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‘Celestina’, o la vanidad

mayo 8, 2016

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Resulta ya añeja y pasada de moda la creencia de que Celestina es teatro pensado para leerse, o no concebido para ser representado: se ha subido al escenario -con mayor o menor fortuna- en numerosas ocasiones con figuras de renombre y ha sido objeto de varias transposiciones cinematográficas. Se puede hacer, se ha hecho y no debería dar más problemas que otras muchas obras. Ahora, la Compañía Nacional de Teatro Clásico presenta una versión coproducida con el Teatro de la Abadía, con el atractivo de contar con José Luis Gómez no solo al frente del montaje, sino también haciéndose cargo del rol de la vieja alcahueta. Todo vendido casi desde antes de estrenar -la verdad nunca entenderé por qué en Madrid los teatros no dejan obligatoriamente un mínimo aforo para vender en el día de función, como sí sucede por ejemplo en Londres…- y opiniones para todos los gustos. Y, qué quieren que les diga: en mi humilde opinión y en pocas palabras, mucho ruido y pocas nueces.

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Vamos por partes. José Luis Gómez es un grande que a estas alturas de su carrera no necesita demostrar absolutamente nada. Ha brillado como actor y como director en una cantidad de montajes tan diversos que sería imposible enumerar. Y este es un montaje de José Luis Gómez, concebido a mayor gloria de sí mismo. Él dirige, él interpreta, y todo lo demás queda reducido a una mera excusa para que la cosa gire a su alrededor. La puesta en escena -basada en una escenografía construida a partir de un juego de alturas y trampillas- empieza por ser de un feísmo escenográfico que preocupa -es fea y no aporta nada, pero queda bien claro que es costosa y aparatosa-; y por ese espacio deambulan los personajes. Ha querido incluir Gómez también toda una suerte de figuración que interpretan los actores que no forman parte de las escenas que parece bastante gratuita: gente paseando rampa arriba y rampa abajo, sin que se entienda muy bien qué aporta realmente a la acción. La iluminación es tan neutra como el espacio escénico, y el vestuario más bien genérico con modelos que no hay por dónde coger -ojo al pijama que le endosan al pobre Pleberio…-. Además, Gómez ha incorporado toda una serie de cantes jondos a lo largo de la función que tampoco sé muy bien qué pueden tener que ver con la Celestina, y rara vez escapan del mero capricho: de acuerdo que no es ni el primero ni el último que incorpora música sin demasiado criterio a un montaje; pero esto parece un capricho. No me quiero olvidar: de acuerdo que el teatro a veces va de asumir convenciones, pero casi todas las muertes -y ya saben que aquí mueren todos…- están resueltas con soluciones que sacan los colores…

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Dicho todo esto esto, un montaje feo podría perfectamente quedar salvado por una interpretación minuciosa; pero como digo siento que esto es un show a mayor gloria de la vanidad de Gómez. A pesar de rodearse de un elenco excepcional de actores a los que todos hemos visto brillar en repetidas ocasiones en varios montajes, Gómez no consigue que casi ninguno brille como acostumbra. Acaso los criados y las prostitutas –José Luis Torrijo, Inma Nieto, Diana Bernedo; y la pareja que forman Miguel Cubero y Nerea Moreno, que ha de bregar con una escena de sexo que roza lo sonrojante por lo mal resuelta que está por dirección: ¿a quién se le ocurrió eso de amplificar gemidos pregrabados?- sean los que más destacan, en un montaje en el que Gómez pinta perfiles excesivos y no se esfuerza lo más mínimo por construir personajes humanos y cercanos: caricatura pura. Que el Calisto de ese excelentísimo actor que es Raúl Prieto vaya pasadísimo -pero pasadísimo…- de rosca y no dé una solo puede obedecer al perfil errático del personaje que pinta la dirección: ni es un lelo, ni es un salido ni ha de estar siempre con el piloto a 120, y esta versión tiene un poco de todo eso; con lo que es imposible empatizar con el personaje. Y no me pregunten cómo, pero la Melibea de Marta Belmonte consigue a pesar de una dirección que juega siempre en contra de los actores, alcanzar ciertos momentos de lucimiento: ya tiene mérito. Como Chete Lera, que por un momento eleva la temperatura dramática con el Planto de Pleberio -pero claro que la cosa no estaba muy complicada-; e incluso Palmira Ferrer, que sirve a Alisa muy en su sitio. Así y todo, siento que el reparto es hasta cierto punto víctima de una dirección que rara vez está enfocada para que se luzcan.

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Y nos queda José Luis Gómez en su Celestina. Se agradece el esfuerzo, y hay detalles de indudable primer actor; pero seguramente no nos haga olvidar los trabajos de grandes damas de la escena que han abordado el personaje. Su Celestina es más pícara que trasnochada -vamos, que le falta ese plus de mala leche que sí tenía por ejemplo una Terele Pávez- y viene impregnada de un extraño acento andaluz – ¿es andaluz? – que empieza como opción estética; pero se diluye yendo y viniendo conforme avanza la representación: debería estar trabajado más a conciencia; además, al menos en la función que presencié, no siempre se le vio seguro con el verso. Con todo, hay, como digo, destellos de gran actor que no se ven en el resto del reparto; pero quiero pensar que la dirección -pensada y ejecutada por y para su lucimiento personal- tiene algo decisivo que ver en este aspecto.

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Todo vendido, parte del público en pie y un éxito generalizado que me siento incapaz de compartir. Porque me aburrí soberanamente -¿y acaso habrá algo más grave en teatro que el aburrimiento, por subjetivo que este sea?- durante buena parte del extenso espectáculo -2 horas y 40 minutos sin pausa: ¿desde cuándo esa obsesión que se ve últimamente por hacer funciones tan largas?- y porque, a pesar de la pretenciosa grandiosidad de la puesta en escena y la calidad indudable de sus mimbres, casi nada brilla aquí como debería. Casi nada salvo José Luis Gómez, que parece haber construido este montaje a mayor gloria de su propia vanidad. Y, no lo olviden, Gómez ha dado al teatro, sea como actor o como director varios montajes brillantes: pero no es este uno de ellos. Se han visto Celestinas mejores. Probablemente incluso varias.

H. A.

Nota: 2/5

 

“Celestina”, de Fernando de Rojas. Versión: José Luis Gómez y Brenda Escobedo. Con: José Luis Gómez, Marta Belmonte, Raúl Prieto, José Luis Torrijo, Inma Nieto, Nerea Moreno, Diana Bernedo, Miguel Cubero, Chete Lera y Palmira Ferrer. Dirección: José Luis Gómez. COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO / TEATRO DE LA ABADÍA

Teatro de la Comedia, 3 de Mayo de 2016

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5 comentarios leave one →
  1. Amparo permalink
    febrero 21, 2017 21:06

    Estoy completamente de acuerdo con cada frase. He recomendado la obra a mucha gente (antes de verla) por mi gran adimiración a José Luis Gómez. Ahora no sé cómo disculparme. Mi reconocimiento a sus trabajos previos seguirá intacto. Lo peor: la velocidad y el acento andaluz, que hizo que no entendiera muchas frases y desconectara.

  2. Pedro Moraelche permalink
    mayo 9, 2016 15:57

    Completamente de acuerdo. Un destrozo de dirección o un dehtroso de diresión, porque el acento andaluz de Salamanca a veces aparecía y a veces no. La muerte de Celestina a correazos en el suelo, el pésimo puré de los actos 12 a 19, el monólogo en bragas de Melibea, la higiene vulvar de Areúsa, la tontuna tontonela de Calisto y el consabido andamio escenográfico… en fin, para el olvido.

  3. Luisa Veira permalink
    mayo 8, 2016 09:14

    Boas! Estoy recièn llegada a tu blog y me maravilla lo minucioso y respetuoso que eres en tus sensaciones como espectador de una función que siempre es única e irrepetible. No intelectualizas, no juzgas, ni intentas mediatizar con tu opinión, que la tienes y la expresas claramente pero en tus críticas siempre prevalece el análisis. A veces coincido contigo y a veces no, pero me gusta leerte, me haces pensar. Más cosas me gustaría comentarte y preguntarte… ya se verá! Gracias y bkss e besos?

    • mayo 9, 2016 03:07

      Hola Luisa,
      Bienvenida y muchas gracias por tu comentario. Das en la clave de muchas de las cosas que intento aportar desde esta página. Trato de analizar desde la subjetividad personal, individual e intransferible, sin buscar verdades únicas ni superiores y entendiendo que cada uno tiene su criterio. Me alegra que me digas que no siempre coincidimos en nuestros puntos de vista, porque esa subjetividad creo que es algo que engrandece al teatro. También me alegra mucho que mis escritos te hagan pensar, porque claro que de eso se trata.
      Espero que me sigas leyendo!
      Muchas gracias por tus generosas palabras, que sin duda le dan un poco más de sentido a lo que hago. Siempre es gratificante cuando alguien recibe justo lo que intento transmitir a través de mis escritos.
      Un saludo,
      Hugo Álvarez.

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