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‘La Gran Ofensa’, o ¿existen los límites del humor?

enero 31, 2020

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Como mínimo curiosa la propuesta que se presenta en horario nocturno en el Teatro Lara. La Gran Ofensa es una comedia de Dani Amor, Oriol Pérez, Serapi Soler y Cristian Valencia –que coproducen El Terrat y La Bendita Compañía- que reflexiona sobre temas de máxima actualidad: ¿Existen límites en el humor? ¿Se puede imputar a alguien por un chiste? ¿Debemos tratar a los espectadores como material sensible? ¿Quién decide dónde están los límites que no se deben traspasar? Desde luego son asuntos que todos hemos visto recientemente o en las noticias –varios cómicos han sido denunciados o despedidos últimamente por su humor: ahí están Dani Mateo, David Suárez o Carlos Santiago, por citar algunos casos- o incluso en las marquesinas de la mayoría de los teatros cuando nos advierten de que “el espectáculo contiene desnudos, lenguaje obsceno e imágenes que pueden herir la sensibilidad del espectador”–advertencia cada vez más frecuente en nuestros teatros, un asunto sobre el nos invitó a reflexionar en su día Amanda H.C. en Proyecto Dúas-.

El equipo que presenta La Gran Ofensa aprovecha la fórmula de la comedia para reflexionar sobre todos estos límites; en una propuesta de corte comercial pero no exenta de cierto interés: no hay más que ver lo que le cuesta a parte del público reírse ante algunos de los chistes que contiene la función. Y es que ¿Dónde están los límites? En este juicio sumarísimo solo el espectador decidirá si nuestros protagonistas son culpables o inocentes, al mismo tiempo que cada uno deberá decidir cuáles son sus límites ante lo que acaba de ver.

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Sergio y Bernat son un equipo artístico que se debate entre mantenerse en el circuito off teatral o dar el gran salto a la televisión comercial. En medio del precario panorama del teatro alternativo, les surge una gran oportunidad: van a presentar uno de sus monólogos –escrito por uno e interpretado por el otro- en el Late Motiv de Movistar +. Llega el ansiado día y vemos el monólogo, que incluye una retahíla de chistes de sentido del humor digamos incisivo: xenofobia, enfermos de cáncer, discapacitados… Nada de salva del humor de la pareja. La punta del iceberg la pone un chiste que compara los sanfermines con los brutales atentados de Cataluña en 2017. Y, a pesar de todo, todo es jolgorio para Sergio y Bernat, que saborean las mieles del triunfo tras su aparición televisiva. Hasta que descubren que Mateu –que pertenece a una asociación de afectados por los atentados, en los que se ha quedado paralítico- les ha denunciado precisamente por ese chiste final. Será entonces cuando contraten a María Pilar –una abogada visiblemente enganchada a sustancias poco recomendables- para que les defienda de la denuncia que les podría llevar a la cárcel por un chiste… pero por un chiste de los que no hacen ninguna gracia. ¿O tal vez sí? ¿Qué estrategia deben seguir? ¿Cómo liberarse de la cárcel? ¿Quién tiene la razón? ¿De parte de quién está la opinión pública ante un asunto que tiene todas las papeletas para mediatizarse en redes sociales? ¿Es Mateu, el denunciante, realmente una víctima o puede tener tanta mala leche como ellos? Solo los espectadores decidirán el futuro de la pareja.

Desde luego que lo que plantea La Gran Ofensa es interesante; por más que podamos pensar que la pieza –que se apoya en la comedia para pegarle un buen repaso a la sociedad- acaba siendo más blanca de lo incisiva que pretende ser. Si bien es cierto que durante la representación se ironiza con toda una serie de cuestiones incómodas y políticamente incorrectas –mediante una estructura que busca el poder del gag-, también se ha evitado –seguramente de forma consciente- ironizar sobre algunos colectivos que actualmente puedan resultar más sensibles, al menos en la actualidad; por más que eso no quite para que la función dispare sin cortarse sobre algunos temas. Pero, sin embargo, desde mi punto de vista, nunca llega a incomodar ni busca incomodar, al menos al gran público. Es, en esencia, una comedia sobre los límites del humor que busca más que el espectador reflexiones sobre dónde están para él sus límites antes de hacer que se sienta revuelto en la butaca por el tipo de chistes que contiene. Al menos desde mi punto de vista; porque no se puede negar que, hacia el principio de la representación, se nota una cierta tensión en el patio de butacas: al respetable le cuesta reírse de los primeros chistes –es cierto que al principio el bombardeo es especialmente pronunciado- hasta que la tensión se relaja y asumimos a qué estamos jugando. Una vez que esto ocurre, la gente se relaja, se ríe; y sale a la luz la verdadera naturaleza de esta comedia.

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En otro orden de cosas, se agradece que en el dibujo de los personajes surjan perfiles que nos hagan dudar sobre el juego de buenos y malos. De partida podríamos juzgar a Sergio y Bernat por su particular sentido del humor, aunque quizá su mayor defecto sea lo pagados de sí mismos que están –esa pátina de artistas incomprendidos que arrastran para justificar a toda costa su falta de éxito y convertir su denuncia en una plataforma propagandística: ¿a cuántos artistas así nos habremos encontrado?-; pero pronto veremos que María Pilar –la abogada, la ley- tiene adicciones; y que Mateu –la víctima del atentado terrorista que pone la denuncia- tiene unas marcadas convicciones nacionalistas que podrían no ser del agrado de todos. Ante ese panorama ¿de parte de quién ponerse? Difícil considerarlo. Pero, además, el texto de Dani Amor, Oriol Pérez, Serapi Soler y Cristian Valencia se ríe de una serie de tópicos bienintencionados que, efectivamente, están patentes en la sociedad en la que vivimos –la falta de accesibilidad, la forma en la que la gente se dirige hacia una persona con discapacidad, sea esta cual sea…- que nos demuestra que, efectivamente, esto es más amplio que los límites del humor. O tal vez no, porque la parodia de los tópicos crea también humor en sí mismo. En cualquier caso, la pieza se ve con agrado y, desde luego, no busca incomodar sino reírse de esa incomodidad manifiesta. Desde mi punto de vista podría haber sido aun más incisiva; pero entiendo tanto el tipo de producto que maneja como el debate que plantea, y no se puede negar que logra una incomodidad palpable de inicio en parte del público. Desde luego, siendo una comedia de corte comercial –no pretende ser otra cosa- consigue abrir un debate: ya es una virtud.

La puesta en escena –de Oriol Pérez y Serapi Soler– se vale de todas las herramientas propias de este tipo de comedias, con escenografía sencilla, y montaje apoyado ante todo en la rapidez de los diálogos y el peso del gag y del actor; además, integra la platea en el desarrollo de la función, algo que siempre es muy del gusto del público que asiste a este tipo de funciones. Como tal, funciona bien; y el cuarteto actoral –que forman Dani Amor, Artur Busquets, Betsy Túrnez y Cristian Valencia- sabe cómo manejar el código –montando las caricaturas justas; sin pasarse del tiesto para que la parodia funcione como tal- sacando el mejor rendimiento de la comedia: no hay que olvidar que no por ligero es un género sencillo de hacer; y aquí el género está bien hecho por unos actores que saben cómo se hace. No cualquiera sirve para esto.

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No podemos negar que el montaje establece una marcada complicidad con el público, más difícil aun si se tiene en cuenta que partimos de una variante particular de extrañamiento: la de la incomodidad. Se vence esa incomodidad, se entra a la risa y se acaba empatizando con lo que hay en el escenario, si bien está bastante clara la conclusión a la que se quiere que el público llegue – no, no debería haber límites ni en el humor ni en la ficción-. Sin perder de vista que es bastante más compleja que otras comedias hermanas por el tipo de género –dado todo lo que conlleva- también hay que señalar que prefiere mover a la reflexión que a la incomodidad y que, aun poniendo sobre la mesa cuestiones espinosas para hacer humor sobre ellas, también evita otras ante las que gran parte del público quizá hubiera puesto –más- el grito en el cielo. En cualquier caso, es bastante entretenida.

H. A.

Nota: 3/5

La Gran Ofensa”, de Dani Amor, Oriol Pérez, Serapi Soler y Cristian Valencia. Con: Dani Amor, Artur Busquets, Betsy Túrnez y Cristian Valencia. Dirección: Oriol Pérez y Serapi Soler. EL TERRAT / LA BENDITA COMPAÑÍA.

Teatro Lara, 23 de enero de 2020

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