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‘Lorca, la Correspondencia Personal’, u otro acercamiento a la vida de Federico

junio 19, 2019

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Miramos la figura de Federico García Lorca con una admiración casi mística, al alcance de muy pocos otros nombres de nuestra literatura –¿se imaginan por un momento que en España, Valle-Inclán levantase las pasiones que levanta Federico, aupado a la categoría de mito? – y seguramente por eso el poeta granadino sea una constante en la cartelera teatral. Esta temporada especialmente. Incluso seleccionando qué ver, son muchas las propuestas con las que me he encontrado que giran en torno a la figura de Federico, ya sea en torno a sus obras – sin salir de Madrid, esta temporada han podido verse Yerma, Doña Rosita la Soltera, El Sueño de la Vida (Comedia sin Título), Romancero Gitano, Sin Título… o la maratón Lorca que planteó Teatros del Canal, incluyendo la programación puntual de varias obras completas (reposiciones de Esto No Es La Casa de Bernarda Alba, El Amor de don Perlimplín con Belisa en su Jardín…), conciertos y ciclos de poesía (Leyendo Lorca)- o su vida –siempre esta temporada, Federico García, Sueño Lorca o El Sueño de las Manzanas, Federico Hacia Lorca por La Joven Compañía; y, ahora, Lorca, la Correspondencia Personal, espectáculo de Histrión Teatro que lleva un tiempo en la carretera y que recaló para hacer temporada en el Teatro Lara-. Seguro que me dejo propuestas lorquianas que se hayan visto este año en Madrid, pero estarán de acuerdo conmigo en que estamos expuestos a una saturación lorquiana que no se da con ningún otro autor ni español ni extranjero. Dicho esto, podríamos preguntarnos: ¿qué se nos puede contar sobre García Lorca que no se nos haya contado ya? Pues posiblemente nada nuevo.

Lorca, la Correspondencia Personal –sobre dramaturgia de Juan Carlos Rubio, que también dirige la función- es un regreso a la composición del mito. El contenido seleccionado puede resultar más de lo mismo –el montaje es anterior, pero en esencia recuerda a la estructura que seguía Federico Hacia Lorca, que en Madrid se ha visto antes-; y de hecho hay algún material –algunas cartas- que recuerdo perfectamente haber escuchado en ambos montajes: el momento en que el subconsciente sabe cómo sigue una carta es señal inequívoca de que tal vez estemos viendo demasiado Lorca… En este sentido, Juan Carlos Rubio hace lo que tiene que hacer con el material ya de sobra conocido por todos, y si el montaje no aporta ninguna novedad narrativa; también tiene e acierto de no caer en lugares comunes que tantas veces hemos visto en torno a la figura de Federico: el material que ha seleccionado Rubio se limita a aportar información, y no entra más de la cuenta ni en su faceta política ni en su faceta amorosa; todo ello es un acierto, por más que el conjunto nos dé la sensación de otra función sobre la vida de Lorca en un momento en el que hemos visto unas cuantas.

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Dicho esto, sabemos que Histrión Teatro es una compañía seria, que ha dado al teatro reciente propuestas interesantes. Y no es esta la excepción. La Correspondencia Personal es, desde luego, un espectáculo de cámara serio y bien armado; a medio camino entre las cartas que se conservan de Federico –para contar su periplo vital, de manera que se explora la relación con su familia, sus estudios, sus viajes o sus iniciativas creativas- y fragmentos de su teatro y su poesía, entrelazados para dar una perspectiva general de la leyenda del poeta andaluz. Posiblemente lo más audaz de la dramaturgia y del espectáculo –que plantea las últimas horas del poeta en la cárcel, y realiza una especie de ejercicio de regresión mental para hacer todo el viaje- sea el comienzo y el final, con los dos actores irrumpiendo por la platea con palabras del teatro irrepresentable de Lorca para desmontar – sí, desmontar- la escenografía realista que preside la escena: esto a los pocos segundos de empezar. Como golpe de efecto, indudablemente es una buena forma de arrancar un espectáculo. También el uso de la escueta pero muy bien resuelta escenografía (de Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán) a lo largo del espectáculo –coloreada con recursos de luz muy ingeniosos de Juan Felipe- demuestra indudablemente la voluntad de hacer el buen teatro que esta compañía hace siempre. Hay una voluntad de ofrecer un espectáculo hermoso en la estética, y toda la compañía sabe cómo administrar los recursos con que cuentan para que así sea. Incluso en el juego entre lo histórico y lo teatral, el equilibrio está bien planteado y, en suma, el espectáculo es visualmente atractivo y cuenta con no pocas soluciones ingeniosas. En pocas palabras, como siempre ocurre con Histrión Teatro, estamos ante un montaje con un acabado formal impecable; que tiene en sus imágenes y su plasticidad su mejor baza: es hermoso de ver.

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Dos estupendos actores –Gemma Matarranz y Alejandro Vera– llevan el peso de un espectáculo en el que deben ser piezas de un conjunto más que buscar el lucimiento personal. La propuesta aparece de hecho planteada como un todo en el que los actores deben integrarse. Lo hacen con generosidad, y desde luego su mayor dificultad posiblemente sea la de pasar del apartado más neutro en lo epistolar al tono más poético que se alcanza en las evocaciones literarias: lo hacen bien – que nos guste más o menos darle tanto peso a la palabra de Lorca al pronunciarla ya es otra historia, pero sin duda es una manera de abordar la obra del granadino-. Desde luego, los actores echan el resto y el montaje es lo suficientemente atractivo.

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En Lorca, la Correspondencia Personal encontramos el sello de calidad que siempre define las propuestas de Histrión Teatro; tal vez ahora al servicio de un material menos interesante – porque está más visto- que cuando producen otro tipo de textos – lamentablemente me perdí la muy aplaudida Juana: La Reina que No Quiso Reinar; pero pienso en el recuerdo de la estupenda Teatro Para Pájaros, en la que la compañía trabajó nada menos que con Daniel Veronese e incluso en La Isla, texto de Juan Carlos Rubio que se ha estrenado recientemente y todavía no he podido ver. Llega esta propuesta en un momento de clara saturación en torno a la figura de Federico; y seguramente aquellos espectadores menos saturados –o que veneren al poeta- entren más en una propuesta honesta, visualmente atractiva y bien acabada que, sin embargo, no consigue aportar nada nuevo a la información ni a la imagen –mitificada, claro- que tenemos sobre Lorca. Pero ¿acaso es esto posible? Lo dudo. En cualquier caso, más allá de saturaciones temáticas o gustos personales, estamos ante un buen espectáculo que el público recibió con buena entrada y de forma muy calurosa.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Lorca, la Correspondencia Personal”, dramaturgia de Juan Carlos Rubio a partir de textos y cartas de Federico García Lorca. Con: Alejandro Vera y Gemma Matarranz. Dirección: Juan Carlos Rubio. HISTRIÓN TEATRO.

Teatro Lara, 11 de Junio de 2019

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