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‘Los Inocentes’, o cuando la política deviene payasada

junio 30, 2019

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En el Teatro del Barrio se presenta Los Inocentes, texto de Luis Moreno –que también actúa- que revisa algo tan en boga a día de hoy como la corrupción política, el desinterés de los propios políticos por el mundo de la política –el circo político, en suma- y su capacidad para chupar del bote; en una serie de pequeños sketches entrelazados que se apoyan sobre todo en el mundo del clown como principal código para narrar –siendo tal vez ésta la principal novedad y la mayor particularidad de la propuesta-.

Desde luego que la corrupción política y la desidia de los políticos patrios son asuntos que –desgraciadamente- han dado grandes títulos a todo tipo de ficción española –sean clásicos o piezas de nueva creación, sólo en teatro, últimamente hemos visto en cartel títulos como Los Caciques, El Inspector, 19:30, Dignidad, Refugio, El Tesorero, El Jurado y tantas otras que, desde un prisma u otro, revisan la parte más oscura del mundo del poder político-. Quizá sea por esto por lo que, ante un nuevo espectáculo sobre política, pueda surgir la duda de qué aporta una nueva propuesta a las demás. Los Inocentes, como digo, tiene en el particular código escogido su mayor novedad; además de haber preferido aportar una visión general y global, sin apuntar a nadie en concreto: en Los Inocentes la política es un circo en sí mismo, no hay político bueno y el más hábil –el que triunfa- es aquel capaz de salvar el pellejo después de haberla liado parda. Porque, a fin de cuentas, en el saco entran todos.

Desde una puesta en escena minimalista, Luis Moreno –que, además de escribir e interpretar, dirige el espectáculo- propone un juego de payasos en el que tres personajes vestidos de traje riguroso, exponen –con ironía corrosiva y en un lenguaje a menudo genérico, onomatopéyico y propio del humor del mundo del clown- un crisol de aquellas situaciones en las que políticos pueden verse inmersos en todo mandato; haciendo especial hincapié en ese carácter de juego que parece tener para ellos. Sobres, contabilidades B, corrupción que arrastra a todos y, sobre todo, esa capacidad de pasarse la pelota los unos a los otros por más que las opciones cambien: se trata de que parezca que las cosas han cambiado; pero, a fin de cuentas, lo único que parece interesarles es sacar el mayor provecho para cada uno a cada momento. Por supuesto, el teatro de la política termina fuera de las horas del trabajo: unos y otros, oponentes, rivales, no dudan en pegarse amplias comilonas juntos… ¿Existe contención por parte de la clase política ante un país en crisis? A juzgar por la enseñanza que trata de mostrarnos Los Inocentes, la respuesta es un no rotundo. En el mundo político no hay vergüenza posible.

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Es cierto que la idea de afrontar un territorio bastante explorado como es la corrupción política desde un lugar tan particular como el mundo del payaso de circo –los códigos a menudo se acercan al clown- es un riesgo interesante. Y, en este sentido, la propuesta tiene momentos interesantes; y se ve con agrado y diversión en su aparente sencillez, que deja todo en manos del gesto y el cuerpo de los actores. El trío actoral –en escena Ana Cerdeiriña, Helena Lanza y el propio Luis Moreno– parece consciente de a qué juega y lleva lo gestual y el sentido del ritmo hasta sus últimas consecuencias, encadenando una situación cómica detrás de otra. Así, todo el primer sector de la función marcha como la entretenida curiosidad que es; por más que también nos quede la sensación de que la cosa se va deshinchando por repeticiones o insistencias en asuntos que ya hemos visto previamente. El humor, ya se sabe, tiene siempre ese riesgo de los tempos, y un gag visto una vez puede resultar mucho más simpático que cuando ya lo hemos visto tres o cuatro. Algo de esto hay aquí.

Podríamos decir que Los Inocentes marcha bien como lo que es: una comedia de clown que aborda un asunto de actualidad desde un lugar más bufo que acusador; ya que a fin de cuentas no señala directamente a nadie. Es entretenida sobre todo al principio; pero conforme la cosa avanza el factor sorpresa va desapareciendo y –siempre reconociendo el trabajo actoral- se vuelve más repetitiva en su contenido. Más discutible –en mi opinión, directamente no se necesita- es un epílogo en el que el autor hace huir a los corruptos en un barco, y nos muestra su vida como, digamos, forajidos de la política; que se van, sin embargo, con las manos bien llenas. Este epílogo –que intenta introducir elementos más poéticos en una pieza fundamentalmente satírica hasta el momento- ralentiza la cosa más de lo deseable, sin mucha necesidad y, sobre todo, se aleja del tono y el espíritu originarios de la propuesta.

En suma, Los Inocentes puede verse como un divertimento bien interpretado y curioso a la hora de escoger el código del clown y la farsa para expresarse; pero, dentro de la curiosidad, sería más eficaz si condensase más una duración que ahora se acerca a los 90 minutos –demasiado para la curiosidad- y que no debería pasar de la hora justa. Tiene posibilidades, sin duda; pero tal como está ahora mismo todavía es bastante susceptible de revisión, sobre todo en un mundo como el de la ficción española, que tantos buenos ejemplos de sátira política ha dejado a lo largo del tiempo.

H. A.

Nota: 2/5

 

“Los Inocentes”, de Luis Moreno. Con: Helena Lanza, Luis Moreno y Ana Cerdeiriña. Dirección: Luis Moreno.

Teatro del Barrio, 23 de junio de 2019

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