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‘Si en el Árbol un Burka’, o la ironía como arma de denuncia

diciembre 23, 2016

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Llega a escena un nuevo texto de la siempre interesante -por rompedora y valiente- María Velasco (Burgos, 1984), una autora que tiende a ofrecer propuestas comprometidas con lo social, pero abordadas siempre desde lugares muy particulares en forma y contenido. Tras La Ceremonia de la Confusión, Manlet o La Soledad del Paseador de Perros llega ahora Si en el Árbol un Burka, un texto que aborda y denuncia la opresión de lo femenino ante lo masculino y ante la sociedad desde dos puntos de vista muy singulares, tomando dos casos reales como punto de partida. Un texto que conserva el estilo ácido y crítico de otras obras de Velasco; pero que quizá sea distinto a otras propuestas suyas, sobre todo en cuanto a cuestiones formales.

Si en el Árbol un Burka presenta monólogos cruzados de dos personajes reales. Por una parte Pony, un orangután hembra rescatada por una veterinaria vasca del burdel de Borneo en el que sufría abusos sexuales como si de un objeto sexual se tratase; y por otra la modelo Gisele Bundchen, que ocultó en su día las secuelas de sus cirugías bajo un burka. A modo de talk-show, una y otra se confiesan ante el público, cuentan sus motivos y exponen sus razones para haber vivido sus particulares calvarios. Mientras Gisele -convertida por la sociedad en fashion victim y mujer objeto casi sin haberse dado ni cuenta- relata su infierno por ser casi un símbolo más que una mera persona sin vida propia, la orangután hembra -humanizada por la autora- expone su propio infierno, después de haber sido prostituida y degradada por los seres humanos como una mercancía, demostrando que ella -en su calvario personal- puede y llega a ser mucho más humana que los propios humanos. Las dos historias -que sólo llegan a cruzarse en un desenlace de corte poético que, de alguna manera, une las dos mitades en un todo- configuran un mosaico de la mujer y de lo femenino desde la peor óptica posible para ellas: la que sólo permite la lucha para salir adelante. Son, después de todo, dos mujeres expuestas al mundo del hombre, cada una en su terreno, Pony como objeto sexual y Gisele como objeto de mera admiración masculina; y cada una enfrentada a su propio calvario personal.

Lo primero que puede pensar quien lea la breve sinopsis es que estamos ante un texto alocado, y nada más lejos de la realidad. Primero porque, como ya he dicho, la autora toma dos historias reales por rocambolescas que puedan parecer; y segundo porque Velasco emplea como herramienta de denuncia dos historias duras -dos historias en las que los cuerpos son, de alguna manera ‘herramientas de trabajo’-, pero abordándolas desde un lugar tremendamente ácido e irónico. Ni Pony ni Gisele se lamentan: exponen y hasta llegan a reírse de sus propias desgracia, combatiendo la dureza con esa acidez, que seguramente esconda un dolor y un rencor bien escondidos. En su propuesta, Velasco habla de mujeres, de un problema de mujeres; pero rehuye sin embargo el discurso meramente feminista, decantándose por mostrar los hechos tal y como los personajes los ven; pero siempre salpicados de esa irónica acidez empleada como herramienta crítica: aquí será cada espectador, cada oyente, quien juzgue y quien valore los hechos, y quien decida hasta dónde llega la degradación de la sociedad misma plasmada aquí en los niveles de degradación a los que han llegado estas mujeres -porque aquí hay que entender de inmediato a Pony como una mujer más-. Ese tono ácido y nunca directamente aleccionador que impregna toda la obra es una de las claves de la obra de Velasco, que ha construido un texto extenso y descriptivo, lleno de referencias a la sociedad podrida de consumo en la que vivimos como yugos de los dos personajes.

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Quizá Si en el Árbol un Burka sea menos compleja en lo formal que otras obras que haya visto de Velasco; si bien es un texto muy interesante en cuanto a su contenido, porque afronta un discurso crítico desde un lugar muy interesante y poco evidente para llamar a la reflexión. Puede que su mayor particularidad sea el hecho de haber apostado por entes simbólicos -la feminización de Pony como personaje que incluso llega a ser más humana, sensata y cercana que la propia Gisele en su discurso- para abordar el mensaje. En cuanto a la estructura que asume Velasco para su obra -monólogos cruzados que se alternan a modo de talk-show- permite enfocar esta obra desde diversos puntos de vista, respetando siempre las palabras y el mensaje de la autora. Con todo, creo que la importancia de lo simbólico es decisiva a la hora de afrontar una puesta en escena. En este caso concreto, la palabra poderosa de Velasco puede incluso funcionar más incluso leída que sólo representada -e incluso creo que no estaría de más realizar algún corte al texto de cara a una representación que se vuelve muy extensa-. En otro orden de cosas, asumiendo que, de algún modo, Gisele y Pony son dos caras de una misma mujer; creo que la propuesta perfectamente podría ser interpretada por una única actriz que aborde ambos personajes. Ahora bien, el hecho de encontrarnos ante un texto tan descriptivo y extenso -incluso podríamos decir que hasta tan lento- dificulta de algún modo las decisiones que se han de tomar para subir esta función a escena.

En su montaje -que tiene como cierto handicap el diminuto espacio de la sala Labruc- Inés Piñole confía en el poder del texto, y sitúa a los dos personajes en dos butacas ante el espectador, exponiendo el texto de una forma quizás excesivamente estática: es una opción, pero creo que se podría haber dibujado más de alguna forma el universo de irrealidad poética -porque al fin y al cabo los dos personajes se encuentran congelados en el espacio-tiempo- que desprende el texto; expuesto aquí en un tono que tal vez sea demasiado realista para lo que es su tono: jugar más con las posibilidades del texto a la hora de subirlo a escena probablemente convendría -no olvidemos que Piñole ya se ha hecho cargo anteriormente de otros textos de Velasco-. Huyendo de todo componente simbólico, ha humanizado a Pony todo lo posible -apenas el símbolo de comerse un plátano nos recuerda que estamos ante un orangután hembra y no frente a una mujer-; pero con todo, llama la atención que sin embargo haya optado por dar el rol de Gisele a un intérprete masculino de marcada feminidad -¿para despojar a Gisele de su feminidad? ¿para subrayar aún más el componente irónico del texto?-. Creo que es una decisión arriesgada y de difícil justificación que pone en un brete a intérprete y público. Ante una propuesta de este estilo -tan sobria, tan centrada en la palabra-, creo que me hubiese resultado muy interesante ver a una única actriz -o incluso, a un único actor- asumiendo ambos roles; como reto actoral que compensase de alguna manera el estatismo de la propuesta.

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Por las particularidades del estatismo de la puesta en escena, ambos actores tienen por delante un reto verdaderamente duro; y ambos salen a bien de él. La Pony de Rosario Santesmases está en el punto exacto de contención expresiva y sobre todo de ácida ironía nunca excesiva que pide el texto: hay algo en ella que no esconde todo el dolor del personaje, y eso está francamente bien. Por su parte, Kike Guaza se muestra muy convincente y nada cargante en ese personaje extraño en el que la dirección ha convertido a Gisele: en su caso no estaba nada fácil hacerlo creíble; y sale del reto con mucho acierto, porque lo afronta con convicción. El trabajo de ambos para poner de realce la fuerza del texto -y para dibujar todas sus aristas básicamente a través de la voz y la expresión- en una puesta compleja por lo minimalista que resulta es una de las claves del espectáculo para mantener la atención del espectador.

Así pues, Si en el Árbol un Burka es un texto interesante en su complejidad -posiblemente más adecuado para leerse que para representarse- que tiene el acierto de denunciar una problemática de máxima actualidad; pero desde la ironía sin pretender nunca aleccionar ni exponer verdades absolutas expuesto en una propuesta escénica que tal vez pierda la ocasión de subrayar el componente más simbólico -para mí fundamental- de lo que se cuenta.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

Si en el Árbol un Burka”, de María Velasco. Con: Rosario Santesmases y Kike Guaza. Dirección: Inés Piñole. CÍA. BETSYFLORA

Espacio Labruc, 16 de Diciembre de 2016

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