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‘Señora de Rojo Sobre Fondo Gris’, o la sincera fragilidad de Sacristán

septiembre 21, 2019

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Después del éxito incuestionable de la versión teatral de Cinco Horas con Mario, José Sámano seguramente buscaría repetir el filón llevando al teatro Señora de Rojo Sobre Fondo Gris, una de las más aclamadas novelas de Miguel Delibes, publicada en 1991 y de marcado corte autobiográfico. Al mando de la historia de Nicolás – de algún modo alter-ego de Delibes; aquí un pintor en crisis creativa tras la repentina muerte de su esposa Ana, alter-ego de la esposa de Delibes- nada menos que José Sacristán. Confiesa el propio Sacristán en alguna entrevista que el propio autor se resistía en vida a que la novela fuese convertida en obra teatral –quién sabe si precisamente por ese aspecto autobiográfico-, y tal vez sea por esto que ha tenido que la versión llega a escena solo ahora, años después de la muerte del escritor vallisoletano. El resultado es un espectáculo sobrio y esencialmente narrativo; que encuentra sin embargo a José Sacristán en uno de los pináculos interpretativos de su carrera: fascina encontrar en un actor de 82 años recién cumplidos –que se dice pronto- no solo esa elegancia y ese saber hacer que son marca de la casa; sino también –y sobre todo- esa tremenda conexión emocional con lo que está contando. Se nota que Sacristán entiende el personaje y la obra, y está implicado en lo que cuenta en todo momento. Sólo por ver su descomunal interpretación ya merece la pena ver la función.

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Con la ayuda del alcohol –ese alcohol que parece ser lo único que le otorga la lucidez suficiente para “acartonar el recuerdo”- Nicolás, pintor en crisis creativa, recuerda a su mujer Ana, fallecida años atrás de una enfermedad imprevista. Los inicios de su relación, la simple vida que llevaron durante unos años, la enfermedad de la esposa y el vía crucis que supuso; así como esa hija encarcelada por cuestiones políticas, en un momento – 1975- en el que la realidad política y social española estaba a punto de saltar por los aires. Ante este panorama, Nicolás decide echarse todo el peso de la situación sobre los hombros; encargarse de la enfermedad de su esposa –que se va complicando progresivamente- y afrontar la dura situación de la hija en prisión, en un encierro que se prolonga más de lo esperado –y que coincide con el duro acontecimiento de ver cómo la esposa y madre se apaga progresivamente-. Así, de algún modo –y siempre a través del recuerdo- vemos cómo la vida feliz, sencilla y hasta cierto punto acomodada de Nicolás se va convirtiendo en una prueba de fuego que puede acabar por anularle y no solo creativamente. A fin de cuentas, en Señora de Rojo Sobre Fondo Gris si algo reina es la melancolía.

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Desde luego que Delibes sitúa su novela en un punto muy concreto –1975- y, de algún modo, dibuja a través del contexto una pequeña radiografía de lo que podríamos llamar la pequeña burguesía de la época. Pero, efectivamente, pesa enseguida lo autobiográfico y es lo que termina por centrar el relato: la melancolía, lo personal – del personaje y, por tanto, del autor- y el lirismo se adueñan del lenguaje y del relato. Tal vez sea por eso por lo que podríamos pensar que, al menos a priori, Señora de Rojo Sobre Fondo Gris –la crónica de un declive, de una muerte, de dos almas que se apagan- sea un material poco teatral, por la escasa acción y lo especialmente narrativo del texto –también sucedía esto con Cinco Horas con Mario, pero en aquella la crónica social de una época era sin duda más profunda que en esta-. Sin embargo, la adaptación teatral del texto – preparada a seis manos por Sámano, Sacristán e Inés Camiña- se lo juega todo precisamente a ese lirismo consciente del texto y, sobre todo, al poder del actor: Sacristán, un actor en estado de gracia.

Podría decirse que sí, por momentos Señora de Rojo Sobre Fondo Gris –con sus 80 minutos de duración- resulte un texto sobrecargado, algo excesivo, e incluso demasiado lírico para su teatralización. Y, sin embargo, José Sámano parece haberse echado a un lado y dejar hacer al actor en un montaje fundamentalmente sobrio –pero más elegante, sin embargo, que la reciente propuesta de Cinco Horas con Mario-. Y acierta. Porque aquí, José Sacristán lo es todo. Estamos ante uno de los grandes y nadie que vea este espectáculo lo dudará. Lejos de acomodarse, se implica y se entrega al personaje. Resulta el suyo un verdadero recital interpretativo digno de admirar: por la rotunda presencia, por cómo esa presencia se va empequeñeciendo conforme la curva de Nicolás se vuelve más y más empinada y, sobre todo, por el altísimo nivel de implicación emocional y conexión con el personaje que alcanza. Sacristán llega casi a mimetizarse con Nicolás hasta unos límites difíciles de alcanzar. Ver cómo transita de la ironía humorística de los tiempos más felices a la incertidumbre, la desolación y la emoción contenida de los momentos en que las cosas se tuercen es una clase de interpretación de esas que rara vez se dan. Resulta digno de admirar observar la sencillez, la verdad y la sinceridad con la que Sacristán lleva adelante el relato, muchas veces con un verdadero nudo en la garganta; y a eso –que no es poca cosa- se reduce el éxito de la propuesta. Hay que tener muy poca sensibilidad para no quedar profundamente impactado ante la manera en la que el Nicolás del imponente Sacristán se desmonta hasta convertirse en un ser frágil y vulnerable. Con lo que hace Sacristán sobre el escenario es más que suficiente para que la sobrecarga de lirismo y las reiteraciones del texto, o incluso un par de detalles recargados de la puesta en escena –esa pintura que surge en el momento cumbre y que sobra a todas luces- queden en meras anécdotas que en absoluto embarran lo que este montaje es: un recital interpretativo de un implicadísimo Sacristán. Mercedes Sampietro presta su voz a la esposa de Nicolás en momentos puntuales de la propuesta.

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Desde luego que el mayor acierto de este montaje es contar con un actor en estado de gracia, que se deja la piel en lo emocional –¡qué pocas veces hemos visto a Sacristán en personajes de marcada fragilidad y qué bien lo hace aquí!- y levanta con razón a la platea. Todo lo demás pasa a segundo plano: hay que ir a ver este espectáculo sólo por lo que hace Sacristán. Dice que se retirará del teatro al acabar la –suponemos que larga- gira de este montaje: desde luego, lo haría a lo grande… Por si acaso, no se lo pierdan.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

 

“Señora de Rojo Sobre Fondo Gris”, de Miguel Delibes. Versión teatral de José Sámano, José Sacristán e Inés Camiña. Con: José Sacristán. Voz en off: Mercedes Sampietro. Dirección: José Sámano. SABRE PRODUCCIONES / PENTACIÓN ESPECTÁCULOS / TAYCUAL / AGM

Teatro Bellas Artes, 14 de septiembre de 2019

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