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‘Beca y Eva Dicen que se Quieren’, o el teatro como cuestión de necesidad

noviembre 15, 2019

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Decía hace apenas unos días al hilo de la crítica acerca de Invisibles que hay ocasiones en las que el mensaje trasciende lo puramente teatral. Y es así. En un principio, podrá sorprender que el Teatro Español haya programado por una breve temporada –9 funciones entre matinales para estudiantes y sesiones de tarde abiertas al público general- Beca y Eva Dicen que se Quieren, un texto escrito en 2010 por Juan Luis Mira que se alzó en su día con el V Premio Leopoldo Alas Minguez promovido por la SGAE y la Asociación Visible. Se trata de una pieza de teatro puramente juvenil, que por forma y estructura bien podría estar destinada no solamente a público de instituto, sino también a representarse en ellos. Así las cosas, podría sorprender que el Español haya abierto un espacio particular –la pequeña Sala Andrea d’Odorico, destinada con frecuencia a ruedas de prensa- a un montaje pequeño de estructura y cometido muy concretos; y más que se hayan abierto una serie de representaciones a un público general adulto –en un horario también bastante particular-. Y, sin embargo, por encima de las características puramente teatrales de la pieza surge nuevamente su actualidad, su inmediatez y su necesidad de ser contada. Explica el autor que esta pieza nace a partir de una anécdota real. La de una pareja de jóvenes mujeres que un día decidieron entrar en su aula de la mano y besarse a la vista de todos, ante el estupor general: a partir de esta noticia, Mira construyó el resto de la obra.

Ante nuestros ojos una historia de amor entre dos chicas de apenas 17 años: la historia de cómo se enamoran, de cómo luchan por su amor contra viento y marea y de cómo enfrentan a una sociedad que todavía no entiende el concepto de amor por encima de cualquier cosa. En los pocos días transcurridos entre que veo la función y aparece esta reseña, amanecemos con la noticia de una agresión lesbófoba a dos mujeres de 16 y 17 años que se besaban en la localidad coruñesa de Carballo por parte de otros tres menores; y, entonces, uno siente que efectivamente queda mucho camino por recorrer, y se dispara la necesidad de subir a las tablas historias como Beca y Eva Dicen que se Quieren por encima del teatro mismo: porque ponen el foco y denuncian una realidad que –las noticias mismas nos dan la razón- sigue presente y porque –como dije al hilo de Invisibles- si utilizar el teatro sirve para concienciar a la población, ya ha merecido la pena. Por encima de que el formato pueda ser demasiado conciso, por encima de que la historia pueda contener tópicos, el valor necesario de conciencia de esta función va mucho más allá, máxime mientras ciertas noticias sigan estando, desgraciadamente, a la orden del día. Por eso, esta entrada no pretende ser tanto una crítica al uso –asistí a un pase para adultos, muy poco concurrido, de una función más dirigida a público adolescente, de forma que resulta imposible valorar el impacto real del producto en el público al que va originalmente dirigido- como una reflexión acerca de la vigencia y la necesidad del teatro como herramienta para el cambio.

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Beca y Eva Dicen que se Quieren explora, mediante una serie de sketches, la relación de dos jóvenes de 17 años que se conocen en el instituto y se enamoran, apostando por sacar adelante una relación de amor y complicidad, con el ímpetu adolescente necesario como para vencer las dudas iniciales y las reticencias del entorno para limitarse a quererse. Una relación aparentemente normal de amor adolescente –o así debería ser- que, sin embargo, ha de enfrentarse a quienes las señalan con el dedo, a episodios lesbófobos dentro y fuera de las aulas y a las dudas de sus propias familias, entre las que hay tanto personas a favor como personas que todavía fruncen el ceño ante la realidad que hay ante sus narices. Una relación que, después de todo, sigue siendo un tabú social por más que Beca y Eva se empeñen en romperlo, e incluso por más que tengan algún apoyo –pero también alguna que otra piedra en el zapato-. Los sketches por los que transita la historia nos hacen conocer no solo las personalidades de las protagonistas, sino también las circunstancias de su entorno; e incluso las circunstancias exteriores, mostrando tanto el tabú social como el tabú familiar. Así, de algún modo, podemos considerar Beca y Eva… como una historia de aventuras, en la que las dos protagonistas van soltando obstáculos para luchar y lograr ser aquello que de verdad son. Desde un enfoque sobrio, a lo largo de las escenas, las dos actrices asumen no solo los roles principales de Beca y Eva, sino también toda una serie de personajes que rodean a la pareja –padres, abuelas, profesoras, compañeros de instituto…-. Y, desde luego, Beca y Eva están dispuestas a superar todas las pruebas sociales… incluso aquellas que les imponga la propia vida.

Juan Luis Mira ha escrito una pieza concisa –algo menos de una hora- que aborda, ante todo, una historia de amor adolescente que contiene todos los ingredientes de tal trama: desde la frescura del lenguaje hasta las pulsiones combativas propias de la edad. Hay, desde luego, una voluntad de hacer que la denuncia –obvia y evidente- no sea más que un constante telón de fondo para contar una historia de amor. Es precisamente el ímpetu adolescente el que permite que Beca y Eva vayan saltando progresivamente los obstáculos, y se agradece de algún modo que la dimensión de la historia de amor se eleve incluso por encima de la denuncia clara; precisamente porque Mira tiene claro que el amor –y más el impetuoso amor adolescente- logra sobreponerse a cualquier adversidad, y que basta con que haya amor –y confianza, y cuidado, y cariño y… añadan aquí los adjetivos que crean convenientes- para que todo lo demás no importe. En este sentido, es de agradecer que Mira haya escrito por encima de todo una historia de amor –en general- que vence cualquier tabú. Se entiende –y en este sentido es muy adolescente en su forma- el tono casi de libro de aventuras contemporáneas que adopta muchas veces la pieza; y quizá también por eso sea más discutible el giro final propio del melodrama, que quizá sorprenda al público al que va destinada apelando directamente a lo emocional –por esto decía que hubiese sido interesante poder calibrar cómo respira la función con el público adolescente al que va destinada-; pero que, de cara al público adulto puede parecer un giro fácil y que contradice de algún modo la premisa de que ese amor lo vence todo. ¿Era necesario ese desenlace? De cara al público adolescente es posible; pero de cara a un público más general podrá resultar más discutible. Y, a pesar de todo, en su sencilla –sencillísima – estructura, Beca y Eva Dicen que se Quieren es honesta a la hora de anteponer una historia de amor incluso por encima de la necesaria y visible denuncia. Por encima de ciertos tópicos que pueda contener la historia en la caracterización de algunos personajes –¿pero son tópicos o realidades extendidas?- incluso por encima de un desenlace que podría parecer destinado a epatar, hay muchas cosas de las que todos tenemos que aprender en lo que se cuenta en esta pieza. Porque, efectivamente –a la actualidad me remito- aun quedan tabúes que salvar. Ahí está el mayor valor de la función.

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El montaje –que no en vano se ofrece en un espacio mucho más pequeño que la sala pequeña del teatro- dirigido por el propio autor tiene una factura claramente destinada a espacios muy íntimos, incluso directamente a institutos. Es sucinto –muy sucinto- en elementos, confía casi todo al texto y a las actrices y quizá todavía podría agilizar ciertas transiciones, evitando fundir a negro; precisamente por el carácter tan básico que posee. Ambas actrices –María Cabrera e Irene Coloma, que tienen la función bien rodada- realizan un trabajo honesto, sincero y sin atisonancias tanto cuando se hacen cargo de los personajes centrales como cuando asumen –sin grandes caracterizaciones- aquellos roles complementarios que rodean la esfera de las protagonistas; cosa difícil y digna de aplaudir si además tenemos en cuenta el escaso público de la función que presencié, que en absoluto hizo que las actrices se amedrentasen. Ambas asumen la pieza enérgicas, sinceras, cómplices. Así y todo, siento que es necesario poner en valor la función en el contexto concreto de su público potencial –el adolescente- para saber cómo respira realmente. Es por ello que resulta superfluo entrar en calificaciones finales para las que habría que ver el verdadero potencial de la pieza entre su público.

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Teniendo en cuenta que no es el tipo de función que se suele hacer en este teatro, viendo la propuesta desde una óptica adulta queda una sensación de honestidad –entendiendo la pieza como un montaje destinado a institutos y público adolescente- y, sobre todo, la sensación de que estas historias –más allá de algunos tópicos y del discutible giro del desenlace- todavía necesitan ser contadas para que definitivamente comencemos a normalizar lo que para algunos todavía es algo reprobable. Desde luego que en los años que han transcurrido desde que se escribiese y premiase Beca y Eva Dicen que se Quieren se ha avanzado mucho en el terreno del teatro juvenil y adolescente –hemos visto varias piezas de este género (que ya es un género en sí mismo) más complejas en cuanto a estructura e intenciones-; pero esta obra pretende ir a un lugar muy concreto de un modo muy concreto.  Y a los hechos me remito: por desgracia, mientras noticias como la que enlazo más arriba sigan teniendo lugar, también será necesario que historias como esta suban a escena. Ante reflexiones como esta, la importancia de Beca y Eva Dicen que se Quieren va más allá del hecho teatral en sí mismo. No cabe duda.

H. A.

Beca y Eva Dicen que se Quieren”, de Juan Luis Mira. Con: María Cabrera e Irene Coloma. Música compuesta e interpretada por La Chiado. Dirección: Juan Luis Mira. ESCENALIA.

Teatro Español (Sala Andrea D’Odorico), 7 de noviembre de 2019

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