Saltar al contenido

‘Jerusalem’, o en el oscuro corazón del bosque

febrero 13, 2020

jerusalem cartel

Desde su estreno en Londres en 2009, Jerusalem –un texto de Jez Butterworth- no ha dejado de cosechar premios. Obra mastodóntica – nada menos que catorce personajes, tres horas de duración y una enorme cantidad de simbología escondida en el texto- requiere ante todo de un actor carismático, capaz de echarse a la espalda un personaje central extremo y larguísimo, como es Johnny Byron “El Gallo”, sobre el que gira toda la situación –mejor decir situación que trama-. Sir Mark Rylance protagonizó la función en su estreno absoluto; y ahora Pere Arquillué encabeza el amplio elenco de esta ambiciosa coproducción entre el Teatre Romea, el Festival Grec y el Centro Dramático Nacional; que hace temporada en el teatro Valle-Inclán madrileño tras haber causado verdadera sensación en Cataluña. Y, a decir verdad, hay que tener muchos factores en cuenta: no se ha escatimado en medios para levantar una producción de gran calado –aunque no todo funciona como debería- y la complejidad del texto –casi inasible en una única visión- acaba pasando algo de factura a un espectáculo indudablemente importante.

jerusalem1

Días previos a la Festividad de San Jorge en la campiña británica. Tiempo de feria. Jonnhy Byron “El Gallo”, una especie de profeta mesiánico con marcado gusto por la bebida, la droga y la vida libre, que se ha adueñado del que él llama su bosque plantando en él su caravana recibe la enésima orden de desalojo por parte de la autoridad: tras hacer caso omiso de varias citaciones, en 24 horas le sacarán de ahí por la fuerza. En pleno bullicio de la feria, a la caravana del Gallo llega toda una caterva de personajes –varios menores que huyen de sus casas, el dueño de un garito de dudosa reputación, un profesor…- buscando sosiego y probar los placeres que este dealer de medio pelo les ofrece. También se rumorea la reciente desaparición de Phaedra, la joven Reina de Mayo que debe abandonar su reinado y coronar esa misma noche a la nueva reina; pero que falta de su casa desde hace días. Durante más de una hora, conocemos el modo de vida excesivo y liberal que capitanea El Gallo Byron; y las tristes y vacías vidas de aquellos que siguen su doctrina, pobres diablos de todas las edades pero todos sin oficio ni beneficio y en busca de un futuro mejor que quizá esa visión utópica del mundo que ofrece el protagonista les pueda alcanzar. Jez Butterworth se lo toma con verdadera calma a la hora de dibujar una especie de rave de dimensiones desaforadas –ocupa gran parte de los dos primeros actos- que plasma las diferentes caras de una sociedad sin futuro, sin esperanza, cuyo única salvación tal vez sea evadirse. Por eso acuden todos allá donde está “El Gallo” como si fueran apóstoles de un Mesías contemporáneo que arrastra y engatusa sin remedio. Entre bailes desaforados, alcohol, droga y violencia –podemos pensar en el teatro in-yer-face o incluso en la violencia negra y cómica de las piezas de Martin McDonagh-, el Gallo promulga su doctrina, plagada de ecos druídicos, conectados con el pasado más ancestral de ese bosque, con el mundo mitológico y con un simbolismo típicamente británico – no en vano, la obra se titula Jerusalem por el himno de Parry sobre un poema de William Blake que es un auténtico emblema patriótico británico; y los versos de Blake, como los de Walt Whitman, pululan constantemente por este universo-. Pasada una hora y pico de presentación de personajes y ambiente; arranca la verdadera trama –recordemos que la pieza se prolonga por tres horas- en la que Johnny Byron tendrá que enfrentarse al mundo real: el mundo que existe fuera de ese bosque lisérgico del desfase, el que implica a su familia y a los asuntos legales que tenga que enfrentar. En un principio, el Gallo – como auténtico antisistema que es- optará por resistir a toda costa, arrastrando con él a todos sus seguidores… Pero ¿hasta dónde llegan sus niveles de resistencia? ¿Es este nuevo Mesías realmente un tipo al que seguir cuando las cosas se ponen feas? Y, sobre todo: ¿Qué se esconde en el oscuro corazón de ese bosque del que el Gallo es dueño y señor?

jerusalem2

Intuyo que Jerusalem es, desde luego, un texto que posee tantas capas que no se puede captar en toda su amplitud de una sola vez. Por su extensión, por su ritmo lento, por el afán del autor en pintar una estampa social bastante particular –pesa más la caracterización de los personajes que la trama en sí misma- y por todo el potencial alegórico que encierra. A medio camino entre la comedia ácida y negra y el drama épico, la campiña británica desfasada que pinta Butterworth podría ser prima-hermana de un buen puñado de piezas del teatro angloirlandés; pero también de lo que hoy podría ser el esperpento valleinclanesco visto desde otro lugar. Por momentos una fábula terrible – las referencias al Flautista de Hamelin son constantes-, a veces una alegoría religiosa –el Gallo como una sucia comparativa de ese Jesucristo al que unos pocos siguen pero la mayoría quiere fuera-, conecta además con la tradición más puramente británica en gran parte de los símbolos que contiene y, una vez que nos ha metido de lleno en el terreno de la comedia corrosiva –porque contiene un buen ramillete de perdedores a los que mira sin compasión alguna- se convierte de pronto en un intenso drama social. Es, como digo, imposible, valorar la cantidad de referencias que aparecen a lo largo de las tres horas de función; y, sin embargo, también está escrita en un lenguaje directo y accesible como para que cada uno decida hasta qué capa quiere llegar. En su voluntad de grandiosidad, toda esa amplísima sección inicial –una hora y veinte minutos de un espectáculo de tres- que busca representar la rutina de tan particular caterva empieza siendo curiosa de ver – hay suciedad, gritos, desorden y puede llegar a estresar tanto ese exceso como la ausencia inicial de trama: las dos intervenciones musicales de Phaedra son, de hecho, una verdadera bombona de oxígeno para el espectador- pero acaba resultando bastante morosa. Tanto que puede llegar a desenganchar al espectador; aún entendiendo la complejidad que debe tener realizar toda esta sección inicial. Será la irrupción de la familia del Gallo en escena –cuando aun queda más de media hora para la única pausa, situada a las dos horas de función- la que eche a andar la verdadera trama; y la que vuelva a conectar al espectador con una historia que mejora en su segunda parte y deja para el desenlace algunos momentos verdaderamente épicos. Entendemos que el autor busca plasmar un retrato social de rutina desaforada; pero el conjunto acaba resultando excesivo a todas luces. Intuyo que se podría haber contado casi lo mismo con casi una hora menos de función.

jerusalem3

Lo mejor de Jerusalem, desde luego, es el retrato de su personaje principal. Johnny El Gallo Byron: antisistema, excesivo, enorme en todos los aspectos; y siempre suscitando en el espectador una duda razonable. ¿Ante quién estamos? ¿Es el Gallo una especie de Falstaff contemporáneo que simplemente aboga por la buena vida como salida a una sociedad podrida que se derrumba? ¿Es un embaucador? ¿Hacia dónde van sus verdaderas intenciones al arrastrar consigo a menores y pobres diablos? ¿Busca su salvación o su perdición? En dilucidar de qué palo va puede que esté lo más interesante de un texto que, pese a contar con más de una docena de personajes y tomarse un buen rato en escenificar la rutina, solo construye un perfil pleno y completo: el de su protagonista. De algún modo podríamos decir que Butterworth mira a una sociedad corrompida a través de de los ojos de un perfil particularísimo; y tal vez sea por eso por lo que la función crece y mejora cuando se van dejando progresivamente de lado los personajes secundarios –muchas veces de bocadillo, por más que sean largos- para centrarse en la figura épica, a un mismo tiempo lúcida y tronada, del Gallo Byron. Desde luego que Jerusalem es más que interesante en su complejidad –y va a más, que también es importante-; pero tengo la sensación de que sobra buena parte del metraje. Personalmente conecté más con la segunda parte –que contiene el tercer acto- que con la primera – que abarca los actos I y II-. Si con algo hay que quedarse del texto es, sin duda alguna, con la espectacular escena final, que enfrenta al Gallo Byron con su hijo en un momento realmente épico: se mire por donde se mire, es una escena de gran teatro.

La puesta en escena de Julio Manrique es de corte grandilocuente. Nació para representarse en un auditorio al aire libre, y tal vez por eso la escenografía de Alejandro Andújar –que incluye una campiña, la caravana del Gallo y toda una serie de elementos escénicos de fuerte carga simbólica, conectados siempre con lo ancestral y lo natural, rasgos tan presentes en el texto- se quede un poco corta de fondo –se cierra con una especie de telar, visualmente pobre, que contrasta con el hiperrealismo del resto-. No faltan los fogonazos de luz –las luces de Jaume Ventura se mueven bien a medio camino entre lo bucólico y la tiniebla- y el variadísimo vestuario de María Armengol pasa de lo casual a lo pintoresco en un abrir y cerrar de ojos. No ha de ser una función fácil de dirigir – sobre todo ese inicio tan sucio como moroso-, y Manrique la sirve bien de ritmo: pausada cuando así debe serlo y excesiva cuando el frenesí de los personajes lo pide, confiando en que el espectador conecte de algún modo con la peculiar estructura de una pieza que muestra muchos altibajos en su contenido. Desde luego que la puesta en escena es visualmente atractiva, y Manrique controla bien el movimiento de masas; pero, los mejores momentos –como sucede con el propio texto- llegan cuando el protagonista muestra su cara más decadente y melancólica; e incluso con las apariciones de una Phaedra –la niña desaparecida- mitad real y mitad espíritu embutida en un oportuno vestido de princesa. No hay que perder la vista que el montaje se estrenó en catalán y se representa ahora en castellano; pero hay que señalar que la traducción que firma Cristina Genebat tiene varias erratas notables –en castellano es improbable decir “autos de choque” o “se puso de cuatro patas”, por citar dos ejemplos: hay algunos más en esta línea-.

jerusalem4

Requiere Jerusalem de un actor inmenso que levante la función; al mismo tiempo que exige un amplio elenco que se encargue de todos los personajes que rodean al Gallo y que, sin tener tanto peso, sí tienen presencia constante en una función que por momentos puede resultar muy coral. No cabe duda de que Pere Arquillué aporta al protagonista gran entidad y es el verdadero motor de la propuesta: se lanza al vacío con una interpretación salvaje, que se regodea en todo ese exceso mesiánico que pide el personaje a gritos y asume un trabajo no solo largo, sino de gran exigencia física, dando sobrada muestra del compromiso que adquiere con la pieza. Resulta francamente estimulante ver al actor entregado al personaje casi hasta el paroxismo en una función tan larga que maneja sin despeinarse; pero es en esos instantes finales –desde que sale de la caravana dispuesto a asumir lo que viene y tiene una charla final con su hijo- cuando realmente explota el grandioso actor que es. Las escenas finales, lo digo de nuevo, contienen una épica y una emoción que justifican ver todo lo anterior solo para llegar ahí. Más aún cuando el resto del nutrido reparto es realmente irregular en sus intervenciones –no por más breves menos importantes-. El elenco más adulto cumple con eficacia: desde el Wesley de Albert Ribalta al carismático profesor de Víctor Pi; o unos David Olivares y Chantal Aimée que doblan personajes – breves pero fundamentales para el desarrollo- que acogen con gran solidez. De entre los más jóvenes, hay que destacar al estupendo colgao que resulta el Ginger de Marc Rodríguez, en su punto justo –y con bastante empuje en sus últimas apariciones- y las bellísimas intervenciones de la Phaedra de Elena Tarrats, que canta maravillosamente y es una bendición enn el desfase de la primera parte. El resto del elenco –Guillem Balart, Clara de Ramon, Anna Castells y Adrián Grösser– se ocupa de papeles de bastante extensión en la desaforada primera parte, con fortuna desigual, a veces por debajo de lo esperado; desluciendo a veces esas complicadas escenas de conjunto que ocupan el grueso de los dos primeros actos. Hay además un niño que interviene puntualmente dando vida al hijo del Gallo en un par de escenas: se turnan Pablo Carretero, Tomás Pérez y Robert Plugaru, sin que el programa de mano nos especifique quién lo aborda cada día.

jerusalem5

No podemos dejar de tener en cuenta la enorme complejidad que entraña todo en esta función plagada de exceso: el montaje es enorme, el texto es enorme y se requiere un actor enorme para capitanear el barco; un actor con el que además se cuenta. Y no cabe duda de que Jerusalem es tan densa como interesante; por más que al texto le sobre un buen puñado de metraje y algunas interpretaciones secundarias puedan rebajar el nivel de un conjunto en el que brilla con luz propia un Pere Arquillué que se deja la piel en hacer del Gallo un personaje memorable. Si exasperados por la falta de acción de la primera parte se plantean abandonar en la pausa, mi consejo es que resistan: el tercer acto contiene algunas de las mejores escenas de la función; y varios momentos de gran teatro.

H. A.

Nota: 3.35 / 5

Jerusalem”, de Jez Butterworth. Con: Pere Arquillué, Marc Rodríguez, Adrián Gösser, Víctor Pi, Albert Ribalta, Anna Castells, Clara de Ramon, Elena Tarrats, Guillem Balart, Chantal Aimée, David Olivares y Pablo Carretero ó Tomás Pérez ó Robert Plugaru. Dirección: Julio Manrique. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL / TEATRE ROMEA / FESTIVAL GREC DE BARCELONA 2019

Teatro Valle-Inclán, 6 de febrero de 2020

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: