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‘Juana’, o más allá de la estética

diciembre 14, 2019

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El bailarín y coreógrafo Chevi Muraday –a través de su compañía Losdedae- ha creado una suerte de género híbrido entre danza y teatro en el que aspectos coreográficos y musicales dialogan en buen equilibrio con corrientes más textuales y actorales. Para ello, a menudo invita a nombres relevantes del mundo de la interpretación actual –Marta Etura, Ernesto Alterio, Kiti Mánver o Maru Valdivielso, entre otros, han participado de este formato- y colaborando con importantes dramaturgos actuales en la creación de unos textos que sostenían el espectáculo. Además, el propio Muraday subía a escena a solas –como sucedía en El Cínico-, a dúo con su invitado –como ocurría en Return o Sensible-, o con formaciones más nutridas –En el Desierto-. Ahora presenta Juana, el que quizá sea su espectáculo más ambicioso en este formato, invitando a Aitana Sánchez-Gijón, que comparte escenario con Muraday y otros tres intérpretes multidisciplinares, en un espectáculo que se ocupa de revisar el legado de la mujer en el mundo en torno al mundo de un nombre, del de Juana, que engloba a una serie de personalidades de renombre: la Papisa Juana, Juana de Arco, Juana la Loca, Sor Juana Inés de la Cruz y Juana Doña pueblan el espíritu de este espectáculo en el que textos, música y danza se dan la mano en un espectáculo que es sin duda más ambicioso que otros de Losdedae por todo lo que pretende abarcar. Y, el resultado es una experiencia plástica y visualmente potente; pero en la que podríamos decir que la parte coreográfica y visual fagocita a la más puramente teatral, cuestión difícil de asimilar si tenemos en cuenta que en escena se encuentra una de las más brillantes actrices del panorama español actual, entregada hasta el paroxismo a la propuesta, pero relegada a ser un elemento más del conjunto; cuando lo esperable es que todo girase en torno a ella, cosa que no siempre ocurre, porque en muchos momentos la actriz es un elemento que emplear en las coreografías más allá de su propio lucimiento personal, incluso con la dificultad que esto pueda suponer para ella.

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No se puede dudar que Juana está plagada de estímulos: sonoros, visuales, textuales… Puede que sean demasiados, vistos todos en su conjunto. El aspecto estético de la propuesta es visualmente atractivo –sucinta pero útil y bien empleada escenografía de Curt Allen Wilmer, que permite integrar potentes juegos de iluminación de Nicolás Fischtel, creando cuadros de bella plasticidad-, el vestuario que firman Sonia Capilla y Chevi Muraday es elegante, y las coreografías que plantea Muraday dejan un buen número de imágenes sugerentes –Juana en armadura, Juana casi martirizada como una suerte de marioneta muerta, Juana crucificada…-. La partitura de Mariano Marín puede que tenga excesiva presencia, pero el conjunto tiene atractivo estético indudable. Hasta aquí, Juana mantiene el aspecto de otras propuestas de Muraday; y, sin embargo, los demás elementos acaban resultando aquí más confusos que otras veces, dando una sensación de excesivo cúmulo de cosas que no ponen el foco en una concreta. Y, ante este panorama, hemos de decidir con qué quedarnos. ¿Es Juana un espectáculo con una factura estética imponente? Sin duda. Es visualmente atractivo. Pero ¿qué hay realmente en Juana más allá de su potente estética y la implicación de sus miembros? ¿Por qué esta vez no se le ofrece a la actriz principal el protagonismo que sí tuvieron otras en propuestas anteriores de esta compañía? ¿En torno a qué está construído este espectáculo? ¿En torno al talento y personalidad desbordantes de Aitana Sánchez-Gijón o entorno a un conjunto que es menos interesante? Si nos paramos a buscar respuestas a estas preguntas, puede que el conjunto de la propuesta vaya perdiendo enteros de forma progresiva.

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Asumamos que la puesta en escena de Juana tiene una estética poderosa. Concedámoslo. Dejémonos llevar por esa estética. Ahora bien, la dramaturgia esta vez es confusa. textos –que se inician con una especie de génesis de la figura de la mujer, con Aitana Sánchez-Gijón caminando, cada vez más agitada, en una cinta de correr mientras dice el texto (curiosamente, el montaje de Pulmones que se pudo ver hace escasamente un mes empleaba también el recurso de la cinta de correr) y van recorriendo después a las diferentes Juanas por las que transita el espectáculo, desde diferentes estilos y puntos de vista- resultan bastante inconexos – los de nueva creación los firman Juan Carlos Rubio, Marina Seresesky y Clarice Lispector- y no terminan de ayudar a crear una narración propiamente dicha. Así las cosas, Aitana Sánchez-Gijón se ve obligada a cargar con un peso textual francamente poco interesante –el mejor momento llega cuando se recurre a textos originales de Sor Juana Inés de la Cruz- que aquí parece un mero accesorio a la parte más coreográfica, musical y visual. En cualquier caso, la parte puramente dramatúrgica resulta menos sólida que en otras propuestas de Losdedae, sin que vislumbremos con claridad cuál es el verdadero mensaje que nos quieren lanzar, hacia dónde nos quieren dirigir. ¿Perjudica al conjunto el hecho de ocuparse de distintas personalidades con diversas problemáticas, mientras que los espectáculos anteriores se ocupaban de un único asunto concreto? Es posible; pero el caso es que habiendo más texto en esta propuesta que en otras de Losdedae, esta dramaturgia –más compleja que las anteriores- no termina de funcionar como debería.

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Las distintas Juanas que aparecen en la función se evocan mediante imágenes –poderosas- y Aitana Sánchez-Gijón –una intérprete a la que le gusta asumir riesgos, que se entrega aquí en cuerpo y alma- aparece de algún modo bailada – porque más que bailar, la bailan- por sus compañeros. En escena, pese a que Sánchez-Gijón es un elemento omnipresente, asumen buen protagonismo el resto de integrantes del elenco: Chevi Muraday –claremente superior bailando que diciendo texto- Alberto Velasco –con un par de momentos de poderosa e interesante provocación- Maximiliano Sanford y Carlos Beluga –que se encarga de un par de números musicales en directo que llaman directamente al espíritu estilístico del grupo Mastodonte, incluso desde las gabardinas que porta parte del elenco masculino-. Puede que los hombres tengan más protagonismo del esperado en un espectáculo que aborda el mundo de la mujer, y que capitanea una actriz formidable. Puede que la mezcla de estilos –para fomentar aquí lo contemporáneo del lenguaje escénico- sea demasiada, sin que todo lo que hay en escena termine de encajar como nos gustaría. Desde luego que el esfuerzo descomunal de Aitana Sánchez-Gijón por integrarse en esta propuesta hubiese merecido que le permitiese brillar como la estrella que es con mayor claridad, en más momentos de los que lo hace; pero el espectáculo parece más enfocado al conjunto que a la figura central de la siempre rotunda y carismática –también aquí- Sánchez-Gijón. Y, en cualquier caso, nos queda la sensación de que –detrás de la potente estética que encierra- Juana no se dirige a un lugar concreto, por más que todo lo que hay en escena sea de calidad. ¿Exceso de estímulos? Puede.

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¿Con qué quedarse de esta Juana? Con la belleza expresiva de algunas de sus imágenes, con el aspecto estético – por más que a veces nos resulte también excesivo-, y con los destellos de brillo que se le permiten a una actriz de raza como Aitana Sánchez-Gijón, que aparece aquí algo desaprovechada por más que parezca dispuesta a darlo todo. Detrás de todo eso, esta propuesta híbrida posee tantos elementos –muchos de ellos hasta sobran- que resulta difícil decidir qué mensaje nos quiere transmitir. Hemos visto con interés y aplaudido muchas veces otras propuestas de Losdedae; pero con Juana –reconociendo el atractivo visual, que lo tiene- nos queda la sensación de que el todo todavía está pendiente de ordenación. El resultado es tan atractivo en lo visual como confuso en sus resultados. Y, teniendo en cuenta anteriores éxitos de Muraday y su compañía, las expectativas estaban realmente altas.

H. A.

Nota: 2/5

Juana”, dramaturgia de Juan Carlos Rubio sobre textos originales de Marina Seresesky, Clarice Lispector y Juan Carlos Rubio, más fragmentos de textos de: George Bernard Shaw, Alcuino de York, el Antiguo y Nuevo Testamento, Emmanuel Royidis, Fiedrich Schiller, William Shakespeare y Juana Inés de la Cruz . Con: Aitana Sánchez-Gijón, Chevi Muraday, Alberto Velasco, Maximiliano Sanford y Carlos Beluga. Dirección artística y coreografía: Chevi Muraday. LOSDEDAE Compañía de Danza / Teatro Español.

Teatro Español, 6 de diciembre de 2019

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