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‘La Vie en Rose’, o el amor ni se crea ni se destruye, solamente se transforma

agosto 25, 2019

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Segunda de las propuestas que la Compañía de Danza Mar Gómez trajo a la 19ª edición del Festival Manicómicos, La Vie en Rose es un dúo de teatro-danza que acierta de pleno al realizar una disección irónica, ácida y –¿por qué no decirlo?- hasta cierto punto también bastante realista de la vida en pareja, desde el encantamiento del primer enamoramiento hasta que el asunto se va deteriorando sin remedio con el paso de los años… tal vez llegando hasta las manos, o tal vez dañando a terceros que poca culpa tienen en algo tan real –y hasta tan previsible- como es la degradación de la pareja.

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A lo largo de 40 minutos –y con unas músicas con un punto convenientemente almibarado, que van desde el musical de Broadway al ballet clásico o el desgarro de Edith Piaf- asistimos a la rutina de la vida en pareja: desde el punto en que dos seres se conocen pescando –o pescándose, mejor dicho- hasta que deciden emprender una vida juntos. Una vida que, en un principio, es color de rosa –tanto que puede llegar a subir el azúcar- pero en la que, a partir de la boda, irán surgiendo progresivamente el peso de la rutina –una cena de Nochebuena, y otra, y otra, y otra…-, la imposición de los roles de género aparentemente preestablecidos, la incomunicación y el tedio… hasta que, efectivamente, ese panorama de película romántica se vaya transformando en una lucha sin cuartel del uno contra el otro. Una lucha que pronto se convierte en linchamiento, y en la que se verán implicadas desde las mascotas hasta los propios hijos. Nada que no pueda pasar, al fin y al cabo, en las parejas de hoy en día. Y, cuando el deterioro de la pareja acaba por arrasarlo todo… ¿Qué salida queda? ¿Genera el ansia de destrucción una suerte de relación de dependencia? ¿Es posible la reconciliación? La Vie en Rose no pretende dar una respuesta rotunda a esta cuestión; pero, desde luego, sabe cómo trazar una radiografía bufa e incisiva al mismo tiempo acerca del mundo de la pareja. Por momentos edulcorada, por momentos deformada; pero siempre perfectamente reconocible.

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La Vie en Rose tiene una factura de una calidad infrecuente en un espectáculo de calle – existe también en formato de sala- y sabe cómo enlazar el lenguaje teatral –porque aquí hay una narrativa progresiva, prácticamente muda pero siempre tremendamente clara- con el mundo de la danza. Aquí la danza está siempre al servicio de contar una historia, y el aspecto técnico – resuelto sin problema alguno por Mar Gómez y Xavier Martínez, artífices de la compañía, que dan vida a esa pareja bien avenida en un primer momento pero que acaba llegando casi a las manos- bien integrado en una comicidad que, precisamente por lo reconocible de las situaciones, resulta simpática en su ironía. Hay profunda inteligencia en la mirada simbólica de según qué situaciones –desde ese inicio en el que la pesca parece una mera excusa para atarse hasta esa langosta navideña que se convierte en improvisado elemento de lucha, la evocación de los animales; o lo bien integrada que está la interacción con el público, cuando las cosas se ponen más oscuras y la narrativa opta por irse por la vía del cuento…- y el conjunto se maneja a medio camino entre la comedia blanca –aquella que verán los niños- y la ironía ácida que deja ver mucho mar de fondo –aquí penetrarán mejor los adultos-. Pero, tal y como sucedía en Slapstick, esta función admite varias capas de lectura; y será cada espectador quien decida hasta dónde llegar.

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Hay mucho trabajo concienzudo en La Vie en Rose, tanto a la hora de cuidar el aspecto plástico de la propuesta –que juega con una escenografía móvil que permite cambios de cuadro y juegos de entradas y salidas de vodevil sin que se resientan los tiempos: ¡esto en un espectáculo de calle- como a la hora de integrar perfectamente la danza en una narración puramente teatral, clara y concisa. También es interesante la mirada crítica – por todo lo que resulta por debajo de la comedia- que Gómez y Martínez aportan al sistema de las relaciones de pareja, tanto por el tono como por las formas. E, incluso, la idea de escoger la danza para narrar la historia de una caída al vacío, de una destrucción, es bastante útil aquí; porque permite partir de un inicio que admite un código más edulcorado, para irlo desfigurando en lo progresivo y caer en una agresividad física y gestual más clara. Desde luego que el viaje de los personajes lo admite perfectamente; y, en este sentido, el valor expresivo y narrativo de la coreografía es de muchos quilates.

En su brevedad, La Vie en Rose no deja fase del periplo amoroso por tocar; y evita ofrecer un punto de vista excesivamente autocomplaciente; y, desde luego, pone ante nosotros una realidad muy clara mediante un código concreto empleado con sabiduría para reírse de ello – porque no queda otra-, sin descuidar nunca ni la calidad de la coreografía y su ejecución ni el aspecto estético del espectáculo. Desde luego que encontrar propuestas de calle con este acabado no es frecuente; y se agradece mucho porque ayuda a dignificar el género.

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Puede surgir la duda de hasta dónde este espectáculo – esta vez sí, puramente de danza-teatro- está bien enclavado en un festival de circo y de calle. Y, sin embargo, la duda quedará disipada de inmediato si escuchamos el calurosísimo aplauso con que el público recibió esta función, presentada en horario nocturno. Tal vez precisamente por contar con una versión de sala, La Vie en Rose parezca tener un acabado impropio de las funciones de calle; pero lo cierto es que se disfruta en su estética, en su humor y en el duro mensaje que deja, después de todo, la fina ironía con la que la situación está tratada. Y, por encima de todo, que el público que ve teatro de calle pueda acceder a propuestas de esta envergadura es algo que ha de agradecerse. Un gran trabajo.

H. A.

Nota: 3.75/5

 

“La Vie en Rose”, dirección artística: Mar Gómez. Dirección Coreográfica e interpretación: Mar Gómez y Xavier Martínez. COMPAÑÍA MAR GÓMEZ

XIX Festival Manicómicos (Plaza de España), 17 de agosto de 2019

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