Saltar al contenido

‘El Sirviente’, o de tiempos pretéritos

septiembre 29, 2019

sirvientecartel.jpg

Probablemente El Sirviente –pieza que Robin Maughman escribiese en 1948- permanezca en la memoria de todos por la transposición cinematográfica homónima que en 1963 firmase Joseph Losey con guion de Harold Pinter y Dick Bogarde en el personaje principal. Ahí es nada. Ahora, el Teatro Español presenta una nueva versión teatral –hace muchos años la había interpretado en escena Sancho Gracia- con un reparto en apariencia sólido de intérpretes que cualquiera querría para una función: al mando, Eusebio Poncela y Pablo Rivero. Sobre el papel nada hacía presagiar que esta función no fuese un éxito; y, sin embargo, una dirección que ofrece una lectura del texto bastante discutible y un montaje estilísticamente anticuado lastran una propuesta que parece venida de tiempos pretéritos y nunca logra alzar el vuelo, por más que todos los elementos sean de primer orden.

Cansado tras sufrir experiencias traumáticas en la guerra, el joven aristócrata Tony Williams –con el apoyo de su pareja, Sally Grant, y su amigo de toda la vida Richard- se decide a contratar a un sirviente que le haga más cómoda la existencia. Da por casualidad con Hugo Barret, aparentemente el criado perfecto: atento, servicial y con gusto por los detalles. Enseguida se establece una relación en la que Tony no puede vivir sin Barret, de manera que –sin que el señor lo note- es el criado quien empieza a tomar las verdaderas decisiones. Será cuando Barret introduzca en la casa a su supuesta hermana Vera –en un principio como criada- cuando las cosas comiencen a tambalearse en un juego en el que Barret –y la propia Vera- acabarán tomando el control de la casa de Tony y de sus propias decisiones. Las fronteras entre señor y sirviente cada vez son más difusas, Tony basa toda su vida en la dependencia que ha desarrollado a Baret y se aleja sin poder evitarlo de su gente y sus costumbres, en un juego tóxico de inesperadas consecuencias. ¿Quién tiene el mando? ¿Quién controla a quién? Difícil saberlo con certeza.

sirviente1.jpg

Basta con ver unos minutos de la película de Joseph Losey para comprobar el potencial de la historia como thriller psicológico, y es de hecho muy oportuna la elección de Harold Pinter para haber escrito aquella versión; porque El Sirviente tiene mucho de pinteriana. Es una historia simbólica, misteriosa, llena de claroscuros soterrados que nunca llegan a aclarase. En la relación silente de dependencia –dependencia y algo más, claro- que se establece entre Tony y Barret hay toda una serie de cuestiones que hoy siguen siendo de interés incuestionable; pero causarían verdadero estupor en el momento en el que Maughman escribe la pieza. ¿Cuál es el verdadero motor que impulsa a Tony a sentirse inevitablemente ligado no ya a Hugo Barret, sino a todo lo que representa? ¿Y qué busca Barret en esa especie de seducción que comienza? Será el espectador quien decida – algunas respuestas están bastante claras-; pero la pieza nunca debería dar todas las claves necesarias: ahí radican el interés y la grandeza del texto.

La propuesta de Mireia Gabilondo, sin embargo, naufraga en el tono y en el enfoque escogidos para contar la historia. No hay nada soterrado: aquí todo se pasa de evidente –con la consiguiente pérdida de interés- y la pieza se convierte en un ejemplar del género de salón. Todo parece excesivamente antiguo: desde una escenografía que peca de pobre –y que ha de cambiarse a la vista, con servidores de escena, varias veces a lo largo de la función: estas cosas hoy en día deberían estar más que superadas- hasta unas cortinillas musicales constantes y excesivas –de Fernando Velázquez, estupendo compositor que aquí no acierta- propias de un melodrama de sobremesa. Añádanle a eso unas interpretaciones encorsetadas y hasta entonadas –se fuerza a casi todos a usar un cierto soniquete impostado más propio de un doblaje de una película de los años 50… pero esto es una decisión de dirección; porque casi todos están en ese tono- e imaginemos dónde queda el realismo en una pieza que, sin duda, lo necesita. Ignoro qué ha pretendido hacer Gabilondo con un montaje con decisiones tan fallidas; pero, como mínimo, ha convertido El Sirviente en algo que no es: un drama de salón cómodo y comercial, sin más misterio que el de una trama previsible –cuando el original tiene misterio para dar y tomar-. ¿Dónde queda aquí el subtexto, tan importante? Quién sabe. En cualquier caso, lo que busca el montaje parece estar muy claro –y casi nunca juega a favor de la obra-; y la lectura queda excesivamente cómoda para la complejidad del texto, plana y anticuada. Podrá convencer a un cierto tipo de público, pero desde luego que esta función debería ser otra cosa mucho más incómoda.

sirviente2.jpg

El elenco está repleto de nombres de relumbrón, y a casi todos les hemos visto en teatro con anterioridad y buenos resultados. Si casi ninguno termina de alzar el vuelo aquí, seguramente sea porque se limitan a obedecer órdenes de dirección. Puede que Eusebio Poncela –un actor tan genial como incontrolable- sea de los pocos que se alejan de esa tónica generalizada de impostación anticuada. Y, sin embargo, el actor –del que ya conocemos pros y contras: una presencia escénica espectacular con un estilo propio, plagado de tics incontrolables- compone un sirviente que nunca es del todo inquietante y rara vez –solo en los últimos instantes- se convierte en una verdadera amenaza. En su Barret hay un tono socarrón, simpático y hasta cómico que arranca alguna carcajada del público –improcedente y supongo que involuntaria por parte del montaje-. En el sirviente de Poncela hay, de hecho, una cierta caricatura que llama a la memoria a algunos antiguos empleados de servicio cómicos del pasado. Es su estilo, pero el personaje debería ser otra cosa, absolutamente: ni rastro del misterio que el protagonista debe desentrañar. ¿Ha ido por libre? Es probable, pero desde luego esta elección define parte del tono del montaje sin remedio. Frente a él Pablo Rivero se esfuerza por centrarse en su Tony, y si no siempre consigue aportar la necesaria veracidad seguramente sea por la suma de lo complejo de su partenaire y ese tono impostado al que obliga la función: en cualquier caso, falta tensión entre ambos –como falta tensión en toda la representación en sí misma-. La debutante Sandra Escacena, con tan sólo 18 años, consigue casi milagrosamente despegarse del tono impostado que respira todo el montaje, y por momentos hay en ella algún destello de verdad en su doble papel como Vera y Mabel: ojo a esta actriz, porque si consigue estar en su sitio en un montaje tan complejo, puede tener mucho potencial cuando la dirección le permita moverse a sus anchas. En roles de menor peso, Lisi Linder y Carles Francino se limitan a hacer lo que se les pide: están bien de presencia; pero el soniquete de sus voces –y, en estos dos casos concretos, sabemos sobradamente que no es cuestión de actores sino de dirección- enseguida nos conecta con interpretaciones de tiempos pretéritos. Hay que insistir, en casi ningún caso es problema de elección del reparto el hecho de que esto no despegue.

sirviente3.jpg

Desde luego que sobre el papel, texto y equipo tenían mucho potencial; y, sin embargo, el resultado es un producto fallido, en el que se ofrece una mínima parte del potencial del texto en favor de una puesta en escena que pretende ser cómoda y se queda, sencillamente, en teatro anticuado. Hay que añadir que la propuesta escénica es coherente y consecuente con lo que busca y lo que ofrece; pero la historia escogida debería ser mucho más que lo que aquí se ve. Una lástima.

H. A.

Nota: 2/5

“El Sirviente”, de Robin Maughman. Con: Eusebio Poncela, Pablo Rivero, Sandra Escacena, Lisi Linder y Carles Francino. Dirección: Mireia Gabilondo. Traducción: Álvaro del Amo. SEDA / FACUNDO FUENTES DE LA OCA / LA CABAÑA ARGENTINA / TANTTAKA TEATROA.

Teatro Español, 19 de septiembre de 2019

 

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: