Saltar al contenido

‘Curva España’, o el imperio de la posverdad

julio 30, 2019

curvaespañacartel

Espectáculo bilingüe (gallego / castellano)

Chévere estrenó en la MIT de Ribadavia su último espectáculo, Curva España, ambiciosa coproducción entre el Ayuntamiento de Teo (A Coruña), los madrileños Teatros del Canal y la propia MIT Ribadavia. En Curva España podríamos decir que Chévere vuelve por la senda del teatro documento –que tan buen resultado les ha dado en ocasiones anteriores- para, partiendo de una anécdota real ocurrida en Galicia y nunca aclarada de todo, reflexionar sobre asuntos como la construcción de la identidad –en este caso de la identidad nacional(ista) ligada al trazado de las vías de tren- o el imperio de la posverdad y las fake news, cada vez más extendido en los medios y en la sociedad: ¿Hemos de creernos las historias que nos cuentan? ¿Existe un discurso falso que intenta, a toda costa, mantener el discurso de la unidad de España en un país cada vez más fragmentado? ¿La realidad es como es o son los discursos los que la construyen?  Sobre estas y otras cuestiones reflexiona Curva España; en un formato que hace dialogar constantemente el componente audiovisual –muy presente en la pieza, puede que tal vez hasta demasiado presente- con el componente teatral; para armar lo que podríamos llamar un falso documental que, desde la anécdota inicial, abre muchos más caminos e incluso traza paralelismos razonables.

curvaespaña1

Curva España nace de una anécdota que un taxista le contó al actor Miguel de Lira en un trayecto entre A Gudiña y Verín, cuando tenía que llegar a toda costa hasta allí para hacer función de Eroski Paraíso: la historia del ingeniero José Fernández-España y Vigil, que se mató en una curva el 26 de mayo de 1927, al estrellarse el coche en el que viajaba; justo cuando proyectaba un trazado que introdujese el ferrocarril en Galicia desde Zamora, pasando por Verín. Mientras el ingeniero España murió en el acto, el conductor del vehículo salió ileso; y todo parece apuntar a algún tipo de complot de los caciques del pueblo, a los que no parecía interesarles demasiado un progreso que pudiese poner en riesgo su control sobre el territorio. Pero lo cierto es que el asunto nunca se aclaró del todo. Al comenzar el espectáculo, vemos el encuadre de una cámara y una máquina de escribir, en la que Miguel de Lira comienza a redactar un guion –entendemos que el guion de un documentar sobre la curva Epaña- en una máquina de escribir que cobrará especial relevancia más adelante. A continuación –siempre dentro del terreno de la ficción- asistimos a una –falsa- rueda de prensa de la Guardia Civil, en la que se intenta salir de paso lo antes posible de la polémica generada a partir de la próxima exhumación del cuerpo del ingeniero España, para acallar así cualquier polémica; una exhumación que, según un forense que interviene a continuación, va a ser más veloz de lo previsto. En ambas escenas iniciales, asistimos de forma consciente a la filmación del documental – de modo que la imagen, proyectada en el centro del escenario, acaba casi por devorar a lo filmado en directo-.

curvaespaña3.jpg

Lo que sigue es un espectáculo que, en primera instancia, intenta aclarar lo sucedido con el ingeniero España, casi a modo de docuthriller fragmentario; pero que, conforme avanza, va lanzando más temas y preguntas que quedan en el aire. Por los –múltiples- testimonios recogidos en Verín – y nuevamente proyectados en directo- queda claro que todo el pueblo conoce el incidente; pero también que todos, absolutamente todos los lugareños tienen una idea formada de lo que pasó, como si hubiesen estado ahí… Lo curioso –o lo irónico- es que las rotundas verdades de unos y otros sobre el asunto no sólo no encajan sino que se contradicen hasta límites insospechados, como si la información hubiese llegado a modo de teléfono estropeado. ¿Accidente, complot o conflicto de intereses? Para poner un poco de orden a los datos, los Chévere se marcan entonces –en una suerte de comic de manipulación de objetos proyectada en directo, que sin duda es uno de los mejores momentos de la representación- una radiografía de la aparición y evolución del ferrocarril –más tarde tren- en Galicia: como casi todo en Galicia, llegó tarde, mal y a rastras. Esta breve lección de historia –muy cómica en su planteamiento- sirve para enlazar los conceptos de formación territorial/formación nacional, y ligar los trazados del terreno con el concepto de Galicia como nación – alegoría tan evidente como bien traída por lo divertido del momento-. Del mismo modo que, siempre siguiendo con la investigación, Chévere sitúa en primer plano la figura de Eloi Lois André (1878-1935), psicólogo, filósofo y pensador nacido en Verín que fue uno de los máximos defensores del progreso –ese progreso que nunca llegó al replantease el trazado del ferrocarril tras la muerte del ingeniero España- y que planteó en su momento la llamada variante André como alternativa. Por su importancia, André –evocado dentro del documental en su naturaleza ficcional- también tiene su lugar en el desarrollo de Curva España, incluyendo un poético y encendido discurso nacionalista que manda redactar; y que, de algún modo, niega la evidencia de la España unitaria que parece querer defenderse desde el centro del país. Como si los Chévere nos recordasen –a través de la figura de André- que la identidad nacionalista existe, y no está reñida con la idea de progreso.

curvaespaña2.jpg

Surge entonces el imperio de la posverdad, que es desde luego asunto central del espectáculo. No en vano, Curva España traza otra alegoría al abrir una trama en la que los propios actores –Patricia de Lorenzo y Miguel de Lira- son detenidos e investigados por un supuesto delito contra España en redes mientras preparaban este espectáculo: en Galicia resultará evidente la conexión con el comentado episodio que sufriese la compañía Chévere cuando el exalcalde de Santiago, Gerardo Conde Roa les imputase un supuesto delito de enaltecimiento del terrorismo tras un evento para el que se había alquilado la Sala Nasa, en una persecución que terminó con el cierre de la sala  y su traslado a la actual base en Teo –en Galicia este escándalo es conocido por todos, pero si me leen desde otras latitudes, quizá conviene que se den una vuelta por algunos enlaces al respecto, para hacerse una idea de la dimensión del asunto-. Nuevamente la ironía: parece que la historia real está condenada a repetirse –aunque ahora sea en la ficción-. Siempre a medio camino entre teatro y documental, teatro y cine, realidad y ficción; la función termina con la recreación – nuevamente en un extenso vídeo- de una entrevista a María Victoria Fernández-España –polémica política y periodista, a la sazón hija además del ingeniero España; y, en otra oportuna filigrana de doble lectura, nieta del fundador de La Voz de Galicia- en el desaparecido programa A Fondo, de TVE. Entrevista que vemos en vídeo –recreada y ficcionalizada; pero siempre a partir de declaraciones reales de la periodista- como colofón a una función que, efectivamente, toma el asunto de la muerte del ingeniero España para reflexionar sobre lo relativo de la realidad y la existencia de discursos falsamente ciertos a veces adoctrinados en la sociedad a través del boca-oreja o los medios de comunicación.

curvaespaña6

Símbolo de madurez, desde luego, Curva España es una de las propuestas más complejas y menos condescendientes de cuantas hayamos visto a Chévere últimamente. La anécdota aparentemente inofensiva inicial enseguida deja paso a cuestiones mucho más espinosas –el tema central de la pieza, de hecho, es la creación de discursos falsos como reales- que a menudo tienen una doble lectura más o menos soterrada. Porque la historia de la muerte del ingeniero España acaba derivando, efectivamente, en una metáfora territorial que pasa de las vías de tren al concepto de país; del mismo modo que el oscurantismo en torno al asunto del accidente puede ligarse con el oscurantismo en torno a la persecución política que sufrió Chévere. Prácticamente todo en Curva España tiene doble lectura –y, a menudo, la lectura soterrada pesa más que la inicial- siendo responsabilidad de cada espectador el saber bucear para encontrar toda la extensión paralela de la pieza. En este sentido, puede que este sea uno de los trabajos más personales de la compañía, signo de valentía incuestionable.

curvaespaña5

No es tampoco la primera vez que Chévere aborda el teatro documento –ahí tenemos, siendo todas propuestas muy diferentes entre sí Citizen, Eroski Paraíso, As Fillas Bravas o incluso Eurozone, por citar algunos ejemplos-; pero nunca había sido tan tajante como aquí. Primero porque Curva España versa sobre la grabación de un documental –como también ocurría, por ejemplo, en Eroski Paraíso– pero apuesta fuerte por el componente de la imagen, del cine. Mientras que en Eroski Paraíso no había ni una sola proyección, aquí el aparato audiovisual es reinante: aquí a menudo la imagen visual acaba comiéndose a la acción escénica propiamente dicha, e incluso hay largas escenas –los testimonios y la falsa entrevista final- estrictamente filmadas, en las que el escenario queda desierto por largo tiempo. Es un camino arriesgado al que Chévere juega con todo –tal vez la presencia del vídeo, desde mi punto de vista excesiva, desequilibre el rimo de la pieza en algunos momentos- y sorprende que jueguen con conciencia a un camino que tal vez no sea el más sencillo para el público. En consonancia, tampoco el discurso –más documental y crítico que nunca; prácticamente exento de chascarrillos de cara a la galería- es de los más sencillos que haya planteado la compañía: Curva España aporta datos –la comedia, aquí siempre más de sonrisa que de carcajada, no surge de los hechos en sí mismos; sino de la contradicción existente entre ellos-; y con toda seguridad apela menos, por ejemplo, al factor puramente emocional –que reinaba por ejemplo en Eroski Paraíso– para dejar una reflexión más seria, más honda y más profunda.

curvaespaña4

En una propuesta donde prima lo audiovisual –no en vano tanto Lucía Estévez, con la cámara, como Leticia T. Blanco, con el montaje, son presencias prácticamente silentes; pero al mismo tiempo constantes en escena- a veces podemos tener la sensación de que la abundancia de datos expuestos –y lo hilarantes que resultan algunos de los testimonios grabados, que muchas veces acaban robándole el foco a lo que sucede en escena en directo- haga que por momentos veamos el trabajo actoral de Miguel de Lira –que se mueve igual de bien en la contención con la que personifica a Eloi Lois André que en la soterrada ironía que aplica a su acercamiento al periodista Joaquín Soler Serrano- y Patricia de Lorenzo –siempre sólida pero especialmente desopilante en su encarnación de María Victoria Fernández-España, que nos hubiera gustado ver en escena y no en vídeo: es un acierto tomarla en serio, porque así es como más gracia hace; la comedia viene de su discurso y no de su caracterización- como piezas de un todo que se integra en el espectáculo. Un espectáculo que –de acuerdo a la filosofía de la pieza- no está pensado para un lucimiento específico de los actores; sino que – como buen teatro documento- pretende aportar datos para que cada espectador los asimile y arme su propia conclusión. Hasta en eso Curva España no es especialmente condescendiente; y en esa dificultad –no resulta un teatro especialmente popular, ni fácil, ni para todos- radica su valentía. Se nota que Chévere sabe bien lo que se hace, y van con su idea, su concepto y su planteamiento hasta las últimas consecuencias.

curvaespaña7

La reflexión central que deja Curva España en el aire –estamos condenados a dejarnos arrastrar por el imperio de la posverdad?- es interesante y da que pensar; y la madurez que adquiere la compañía con este espectáculo está fuera de toda duda. Se agradece que no busquen aleccionar, limitándose a dar datos para que cada uno de nosotros los ordene y asimile como considere conveniente. ¿Se aleja Curva España del espíritu más habitual de los espectáculos de Chévere? Puede que hasta cierto punto. ¿Perjudica ahora mismo el exceso de audiovisual a la cuestión de ritmo? Es más que posible. ¿Puede que llegue a territorios no gallegos con menor fuerza que otras propuestas suyas anteriores? No me atrevo a aventurarlo; pero desde luego que hay símbolos y alegorías –el guiño al asunto Conde Roa- que difícilmente se captarán fuera: se puede entender el espectáculo sin ello; pero es quitarle una de las tantas capas de doble fondo que posee. Ahora bien –y con esto quiero quedarme- ¿es símbolo de valentía que la compañía se lance a abordar un espectáculo tan personal confiando en la inteligencia del espectador como lo hace? Sin duda alguna; por más que el resultado sea uno de los espectáculos más complejos –menos fáciles- de la factoría Chévere. Por lo de pronto, quizá habría que equilibrar el peso –hoy por hoy para mí excesivo- de lo audiovisual sobre la acción escénica propiamente dicha para mejorar una cuestión de ritmo.

H. A.

Nota: 3.35 / 5

 

“Curva España”, de Chévere (creación colectiva). Con: Miguel de Lira, Patricia de Lorenzo, Lucía Estévez y Leticia T. Blanco. Dirección: Xron (Xesús Ron). CHÉVERE / CONCELLO DE TEO / MIT RIBADAVIA / TEATROS DEL CANAL.

XXXV Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Auditorio do Castelo, 25 de julio de 2019)

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: