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‘El Jurado’, o mosaico social

mayo 9, 2016

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Después de aquel éxito inesperado que fue la inolvidable El Encuentro -una función que rememoraba una entrevista entre Santiago Carrillo y Adolfo Suárez en clave de thriller- regresa Luis Felipe Blasco Vilches, con El Jurado, una ambiciosa apuesta que toma como punto de partida la trama de Doce Hombres sin Piedad para crear un thriller sociopolítico tremendamente apegado a la actualidad española, con un reparto verdaderamente estelar y dirección de uno de los nombres más destacables del país. El resultado está siendo un taquillazo bastante lógico -pocos repartos de este calibre se va a encontrar el espectador esta temporada-, para una propuesta francamente estimulante.

El mismo día en que la selección española se enfrenta a Argentina, y en una habitación cerrada y sin aire acondicionado, se reúne un jurado popular para deliberar sobre la (no) culpabilidad de Federico Quirós, político candidato a la reelección, en un delito de cohecho. La intención de todos es zanjar el asunto cuanto antes, y la cosa parece estar clara: Quirós va a ser declarado culpable. Pero, al producirse la primera votación, uno de los nueve miembros del jurado vota ‘no culpable’, e invita al resto a reflexionar, a reconsiderar su postura. Esta situación inicia un encendido debate que se prolongará durante varias horas y que provocará que los nueve miembros del jurado -que forman un amplio y acertado mosaico de los perfiles de la sociedad española actual- se cuestionen preguntas como dónde están los límites de la ética, si funciona bien la justicia en nuestro país o si un indicio puede ser tan válido como una prueba o incluso más; cada uno de ellos sin poder despegarse de su propia realidad o de su propia situación personal a la hora de emitir sus valoraciones. Y así, lo que iba a ser una votación instantánea se convierte en un largo día en el que los miembros del jurado permanecen encerrados y sometidos a una presión que podría hacer saltar todo por los aires en cualquier momento. Y, en el fondo del todo, la sempiterna pregunta: Quirós ¿culpable o no culpable?

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A pesar de que la obra se está vendiendo como una versión de Doce Hombres sin Piedad, pronto entendemos que esta obra y aquella solo comparten el punto de partida. Porque es fundamental destacar que, de una u otra forma, todos los personajes de El Jurado vienen movidos por alguna motivación personal que les influye a la hora de emitir su veredicto. Parece que, a fin de cuentas, la justicia es solamente una excusa para que los personajes -todos nos vamos a identificar con unos o con otros- expongan sus motivos, sus miserias y sus triunfos ante una audiencia que también ejercerá de juez con ellos, de la misma manera que ellos juzgan a Quirós. Así, además de ser un thriller -porque la cosa, claro, viene con su sorpresita final-, el objetivo último de la obra parece la de situar ante los ojos del espectador a unos personajes de hoy, de la calle, con problemáticas sociales de 2016 para saber hacia dónde va nuestra sociedad: madres con hijos en paro, prejubilados, extranjeras nacionalizados, profesores, activistas feministas, empresarios emprendedores o fanáticos del fútbol entre otros son los perfiles que conforman este jurado popular, que no es más que un mosaico de una sociedad y sus consecuencias.

Hay que confirmar en Luis Felipe Blasco Vilches a una voz teatral bastante interesante después del éxito de El Encuentro. Escribir una obra con la friolera de nueve personajes en la que todos estén todo el tiempo en escena, porque se corre el riesgo de caer en el batiburrillo o en el caos. Dos virtudes fundamentales en el texto de Blasco Vilches: los diálogos son frescos e inteligentes y las situaciones tienen indudablemente tanto orden como ritmo. Con tanta gente en escena, no es poco piropo. Quizá algunos personajes estén menos definidos -no todos tienen el mismo peso en la trama, por más que el autor intente darles a todos su conflicto y su instante para mostrar sus cartas-, pero esto puede responder a una mera cuestión de metraje que hubiese podido convertir la función en interminable: en este sentido la hora y cuarenta minutos que dura va perfecta. Puede además que ciertos giros argumentales para golpear al espectador estén algo cogidos por alfileres; pero no es nada que no pase en otras obras de suspense: esa sensación de que algún giro sea un poco tramposo. Pero, con todo, la idea era complicada de llevar a buen puerto, y el resultado es muy estimulante por ritmo y por la frescura de los diálogos: prueba sobradamente superada para Blasco Vilches.eljurado2

Andrés Lima es un hombre muy dado a los excesos que crea sin embargo muy buenos espectáculos cuando consigue no desmadrarse. Si tomamos como premisa la idea de nueve personajes en permanente discusión, uno podría imaginar que el jaleo podría ser de impresión. Y nada más lejos de la realidad: a Lima le sale esta vez un espectáculo perfectamente medido, que tiene ritmo en la exposición de las escenas pero que nunca cae en el descontrol ni en el exceso; uno de esos espectáculos que no dan tregua pero en los que todo se puede seguir perfectamente. Basa además su propuesta en dos ideas muy sencillas pero efectivas: situar la mesa del jurado sobre un giratorio que se va desplazando, de manera que el espectador puede ver el espectáculo desde todos los ángulos, como si de una filmación cinematográfica se tratase y sugerir el paso del tiempo con acertadas escenas a cámara lenta. El mecanismo es muy sencillo, pero funciona evitando el estatismo al que podría tender una propuesta que gira en torno a una mesa -nunca mejor dicho- y hace que Lima monte un espectáculo de actores, sobre los que deposita todo el peso de la función. Honestamente, creo que esta es una de las más acertadas puestas en escena de Andrés Lima en los últimos tiempos -puede que desde ¡Ay Carmela! El Musical-.

Así las cosas, es el reparto el que levanta un espectáculo básicamente de actores. Se ha conseguido reunir un elenco con el que cualquiera soñaría, enlazando cartel y talento casi a partes iguales. Y todos están bastante en su sitio, con la única pega de que -como ya he dicho más arriba- algunos personajes tienen más peso que otros. Me gustó mucho -en un registro completamente diferente a cualquier cosa que le haya visto antes- la madre coraje que se marca Isabel Ordaz, árida y absolutamente alejada de la comedia: olviden cualquier idea preconcebida, porque con este papel demuestra que sabe hacer otras muchas cosas. También volver a encontrar en Pepón Nieto -el hombre dialogante que desata la polémica al votar ‘no culpable’- y Víctor Clavijo -el emprendedor- a los dos actores sólidos y versátiles de siempre. También la probada solvencia de Josean Bengotxea; e incluso la sorpresa de Usun Yoon por la que no daba a priori mucho como actriz, y me equivoqué. Puede que Canco Rodríguez mantenga ecos de personajes anteriores; pero hay que valorar mucho su facilidad casi innata para servir la comedia, para colocar cada gag para deleite del respetable. En otro orden de cosas, vi a Cuca Escribano bastante pasada de vueltas, y tengo la sensación de que los personajes de Luz Valdenebro y Eduardo Velasco son los que menos desarrollados están y los que ofrecen menos lucimiento, aunque ambos actores hacen lo que tienen que hacer al nivel al que nos tienen acostumbrados, que es alto. No hay que olvidar que ella viene de protagonizar La Distancia hace menos de dos meses, y él es además productor del espectáculo: igual eso tiene algo que ver con que sus roles sean aparentemente más breves…  Pero lo cierto es que el heterogéneo conjunto funciona como un reloj a nivel notable; y conforma uno de los casts más interesantes de la cartelera madrileña.

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Así pues, en El Jurado encontramos un notable espectáculo, que se ve con agrado y se sigue con interés. Seguramente le faltan algunos flecos para ser memorable -sobre todo en cuestiones de desarrollo y definición de algunos giros y personajes-, pero es de indudable calidad, y bastante por encima de la media de lo que se ve en teatro actualmente en la capital.

H. A.

Nota: 4/5

“El Jurado”, de Luis Felipe Blasco Vilches. Con: Isabel Ordaz, Pepón Nieto, Víctor Clavijo, Luz Valdenebro, Cuca Escribano, Josean Bengotxea, Canco Rodríguez, Usun Yoon y Eduardo Velasco. Dirección: Andrés Lima. AVANTI TEATRO.

Naves del Español-Matadero (Sala Fernando Arrabal), 4 de Mayo de 2016

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