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‘Dreaming Juliet’ o ¿fue este su final feliz?

julio 6, 2020

DREAMING JULIET CARTEL

Espectáculo en lengua gallega

Hay que calificar casi de proeza el estreno de Dreaming Juliet, primera cita teatral coruñesa –y tal vez casi de cualquier teatro gallego- después de este tiempo extraño que nos ha tocado vivir. Un estreno salpicado por los ecos de la ausencia, de los vacíos, de las nuevas normalidades; y por la necesidad de todos los allí presentes de reengancharse y recuperar algo si quiera remotamente semejante a la realidad de apenas unos meses. Por tanto, es difícil –por no decir imposible- separar el hecho histórico del significado de estas funciones, del valor de la función en sí misma. Dicho de otro modo: puede que los que asistimos a alguno de los dos pases de Dreaming Juliet lo recordemos sencillamente como el inicio de una nueva era. Felicitar solamente por eso tanto a la compañía Elefante Elegante como al Teatro Rosalía por lanzarse a la odisea de recuperar algo parecido al mundo en el que vivíamos.

Parte Dreaming Juliet de una anécdota que supone una especie de relectura del clásico: ¿qué hubiese pasado si, en vez de suicidarse, Romeo y Juieta hubiesen podido huir para emprender un futuro en común? O al menos la revisión parte de tal tesis; porque, en realidad, fieles al estilo estético sobre el que han construido su trabajo durante todos estos años, lo que nos ofrece Elefante Elegante con Dreaming Juliet es una suerte de collage irónico en el que la plástica, la comedia, la música y el texto se entremezclan para tejer un todo que acaba teniendo una vida propia, bastante más allá del texto de Shakespeare –incluso por más que algunos de los monólogos principales del texto original permanezcan presentes, microfonados y mezclados con música: por tanto, llevados de algún modo a segundo plano-. Podría decirse, por tanto, que es mejor asumir Dreaming Juliet como una experiencia nueva e independiente de la obra del clásico que como una revisión; porque la experiencia acaba siendo más satisfactoria vista como lo primero que como lo segundo.

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Desde luego que se nota que en Dreaming Juliet hay un gusto por la estética, tanto desde la escenografía de Gonçalo Guerreiro y Carola Losada, formada por estructuras que integran en el conjunto una pequeña banda en directo- como por el variado y colorista vestuario de Diego Valeiras, que va desde lo punk hasta la commedia dell’arte y sube a escena todo un crisol de variopintos personajes que ayudan a ver el resultado como una especie de fresco teatral que nos gana por su gusto estético pasado por el filtro de lo punk y heredero de alguna manera de aquellos montajes primigenios de Voadora – Waltz, Super8…-. Seguramente sea ese espíritu visual, juguetón y bien trabajado lo que más se acabe disfrutando como espectadores a la hora de ver el espectáculo, tanto por la belleza de algunos cuadros como por el cuidado estético incuestionable que respira toda la función. Dreaming Juliet es pues un teatro eminentemente físico y visual; por encima del mismísimo Shakespeare.

Así y todo, hay que destacar la ironía presente en una adaptación que, lejos de pintar un futuro idílico para los dos amantes –que aquí, claro, se han salvado de la tragedia- lanza a la pareja a una especie de tragedia de la rutina, y transforma esa vida de pareja en una especie de pesadilla que enfrenta a Julieta con los anhelos de la mujer “clásica” de la sociedad contemporánea, si es que tal cosa sigue vigente a día de hoy: el afán por parir, ser mujer de su casa… y todo lo que – irónicamente, claro- espera a una mujer que ha logrado por fin una relación idílica de pareja. Visto este panorama –que la dramaturgia observa desde un lugar irónico que da pie a un sinfín de situaciones irónicas que tal vez alcancen su cima en el momento en el que la escena se llena de bebés de juguete, símbolo inequívoco de la frustración de la pareja ante la idea de la maternidad, por exceso o por defecto. ¿Es la vida marital un final feliz para Romeo y Julieta? A la vista de lo que nos muestra la representación, la respuesta parece distar de ser un sí. ¿Les hubiese compensado a los protagonistas una vida más allá de la muerte antes que dejarse arrastrar por la monotonía? Es más que posible. De eso habla y se ríe Dreaming Juliet: de lo difícil que puede resultar a ser mantener una vida de pareja estándar e idílica limitándose a seguir lo estipulado. Así y todo ¿resulta algo cogido por los pelos el paralelismo con Romeo&Juliet y se podría haber contado esta misma historia –una visión irónica sobre el abismo en las relaciones de pareja contemporáneas- sin recurrir al clásico shakesperiano como sombra? Seguramente.

Colaboradores /

En el conjunto actoral –en escena María Torres, Gonçalo Guerreiro, Marta Aloso, Nacho Martín y Miguel Paz- prima un componente multidisciplinar – porque la propuesta lleva implícito el aspecto físico -Lecoq-, musical y textual al mismo tiempo; y quizá el conjunto – ha de verse la propuesta como un trabajo de equipo- rinda a mayor altura en los apartados musical y físico que en un apartado textual que quizá se nos quede algo más corto: ni por dicción ni por la reverberación de los micros –y un equilibrio con la música que todavía debe equilibrarse- los textos fluyen con la claridad que deberían, hecho especialmente reseñable si estamos tratando de tú a tú con algunos de los monólogos más recordados de la literatura dramática universal. Y aunque tal vez el humor que domina la pieza sea demasiado naif –opción estética tan lícita como cualquier otra- lo cierto es que la pieza se acaba imponiendo más por su valor visual que por el tratamiento de Shakespeare y su relación con él. Aquí entre Shakespeare y el sello personal de la compañía se acaba imponiendo con mucho este último.

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Así pues, Dreaming Juliet es una propuesta fresca y sencilla; que encuentra en su apartado estético y visual su mayor baza; pero que tal vez podría haber tenido vida propia más allá del clásico con el que nace entrelazada. Pero, por encima de todo, recordaremos estas funciones como el pistoletazo de salida de esta nueva normalidad –vital y teatral- a la que ahora nos enfrentamos: es ahí, en el significado metafórico que tienen estas funciones donde debemos fijar la mayor importancia de su valor. Porque, sin ir más lejos, representan el algo tan simple –y a la vez tan grande- como es el hecho de estar.

H. A.

Nota: 3/5

Dreaming Juliet”, creación de Gonçalo Guerreiro a partir de Romeo y Julieta de William Shakespeare. Con: María Torres, Gonçalo Guerreiro, Marta Alonso, Nacho Martín y Miguel Paz. Dirección: Gonçalo Guerreiro y María Torres. Dirección de actores: Pablo Sánchez. ELEFANTE ELEGANTE.

Teatro Rosalía Castro, 21 de junio de 2020

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