Saltar al contenido

‘Hamlet’, o con las corbatas al cuello

noviembre 9, 2019

hamletcartel.jpg

Regresa la Companhia do Chapitô –afortunadamente ya todo un clásico en Galicia- para volver a traernos un espectáculo fiel a su más pura esencia en el que revisan un clásico universal desde el prisma de la comedia gestual, del teatro puramente físico, y hasta del clown. Si hace un tiempo ya nos deleitaron con sus acercamientos a Édipo o Electra, esta vez es el turno de un Shakespeare: Hamlet contada en 90 minutos, sin otro elemento escénico que los cuerpos de los cuatro actores, algún fogonazo de luz y corbatas… Muchas corbatas. Un Hamlet en el que, claro, muere hasta el apuntador; pero también un Hamlet en el que, como es costumbre con los trabajos de Chapitô hay todo el espacio del mundo para el ingenio y para la risa. No en vano se anuncia una “inadaptación a partir del texto de William Shakespeare”. Está todo dicho.

Imagínense ustedes que se puede condensar Hamlet en cuatro actores. Ahora imagínense también que todo transcurre en una gran multinacional que va pasando de generación en generación de Hamlets. Ahí, donde un sinfín de personas en traje y corbata – fundamental la corbata- asisten casi al mismo tiempo a una boda y a un funeral. Imaginen que se desplaza uno por el edificio a bordo de un ascensor invisible que canta “King Hamlet” cada vez que se le pide ir a un piso distinto, en un lugar infestado de guardias de seguridad con armas –quiero decir con corbatas, claro-, tarjetas de identificación –corbatas, claro- y cócteles a los que los villanos aportan una aceituna envenenada. Imaginen la fatalidad: imaginen que a la reina Gertrudis no le gustase el Martini pero sí la aceituna –¿les he dicho ya que estaba envenenada?-, o que Ofelia en su delirio llegase a ver al Rey Lear – no, no nos hemos confundido de obra: bueno, tal vez ella sí; a fin de cuentas, está loca…-. Imaginen que las traiciones se tramasen jugando al billar. Imaginen todo esto –y mucho más- y tendrán este Hamlet. Pero es importante que imaginen; porque en escena, efectivamente, sólo hay los cuerpos de cuatro actores y una cantidad interminable de corbatas durante 90 minutos. Y, sin embargo, les garantizo que todo cuanto describo en este párrafo se ve –o, mejor dicho, se imagina- en esta función. Este podría ser un buen resumen del Hamlet de Chapitô, un alarde de creatividad cómica de esos a los que ya nos tienen acostumbrados.

hamlet1

Desde luego que resulta estimulante volver una y otra vez al personalísimo teatro de los portugueses Chapitô; y, si el factor sorpresa golpeará sin remedio la primera vez que uno asista a un espectáculo suyo –y tal vez se pierda en espectáculos sucesivos- no podemos negar que su estilo personal –se reconoce un montaje suyo con pocos minutos-, su nivel de ocurrencia inteligente y su ejecución impecable siempre están ahí. Al servicio de espectáculos frescos, divertidos, originales; que vuelven una y otra vez a reinventar una fórmula testada por todos los éxitos anteriores. Puede que falle el factor sorpresa; pero es casi lo único que falla en una serie de espectáculos que pasman por su elocuente sencillez por un lado y su potencial cómico por otro. Siguiendo la regla de que menos es más, los Chapitô se sirven del vacío y de cuatro extraordinarios actores físicos para, efectivamente, reinventar un clásico tirando no ya de su propia imaginación; sino también de la imaginación del público. Aquí la convención teatral se multiplica, el pacto con el espectador se vuelve mayor que nunca; y desde luego que los portugueses economizan recursos para dar cuerpo a un espectáculo verdaderamente formidable.

Podríamos quedarnos en la anécdota de reformular Hamlet en una sociedad capitalista y contemporánea; pero esto es una mera anécdota. La grandeza de este espectáculo –chispeante de ritmo y plagado de ideas- radica en la manera en que cuatro cuerpos son más que suficientes para generar un universo propio, visible e invisible al tiempo. Si el hilo conductor aquí son las corbatas – que lo mismo son armas que tarjetas de seguridad, espadas o lo que sea necesario-, lo cierto es que a través de los cuatro actores –que se reparten todos los personajes, entran y salen de ellos muchas veces en la misma escena- llegamos a visualizar todo lo que no hay, ya sea a partir del pacto teatral o a partir de la propia imaginación. Además, hay que reconocer que la adaptación textual está plagada de hallazgos de una comicidad inmediata e inteligente –la distribución de los símbolos, la capacidad de reírse del clásico, los guiños metateatrales…-, efectivamente sin traicionar nunca la esencia ni el devenir de la trama original: los roles y parentescos se mantienen, y los personajes sde enfrentan al destino que les ha preparado Shakespeare. Aquí la clave no es tanto el qué pasa, sino el cómo pasa. En el cómo –siempre al servicio de la comedia- está el mayor interés de la trama; y en que, a pesar de todo, podamos seguir la trama Más allá de la poda de subtramas –la más notoria ausencia quizá esté en los personajes de Rosencratz y Guilderstein- lo cierto es que, pasado por el filtro de la comedia, todo cuanto ocurre en Hamlet está presente aquí. Y, sin duda, la adaptación se sirve siempre de un humor muy particular; que es a un tiempo absurdo e inteligente. Los Chapitô saben reírse hasta de sus propias carencias –en este sentido la confusión que pueda provocar el hecho de que los cuatro actores puedan asumir el mismo personaje alternativamente en la misma escena se usa en favor de la comedia-, y recursos como la ironía o la repetición –las secuencias de ascensor son tan potentes que es imposible no acabar con la cantilena de “King Hamlet” en la cabeza- están constantemente presentes. La hilaridad es constante –la anécdota de la aceituna del Martini que lleva el veneno es tremendamente ocurrente, como lo es el cameo en la muerte de Ofelia, o los mil y un usos que se dan a las corbatas- y al margen de esto, efectivamente se sale del teatro con una idea general clara de la tragedia de Shakespeare; llegando incluso a ironizar sobre su propio oficio –genial paralelismo para la escena de los cómicos-.

hamlet2.jpg

Desde luego que el trabajo físico del cuarteto actoral –Jorge Cruz, Susana Nunes, Ramón de los Santos y Tiago Viegas– es extraordinario, tanto en el gesto como en la capacidad infinita de crear figuras y alegorías constantes para hacer avanzar la historia. Su trabajo está a medio camino entre lo absurdo, el clown – hay un amplio abanico de caídas, bofetadas y demás trucos propios del payaso que hacen las delicias del respetable- y el trabajo directamente corporal –en esto último, el dominio de sus propios cuerpos resulta fascinante-. Más allá del dominio de la técnica corporal, el gesto físico e incluso el idioma –la función se ofrece en perfecto castellano- también es muy de destacar el hecho de que los cuatro actores consiguen que lleguemos a olvidarnos de la complejidad que tiene su trabajo mientras vemos la representación: todo fluye tan bien, todo parece tan fácil y está tan bien ejecutado; que no es hasta que salimos del teatro –y nos paramos a pensar en todo lo que ha pasado con unos simples cuerpos- cuando nos damos cuenta de la dimensión de lo que hemos visto. Nuevamente triunfa lo sencillo: porque si bien nadie dudará del virtuosismo que tiene este espectáculo en su ejecución, todo parece tan sencillo que resulta casi accidental, en el mejor sentido de la expresión.

hamlet3.jpg

Volvemos entonces sobre el único punto discutible de la propuesta. ¿Causa mayor impacto Chapitô la primera vez que se les ve? ¿Es importante el factor sorpresa? Seguramente, porque todos sus espectáculos tienen el mismo estilo, la misma esencia. Pero no hay que perder el Norte: el hecho de que tal vez la excelencia y el ingenio de los Chapitô ya no sorprendan a los que conozcamos su trabajo de veces anteriores en absoluto resta méritos a la solidez de una compañía fiel a su fórmula y que hace del menos es más una premisa sobresaliente. En lo suyo, seguramente sean lo mejor que se puede ver ahora mismo; y este Hamlet tiene todas las claves de por qué Chapitô es una compañía que lleva años triunfando por el mundo. Lo merecen. No tendremos ya el factor sorpresa; pero se disfruta tanto de su ingenio como de su excelencia técnica.

H. A.

Nota: 4/5

Hamlet”, inadaptación a partir de la obra de William Shakespeare. Con Jorge Cruz, Susana Nunes, Ramón de los Santos y Tiago Viegas. Dirección: José Carlos García, Cláudia Novoa y Tiago Viegas. COMPANHIA DO CHAPITÔ.

XXVIII Festival Internacional Outono de Teatro de Carballo. Pazo da Culura, 28 de octubre de 2019

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: