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‘Y El Cuerpo se Hace Nombre’, o un viaje iniciático hacia la identidad

julio 4, 2019

CARTELCUERPO

Llegada del Festival Surge Madrid 2018, hizo escala ahora en el ambigú de El Pavón Teatro Kamikae Y El Cuerpo se Hace Nombre, un espectáculo performativo en el que artistas de diversas disciplinas nos invitan a una sesión en la que reflexionar acerca del concepto de identidad, la ruptura de códigos binarios de género y, en definitiva, la (re)formulación de la identidad. A fin de cuentas, cuerpos que se revelan como núcleos identitarios de los que sus portadores se sienten orgullosos, porque conforman lo que ahora son, lo que quieren ser. Para llegar a este punto, es necesario sin duda abordar una especie de difícil viaje iniciático. Un viaje al que, esta noche, todos estamos invitados.

Y El Cuerpo se Hace Nombre aborda con libertad el mundo de la identidad de género, centrándose especialmente en la transenxualidad ofrecida en primera persona, desde distintos puntos de vista; casi a modo de viaje iniciático que una serie de personas han de abordar para llegar a configurarse como se sienten: no será fácil llegar a la meta, y la función aborda sin tapujos y casi a modo de confesionario las sensaciones y procesos en los que los transexuales se pueden ver enmarcados. Dispuestos por todo el espacio –mano a mano con el público-, todos los intérpretes – cada uno de ellos de distintos sexos, condiciones y disciplinas- comienzan la función haciendo un elogio de la danza, del baile como elemento liberador, que libera a cada uno de ellos de su dolor o aquello que les constriñe. Es el primer punto de comunión con un público siempre cómplice, invitado también a confesar de dónde nace su necesidad de bailar. Desde este punto, siempre de manera poética y provocando estímulos que se transmiten al espectador, entramos en una pieza multidisciplinar en el que danza, pintura, texto, música y performance se dan la mano para armar un todo inquietante: por momentos oscuros, por momentos turbio, por momentos desgarrador en su poética sinceridad. Es el inicio de lo que podríamos llamar un aquelarre, una ceremonia iniciática global en la que, siempre a partir de estímulos, nos vamos introduciendo en un mundo que nos va atrapando hacia lo desconocido, viajando hacia lo emocional y que evoluciona cuando ya en un espacio más íntimo, se nos ofrece participar de primera mano en la iniciación del proceso, tal vez uno de los momentos más sugerentes de un montaje que acaba constituyéndose en una gran fiesta, casi una rave colectiva en el que todos – intérpretes y público- somos invitados a despojarnos de aquello que nos pese, de nuestros prejuicios, y a celebrar a los seres por encima de todo en un ambiente de camaradería que nos muestra efectivamente la luz al final del túnel, tal vez después de haber realizado un viaje desde la tiniebla hacia lo luminoso, que es lo que constituye a fin de cuentas la función.

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Dentro del aspecto de creación colectiva, quizá el mayor acierto de Y El Cuerpo se Hace Nombre –más allá de la evidencia de su valentía a la hora de tratar sin medias tintas asuntos en torno a los que todavía hay mucho más camino por recorrer del que parece- está en su honestidad, en su sinceridad; y en la capacidad de no aleccionar a nadie. Aquí no hay lugar para discursos, porque el discurso mismo se construye desde la poesía, desde los estímulos –sensoriales, visuales, emocionales- que son la mejor herramienta desde la que se conecta con el espectador. Es un acierto a la hora de decidir cómo establecer ese ambiente de conexión inevitablemente necesario para llegar al propósito que la función se propone. En este sentido, aunque la investigación emprendida bebe de las fuentes más diversas –en el programa figuran desde clásicos literarios, hasta teóricos de la identidad de género pasando por las aportaciones individuales de cada uno de los intérpretes-, la mano de Consuelo Trujillo y Andrés Waksman ha conseguido armar un todo que, sin perder la vista lo emocional, apela mucho más a lo sensorial, a jugar a provocar sensaciones en el público; del mismo modo que sabe ordenar el material de modo que se produce, efectivamente, un viaje que, por momentos es verdadero aquelarre; otras veces ceremonia iniciática; en otros momentos casi un cabaret y, en el fondo, una fiesta de la libertad y la reivindicación, que es en lo que se erige en última instancia.

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Desde luego que todos los intérpretes –en escena David Darife, Elisabeth Duval, Celeste González, Borja Maestre, Iñaki Rubio, Consuelo Trujillo, Ángela Villar y la propia Consuelo Trujillo– se vuelcan en dar todo para un espectáculo tan complejo como valiente, en el que todos se desnudan física y emocionalmente (“…y no me iré hasta que diga lo que he venido a decir”) para el buen transcurso de una función de la que hay que aplaudir su honestidad –en la estructura, en su voluntad de diferente y en el discurso que mantiene- y la capacidad de convertirse más en un juego de estímulos que en algo con voluntad aleccionadora. Además, cada uno de los intérpretes se muestra hábil a la hora de buscar y conseguir esa complicidad con el público sin la que el resultado no sería el que es.

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Y El Cuerpo se Hace Nombre es, desde luego, una propuesta difícil, pero honesta; que una vez más muestra que las formas teatrales y las dramaturgias se encuentran en constante evolución. Reconociendo que seguramente no sea una función para cualquier público, no se le puede negar ni su honestidad ni su valentía. Y, del mismo modo, siempre es interesante que este tipo de propuestas más híbridas y performáticas, encuentren su lugar en el circuito on madrileño; para mostrar que otros caminos son posibles.

H. A.

Nota: 3/5

“Y El Cuerpo se Hace Nombre”, pieza colectiva creada por todos los intérpretes de la pieza y coordinada por Consuelo Trujillo y Andrés Waksman. Textos/Transtextualización:  Ana Rossetti, Elizabeth Duval y Consuelo Trujillo Textos inspiradores:  Elizabeth Duval, Lilith Latin, Milton, Ángelo Néstore, Ovidio, Leopoldo María Panero, Jade Phoenix Martinez, Paul B. Preciado, Alana Portero, Ana Rossetti, Sófocles, Alok Vaid-Menon, Monique Wittig y todos los intérpretes de la pieza.  Con: David Darife, Elisabeth Duval, Celeste González, Borja Maestre, Iñaki Rubio, Consuelo Trujillo y Ángela Villar. Dirección de escena: Andrés Waksman. COMUNIDAD DE MADRID / CRIATURA DEL ARTE.

El Pavón Teatro Kamikaze (Ambigú), 28 de junio de 2019

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