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‘Commedia (Un Xoguete para Goldoni)’, o con la risa como meta (25 años después)

julio 17, 2018

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Espectáculo en lengua gallega

La 34ª edición de la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia acogió la recuperación de Commedia, emblemático espectáculo para la historia del teatro gallego, escrito y dirigido por Cándido Pazó, que se estrenase hace 25 años en este mismo festival y que entonces se acogió con grandísimo éxito tanto en Galicia como en todo el resto de España y parte del extranjero. Ahora, Contraproduccións recupera la función contando prácticamente con el mismo elenco que la estrenase hace un cuarto de siglo, dispuesta a emprender extensa gira para recuperar el éxito de entonces no solo para aquellas generaciones de público que no pudimos verla, sino también para los que la quieran recuperar. De la misma manera que en el momento de su estreno, el Auditorio del Castillo acogió esta recuperación, que a punto estuvo de quedar lastrada por una inoportuna llovizna que cayó en los momentos previos a la hora prevista, y que obligó a postergar notablemente la hora de inicio. A pesar de todo, Commedia volvió a la vida en Ribadavia 25 años después.

Commedia es un espectáculo que bebe, claro, del espíritu de la commedia dell’arte; tomando como base de su trama El Anillo Mágico, un canovaccio escrito por Carlo Goldoni en torno los primeros años de la década de 1760 que ubica a los personajes propios del género en una comedia de equívocos que plantea a su vez una reflexión sobre la existencia humana. Así, Arlecchino lee por error una carta de amor que cree destinada a su mujer; y creyéndose engañado toma la decisión de suicidarse arrojándose a un río. Pero segundos antes de que cumpla su propósito, una voz superior le disuade de la idea del suicidio y le entrega un anillo mágico que hace olvidar las penas a todo aquel que se lo ponga… Pero, además de las penas, también olvida su identidad, las de aquellos a los que conoce y por tanto también las convenciones sociales y las reglas por las que se rige el mundo, tales como el valor del dinero, las relaciones intrapersonales o la noción de dar algo a cambio de algo. Así, mientras su esposa Argentina busca a un marido al que cree muerto; el desmemoriado protagonista se enfrentará a la realidad mundana –bañada muchas veces de hipocresía- desde la ingenuidad del recién llegado, algo que servirá para poner sobre la mesa –dentro de los cánones de commedia dell’arte- una crítica desde la sátira a las convenciones que rigen toda relación humana. La aparición de muchos de los arquetipos de la commedia – tanto en personajes como en situaciones- y el consabido viaje del anillo mágico de mano en mano y de personaje en personaje, con la subsiguiente desmemoria súbita, terminan de armar las bases del enredo A fin de cuentas, El Anillo Mágico – base sobre la que se sustenta el material de Commedia– se ocupa de un mundo visto desde los ojos del ingenuo –en este caso Arlecchino en primera instancia; pero también cada uno de los personajes que van recibiendo el anillo- y quizás deformado en el que se nos ofrece un punto de vista básico – en favor de la comedia, claro- acerca de algo tan amplio como son las relaciones humanas. La ingenuidad del que desconoce plantea, desde luego, alguna conclusión tan ácida e irónica como al mismo tiempo interesante sobre la verdadera naturaleza de los sentimientos.

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Para su montaje, Cándido Pazó se apoya en el recurso del metateatro y plantea la idea de un grupo de cómicos que llegan a un lugar para representar la pieza de Goldoni. Se mueve pues Pazó en un doble plano que separa actores y personajes; y que incorpora por ejemplo todo el espacio sonoro de la pieza creado en directo y a la vista del espectador –en uno de los recursos mejor resueltos y ocurrentes de la pieza-, así como la torpeza derivada de los egos de la propia compañía a la hora de repartir los roles, lo que depara alguna de las situaciones más hilarantes del montaje en su parte inicial – cuando un actor destinado solamente a ser músico exige una parte hablada que no existe en el montaje, produciendo varias interferencias en la continuidad de la trama hacia la búsqueda de su momento de gloria-. Así las cosas, puede que el recurso del metateatro esté ya muy visto; pero lo cierto es que aquí está integrado con la suficiente delicadeza como para no terminar convirtiéndose en un motivo central de la trama –cosa que acaba siendo el texto de Goldoni-. Se ha encontrado un delicado equilibrio entre el original y los añadidos –que pasan no sólo por esa vertiente metateatral; sino también por el propio tono del montaje, una serie de añadidos musicales, e incluso una serie de morcillas bien integradas y que beben mucho del espíritu del género de la commedia dell’arte– para levantar un espectáculo cómico y esencialmente festivo, que bebe de la influencia de la commedia dell’arte para llegar justo allá donde pretende: al entretenimiento y a meterse al público en el bolsillo por su honestidad, su eficacia y lo bien escogido de un elenco –tanto los veteranos como los nuevos- que maneja la técnica y los códigos y sabe perfectamente lo que se hace.

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Lo primero que hay que valorar de esta Commedia –que se ofrece casi en forma de réplica exacta del original; de manera que tal vez el autor haya perdido la oportunidad de introducir algún aspecto más crítico con el paso del tiempo: el rol femenino, por ejemplo, queda reducido a mera anécdota dentro de la trama- es lo bien que ha resistido los años. En absoluto parece antiguo, y sigue resultando gozoso para el público en la sencillez de su planteamiento. Tiene los mimbres de la commedia dell’arte bien armados –el recuerdo reciente, y por tanto inevitable, del Arlecchino de Strehler, que obviamente juega en otra liga, en absoluto me impidió disfrutar de este espectáculo- y, como digo, sabe perfectamente que su misión no es otra que la de hacer pasar un buen rato al público; desde unos prismas de commedia dell’arte en los que este espectáculo sentó cátedra en su momento en Galicia –y, de hecho, pocas o ninguna función se han visto en el teatro gallego íntegramente centradas en este género, como ocurre con esta, desde entonces- y que, sin llegar a cotas de excepcional, sí son notables y perfectamente válidos. Pazó controla bien el sentido del ritmo y la distribución de los diferentes planos, de manera que nunca se cae en el tedio y siempre se mantiene el entretenimiento; y el sencillo dispositivo escenográfico de Suso Montero –que juega en favor de los raudos cambios que exige a veces el montaje- sirve a los propósitos tanto del género como de la comedia misma. También se ocupa Montero del muy estimable vestuario y la caracterización: gran trabajo de máscaras, por ejemplo. En cuanto al apartado musical –del que se ha encargado Fernando Reyes y que adquiere aquí una importancia capital- en el conjunto, siento que funciona mejor el recurso de los efectos sonoros producidos en vivo y a la vista que el de introducir música – canciones- en la trama. Así y todo, hay que valorar positivamente y aplaudir esta recuperación que sigue resultando fresca después de tanto tiempo, que es oportuna y bien traída independientemente de que al texto se le pueda dar una vuelta de tuerca después de tantos años – recuerdo alguna otra recuperación reciente, sin salir de Galicia, que sí aprovechó el paso del tiempo para remodelar según qué asuntos de la trama- y aunque se hayan visto espectáculos – también históricos- de commedia dell’arte quizá más redondos o mejor acabados. Nada tiene que ver para considerar esta Commedia como un espectáculo pionero que tantos años después sigue teniendo armas y herramientas suficientes como para cautivar al público, porque mantiene gags y momentos inolvidables.

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Reunir prácticamente al mismo elenco del estreno de 1993 como ha sucedido aquí –y más en una función de este género tan concreto, que exige del reparto unas capacidades físicas y gestuales muy concretas- es casi una proeza. Y, sin embargo, hay que señalar que gran parte del éxito de este espectáculo reside precisamente en un elenco que tiene bien integrado el montaje con el paso de los años; y que demuestra que disfrutan como niños con lo que hacen. Los veteranos mantienen un nivel de técnica y forma verdaderamente admirable, y todoss funcionan: Desde el Arlecchino de Víctor Mosqueira –componente del emblemático dúo cómico Mofa e Befa, cuyo regreso a este rol puede verse como un regreso a los orígenes de esa técnica que tantas veces hizo suya en otros montajes: un goce- hasta el bien cincelado Pantalone de Marcos Orsi –de una hipocresía cincelada con consabida suavidad y huyendo con habilidad del artificio-, o el Brighella de Avelino González –en una forma física verdaderamente envidiable, entregado a toda una serie de saltos y volteretas muy propias del género que ejecuta con real facilidad-. Que a la Argentina de Nuria Sanz le falte un punto más de presencia seguramente sea más motivo de la estructura misma del texto que de la actriz, que se desenvuelve bien en un rol con menor recorrido que los de sus compañeros. Entre los nuevos, destacable incorporación de César Goldi –que se lleva el que seguramente sea el gag recurrente más memorable del montaje, cantinela incluida que es imposible no reproducir una y otra vez en la cabeza- y sorprendente y muy desenvuelto Sergio Zearreta en un código de sátira muy bien integrado como el petulante militar al que se le va la fuerza por la boca – y también como el actor que lucha por integrarse en el proyecto como sea-: es no solo uno de los mejores trabajos del montaje, sino también uno de los más redondos que le haya visto a este actor.

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El público ríe gustoso, aplaude y se lo pasa en grande con un espectáculo que ha envejecido bien, se mira como algo más que una mera reliquia recuperada y tiene la honestidad de no buscar otra cosa que un divertimento que consigue. Y, normalmente, cuando un espectáculo sabe hacia dónde va, gran parte del éxito está garantizado. Una comedia tan sencilla como gustosa, que posiblemente cause el mismo efecto – quizás a falta del factor sorpresa- hoy que hace 25 años en el momento de su estreno. Integrar guiños a la actualidad seguramente redondearía un espectáculo que, sin embargo, divierte, entretiene y se ve con agrado.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

Commedia (Un Xoguete para Goldoni)”, dramaturgia y trabajo textual de Cándido Pazó a partir de Carlo Goldoni. Con: Víctor Mosqueira, Marcos Orsi, Nuria Sanz, César Goldi, Avelino González y Sergio Zearreta. Dirección: Cándido Pazó. CONTRAPRODUCCIÓNS /  XXXIV MOSTRA INTERNACIONAL DE TEATRO DE RIBADAVIA.

Auditorio do Castelo Rubén García (Ribadavia), 14 de Julio de 2018

4 comentarios leave one →
  1. julio 23, 2018 11:09

    Ah! supoño que por algo non tes os botóns pra partillar as cousas no face e no tuiter. Nin mo expliques!!! Unha aperta

  2. julio 23, 2018 11:08

    Reblogueó esto en Avelino gonzalez.

  3. julio 23, 2018 10:58

    Dá un chisco de pudor ler unha crítica dun espectáculo no que un está implicado! Primeiro lina a correr, buscando palabras en concreto, expresións en concreto e a puntaxe final, claro. Xa logo, pasado o apuro, que non o pudor -aínda-, lina máis de vagar, con algo máis de distancia, pero inquedo. E, mira, ben, con cousas que me remexen e cousas que me gustan máis ou menos, e desta vez digo como outras veces: que dá gusto lerte. Moitas grazas, Hugo. Ata a próxima caña e ata próxima aperta.

    • julio 24, 2018 21:17

      Tamén da un chisco de pudor escribir dun espectáculo no que está o meu lector máis fiel, garántocho. Procúrase facer con honestidade, que é o lugar que persego sempre… Espero telo conseguido. Unha aperta forte!

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