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‘La Celestina’, o miniatura de orfebrería

diciembre 3, 2016

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La Celestina es sin duda alguna un texto recurrente en los escenarios españoles, ya sea en su versión íntegra -últimamente se ha visto una versión de Atalaya y otra del Teatro de la Abadía– o en montajes híbridos, que toman la obra de Fernando de Rojas o a su personaje central para crear un nuevo todo inspirado en el clásico. Eso era por ejemplo Ojos de Agua; y eso es esta particular versión unipersonal que lleva bastante tiempo en la carretera; pero que no había podido ver hasta ahora: una revisión de la obra original, a modo de monólogo en el que se integran títeres y marionetas; en una versión reducida del clásico que resulta un trabajo de orfebrería. Pero, sobre todo, algo que va más allá de la obra de Fernando de Rojas para acabar poniendo en el centro de la acción un homenaje a la narración, a una forma muy particular de narrar.

Se presenta ante nosotros una juglaresa que representa la Tragicomedia de Calisto y Melibea, para aportarla al público a modo de enseñanza. Desde este punto, la actriz-juglaresa asume además el doble rol de narradora/Celestina, valiéndose de una serie de marionetas -dos títeres, uno para Calisto y otro para Melibea; más una marioneta de mano que representa a Pármeno y Sempronio- para recorrer la Tragicomedia desde una perspectiva abreviada, que pone el foco en la trama amorosa -y que elude elegantemente toda la parte más carnal de la obra, dejando las intervenciones de las prostitutas, por ejemplo, en lo más básico- seguramente para acercar su significado a una amplia masa de público. En la hora y diez que dura la obra hay fragmentos tomados textualmente de la obra de Fernando de Rojas, fragmentos parafraseados y fragmentos nuevos, en los que la narradora trata de emitir enseñanzas para el público sobre los hechos que van transcurriendo. Desde este momento, vemos que la tradición juglar de lo oral va a tener un papel primordial en esta versión; y ahí está la que yo creo que es una de las mayores virtudes del espectáculo.

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Lo más atractivo de este espectáculo -que es de esas propuestas que piden proximidad a gritos- es observar el detalle de la puesta en escena; en el que Carolina Calema se lanza sin red a un trabajo durísimo tanto a nivel vocal como a nivel físico; en el que es a la vez actriz -creadora de personajes con su voz y su cuerpo- y manipuladora. Un trabajo que no esconde la voluntad de ser teatro de títeres; pero a la vez tampoco esconde la voluntad de ser teatro de actriz, y un trabajo que toma en definitiva elementos de todas estas disciplinas para crear un curioso todo híbrido. Así, Calema ha de pasar -o ha de alternar, mejor dicho- de mera actriz a manipuladora, e incluso combinar ambas facetas en una propuesta atractiva por lo bien realizada que está a todos los niveles -el ritmo nunca es precipitado y la actriz, aquejada además en la función que nos ocupa por un molesto resfriado que supo integrar en la función, demuestra pleno control de la situación-, en una función de corte visiblemente artesano que tiene una de sus grandes virtudes en el hecho de que nunca pretende esconder la magia del teatro. Calema se vale para llevarlo adelante de muchas disciplinas distintas; pero todas ellas aparecen con claridad a la vista del espectador. Esto es, la propuesta no rehuye ni mostrar a la actriz como titiritera, ni hace que olvidemos que la intérprete convive con los títeres; ni siquiera esconde todo un halo de commedia dell’arte bien apreciable en la gestualidad que emplea Calema para expresarse. Dicho todo esto, hay que valorar muy positivamente el trabajo global de Carolina Calema, en una propuesta que sin ser exactamente ni mero teatro de títeres ni mero teatro de actriz la obliga a dominar ambas facetas para salir a bien del reto; cosa que afortunadamente ocurre.

Se puede decir, en resumidas cuentas que la propuesta es, por encima de todo, un homenaje al universo del juglar; y la puesta en escena de Darío Galo pone de manifiesto y en primer término toda esa tradición juglaresca como eje para armar su función. Es en ese espíritu -podría ser, perfectamente, una propuesta de calle- en el que hay que situarnos; y en ese sentido el objetivo está plenamente logrado. En otro orden de cosas, los títeres que ha diseñado Elena Colmenar son una belleza, como lo es la caracterización de la actriz. Quizá encuentre que la música -de Renato di Prinzio- sea demasiada, y quizá gane dosificándose un poco. La iluminación de David Amandi consigue momentos muy sugerentes.

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El texto de Darío Galo sencillamente va más allá de ser una mera versión de La Celestina y acaba tomando otra dirección. Parte de la obra de Fernando de Rojas -acaso excesivamente recortada y excesivamente dulcificada en la manera de narrar y en la selección de los fragmentos: faltan partes importantes, y siento que algo del sentido global de la obra se pierde, en favor de que el espectáculo pueda llegar a todos los públicos-, para escribir algo que es más un homenaje al espíritu del juglar; e incluso a la tradición de esa oralidad que defiende la juglaría. Es ahí, desde ese punto de vista, desde donde se debe valorar la escritura de Galo. Creo sinceramente que la manera en la que consigue transmitir ese espíritu supera incluso a su adaptación del texto de Rojas; y que el espectáculo gana si se lee y se ve más como un homenaje a la juglaría que como una versión del clásico: quiero decir, se ha tomado La Celestina como base, pero perfectamente podrían haber sido muchas otras obras y la propuesta seguiría funcionando por su fuerza expresiva.

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En esta Celestina tenemos pues un hermoso trabajo de orfebrería, que bebe de muchas técnicas y es, a fin de cuentas, un gran y bello homenaje al universo de la tradición oral del juglar. Creo -insisto- que el montaje gana si se lee de esta forma que si se lee como una revisión de la obra de Fernando de Rojas, porque gran parte de su valor está en recuperar una forma de contar y de narrar cada vez más perdida. Ignoro si ya se ha hecho, pero por formato, creo que es un espectáculo que en ferias medievales -al aire libre y al amparo de lo simbólico de lo juglar- podría causar auténtica sensación.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

La Celestina”, versión libre de Darío Galo sobre la obra de Fernando de Rojas. Con: Carolina Calema. Dirección: Darío Galo. CTC PRODUCCIONES.

Teatro del Arte, 26 de Noviembre de 2016

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