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‘El Rey’, o una forma de ficción histórica

febrero 28, 2016

rey cartel

Después del éxito sin precedentes de Ruz-Bárcenas, Alberto San Juan y su equipo de Teatro del Barrio han ido un paso más allá, estrenando El Rey, una curiosa función a medio camino entre el teatro documental, la ficción histórica, la farsa y la sátira; que revisa a modo de gran flashbacks todos los acontecimientos que han marcado la vida y reinado de Juan Carlos I, desde su niñez hasta después de su abdicación. Es el propio San Juan quien ha escrito el texto –que además dirige-, y podemos decir que la polémica está servida: pocas veces había visto a un teatro tan cómplice levantarse entre bravos al final de una función en la que el respetable, en según qué momentos, no dudó en increpar a los personajes.

Un trono que cojea. Un Juan Carlos I decrépito se agita como si la vida se le escapase entre las manos. Comienza entonces a oír voces de sombras que le invitan a abandonarse. Es ahí cuando empieza un gran flashback –se diría que toda la función transcurre en la conciencia del rey- que pasea por los grandes momentos de vida del monarca. Por el escenario desfilan un sinfín de personajes de las más diversas índoles que se enfrentan a Juan Carlos: Juan de Borbón, Francisco Franco, Adolfo Suárez, Felipe González, Carrero Blanco, Tejero, Armada, Chicho Sánchez Ferlosio, Kissinger, Puig Antich, Jesús Hermida, Juan Luis Cebrián y un largo etcétera, para configurar una visión panorámica socio-política a través de la influencia de Juan Carlos I; pero enfocada casi siempre desde una sátira que busca una visión crítica de los hechos históricos. El fin principal de esta historia parece ser pues buscar la reflexión desde la hilaridad; y San Juan no pierde nunca de vista que esto es teatro: en su escritura –polifónica, sin tiempo de caer en detalles teatrales que fomenten el realismo de lo que se ve, dejando ese realismo a la palabra misma: esto es, la única caracterización posible es la de la gesticulación de los actores- hay sitio para declaraciones reales, declaraciones probables, escenas imaginadas, e incluso para algunos juicios de valor aquí y allá.

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No nos engañemos: con un esquema semejante hasta cierto punto a aquel inolvidable montaje de Animalario que fue Alejandro y Ana: lo que el Público no pudo ver de la Boda de la Hija del Presidente –no dejen de revisarlo: lo encuentran íntegro en Youtube- este El Rey funciona como sátira, sin llegar ni de lejos a los niveles de hilaridad de aquel otro montaje. Hay momentos verdaderamente hilarantes, parodias realmente conseguidas y el ritmo narrativo es frenético. Los actores tienen muy bien asumidos los códigos de sátira en los que –lo quieran o no, porque desde Teatro del Barrio niegan el componente satírico del montaje, que yo veo sin embargo muy claro- se mueve la propuesta; y la voluntad de crítica ácida está por momentos muy conseguida, muy en primer término de la acción. El espectáculo tiene cierto gancho, y momentos brillantes; pero pierde un punto de su naturaleza y de su estilo en aquellos momentos en los que Alberto San Juan emite algunas conclusiones de valor ciertamente subjetivas por boca de sus personajes, que muestran el lugar real desde el que está escribiendo el texto: para que funcione una crítica y/o una sátira en todo su esplendor, creo que nunca debería aflorar el punto de vista del autor con la claridad que aquí lo hace en algunos instantes… ya sabemos que es un espectáculo con voluntad crítica, no necesitamos que nos deje tan claro lo que él piensa. Suavizar estos episodios –que no aportan nada a la comedia y creo que el público es lo suficientemente inteligente como para sacar sus conclusiones- ayudaría a redondear un espectáculo que tiene un interés indudable, que divierte, pero que se acaba yendo a casi dos horas de duración –creo que demasiado tiempo para lo que es-.

A la puesta en escena –que firma Alberto San Juan– le falta decididamente el arrebato gamberrísimo del Andrés Lima que dirigía las primeras puestas de Animalario. Es una puesta en escena neutra, ayuna de escenografía –y permítanme que lo diga, pero creo que por momentos muy escasita de iluminación; y eso que la iluminación la firma Andrés Lima, pero hay instantes en los que no se ve un pijo más allá de las sombras: puede que en Teatro del Barrio, más pequeño, la cosa quede mejor, pero creo que habría que revisar las luces para espacios más grandes-, en la que el peso del juego queda como digo en la capacidad física y gestual de los actores; unos actores que han de caer muchas veces en un registro que bordea el clown –ese registro que tanto conviene a la farsa.

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Y qué bien escogido está el reparto. Luis Bermejo es Juan Carlos I, y se revela definitivamente como un gran clown – ¿se acuerdan de El Minuto del Payaso?- pues aquí va más allá: qué caras, qué gestos, qué dominio de la voz y del cuerpo. Gran actor, con un influjo tragicómico de primer nivel, en un montaje que no le da descanso alguno en las casi dos horas que dura. Los otros dos actores se reparten a todos los demás personajes, de los que entran y salen a velocidad de crucero. Sustitución de lujo tener a Javier Gutiérrez en las giras en los papeles que en Madrid interpreta Alberto San Juan –alguna vez ya toqué en este blog la cuestión de que curiosamente San Juan nunca hace giras por provincias salvo de su monólogo; en A Coruña no estuvo ni en Hamelin, ni en El Montaplatos ni aquí…-.Tener a Javier Gutiérrez –cuya versatilidad actoral está sobradamente probada- en este espectáculo es un regalo, hace muchos personajes pero brilla con luz propia como una luminaria en uno: su encarnación de Francisco Franco –clavada, hilarante- es histórica, para enmarcar; de los mayores aciertos de casting del teatro español reciente, la sátira llevada a su máxima expresión. Curiosamente, leo que repite personaje próximamente en la miniserie Lo que Escondían sus Ojos (Tele5), en la que supongo que enfocará al dictador desde un registro completamente diferente: la comparativa será interesante. Seguramente sea Guillermo Toledo –repescado para el teatro tras un largo tiempo de polémicas sociales- el actor menos brillante de los tres; porque es el que menos construye a sus personajes desde la parodia: no se le niega la entrega, y tiene un par de momentos destacables –incluso un grandioso momento de autoparodia al final-, pero creo que queda a cierta distancia de sus compañeros. Con todo, el conjunto funciona como algo que es interesante ver.

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Muy buena entrada en el Teatro Colón, el público entregado, cómplice, bravos en pie; y un espectáculo llamado a hacer largo recorrido por su atrevimiento –cosa que se agradece en estos tiempos que corren-, pero que se hubiese podido convertir en montaje de culto si no se escuchase la voz del autor a través de algunos de sus personajes: la farsa debería bastarse por sí sola. Pero, ya lo verán: esto con el tiempo va a hacer ruido con razón.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

 

“El Rey”, de Alberto San Juan. Con: Luis Bermejo, Javier Gutiérrez y Guillermo Toledo. Dirección: Alberto San Juan. TEATRO DEL BARRIO.

Teatro Colón, 25 de Febrero de 2016

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