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‘Adiós Arturo’, o La Cubana, fórmula infalible

septiembre 30, 2019

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Regresa una vez más la ya clásica compañía catalana La Cubana con un nuevo espectáculo, que reúne una vez más todas las señas de identidad de la compañía: un género híbrido a medio camino entre la alta comedia, el musical, el vodevil y la revista; interacción constante con el público, ritmo frenético, un humor muy directo y particular y un cierto aroma a nostalgia de tiempos pasados a los que la compañía mira con tanto humor como cariño. Esta vez el espectáculo se titula Adiós Arturo; pero no es, a fin de cuentas, ni más ni menos que una –otra- vuelta de tuerca al espíritu cubanero. Da justamente lo que se espera y no defraudará ni a seguidores de la compañía ni al espectador que busque un honesto divertimento.

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En Adiós Arturo asistimos a la celebración del funeral del empresario Arturo Cirera Mompou, sobradamente reconocido en la localidad en la que residía – obviamente, cada localidad en la que transcurra el espectáculo- que deja este mundo tras más de 100 años de larga y próspera vida. Mientras se despelleja por la herencia, la familia ha contratado los servicios de la compañía de teatro La Cubana para que haga de su funeral una gran celebración, a la que acuden celebridades de todo el mundo y de todas las índoles, dada su estrecha relación con el finado; asimismo, han alquilado uno de los teatros más importantes de la ciudad para que el evento tenga lugar. En Adiós Arturo todos y cada uno de nosotros somos asistentes al funeral, en una gala preparada que enseguida nos recuerda el espíritu de aquellas Noches de Fiesta que José Luis Moreno programase durante años en las noches de los sábados de TVE. En el teatro reinan las coronas de flores, y un gran retrato del muerto preside el escenario. Los dos maestros de ceremonias introducen un vídeo de despedida de Arturo –en el que se da cuenta de las muchas cosas que hizo por nuestra ciudad- y presentan a los invitados venidos de todos los lugares imaginables –el propio público, convenientemente caracterizado, en la primera de las muchas interacciones que vendrán-. A continuación, desfilan por el escenario una serie de invitados que han pedido a toda costa intervenir para despedirse de Arturo. La lista es larga. De la gran diva de ópera Renata Pampanini –invitada por la Asociación de Belcantistas de España- hasta Ignacio Búho –estudioso especializado en reproducir los sonidos de los animales más extraños-, pasando por la stripper en horas bajas Katherine Rodríguez, junto a su turgente continuadora Lily Lirio, la emblemática cantante Lupita Olivares –en un estado poco menos que decrépito, pero empeñada en cantar…-, una buena muestra de personajes locales y sus más tradicionales costumbres, e incluso Rashid, el chófer marroquí que tantos años trabajó con Arturo. Y, presidiendo la gala, el loro-mascota de Arturo. El resultado es una hora larga de actuaciones hilarantes, que hacen las delicias del público, y que son una revisión de un estilo que ha desarrollado la compañía magistralmente, en el que confluyen el transformismo, la revista y hasta ciertos ecos del Paral-ell catalán, siempre mirados bajo una capa de neblina con la que la compañía parece querer volver a traer a la palestra un pasado que fue y ya no es, siempre desde el cariño. Termina la ceremonia y asistimos a un flashback en el que la familia del finado espera la inminente muerte de Arturo Cirera, mostrándonos la avaricia y el verdadero interés de todos. Aquí, durante unos 20 minutos, la función se vuelve un vodevil a la vieja usanza con todas las de la ley; y lo cierto es que en este tramo –cuya necesidad no termino de ver- el ritmo y el interés decaen un poco. En la tercera y última parte, nos encontramos en el teatro del funeral, unas horas después del final de éste: las señoras de la limpieza intentan poner orden –y sacar algo de tajada-, los espectadores – que hemos sido citados a la lectura del testamento- también esperamos pillar algo de cacho, el notario hace su aparición… y la familia –esa familia a la que acabamos de conocer en el flashback- intenta impugnar el escrito. Nuevamente despiporre generalizado, y la función acaba en lo alto, sobrepasando generosamente las dos horas de duración – en mi función, última de las ofrecidas en A Coruña, fueron dos horas y media sin pausa-.

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Desde luego que Adiós Arturo da al público justo lo que espera de ella. Un musical arrevistado con tintes de vodevil en el que Jordi Milán –que idea, escribe y dirige el espectáculo- muestra que el espíritu cubanero sigue estando completamente vigente. Es pura diversión marca de la casa, que se mete al público en el bolsillo de inmediato por el carácter desenfadado, la ocurrencia de las situaciones, por el nivel de exigencia y respuesta de sus intérpretes y por la fluidez con la que suceden las muchas –y tan esperadas siempre en este tipo de espectáculos- interacciones con el público, sin las cuales el humor de La Cubana –reconocible al instante- no se concibe. Además, es de ley señalar el homenaje cariñoso que siempre destilan los espectáculos de La Cubana hacia unos géneros que tal vez hoy estén más o menos denostados; pero que en su día tuvieron su público y su tirón: la mirada que La Cubana lanza siempre a lo que podríamos llamar vodevil arrevistado es siempre un punto fuerte. Porque La Cubana hace vodevil arrevistado parodiándolo, pero sin reírse de él, poniendo sobre la mesa sus puntos fuertes y usando los que hoy serían sus lugares comunes menos felices para generar desde ellos la comedia. Y funciona. Siempre funciona.

Ante un nuevo espectáculo de La Cubana –son ya tantos exitosos, pero ¿quién no recuerda los clásicos Cómeme el Coco, Negro y Cegada de Amor? puede que no estemos ante nada nuevo; y, sin embargo, siempre funciona, siempre es un gusto volver a ellos. Adiós Arturo posee todos los elementos propios del humor de la compañía y muchos momentos de puro triunfo –la ceremonia funeraria y todo el tercer acto con las limpiadoras son Cubana al máximo nivel-; pero quizá tenga por un momento un bache en el vodevil central en el que vemos a la familia del finado arrancarse los pelos. ¿Era necesario? No lo tengo claro. ¿Se hace larga esta sección? Indudablemente. Se puede decir sin temor a equivocarse que Adiós Arturo –generosa de metraje, como la mayoría de propuestas de la compañía catalana- tiene muchos momentos gozosos, y también un punto más flaco, más fácil de identificar aquí que otras veces. En cualquier caso, quien espere de este espectáculo el más puro espíritu cubanero lo encontrará; y hay que celebrar que la fórmula nunca termine de agotarse.

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La puesta en escena es, como siempre, una virguería con mucho más trabajo del que puede parecer a simple vista. Nada menos que 65 personajes repartidos entre una decena de actores –más un actor en vídeo, y un loro- y un despliegue impresionante tanto en vestuario –Cristina López- y caracterización –La Bocas- como en escenografía – Castells Plans-, que esta vez exige reproducir un escenario de cartón-piedra vodevilesco con todo lujo de detalle. Todo –las interacciones con el público, los cambios de vestuario…- ha de estar por fuerza medido con precisión milimétrica; y todo fluye con naturalidad pasmosa. Además, en el extenuante y exigente trabajo de los actores –tengamos en cuenta que cada función está trufada de morcillas de cada ciudad, lo que requiere un estudio y reformulación constantes; e incluso hay personajes que cambian por completo en cada nuevo emplazamiento- hay que tener en cuenta que se requiere una mezcla de comedia desaforada, naturalidad para la interacción con el público, canto, baile, ecos de vodevil… y todo multiplicado para que ‘solo’ –créanme, son pocos para todo lo que hay que hacer- diez actores puedan sacar adelante el espectáculo. Teniendo esto en cuenta – y dado que es imposible resumir todo lo que sucede en el espectáculo-, hay que reconocer que todos se llevan su momento de gloria, y podemos destacar la Renata Pampanini de Jaume Baucis, el presentador de Xavi Tena, el Ignacio Búho de Toni Torres, la Lily Lirio de Nuria Benet – desdoblada también en señora de la limpieza-, la señora de la limpieza de Álex González, la comadre gallega que se marca Babeth Ripoll, la decrépita Katherine Rodríguez de Montse Amat, el Alberto San Román de Toni Sans, el simpático Rashid de Edu Ferrés o la inolvidable Lupita Olivares de Virginia Melgar. Y esto por seleccionar tan solo un ramillete; porque hay más, mucho más. Desde luego que debe ir para todos el aplauso, porque lo que hacen es dificilísimo y su ejecución impecable queda fuera de toda duda.

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En Adiós Arturo hay otra muestra potente y sólida de por qué La Cubana ha levantado un estilo único, propio e inimitable. Podrá ir esta vez algo pasada de metraje sin necesidad – para mí está muy claro qué es lo susceptible de recortarse-; pero da justo lo que la gente espera, es fresca, inmediata y demuestra que La Cubana sigue con muy buena salud. El teatro es una fiesta y la gente sale feliz: no creo que se pueda ni se deba pedir mucho más a un espectáculo.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

 

“Adiós Arturo”, guion e idea: Jordi Milán. Con: Jaume Baucis, Xavi Tena, Toni Tores, Nuria Benet, Álex González, Babeth Ripoll, Montse Amat, Toni Sans, Edu Ferrés y Virginia Melgar. Actor en vídeo: Miquel Noguera. Dirección: Jordi Milán. LA CUBANA.

Teatro Rosalía Castro (A Coruña), 22 de septiembre de 2019

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