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‘Barcelona Contra la Pared’, o ¿somos ciudadanos libres?

diciembre 18, 2019

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Con su anterior montaje Ragazzo –que pudimos ver en el contexto de la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia- la directora y dramaturga Lali Álvarez llamó la atención de todos por crear un teatro comprometido, de fuerte connotación política; y, sobre todo, por exprimir al máximo las posibilidades de su único actor –Oriol Plá- para llenar de verdad y agilidad el relato. Si entonces se ocupaba de los disturbios de Génova 2001 –a partir del caso real de Carlo Giuliani-, con su nueva propuesta va más allá: Barcelona Contra la Pared es un espectáculo inmersivo que insiste en una vocación de teatro político, documental y comprometido; pero que se ocupa esta vez de tres casos reales ocurridos en Barcelona para lanzar una mirada sincera, crítica y panorámica a la realidad de la ciudad en la pasada década mediante hechos que no solo ponen claramente en duda ese carácter libre y cosmopolita por el que se ha conocido Barcelona, sino que denuncian directamente abusos de poder contra los derechos y libertades de las personas. Tres pedazos de realidad convertidos aquí en ficción documental que nos permiten reflexionar sobre si realmente somos ciudadanos libres o no: ante nuestras narices, salpicándonos con ellos y sin poder apartar la mirada. Porque en Barcelona Contra la Pared se va de lo particular a lo general: lo que aquí ocurre pertenece a Barcelona; pero podría llegar a ocurrir en otro momento, en otra ciudad, a cualquiera de nosotros. Ahora, después del éxito en Cataluña, llega al madrileño Teatro del Barrio donde hace breve temporada hasta el 22 de diciembre.

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Accedemos a la sala diáfana, reconvertida en un espacio a medio camino entre un pub y una discoteca. Se nos invita a sentirnos libres para hacer lo que queramos, ocupar el espacio como queramos, beber cerveza o bailar. Estamos en una fiesta en la que dejarnos llevar y sentirnos libres, y es importante que el ambiente de fiesta se imponga y nos impregne a todos El público se puede mover a su gusto por el espacio durante toda la representación, del mismo modo en que se mueven los actores; y escoger dónde fija su atención en cada momento. De pronto, desde lo alto de un graderío, una joven, visiblemente tensa, describe un skyline de Barcelona, al mismo tiempo que su texto se salpica de ideas fundamentales de la Constitución. Poco después, surge de la barra del bar un joven que nos enumera esas bellezas y esos placeres que todo buen ciudadano o todo buen turista reconoce y recuerda en Barcelona. Dice que, después de todo, estamos en una fiesta; y a nadie le importa que nos cuente su verdadera historia, la parte fea, lo que le ocurrió. O quizá sí… El inicio de su relato es, de algún modo, el pistoletazo de salida de una fiesta regada de cerveza y baile en la que, sin embargo, vamos descendiendo progresivamente y sin poder evitarlo a las zonas más oscuras de la sociedad; aquellas donde el poder coarta las libertades que, en apariencia, la Constitución nos concede.

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Desde un lugar tan crítico como distendido –porque en los relatos no subyace un especial rencor, sino una mera exposición de los hechos como realidades que son- Barcelona Contra la Pared se limita a exponer casos reales y salpicarlos de toda una serie de derechos universales, derechos constitucionales e irregularidades legales que han ido provocando que ciertas cosas que deberían cumplirse no se hayan cumplido, aplicando las consecuencias sobre inocentes. Pero… entonces ¿Por qué siguen sucediendo algunas cosas? Y, sobre todo ¿Qué deberíamos hacer para que no sigan sucediendo? Planteando los hechos, Barcelona Contra la Pared deja esas preguntas en el aire, interpela directamente al público asistente y dialoga con él. Y, la última pregunta que surge viendo la pieza seguramente sea la que da título a esta reseña: ¿Somos realmente ciudadanos libres? A juzgar por lo que se ve aquí, parece que el peso del poder sigue siendo determinante.

A partir de investigaciones documentales –con la colaboración de Amnistía Internacional o Irida (Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Barcelona- Lali Álvarez ha construido una dramaturgia que se arma en torno a tres casos reales: el de Rodrigo Laza en el Caso 4F –acusado en 2006 de agredir a un agente de una pedrada, causándole un daño cerebral adquirido y encarcelado durante años pese a que nunca se pudo demostrar su verdadera implicación en los hechos-, la Operación Pandora –por la que se detuvo en 2014 a ocho personas acusadas de formar presuntamente parte de los GAC (Grupos Anarquistas Coordinados), quedando el caso archivado tres años después por falta de pruebas- y el caso de Raquel E. F., una barcelonesa de 38 años que fue encarcelada en 2014 por robo en la prisión de Can Brians I, donde fue sometida a reiterados y prolongados periodos de aislamiento, desaconsejados por los servicios psiquiátricos, que acabaron derivando en su suicidio en la celda tras denunciar maltratos por parte de los trabajadores del centro-. Los tres casos se van exponiendo de forma alternativa, en monólogos que interpelan al público, permitiéndole expresar sus opiniones sobre los hechos que se muestran. Al mismo tiempo, la propia Lali Álvarez –que ejerce de maestra de ceremonias tras la barra de ese bar que es el espacio escénico- aporta datos que nos ayudan a contextualizar hasta qué punto, con las leyes en la mano, en los tres casos se han cometido irregularidades. Pero, a fin de cuentas, los tres casos concretos que se exponen en Barcelona Contra la Pared no son más que tres chispazos extrapolables a muchas otras realidades que ocurren cada día. Son tres, pero podrían ser muchos más; por eso la pieza propone un viaje progresivo desde esa mirada bucólica de la ciudad –la que lanza la chica desde el tejado, la que propone el chico desde la barra- hasta una tiniebla más y más progresiva y angustiosa; que tiene su zenit en un final acongojante que da voz a muchos más casos que los tres que pueblan el grueso del relato: los casos de los ‘nadie’, los casos ante lo que conviene mirar hacia otro lado y que se expanden como una península en la que apenas quedasen pequeños islotes de libertad.

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Más allá de que algunas de las tesis que se defiendan en la pieza puedan aparecen ocasionalmente inclinadas en direcciones concretas –es complicado que eso no ocurra y, en este sentido, cada espectador deberá filtrar convenientemente toda la información- no cabe duda de que Barcelona Contra la Pared tiene valentía y riesgo a partes iguales, y ya solo por eso habría que verla. Porque la dramaturgia acierta al situar al público en un ambiente distendido, de diálogo –abierto, libre y plural, nunca agresivo- en el que la tragedia vaya invadiendo el espacio y la situación casi que podamos ser conscientes de ello… Se viven momentos de alta tensión emocional al final de la pieza; pero casi no nos damos cuenta de cómo hemos podido llegar a eso. Y es que, detrás de la fiesta, se impone la realidad; y esa es otra de las claves de la pieza: ni el ambiente distendido de lo que vivimos en ese círculo de seguridad del pub podrá salvarnos de lo que ocurre en la calle. Otra virtud de la pieza es, efectivamente, el lugar distendido y exento de rabia desde el que están contados los hechos. Los personajes –los tres actores y la directora / maestra de ceremonias- parecen resignados a que esto es lo que hay y no se trata de llorar ni gritar; sino de buscar el vehículo para que ciertas cosas ya no pasen.

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En este sentido, la idea de Lali Álvarez tiene la honestidad de dejar que la reflexión nazca del propio público, permitiendo que se filtren los datos. Sus puntuales intervenciones desde detrás de la barra están contagiadas de un aire de camaradería hacia el público que salpica todo el espectáculo –bien-; e incluso la puesta en escena parece buscar muchas veces que el asunto se convierta más en la reunión de amigos que es que en una propuesta teatral en sí misma: por momentos podemos llegar a olvidarnos de la naturaleza teatral de lo que vemos, y eso es un logro en un espectáculo con este formato. Tal vez de ahí nazca el contraste entre los relatos directos y sinceros de David Teixidó y Sonia Espinosa –que forman parte de la fiesta, son dos más de nosotros y pueden dirigirse al público de tú a tú: no es fácil jugar a este código como lo hacen, y sin embargo se manejan con mucha comodidad- y el relato mucho más angustioso y poético de Clara Garcés, que abre la función con su relato del skyline barcelonés para pasar después a una tarima en la que permanece recluida toda la representación, golpeando su desesperación contra la pared, como encerrada en otra dimensión, personificando el viaje hacia la locura de Can Brians I: su angustioso delirio es progresivo, y solo se le permite mezclarse con el público cuando quizá ya sea demasiado tarde, en una especie de sanador abrazo onírico que está entre lo mejor de la representación. Desde luego que si el trabajo actoral de esta pieza es de partida complicado, lo de Garcés es de salto mortal: porque a ella corresponden las rupturas entre la fiesta y la realidad dramática, y porque esa sensación de que no puede salir de su espacio/cárcel en un lugar tan amplio por el que todos podemos transitar crea siempre una expectativa constante y ella lo maneja con intensidad incuestionable. Quizá su personaje hubiese merecido mayor desarrollo. En cualquier caso, más allá de las tesis, lo que propone Lali Álvarez es una experiencia interesante, bien planteada y bien manejada que consigue llevar a la conmoción final de forma suave y progresiva, haciendo que el milagro transformador del teatro aflore casi sin que nos demos cuenta. Desde luego, hay que tener habilidad para sacar adelante algo así.

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Como espectáculo inmersivo y experiencial Barcelona Contra la Pared tiene un buen puñado de elementos de interés en la frescura de la ejecución, la honestidad del discurso y el viaje que plantea al espectador. Las tesis que se defienden durante el espectáculo se podrán compartir más o menos – esto daría para un nuevo artículo- pero Lali Álvarez tiene la habilidad de dejar que sea cada espectador quien realice ese debate por su cuenta, en su casa después de la función: aquí se nos muestran hechos, pero sin pretender nuca aleccionar. En cualquier caso, la tensión final que se respira conmueve y es señal inequívoca de que el espectáculo ha alcanzado su cometido. Más que interesante.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

Barcelona Contra la Pared”, dramaturgia y dirección de Lali Álvarez. Con: Clara Garcés, David Teixidó, Sonia Espinosa y Lali Álvarez. LAPúBLICA / FIRA TÁRREGA / FESTIVAL GREC / FESTIVAL TEMPORADA ALTA / INSTITU DEL TEATRE / LLUÏSOS DE GRÁCIA.

Teatro del Barrio, 12 de diciembre de 2019

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