade que un amor correspondido dá, (aínda que non sexa convencional, e na época non era tal) e que elas non puideron gozar a xeito.
    Coñezo e estou fascinado de sempre pola historia de Elisa e Marcela. Fun ver o espectáculo co temor de ver unha posta en escena que non cadrase ca miña idea. E non, non cadra. Nada en absoluto, pero gañoume a contundencia e a coherencia dese aire festivo que ten.
    Atópolle un par de eivas estructurais importantes, nunha delas coincido contigo.
    No que dis de que queda por contar a historia de Elisa e Marcela, tes razón. Deberíase facer ese espectáculo do que falas. Oxalá se faga axiña. Pero, pra min, ese é outro espectáculo distinto.
    Coma sempre: un pracer lerte.
    Unha aperta

    • agosto 10, 2018 20:43

      Ola Avelino!
      Grazas por comentar, por discrepar e por abrir debate. Para min resulta unha proposta moi complexa de encaixar. Entendo, efectivamente, que a idea entre o ambiente festivo (por momentos até case diría que choqueiro) e o alonxamento da historia de Elisa e Marcela (da que apenas se pincelan algunhas ideas) seguramente sexa buscado. Entendo que o shock inicial que pode producir é unha das claves do espectáculo. Entendo que o público entrase, e até entendo por que eu (que ía esperando, xustamente, ver outro espectáculo) non rematei de entrar… Por iso digo que a complexidade está en que non é tanto unha mala proposta, senón algo que difire bastante ca idea preconcibida que un poida ter do que vai ver. E asumindo a sorpresa, ocorre que ou entras ou non entras. Xa falaremos das eivas que lle atopas á proposta (isto, claro, en persoa). Reafírmome en tres ideas: o tratamento do sexo como algo lixeiro e banal non me gusta nada; creo que algo (algo, un chisquiño…) de drama non lle iría mal á cousa e sigo esperando a que alguén me conte en profundidade a historia de Elisa e Marcela… A ver se na película de Coixet!
      Coma sempre, grazas. É un gustazo intercambiar impresións contigo!
      Aperta forte!
      H.

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