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‘Desayuna Conmigo’, o ni contigo ni sin ti

enero 19, 2020

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Desde luego que el estreno en Madrid de Desayuna Conmigo –nueva pieza del catalán Iván Morales- venía avalado por el enorme éxito que ha tenido en todas partes Sé de Un Lugar, la que hace ya unos años hizo de su autor un nombre a tener en cuenta. Aquella entusiasmó a todos, conoció varias versiones y revisiones – se ha montado en varias de las lenguas cooficiales del estado- y todavía permanece en el recuerdo. Quizá sea por eso que la expectativa a la hora de conocer un nuevo texto propio –en este tiempo sólo le había visto dirigir un montaje de Wasted, de Kate Tempest; pero no textos de su propia autoría- estuviese disparada, máxime cuando el autor reconoce que este es su texto más personal. Y, sin embargo, Desayuna Conmigo nunca consigue ser más de lo que parece a primera vista: un melodrama contemporáneo de parejas cruzadas que revisa las relaciones personales de un grupo de personas en crisis existencial en su primera madurez. Una premisa que se ha visto una y mil veces con mayor o menor fortuna tanto en teatro –la estupenda Closer, muy por encima de esta- o en cine –¿cómo no pensar en Love Actually?-; con lo cual, aunque no sea algo novedoso, uno podría esperar de Desayuna Conmigo ciertos giros o manejos de la estructura dramática que conviertan la pieza en algo especial. Y, sin embargo, Iván Morales no logra más que quedarse ahí: en una especie de melodrama contemporáneo de parejas cruzadas –y unidas por la casualidad- que intentan manejar su incapacidad para gestionar sus propios sentimientos. Todo ello durante 100 minutos que resultan demasiado tiempo para una historia que no escapa de ciertos tópicos y en la que uno espera una explosión, un giro sorpresa que –sin embargo- nunca llega.

Sergi es un fisioterapeuta que está tratando a Natalia –que ha sufrido un grave atropello que casi le cuesta la movilidad de las piernas- y comparte confidencias con ella: se conocen de antes, no cabe duda; y, entre ambos –en apariencia dos lobos solitarios- hay una complicidad visible que antes o después podría acabar estallando en algo más. Por otro lado, Salva es un músico trasnochado con todos los tópicos imaginables –farlopero, borracho, amargado y con un puntito de violencia…-; que sobrevive a base de componer hits de dudosa calidad musical y que añora a Burt Bucharach. Sumemos además a Carlota, una cantante que trabaja con Salva y que es pareja de Sergi, debatiéndose entre la monotonía de su vida en pareja –no en vano el fisioterapeuta le propone alejarse al campo para intentar salvar su relación- y las expectativas de un potencial musical que no queda del todo claro. Sobra decir que pronto descubriremos que Salva y Natalia se conocen –¿se imaginan de qué?- y que Carlota siente una fascinación casi enfermiza por Salva… casi idéntica a la que siente Salva por Natalia que, a su vez, podría reordenar su vida con Sergi, que ve como la relación con Carlota se le escapa de las manos… Relean todo esto, háganse una composición de lugar y ahí tienen la trama de Desayuna Conmigo. Efectivamente, parejas cruzadas en crisis que se afanan en encontrarse a una edad en la que quizá ya deberían haberlo hecho hace tiempo; y que nos regalan impresiones –un puntito verborreicas- sobre el amor, la esencia del otro y la vida. Todo ello en conversaciones de a dos hasta que al final –por supuesto- todos se encuentren y la cosa salte por los aires.

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Desde luego que Desayuna Conmigo argumentalmente no es nada nuevo bajo el sol; pero esto no tendría por qué ser un problema si el enredo se manejase con destreza. Morales se toma su tiempo en presentar a los personajes y las relaciones que se establecen entre ellos; y le damos ese tiempo – con un poco de impaciencia- esperando algún conflicto que nos enganche una vez que el quién es quién está del todo claro. Pero el verdadero conflicto nunca llega más allá de todos los tópicos que ustedes puedan esperar de una historia así. Es verdad que la pieza no está del todo mal dialogada –salvo en aquellos momentos en los que los discursos se vuelven demasiado, digamos, sobrecargados-, manteniendo algún golpe, y que los traumas emocionales que arrastran los personajes podrían haber dado algo más de juego; pero, sin embargo, el autor nunca llega a explorar los vacíos existenciales de los cuatro protagonistas con el suficiente detenimiento. Quizá sea esa falta de definición la que nos distancie, nos impida empatizar con los personajes. El ritmo es fundamentalmente lento y, después de esperar un buen rato a que se nos vayan haciendo las presentaciones; el tedio acaba invadiéndonos una vez que nos vemos venir la historia a kilómetros y que las cosas que esperamos, efectivamente, van ocurriendo. La sensación final no es tanto la de una mala historia –estamos ante una historia corriente-, sino más bien la de que el autor emplea demasiado tiempo para contar más bien poca cosa. Cierto que Sé de un Lugar también se ocupaba de lo cotidiano; pero acababa consiguiendo una complicidad con el espectador –por el buen dibujo de unos personajes de lo común- que aquí ni está ni se espera. Los personajes de Desayuna Conmigo son menos ricos, más previsibles, bastante acartonados.

Como sucedía en Sé de un Lugar, el autor plantea una puesta en escena circular en la que el público rodea el espacio escénico y los personajes se adueñan ocasionalmente de las gradas para integrarlas en la acción. Curiosamente, esta disposición que podría parecer que beneficia la visibilidad la acaba perjudicando, toda vez que la iluminación puede deslumbrar según qué ángulos y las escenas que transcurren en la grada no son visibles desde cualquier punto –la conversación entre los dos hombres en el bar tuvo lugar literalmente detrás, de mí, teniendo que escucharla en ciego-. Además, esta estructura que en Sé de un Lugar era novedosa – y se aprovechaba para la interacción- aquí se convierte más bien en técnica recurrente; y no termina de entenderse bien qué aporta en fines dramáticos –dado que aquí hay mucha menos interacción. La técnica de construir los distintos espacios en los que transcurre la acción con pocos elementos es útil, pero las transiciones se demoran en demasía.

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El cuarteto actoral es sólido, y da todo cuanto tiene el servicio de la función: posiblemente aquí esté el mayor interés de la propuesta. Xavi Sáez clava ese positivismo aparente de Sergi, el fisio, aunque algo nos hace sospechar que la procesión va por dentro y podría estallar en cualquier momento – algo en su cuerpo es pura tensión-; del mismo modo que Andrés Herrera se mueve cómodo y convincente en la violencia amargada de Salva, el mítico perdedor. Entre las mujeres, la Natalia de Anna Alarcón acierta a llevar con diplomacia todo lo que tiene encima; mientras que Aina Clotet – por momentos muy justita de proyección de voz, incluso en un espacio tan íntimo como este- se las ingenia para construir un personaje que, ya desde el punto de partida – tarda tranquilamente media hora en intervenir- aparece bastante más desdibujado que el resto: esto lo da la propia escritura. En cualquier caso, en el trabajo de los cuatro actores está el punto más interesante de la función, sin duda alguna.

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No es que Desayuna Conmigo sea un desastre, ni mucho menos; pero se nos queda muy corta a la vista de las expectativas que había generado la anterior propuesta de Iván Morales. Lo que aquí se nos muestra es una comedia dramática de parejas cruzadas que se ocupa de las crisis existenciales de personajes contemporáneos que no escapan a un buen puñado de tópicos por más que las interpretaciones sean interesantes. Y, lo diré una vez más, el conjunto es demasiado extenso para la historia que nos tiene que contar.

H. A.

Nota: 2.25 / 5

Desayuna Conmigo”, de Iván Morales. Con: Anna Alarcón, Aina Clotet, Andrés Herrera y Xavi Sáez. Dirección: Iván Morales. LosMontoya (pantalla&escena)

Teatro de la Abadía, 9 de enero de 2020

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