Saltar al contenido

‘Parque Lezama’, o ver pasar la vida en el banco de un parque

septiembre 17, 2019

LEZAMACARTEL.jpg

El de Parque Lezama probablemente fuese uno de los estrenos más llamativos del presente inicio de temporada en Madrid: por el éxito sin precedentes que había tenido el presente montaje en América, por lo potente de su elenco –encabezado por Eduardo Blanco y Luis Brandoni, sin duda dos de los nombres más respetados del panorama latino actual- y por ser una dirección del oscarizado cineasta Juan José Campanella –que, a estas alturas, ya no necesita presentación para nadie-. Taquillazo razonable y garantizado. Quizá por todo ello se haya pasado más o menos por alto que la obra no es un texto original del director bonarense, sino una adaptación libre de I’m Not Rappaport, éxito de Broadway que Herb Gardner escribiese en 1985 –ya ha llovido un poco…- y que en 1996 se llevó al cine protagonizado por Walter Matthau, nada menos. Así las cosas, puede que los –no pocos- que asistan al teatro esperando un texto de Campanella –reconozco que pensé que así era cuando entré a ver la representación- se sientan algo decepcionados. Sin embargo, lo que se ofrece es un texto tierno, una comedia de corte casi familiar sobre la vejez y la soledad, de fácil recepción y de índole más o menos comercial, en una versión adaptada por Campanella a la realidad argentina; que se deja ver bien pero está lejos de la genialidad de los textos que el propio Campanella nos ha regalado en el cine. ¿Es un mal texto? En absoluto. Es, eso sí, una propuesta sustentada en las rotundas interpretaciones de su pareja protagonista; a la que quizá le sobre un poco de metraje –dos horas y cuarto con pausa- y que se beneficiará sin duda del cartel de la batuta de Campanella.

Parque Lezama nos presenta a dos ancianos que coinciden en el banco de un parque. León –el personaje que interpreta Brandoni- es un idealista que vive anclado en un mundo de fantasía en el que se fabrica una y otra vez pasados (im)posibles, (ir)realidades probables y ecos de una vida que nunca tuvo; pero que conserva el deseo idealista de luchar por aquellas cosas en las que cree, incluso por más que las fuerzas flaqueen, por más que tal vez nunca lo haya hecho más allá de su imaginación. Antonio –Eduardo Blanco-, por su parte, es un hombre mucho más conservador y tranquilo, y trabaja como conserje en una comunidad de vecinos que va a prescindir de él en breve, como pronto le informará el presidente de su escalera. A fin de cuentas, dos ancianos que están más solos que la una: uno –Antonio- porque va a perder la poca distracción que le quedaba; y el otro –León- porque se amarra al cuento para poder vivir – y rehúye con todas sus fuerzas la posibilidad de convertirse en una especie de ancianito dependiente o ingresar en una clínica-. La improbable relación entre dos tipos con personalidades tan antagónicas iniciará con mal pie; pero se acabará convirtiendo en la única balsa de salvación para ambos, que se verán enfrascados en diversas aventuras para intentar salvar sus dignidades, e incluso ayudar a mantener las dignidades de algunos otros, como una suerte de quijotes rebelados contra el mundo. Así, la pieza – sustentada en las conversaciones de ambos en ese banco del parque- transita de lo cómico a lo tierno, y termina siendo efectivamente una suerte de reflexión sobre la vejez que elude conscientemente profundizar en algunos aspectos más dramáticos para quedarse en la parte más amable de la situación, buscando la empatía del público a través de la comedia. Un quinteto de personajes episódicos completa con apariciones esporádicas una trama que va envolviendo a los dos protagonistas en una serie de aventuras que probablemente alcance su punto culminante de comedia en ese momento en el que han de hacerse pasar por una pareja de policías para quitarse de encima a un camello de poca monta.

lezama1.jpg

No se puede negar que el texto de Gardner sabe perfectamente lo que tiene entre manos –un teatro distendido, amable y comercial- y maneja las herramientas con pericia para llegar allá donde se propone. El público concreto al que va dirigido –puede que de corte más mainstream- saldrá satisfecho; pero también es cierto que mantener esta trama durante más de dos horas parece una opción excesiva; y que algunas decisiones de dirección –una pausa, bajadas de telón sin que se requiera…- no ayudan a que la función no se haga larga. La anécdota hubiese dado para una función de 90 minutos, que aquí se sobrepasan con generosidad. Hay momentos, hay réplicas cómicas con gancho; pero también es cierto que no hubiese estado de más meter el dedo en la llaga de la parte más oscura de la historia: lo solos que acaban estos personajes al final de sus días. Es un teatro dirigido a un público muy concreto –y no hay nada malo en ello- que aquí, sin embargo, se ha visto beneficiado por toda una serie de nombres implicados para parecer un pelotazo que tal vez no termine de ser, por más que se vea con agrado –y con la certeza de que le sobra un trecho de función, cortando de aquí y de allá-.

En otro orden de cosas, el hecho de que sea una producción ya montada y consolidada implica por ejemplo que una historia que transcurre originalmente en Nueva York se haya movido a la realidad argentina – y no a la española- con todo lo que ello puede conllevar, cuando se trata de una propuesta fácilmente adaptable. Es una opción comprensible; pero que no deja de llamar la atención hasta cierto punto.

Bonita escenografía y buena dirección actoral, si bien por momentos parece que a Campanella el ritmo, el pulso teatral, se le escapa por entre los dedos: no ya porque la acción real sea la justita –lo es-; sino también porque hay cuestiones difíciles de encajar hoy por hoy –demasiadas bajadas de telón injustificadas para remarcar el paso del tiempo… ¿en serio un cineasta de primer nivel no ha sabido resolver esto de un modo más teatral o incluso más cinematográfico?- que ralentizan considerablemente el ritmo. Así las cosas, la propuesta se sustenta en los memorables trabajos actorales – en lo físico, lo gestual y lo vocal- de Luis Brandoni –mayúsculo- y Eduardo Blanco; que se echan a sus espaldas una propuesta larga que exige mucha composición de personaje y que llevan a cabo con rotundidad. En sus personajes hay comedia –en este aspecto Brandoni está impecable- y ternura a partes iguales; y, muchas veces, el verdadero interés de esta propuesta está en el nivel de sus interpretaciones. Se podría decir sin temor a equivocarse, de hecho, que ambos engrandecen con su trabajo un texto que, en otras manos, tal vez no hubiese pasado de ser una simple anécdota; y ver la función acaba siendo un gusto más por asistir a su composición actoral que a la ‘no-trama’ en sí misma.  El reparto lo completan sin fisuras en pequeñas partes José Emilio Vera – como el presidente de la comunidad en la que trabaja(ba) Antonio-, Ana Belén Beas –como la hija de León, quizá el rol más necesario entre los secundarios que pueblan esta obra; por más que tampoco tenga el desarrollo que hubiera sido deseable, incluso a pesar del exceso de metraje claro de la función-, Martín Gervasoni, Santiago Linari y Luz Cipriota –estos tres últimos en papeles meramente anecdóticos que, insisto, resuelven sin problema alguno-.

Parque Lezama - Teatro Fígaro

Tal vez se preguntarán qué ha podido ver Campanella en este texto para deshacerse en elogios hacia él; porque, incluso sobre la temática de la vejez y la soledad, se han visto ejemplos muy superiores a este –la memorable película Elsa y Fred (Marcos Carnevale, 2005) es el caso más claro que se me ocurre ahora mismo- y puedo compartir algo de esa duda. A fin de cuentas, en Parque Lezama encontramos un texto comercial, que hará las delicias de un público concreto y que se deja ver, por lo amable del texto y, sobre todo, por el nivel de las interpretaciones protagonistas. Pero no engaño a nadie si digo que, a la vista de las expectativas creadas por el cartel, algunos esperábamos mucho más de un espectáculo que, sin embargo, sabe perfectamente a dónde va y llega precisamente ahí.

H. A.

Nota: 3 / 5

“Parque Lezama”, de Herb Gardner. Con: Luis Brandoni, Eduardo Blanco, José Emilio Vera, Ana Belén Beas, Luz Cipriota, Martín Gervasoni y Santiago Linari. Versión libre y dirección: Juan José Campanella. GRUPO SMEDIA / SEDA / EL TÍO CARACOLES / DANIEL COMBA

Teatro Fígaro, jueves 12 de septiembre de 2019

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: