Saltar al contenido.

8 años de Butaca en Anfiteatro

agosto 10, 2018

8 AÑOS

Hoy, 10 de Agosto, Butaca en Anfiteatro cumple nada menos que 8 años en la red. Después de 660 posts y casi 250.000 visitas – y con un volumen claramente creciente año tras año, tanto por la cantidad de publicaciones como por el número de visitas como por la repercusión que recibo- es un orgullo poder hablar de Butaca en Anfiteatro como un medio cada vez ma´s consolidado, que cada vez se encuentra más presente y llega a más gente.

Como siempre que llega esta fecha he de decir que, más allá del orgullo que supone ver crecer esta iniciativa propia y personal, Butaca en Anfiteatro lo hacemos todos: tanto cada una de las personas que lee el blog cada día, que comparte y da difusión a las publicaciones y que me hace llegar sus comentarios acerca de las opiniones que vierto en el blog. Porque Butaca en Anfiteatro pretende no sólo visibilizar el hecho teatral en todas sus vertientes, sino también –y sobre todo- constituirse como elemento informativo y foro de debate; y para eso se necesita a cada lector. También hay que agradecer a los departamentos de prensa y comunicación de teatros, festivales y compañías que, a diario, me hacen llegar información acerca de las propuestas que forman las carteleras. Gracias a unos y a otros, Butaca en Anfiteatro puede cubrir cada vez más cantidad –y variedad- de propuestas; y ofrecer una visión más amplia de la realidad teatral en la que vivimos. En definitiva, crecer. Y, por supuesto, gracias a cada una de las personas que levantan proyectos para ayudar a que la oferta, la variedad y la pluralidad del teatro que vemos sea cada vez mayor. Después de todo, el teatro es el principal fin que mueve este blog.

Durante este último año, Butaca en Anfiteatro ha establecido además como medio también una serie de interesantes colaboraciones con otros medios –la revista Primer Acto, la Asociación de Directores de Escena de España, Tragycom, otros medios en red…- que han ayudado de forma decisiva tanto a ampliar la visibilidad del medio como a ampliar los puntos de vista desde los que se mueve el blog: es, desde luego, otro de los objetivos que se busca, y creo que este año se ha cumplido como nunca antes. Vaya desde aquí mi más profundo agradecimiento a todos los que me han invitado a colaborar con ellos; y espero que esas vías de colaboración puedan ser igual de fructíferas de cara al futuro.

De nuevo, muchísimas gracias a todos por seguirme, leerme y darle sentido a este blog. Espero poder seguir contando con todos vosotros de cara a la próxima temporada, y que unos y otros podamos seguir creciendo juntos.

Hugo Álvarez Domínguez

Anuncios

‘Macbeth’, o más clásico que arriesgado

agosto 1, 2018

macbethcartel

Procedente del Festival de Teatro Clásico de Almagro se pudo ver en el Centro Niemeyer de Avilés el acercamiento al Macbeth shakesperiano que presentan en coproducción el Teatro Colón de Bogotá y La Compañía Estable, dos de las máximas fuerzas del teatro colombiano actual. Se trata de un montaje dirigido por Pedro Salazar que se presenta en una versión de Joe Broderick, y en formato “depurado” en gira respecto a la propuesta original; manteniendo sin embargo un copioso elenco. La idea, según afirma el director, bascula entre el respeto al original y una cierta tendencia de adaptación a la realidad colombiana; algo que sin duda, y a la vista del espectáculo, podrá sorprender a más de uno. A fin de cuentas, lo que se presenta aquí es una versión minimalista y atemporal de Macbeth, concentrada en el trabajo del actor pero despojada de artificios –y también, por extensión, de cualquier elemento netamente ligado a Colombia, al menos a simple vista más allá del aspecto lingüístico-.

Macbeth es sin duda uno de los títulos de Shakespeare que suben con mayor recurrencia a los escenarios; e incluso podemos señalar que hemos visto propuestas notables latinoamericanas basadas de notable impronta localista – la más reciente y evidente Mendoza, de Los Colochos, que reimaginaba la tragedia en el marco de la revolución mexicana-. Tal vez sea por eso que sorprende el rigor formal que presenta esta propuesta colombiana, limpia hasta lo impecable en su desnudez formal; pero a la vez despojada de verdadero riesgo –y también de esa impronta netamente colombiana que promete el montaje-. El resultado es, como digo, una digna versión del Macbeth shakesperiano, centrada en el trabajo actoral y apoyada en la desnudez escenográfica casi total, sí; pero también exenta de verdadero riesgo y mucho más clásica en fondo y formas de lo que uno puede pensar a primera vista.

macbeth3

Al margen de no saber en qué consiste la “depuración” del montaje que se anuncia en el programa de mano –esto es, qué elementos de la puesta en escena no habrán viajado en gira- podemos comentar que la propuesta escénica de Pedro Salazar transcurre enmarcada en arcadas metálicas que encierran un vacío escénico casi total –a excepción del trono del rey Duncan o la mesa para el convite del matrimonio Macbeth- envuelto en brumas, que seguramente busquen subrayar el componente más onírico de la pieza-. Será este espacio – tan funcional como impersonal- el que encuadre la tragedia de ambición de los Macbeth, en un entorno en el que las faldas escocesas y los ropajes nobles de época – para los personajes nobles masculinos- contrastan con algunas prendas estampadas de cuero –Lady Macbeth, que aparece con una estética diferente al resto sin que haya una lógica aparente en esta decisión- o los pelajes animales que lucen las tres brujas – una de ellas un actor travestido, un recurso que tampoco es novedad-. Al margen de estos asuntos, tanto la versión del texto que firma Joe Broderick –fiel al original y bastante extensa, superando las dos horas y que, afortunadamente abre muchas escenas que habitualmente se cortan: escuchar un Macbeth tan completo seguramente sea uno de los mayores atractivos de esta versión- como el gusto por lo estético que muestra la puesta en escena de Salazar son dignos de admirar; pero el resultado se acerca mucho más un montaje de corte clásico minimalista que a algo verdaderamente rompedor o innovador: de hecho, las pocas innovaciones que presenta el montaje – más centradas al universo de lo estético- parecen ocurrencias que no siempre tienen una justificación clara en el concepto escénico; por más que el resultado sea en algunos momentos visualmente atractivo. Hay instantes más logrados –el convite con la aparición del espectro de Banquo, sin duda el momento visualmente más reseñable de la representación- junto a escenas inicialmente prometedoras pero no del todo bien resueltas en su conjunto –el asesinato de Banquo genera ambiente; pero la fuga de Fleance resulta sin embargo bastante torpe- en un montaje clásico en su sencillez al que seguramente le falten riesgo y concepto -teniendo en cuenta además que hemos visto muchos y muy variados Macbeths en los últimos tiempos-. Por otro lado, aunque el montaje cuenta con un reparto muy numeroso – una opción cada vez más infrecuente- creo que la propuesta escénica no siempre saca todo el partido posible –sobre todo a nivel de montar cuadros- a la cantidad de actores con los que cuenta: pudiendo hacerse, hay pocas escenas de masas. La iluminación tiende a ser válida para crear atmósferas, pero no escapa ni de algunas obviedades –el rojo que inunda las escenas de muerte- ni de golpes de modernidad de dudoso gusto –neones en algunos momentos en la estructura que enmarca el escenario-.

macbeth1

Más reseñable –siempre dentro de una estética clásica- el trabajo actoral, homogéneo y en el que destacan sobre todo los sólidos trabajos del Macbeth de Christian Ballesteros –elegante y alejado de excesos- el rotundo Banquo de Felipe Botero, el particular acercamiento a Duncan que ofrece Diego León Hoyos –en una escena con un punto de caricaturesco, que habitualmente se corta- o el muy bien aprovechado Portero de Matías Maldonado, que se lleva en su monólogo previo al descubrimiento del cadáver de Duncan uno de los mejores momentos de la representación. Correcta en líneas generales –tal vez algo falta de esa malicia sibilina que debe caracterizar al personaje- la Lady Macbeth de Diana Alfonso; bien las tres brujas – Brunilda Zapata, Natalia Ramírez y un Jimmy Rangel que juega el travestismo con seria habilidad- y tal vez algo pasados de revoluciones por momentos tanto el Macduff de Iván Carvajal como el Ross de Andrés Estrada y el Malcom de Fabio Espinosa. El resto del nutrido elenco – muchos de ellos doblando y triplicando roles- cumple con corrección en sus respectivos cometidos, en un acercamiento al texto que opta por resaltar en el tono el aspecto más épico de la pieza.

macbeth2

Gran éxito en el Niemeyer para una propuesta que se ve con agrado y que ofrece una versión muy completa de la obra; pero que acaba siendo un acercamiento mucho clásico y hasta conservador – en la línea quizá de algunos trabajos de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en España, por buscar una cierta equivalencia- de lo que se anuncia a primera vista. Se disfruta, sin duda, y hace justicia a Shakespeare; pero no estaría de más mayor riesgo – y una apuesta estética más clara- cuando estamos abordando una obra que ha subido tantas veces a los escenarios. Quienes busquen un Macbeth de corte más clásico que no traicione las premisas del original disfrutarán tanto con la versión como con el notable nivel actoral; pero los enfoques arriesgados implican otras cosas. Si tenemos en cuenta que estamos ante un montaje extranjero, tal vez hubiera que pedir algo más de riesgo o de novedad, por más que este sea un Macbeth clásico muy válido y disfrutable.

H. A.

Nota: 3.25/5

Macbeth”, de William Shakespeare. Versión: Joe Broderick. Con: Christian Ballesteros, Diana Alfonso, Felipe Botero, Iván Carvajal, Andrés Estrada, Fabio Espinosa, Diego León Hoyos, Natalia Ramírez, Brunilda Zapata, Jimmy Rangel, Matías Maldonado, Carlos Gutiérrez, Alexis Rojas, Felipe Correa y Andrés Gaitán. Dirección: Pedro Salazar. TEATRO COLÓN DE BOGOTÁ / LA COMPAÑÍA ESTABLE.

Centro Niemeyer (Avilés), 24 de Julio de 2018

‘Elisa e Marcela’, o de comedias e historias de amor por contar

julio 31, 2018

elisacartel

Espectáculo en lengua gallega (con fragmentos en castellano y portugués)

Precedida de un grandísimo éxito que ya la aclama como uno de los montajes teatrales más destacables del año en Galicia – triunfador en la pasada edición de los Premios María Casares, con 4 galardones- llegó a la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia – donde obtuvo el Premio del Público- Elisa e Marcela, espectáculo de la todavía joven pero ya asentada compañía gallega A Panadaría – Premio de la Crítica 2015- en torno a la historia de Elisa y Marcela: dos mujeres que, en La Coruña de 1901 – después de conocerse y superar la distancia y el rechazo de las familias- decidieron casarse; para lo cual Elisa debió vestirse de hombre y registrarse como Mario, constituyéndose así como el primer matrimonio homosexual de la historia. Lo que siguió fue un periplo de ocultaciones, denuncias, cárcel y fuga para dos mujeres pioneras que, después de todo, lucharon por amarse contra todos los obstáculos que encontraron en el camino. Condenadas por los medios y la opinión pública, perseguidas y convertidas en un icono para muchos, Elisa y Marcela vuelven a enfrentarse a la distancia y a la huida, hasta que consiguen llegar juntas a Buenos Aires, donde se les pierde la pista. Historia que ha llamado la atención de muchos, Isabel Coixet acaba de filmar estos días una cinta centrada en Elisa y Marcela que se verá próximamente; mientras que este espectáculo de A Panadaría se convierte por tanto en el primer acercamiento dramático a la historia.

elisa1

Y lo cierto es que no se puede negar el grandísimo éxito que Elisa e Marcela alcanza allá por donde va, como tampoco puede negarse que estamos ante un espectáculo entretenido y que se ve con agrado. Sin embargo, uno puede quedarse con la sensación de que la historia de Elisa y Marcela podrían no ser más que un punto de partida, un pistoletazo de salida para algo que poco a poco va convirtiéndose en otra cosa, de manera que conocemos retazos de la historia principal, sin profundizar en ella más de la cuenta; en favor de dar vida a una comedia vitalista, irónica y gozosa, centrada en lo gestual y lo corporal: es sin duda un camino – y, como tal, funciona con el público y es comprensible que así sea- pero uno sale del teatro no sólo queriendo saber más sobre Elisa y Marcela, sino con la sensación de que falta entre tanta catarsis cómica algún atisbo de profundidad que dibuje, por ejemplo, la historia de amor y la tensión dramática que implica un periplo como el que vivieron estas mujeres.

elisa5

Probablemente la gran diferencia que tenga Elisa e Marcela con respecto a los anteriores espectáculos de la compañía – Pan!Pan! y Panamericana, que desgraciadamente no pude llegar a ver- sea que mientras aquellos parten de ideas más generales, este se apoya en al responsabilidad de contar una historia muy concreta. Anuncia A Panadaría una “reconstrucción irreverente” de la historia, que se apoya en el vacío escénico casi total – apenas un telar que servirá para juegos de sombras- para crear un espectáculo esencialmente cómico, que bebe de distintas disciplinas –lo corporal, el teatro físico, el clown, el teatro de sombras, lo musical y hasta el cabaret- para ir deconstruyendo progresivamente la historia central de Elisa y Marcela, tanto en la forma de contarla –desde voces de diversos narradores, no siempre fiables y muchas veces hasta contradictorios- como en los planteamientos estéticos. Asistimos, desde el momento de la boda con que arranca la función, a flashbacks y flashforwards que nos pasean por el pasado –su primer encuentro, las voces de sus compañeras de residencia…- y el futuro –su huida, su estadía en prisión a partir de un encuentro de apoyo en un local lisboeta…- de manera que conocemos la historia de Elisa y Marcela condensada mediante retazos que deberemos completar como espectadores si queremos hacernos una idea más sólida de lo que supuso la historia de las mujeres. Y es que la narración se realiza no sólo desde las actrices – que entran y salen de los personajes que interpretan, e incluso se contradicen sobre la realidad de los acontecimientos- sino desde personajes alegóricos, reales o no –desde fantasmas de las compañeras de pensión en Madrid, hasta fadistas, cantaores flamencos, puros que se fuma el cochero que traslada a Elisa y Marcela o bombillas que intentan sobrevivir a bordo de un barco…-: todos ellos tienen algo que decir, todos ellos aportan su punto de vista y es a partir de todos ellos que se construye una historia en la que los personajes y elementos externos acaban adquiriendo casi más importancia que las propias Elisa y Marcela dentro del todo.

elisa2

Más de uno se sorprenderá al comprobar que, efectivamente, con su espíritu crítico y su canto al amor libre, Elisa e Marcela es y pretende ser una comedia disparatada, desenfrenada y entretenida, que busca a menudo reírse del exceso para provocar la hilaridad de un respetable que entra sin miedo y goza con el juego. La dramaturgia –que firma la directora Gena Baamonde al alimón con las tres integrantes de la compañía, Areta Bolado, Ailén Kendelman y Noelia Castro- fragmentaria tiene, sí, algún hallazgo – la escena de los fantasmas de las alumnas burgalesas y la de los puros son de una comicidad incuestionable, y grandes aciertos de fondo y forma en la manera de contar y en la realización- pero también cae con frecuencia en un humor que empieza funcionando pero también bordea – y a menudo cae- en la brocha gorda: la única escena de sexo que se muestra entre Elisa y Marcela; por ejemplo se presenta desde una búsqueda premeditada de la parodia que me resulta bastante discutible, porque debería haberse mostrado lo hermoso del amor entre ambas mujeres. Es cierto que el público entra a la comedia constantemente, y que podemos reconocer el tipo de comedia al que nos estamos enfrentado; pero apostar por este tipo de comedia para armar un espectáculo libre y gozoso puede ser un arma de doble filo: por un lado arrastrará a buena parte del público en su frenesí cómico, pero por otro tal vez distancie a aquellos que queramos profundizar más en la historia de Elisa y Marcela. Y tal vez este sea el gran pero que le encuentro a la dramaturgia, con la que reconozco que no terminé de conectar: apenas conocemos un breve resumen de la historia y –sobre todo- no hay ni un atisbo de profundidad dramática, como si hubiese miedo a perder la comedia por mostrar – si quiera por un momento- la verdadera profundidad de la relación de las dos mujeres. Sabemos que hay una relación de amor madura, honesta, intensa y sincera; pero, además, queremos verla reflejada en el escenario. Me quedo con ganas de entrar en su intimidad, me quedo con ganas de ver una historia de amor valiente, profunda y bonita y, sobre todo, me quedo con ganas de profundizar en Elisa y Marcela y su verdadera problemática, en algunos momentos aquí al borde de quedar algo banalizada por tanta -tantísima- comedia. En otras palabras, siento que la dramaturgia escogida –con aciertos simpáticos de ritmo e ideas- sirve bien al tipo de espectáculo que han querido hacer –y, en este sentido, el equipo de A Panadaría ha sido valiente al apostar por una idea y llevarla a sus últimas consecuencias-; pero que el tipo de espectáculo no termina de hacer justicia – o, al menos, no la suficiente- a la historia de Elisa y Marcela; ni a Elisa y Marcela como personajes. El público entra en furor a la comedia, sí; pero por debajo de la comedia debería haber otra cosa: una profundidad que nunca aparece. Enfocar como comedia un material no debería implicar dejar de lado su parte más profunda, más aún teniendo en cuenta que estamos ante una historia de amor. En este sentido, hay que decir que si bien se entiende el enfoque de parodia por el que se apuesta -con punto de vista crítico, aquí se denuncian ciertos tópicos y lugares comunes extendidos a través de la risa; y es un camino válido- parece que se ha perdido la oportunidad de contar una historia de amor.

elisa4

Nada que objetar ni al trabajo de las tres actrices –Areta Bolado, Ailén Kendelman y Noelia Castro– que se dejan la piel en un espectáculo que exige de ellas un trabajo físico, vocal y gestual extenuante, y son capaces de llenar el espacio vacío con la expresividad de sus cuerpos: en este sentido, su trabajo de composición es verdaderamente estimable, y estamos ante actrices perfectamente preparadas y el ritmo que les marca la propuesta obliga a un esfuerzo del que salen airosas de forma notable y que es muy de agradecer. Tampoco a la dirección de Gena Baamonde, que ha armado un espectáculo alocado y trepidante sin miedo de lanzarse a la piscina – de la misma manera que creo que la dramaturgia crecería abriendo la puerta al drama; también siento que la propuesta crecería relajando algunos momentos; pero montar un espectáculo con este sentido del ritmo que trabaja desde el espacio vacío no es fácil-. El espectáculo no da tregua al espectador ni por el tono de comedia alocada –en muchos momentos casi de verdadero vodevil- ni por la concatenación de situaciones, a menudo enfocadas a lo disparatado. Quien guste de este género –o quien acuda despojado de la expectativa de saber más sobre Elisa y Marcela- seguramente disfrutará de un espectáculo con puntos álgidos y ritmo trepidante. No quisiera dejar de señalar que seguramente una propuesta íntima como esta luzca mejor en espacios más pequeños que el enorme Auditorio del Castillo, que a veces se quedó demasiado grande para el formato del espectáculo.

elisa3

Enorme éxito en la Mit Ribadavia – no en vano se alzaron con el premio del público- para un espectáculo que funciona mejor si lo vemos como una comedia gozosa, desenfadada y disparatada que como una verdadera reconstrucción de la historia de Elisa y Marcela: el cómo se cuenta no siempre encaja de la mejor manera con el qué se cuenta; y aún así –asumiendo el tipo de espectáculo- ese cómo se cuenta amarrará con fuerza a gran parte del respetable. Como propuesta cómica desenfadada, Elisa e Marcela es una fiesta perfectamente válida; pero dado el tema que se está tratando, lo cierto es que me quedo con ganas de conocer la historia de Elisa e Marcela con mayor profundidad de la que obtiene aquí, tanto en el contenido como en la voluntad de mostrar la belleza y sinceridad de una historia de amor como esta. Así y todo, es de ley volver a reconocer el grandísimo éxito de público – con aplausos a escena abierta, carcajadas sonoras y ovación final en pie- que obtuvo el espectáculo. Yo, esta vez, no terminé de entrar en la propuesta.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

Elisa e Marcela”. Creación colectiva de Areta Bolado, Ailén Kendelman, Noelia Castro y Gena Baamonde. Con: Areta Bolado, Ailén Kendelman y Noelia Castro. A PANADARÍA / CENTRO DRAMÁTICO GALEGO / CONCELLO DE A CORUÑA / CONCELLO DE VIMIANZO / CONCELLO DE RIANXO.

XXXIV Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia. Auditorio do Castelo, 21 de Julio de 2018

‘La Gioia’, o un viaje luminoso hacia las tinieblas (o lo relativo de la alegría)

julio 19, 2018

lagioiacartel.jpg

Espectáculo en italiano

El dolor llegará; pero, mientras tanto, has de saber que la alegría deshace los nudos y esto no puede hacerlo el huracán del dolor. El dolor te aplasta, te aniquila, te convierte en un mendigo de cargas; mientras que la alegría sólo conoce el alfabeto de la ligereza (…) El dolor pasa. El miedo pasa. La tristeza pasa. ¿Y la alegría? La alegría llegará y después pasará también. Y volverán de nuevo la tristeza, el miedo, otra vez la alegría… Hasta que todo desaparezca”.

***

Algunos años después de presentar en este mismo certamen con grandísimo éxito su espectáculo Racconti di Giugnio, regresaba a la Mostra Internacional de Ribadavia el célebre creador italiano Pippo Delbono, sin duda uno de los nombres más importantes del teatro contemporáneo, con su espectáculo La Gioia, en la que además constituyó mi primera experiencia en directo con una de sus propuestas. Desde su especial lenguaje y su a veces controvertida forma de entender el hecho teatral, Delbono –acompañado, como casi siempre, por una troupe de personas en riesgo de exclusión social (desde refugiados hasta un antiguo alumno de su madre con síndrome de Down, o un octagenario sordomudo rescatado de un manicomio en el que permaneció durante años, por mencionar algunos casos) a las que ha recuperado y ha dado una oportunidad y una utilidad, girando con ellos durante años- parte del concepto de gioia (alegría) para trazar una profunda reflexión sobre las tinieblas de la locura, del mundo de los outsiders desde una óptica poética, gozosa y plena de luz, en un contraste que resulta desolador en su belleza. A fin de cuentas, Delbono apunta en La Gioia la sutil frontera que existe entre cordura y locura; y llega a comparar el dolor del cuerdo con la alegría del loco en su inconsciencia de realidad, casi sugiriendo que, a veces, la única vía de salvación posible tal vez sea aquella de entregarse a la locura. De hecho, comenta el propio autor en un momento del espectáculo que este espectáculo bien podría haberse llamado “la locura”. Pero, también, Delbono sazona su espectáculo con un mensaje de cierta esperanza: nos pase lo que nos pase, debemos agarrarnos a la alegría que nos salva; incluso si no es más que la alegría que precede a la tristeza, como la calma antes de la tempestad. Después de todo, puede que la gran enseñanza de la función de Delbono sea que tan solo a través del dolor se puede llegar a experimentar la verdadera alegría: necesitamos conocer el dolor para poder experimentar la felicidad plena, sin perder de vista que después de esa felicidad plena podrá regresar el dolor, como en una espiral de repetición interminable.

3

A través de toda una serie de estampas y pequeñas escenas Pippo DelBono –que ejerce de narrador e hilo conductor del espectáculo, leyendo micrófono en mano el texto, en lo que creo es una curiosa forma de distanciamiento sobre la que volveré más adelante- encuentra lugar para reflexiones sobre el mundo de la alegría en contraste al de la tristeza, el de la cordura en contraste al de la locura y la felicidad de aquellos que podrían ser mirados, en su mundo de diversidad –sensorial, física, psíquica…- quizás erróneamente como infelices. Delbono se rodea de una troupe de personas con vidas difíciles y en situación difícil; pero que ahora han encontrado su propia realización gracias a él –¿el camino a la felicidad tal vez?- participando del hecho artístico. Conocemos por boca del autor sus historias, quiénes son, qué les ha ocurrido, cuánto tiempo llevan colaborando en los espectáculos de Delbono… y, en suma, tal vez el concepto de pequeña gran familia que forman todos, como la balsa que les hace ser y sentirse alguien. Porque ahora, todos los integrantes de la compañía de Delbono son casi eso: familia, amigos Entre los textos que integran el espectáculo, se incluyen también pequeñas fábulas, cuentos, poemas llegados muchas veces de voces anónimas, música de todas las clases e incluso escenas de grandes clásicos como Esperando a Godot. El todo, conforma un curioso recorrido textual que puede resultar antiteatral en muchos aspectos; pero es una reflexión sobre el dolor a través de la alegría: un viaje a la oscuridad a través de la luz.

1

El espectáculo se completa con imágenes que forman los propios actores, con diversos motivos que le dan al todo atmósferas florales y circenses –a menudo con los actores presentados como si estuviéramos ante una parada de los horrores de corte gótico, que arrastra a los espectadores hacia un mundo de mágica fantasía aterradora, valga la contradicción-. De hecho, el contraste entre el grito de desesperación que parece este espectáculo y el universo de luz, fantasía e imaginación en el que se enmarca – por momentos un cuento, por momentos una pesadilla; y muchas veces un todo salpicado de una melancolía tan tierna como punzante y dolorosa- es sin duda uno de los grandes atractivos de un espectáculo fragmentario, muchas veces bordeando la improvisación –Delbono matiza muchas veces que hay muchos “agujeros negros” en su concepción, como los vacíos de su mente-. En cualquier caso, el resultado noquea y shockea por ese espíritu de contradicción que posee toda la propuesta: se habla del abismo desde la belleza, se hace teatro desde lo antiteatral; y esa forma de shockear es francamente sugerente. Delbono ha armado un discurso tal vez fragmentario e inconexo; pero a la vez rico en significado poético y amplio en referencias visuales que ponen al público contra las cuerdas. Ante un panorama tan luminoso como desolador, La Gioia no esconde la crudeza del mensaje en palabras hermosas; ni tampoco aporta respuestas sobre el camino hacia el que dirigirse, tal vez precisamente porque la vida tampoco las tenga. Tampoco le hace falta regodearse en el trasfondo trágico del que nos habla porque no es necesario: sabemos que está ahí, y eso nos emociona y nos desasosiega a partes iguales.

2

Pero por encima de todo cabe decir que La Gioia conmueve tanto a nivel estético –hay imágenes de gran belleza: la irrupción de la troupe entre luces estroboscópicas como una parada de los monstruos gótica mientras suena el vals Masquerade de Khachaturian- como a nivel poético –lo que se dice es también muy bello en su sencillez-; pero sobre todo desde lo emocional: hay instantes de una honestidad tal que ponen el nudo en la garganta; entre los que podemos citar el momento en el que Delbono protagoniza junto a Bobó –mítico acompañante de su compañía, de 81 años, sordomudo y que lleva 44 trabajando con él después de que el creador italiano lo recuperase tras más de 30 años de encierro en un manicomio cuando él atravesaba una depresión- una de las escenas de Esperando a Godot: dos presencias pensando en ahorcarse, y postergando el ahorcamiento, con la única voz de Delbono recitando el texto de Vladimir y Estragón… Un momento sinceramente acongojante, por el sentido de unión entre ambos. Tampoco deja impasible ese discurso incomprensible de Bobó ante su tarta de cumpleaños; o la anécdota en la que Delbono cuenta cómo, tras presentar uno de sus espectáculos en Alemania, el público se empeñaba en comprenderlo todo… y sólo una de las intervenciones de Bobó en el coloquio logró apaciguar las ansias del respetable. Desde entonces, dice Delbono, Bobó lleva dentro de sí “el sentido profundo del teatro”, en una hermosa metáfora de que tal vez eso que es el sentido profundo del teatro sea tan inasible e indescifrable como la mente de Bobó, como el sentido de la alegría trágica, como nuestros destinos mismos.

37033782_10155404555451857_2966360446208049152_o

Es cierto que el espectáculo tiene no pocos aspectos que pueden resultar hasta cierto punto antiteatrales, que pueden buscar un distanciamiento del público e incluso llegar a lograrlo. Desde cierta suciedad en la manera de armar ciertos cuadros –con los técnicos colocando el material a la vista del espectador-: el resultado son imágenes estéticamente muy bellas; pero tal vez me hubiese gustado que no se muestre el truco con tanta claridad. También la actitud misma de Pippo Delbono, en escena, leyendo el texto micrófono y folios en mano, si bien con el timbre de voz acariciante de un narrador que nos contase un relato extraído de Las Mil y Una Noches, puede resultar efectivamente un recurso antiteatral, de distanciamiento – no hay creación de personaje ni se pretende, hay una narración externa salpicada de las imágenes y momentos que completan el espectáculo-.

37313525_10155404550576857_7901857754321518592_o

Se puede entrar más o menos en el código, sin duda, pero lo que tampoco hay que dudar es que esa técnica y ese estilo son buscados y meditados por Delbono, tal vez para crear una barrera con el público entre lo que se ve y lo que se narra, o incluso para aumentar el extrañamiento. Y, sin embargo, no cabe duda de que –al menos en mi caso- el particular estilo de Delbono para contar las cosas en absoluto me impidió ni dejarme llevar por la fuerza de las imágenes, ni valorar la hermosura poética del texto ni mucho menos captar la hondura, la profundidad de un mensaje doloroso escondido en un mundo de luz y color. Prueba incuestionable de que, si se logra entrar en el código que se propone- se puede realizar un viaje que se apoya en cuestiones poéticas y estéticas para acercarse más a un mundo de lo ético, que cuestiona puntos de vista y hasta convenciones sociales que aún hoy todos podemos revisar y replantearnos. Y es que, en esta apariencia de distanciamiento, en el fondo Delbono ha armado un espectáculo que que contiene un discurso tan fragmentario como coherente, más allá de lo textual. Y, si queremos ver La Gioia como un ejemplo de teatro inclusivo –se puede y se debe- he decir que es uno de los ejemplos más honestos de este tipo de teatro con los que me haya encontrado en bastante tiempo: porque busca una emocionalidad real, que las más de las veces fluye de las situaciones mismas –nunca de la lástima ni de la compasión que puedan despertar en el espectador estas personas/personajes- y porque emplea la inclusión dentro de una poética de discurso perfectamente coherente con el todo, no como una banalidad. Cualquiera con unos mínimos de sensibilidad, cualquiera capaz de desentrañar la brutalidad del mensaje que plantea Delbono entenderá que presentar a estos personajes como una parada de los monstruos no es más que una metáfora en la que hay que escarbar para llegar al fondo, al fango de la situación. Y que, después de todo, tal vez ellos –en su supuesta situación de riesgo- hayan encontrado un modo de expresión, una forma de felicidad que a nosotros – los acomodados, los cuerdos, los integrados, quién sabe…- nos quede lejos. La relatividad de la felicidad es de hecho otro de los grandes temas que aparecen en La Gioia. ¿Qué es entonces la alegría? ¿Cómo se alcanza? Son dos cuestiones que sobrevuelan toda la pieza.

37217177_10155404554906857_7760252326090113024_o

Como en todos los espectáculos fragmentarios –y particularmente en este que carece de hilo argumental, sino que aborda simplemente una temática central- hay momentos más y menos logrados. La Gioia tiene, por supuesto, caídas de ritmo, instantes susceptibles de mejora, momentos que bien podrían cortarse para darle al todo una mayor cohesión y un acabado por momentos irregular… Pero en aquellos momentos –muchos- en los que golpea los sentidos del espectador –ya sea a través de lo estético, de lo emocional, o la reflexión a la que conduce la suma del todo- regala momentos de una intensidad impagable.

5

Sin ser un espectáculo redondo –y con muchas cuestiones de forma que hay que asumir- sí podemos decir que La Gioia nos regala un inquietante juego de luz para asomarnos a la tiniebla; pero a una tiniebla relativa que seguramente nos haga replantearnos algunas cosas. El sentido de la alegría y la felicidad –como el sentido del teatro- seguramente sean cuestiones sin respuesta; y, aún así, La Gioia se aventura a trazar una aproximación a su significación. Y, como resultado, nos desasosiega y nos estremece; nos conmueve, tal vez porque lo desconocido e inexplicable, aquello que es inabarcable desde las palabras tiende a explicarse desde la esfera de lo emocional. Algo de eso hay en La Gioia.

H. A.

Nota: 4/5

La Gioia”, de Pippo Delbono. Con: Dolly Albertin, Gianluca Ballarè, Bobò, Margherita Clemente, Pippo Delbono, Ilaria Distante, Simone Goggiano, Mario Intruglio, Nelson Lariccia, Gianni Parenti, Pepe Robledo, Zakria Safi, Grazia Spinella. Dirección: Pippo Delbono. EMILIA ROMAGNA FONDAZIONE / PIPPO DELBONO COMPANY / THEATRE DE LIÈGE / LE MANÈGE MAUBEUGE- SCENE NATIONALE.

XXXIV Mostra de Teatro de Ribadavia. Auditorio do Castelo, 14 de Julio de 2018

‘Commedia (Un Xoguete para Goldoni)’, o con la risa como meta (25 años después)

julio 17, 2018

commediacartel.jpg

Espectáculo en lengua gallega

La 34ª edición de la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia acogió la recuperación de Commedia, emblemático espectáculo para la historia del teatro gallego, escrito y dirigido por Cándido Pazó, que se estrenase hace 25 años en este mismo festival y que entonces se acogió con grandísimo éxito tanto en Galicia como en todo el resto de España y parte del extranjero. Ahora, Contraproduccións recupera la función contando prácticamente con el mismo elenco que la estrenase hace un cuarto de siglo, dispuesta a emprender extensa gira para recuperar el éxito de entonces no solo para aquellas generaciones de público que no pudimos verla, sino también para los que la quieran recuperar. De la misma manera que en el momento de su estreno, el Auditorio del Castillo acogió esta recuperación, que a punto estuvo de quedar lastrada por una inoportuna llovizna que cayó en los momentos previos a la hora prevista, y que obligó a postergar notablemente la hora de inicio. A pesar de todo, Commedia volvió a la vida en Ribadavia 25 años después.

Commedia es un espectáculo que bebe, claro, del espíritu de la commedia dell’arte; tomando como base de su trama El Anillo Mágico, un canovaccio escrito por Carlo Goldoni en torno los primeros años de la década de 1760 que ubica a los personajes propios del género en una comedia de equívocos que plantea a su vez una reflexión sobre la existencia humana. Así, Arlecchino lee por error una carta de amor que cree destinada a su mujer; y creyéndose engañado toma la decisión de suicidarse arrojándose a un río. Pero segundos antes de que cumpla su propósito, una voz superior le disuade de la idea del suicidio y le entrega un anillo mágico que hace olvidar las penas a todo aquel que se lo ponga… Pero, además de las penas, también olvida su identidad, las de aquellos a los que conoce y por tanto también las convenciones sociales y las reglas por las que se rige el mundo, tales como el valor del dinero, las relaciones intrapersonales o la noción de dar algo a cambio de algo. Así, mientras su esposa Argentina busca a un marido al que cree muerto; el desmemoriado protagonista se enfrentará a la realidad mundana –bañada muchas veces de hipocresía- desde la ingenuidad del recién llegado, algo que servirá para poner sobre la mesa –dentro de los cánones de commedia dell’arte- una crítica desde la sátira a las convenciones que rigen toda relación humana. La aparición de muchos de los arquetipos de la commedia – tanto en personajes como en situaciones- y el consabido viaje del anillo mágico de mano en mano y de personaje en personaje, con la subsiguiente desmemoria súbita, terminan de armar las bases del enredo A fin de cuentas, El Anillo Mágico – base sobre la que se sustenta el material de Commedia– se ocupa de un mundo visto desde los ojos del ingenuo –en este caso Arlecchino en primera instancia; pero también cada uno de los personajes que van recibiendo el anillo- y quizás deformado en el que se nos ofrece un punto de vista básico – en favor de la comedia, claro- acerca de algo tan amplio como son las relaciones humanas. La ingenuidad del que desconoce plantea, desde luego, alguna conclusión tan ácida e irónica como al mismo tiempo interesante sobre la verdadera naturaleza de los sentimientos.

37126994_10155402984261857_354301348419731456_o.jpg

Para su montaje, Cándido Pazó se apoya en el recurso del metateatro y plantea la idea de un grupo de cómicos que llegan a un lugar para representar la pieza de Goldoni. Se mueve pues Pazó en un doble plano que separa actores y personajes; y que incorpora por ejemplo todo el espacio sonoro de la pieza creado en directo y a la vista del espectador –en uno de los recursos mejor resueltos y ocurrentes de la pieza-, así como la torpeza derivada de los egos de la propia compañía a la hora de repartir los roles, lo que depara alguna de las situaciones más hilarantes del montaje en su parte inicial – cuando un actor destinado solamente a ser músico exige una parte hablada que no existe en el montaje, produciendo varias interferencias en la continuidad de la trama hacia la búsqueda de su momento de gloria-. Así las cosas, puede que el recurso del metateatro esté ya muy visto; pero lo cierto es que aquí está integrado con la suficiente delicadeza como para no terminar convirtiéndose en un motivo central de la trama –cosa que acaba siendo el texto de Goldoni-. Se ha encontrado un delicado equilibrio entre el original y los añadidos –que pasan no sólo por esa vertiente metateatral; sino también por el propio tono del montaje, una serie de añadidos musicales, e incluso una serie de morcillas bien integradas y que beben mucho del espíritu del género de la commedia dell’arte– para levantar un espectáculo cómico y esencialmente festivo, que bebe de la influencia de la commedia dell’arte para llegar justo allá donde pretende: al entretenimiento y a meterse al público en el bolsillo por su honestidad, su eficacia y lo bien escogido de un elenco –tanto los veteranos como los nuevos- que maneja la técnica y los códigos y sabe perfectamente lo que se hace.

37158407_10155402985256857_5952928107953389568_o.jpg

Lo primero que hay que valorar de esta Commedia –que se ofrece casi en forma de réplica exacta del original; de manera que tal vez el autor haya perdido la oportunidad de introducir algún aspecto más crítico con el paso del tiempo: el rol femenino, por ejemplo, queda reducido a mera anécdota dentro de la trama- es lo bien que ha resistido los años. En absoluto parece antiguo, y sigue resultando gozoso para el público en la sencillez de su planteamiento. Tiene los mimbres de la commedia dell’arte bien armados –el recuerdo reciente, y por tanto inevitable, del Arlecchino de Strehler, que obviamente juega en otra liga, en absoluto me impidió disfrutar de este espectáculo- y, como digo, sabe perfectamente que su misión no es otra que la de hacer pasar un buen rato al público; desde unos prismas de commedia dell’arte en los que este espectáculo sentó cátedra en su momento en Galicia –y, de hecho, pocas o ninguna función se han visto en el teatro gallego íntegramente centradas en este género, como ocurre con esta, desde entonces- y que, sin llegar a cotas de excepcional, sí son notables y perfectamente válidos. Pazó controla bien el sentido del ritmo y la distribución de los diferentes planos, de manera que nunca se cae en el tedio y siempre se mantiene el entretenimiento; y el sencillo dispositivo escenográfico de Suso Montero –que juega en favor de los raudos cambios que exige a veces el montaje- sirve a los propósitos tanto del género como de la comedia misma. También se ocupa Montero del muy estimable vestuario y la caracterización: gran trabajo de máscaras, por ejemplo. En cuanto al apartado musical –del que se ha encargado Fernando Reyes y que adquiere aquí una importancia capital- en el conjunto, siento que funciona mejor el recurso de los efectos sonoros producidos en vivo y a la vista que el de introducir música – canciones- en la trama. Así y todo, hay que valorar positivamente y aplaudir esta recuperación que sigue resultando fresca después de tanto tiempo, que es oportuna y bien traída independientemente de que al texto se le pueda dar una vuelta de tuerca después de tantos años – recuerdo alguna otra recuperación reciente, sin salir de Galicia, que sí aprovechó el paso del tiempo para remodelar según qué asuntos de la trama- y aunque se hayan visto espectáculos – también históricos- de commedia dell’arte quizá más redondos o mejor acabados. Nada tiene que ver para considerar esta Commedia como un espectáculo pionero que tantos años después sigue teniendo armas y herramientas suficientes como para cautivar al público, porque mantiene gags y momentos inolvidables.

37129419_10155402989906857_6952440725141192704_o.jpg

Reunir prácticamente al mismo elenco del estreno de 1993 como ha sucedido aquí –y más en una función de este género tan concreto, que exige del reparto unas capacidades físicas y gestuales muy concretas- es casi una proeza. Y, sin embargo, hay que señalar que gran parte del éxito de este espectáculo reside precisamente en un elenco que tiene bien integrado el montaje con el paso de los años; y que demuestra que disfrutan como niños con lo que hacen. Los veteranos mantienen un nivel de técnica y forma verdaderamente admirable, y todoss funcionan: Desde el Arlecchino de Víctor Mosqueira –componente del emblemático dúo cómico Mofa e Befa, cuyo regreso a este rol puede verse como un regreso a los orígenes de esa técnica que tantas veces hizo suya en otros montajes: un goce- hasta el bien cincelado Pantalone de Marcos Orsi –de una hipocresía cincelada con consabida suavidad y huyendo con habilidad del artificio-, o el Brighella de Avelino González –en una forma física verdaderamente envidiable, entregado a toda una serie de saltos y volteretas muy propias del género que ejecuta con real facilidad-. Que a la Argentina de Nuria Sanz le falte un punto más de presencia seguramente sea más motivo de la estructura misma del texto que de la actriz, que se desenvuelve bien en un rol con menor recorrido que los de sus compañeros. Entre los nuevos, destacable incorporación de César Goldi –que se lleva el que seguramente sea el gag recurrente más memorable del montaje, cantinela incluida que es imposible no reproducir una y otra vez en la cabeza- y sorprendente y muy desenvuelto Sergio Zearreta en un código de sátira muy bien integrado como el petulante militar al que se le va la fuerza por la boca – y también como el actor que lucha por integrarse en el proyecto como sea-: es no solo uno de los mejores trabajos del montaje, sino también uno de los más redondos que le haya visto a este actor.

37135328_10155402989276857_7892029688032264192_o.jpg

El público ríe gustoso, aplaude y se lo pasa en grande con un espectáculo que ha envejecido bien, se mira como algo más que una mera reliquia recuperada y tiene la honestidad de no buscar otra cosa que un divertimento que consigue. Y, normalmente, cuando un espectáculo sabe hacia dónde va, gran parte del éxito está garantizado. Una comedia tan sencilla como gustosa, que posiblemente cause el mismo efecto – quizás a falta del factor sorpresa- hoy que hace 25 años en el momento de su estreno. Integrar guiños a la actualidad seguramente redondearía un espectáculo que, sin embargo, divierte, entretiene y se ve con agrado.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

Commedia (Un Xoguete para Goldoni)”, dramaturgia y trabajo textual de Cándido Pazó a partir de Carlo Goldoni. Con: Víctor Mosqueira, Marcos Orsi, Nuria Sanz, César Goldi, Avelino González y Sergio Zearreta. Dirección: Cándido Pazó. CONTRAPRODUCCIÓNS /  XXXIV MOSTRA INTERNACIONAL DE TEATRO DE RIBADAVIA.

Auditorio do Castelo Rubén García (Ribadavia), 14 de Julio de 2018