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‘A la Gloria de Lavapiés’, o luz, nostalgia y melancolía

junio 3, 2019

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Con A la Gloria de Lavapiés Gloria Albalate – artista multidisciplinar a la que hemos visto en formatos tan diversos como pueden ser Navidad en Casa de los Cupiello, Mueblofilia o Putas (Rancheras)– cosechó un grandísimo éxito la temporada pasada en Nave 73, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes. Ahora, el espectáculo –que es ya algo así como un clásico reciente del off madrileño- se repuso por un par de sesiones en el pequeño Teatro de la Escuela, para que aquellos que no lo vimos entonces pudiéramos recuperarlo. Y, a decir verdad, la propuesta no defrauda: a medio camino entre biografía, miniatura poética y cabaret, Albalate – sobre una dramaturgia de Angie Martín, que también interviene como actriz, y con Melina Liapi al piano- va desgranando todo un recorrido por la vida y obra de Gloria Fuertes, con los ecos de canciones que marcaron una vida y una época –caben cuplés, coplas, pasodobles y hasta temas a los que puso letra la propia Fuertes, o temas que evocan momentos y personalidades que marcaron su vida de algún modo-.

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¿Qué recibe el espectador que asiste a ver A la Gloria de Lavapiés? Pues desde luego que algo bien distinto a lo que uno esperaba. Esto no es una exaltación de la poesía de Fuertes, ni un recital poético con música ni nada por el estilo. No. La dramaturgia –sencilla pero clarificadora- que plantea Angie Martín va más allá. Podríamos decir que es un viaje a la nostalgia, a la melancolía, y tal vez a la parte más oscura de una voz poética entrañable que quizá tengamos más ligada a otros derroteros. Pero, viendo A la Gloria de Lavapies pronto comprendemos que la de Fuertes fue una vida de lucha, de pérdida, de arraigado desarraigo –de sentido de pertenencia en la distancia, podríamos decir- y de valentía a la hora de escoger qué sentir y cómo sentirlo. Firmes convicciones a la hora de decidir, lucha a la hora de formar la figura que fue, nostalgia, melancolía y pérdida. Porque la pérdida –de todas clases- seguramente fuese uno de los motores que marcaron la vida de Fuertes. Este montaje, sin dejar de lado ni la poesía ni la faceta creativa de Fuertes, se centra más en su periplo social y vital, en sus diversos amores y su concepto del amor como un espacio amplio y libre –para la Fuertes cabían diferentes escalas y tipos de amor, todos complementarios e igualmente sinceros-; haciendo especial hincapié en la figura de Phyllis Turunbull, probablemente la figura amorosa más importante en la vida de la poetisa, una hispanista con la que mantuvo una relación que se prolongó por tres lustros y cuya muerte prematura marcó un punto de no retorno en la vida de Gloria Fuertes. Así, de algún modo, el recorrido que propone Angie Martín nos muestra –en apenas una hora de espectáculo- una vida marcada por la nostalgia de la distancia y la melancolía constante que genera la pérdida, en contraste con lo luminoso –y tal vez en muchos momentos incluso naif– de sus textos. Sirve el espectáculo, desde luego, para poner en contexto una vida que fue cualquier cosa menos fácil.

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El viaje narrativo se hace a través del relato de Fuertes en primera persona por un lado, lo ingenuo de su poética por otro, y todo el entramado musical –que unas veces sirve para relajar la acción, y otras para cargarla de significado simbólico y poético-. El todo –es una función teatral, sin duda, pero difícil de catalogar en un género, porque tiene mucho de muchos- es una propuesta pequeña, pero honesta y que llega justo a donde se propone, que se ve con mucho agrado, que vuelve a demostrar las dotes multidisciplinares de Albalate y que ayuda a resignificar quizá la figura de Gloria Fuertes mucho más allá de su propia poesía. El todo nos deja una sensación de agridulce luminosidad, bien potenciada por los cambios de registro tanto actorales como musicales, en una atmósfera que favorece la intimidad.

Basta una pequeña escenografía –un biombo plagado de conceptos que, de uno u otro modo marcan la trayectoria de Fuertes, un piano, y una mesa llena de bebidas alcohólicas en la que aguarda una mujer que escribe- para crear un espectáculo en el que la dirección de Fernando Roca Andreu se vale de la intimidad para formar algo a medio camino entre el confesionario y el cabaret, con un punto decadente que nos lleva de pleno a la nostalgia y la melancolía que dominan la propuesta. Que Gloria Albalate canta maravillosamente –y en estilo, cosa difícil- lo que le echen, ya lo sabíamos desde Putas (Rancheras): aquí no hace sino ampliar el abanico de repertorio al cuplé y a la copla, con una voz que destaca, incluso más por su potencial dramático y expresivo que por su calidad tímbrica en sí misma; cualidad importante cuando de abordar un repertorio como este se trata. Además, la actriz –que acierta al evitar imitar a Fuertes, que hubiera sido el camino más fácil, para armar un personaje ficcional, puede que alejado del original, pero de carne y hueso al fin y al cabo- sabe realizar bien el viaje entre esperanza, decepción, fortaleza, pérdida y nostalgia –salpicada siempre por su faceta creativa, muchas veces su única tabla de salvación- que exige el montaje. Junto a ella, el sólido piano de Melina Liapi y la voz y presencia de la propia dramaturga, Angie Martín, como esas mujeres que esperaron a la Fuertes, y a las que la Fuertes esperaba: a veces reales, a veces ecos, a veces evocaciones del recuerdo o la nostalgia… Pocos elementos necesita el director Fernando Roca Andreu para armar pues un espectáculo sencillo, pequeño; pero nada pretencioso y lleno de sabor, con muy buenos mimbres.

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A la Gloria de Lavapiés es un homenaje con no pocas virtudes. Ofrece algo diferente –pero mucho más interesante- de lo que uno va a ver en principio: no es un recital poético, no es un cabaret al uso, no es una obra autobiográfica… pero tiene elementos de todo eso, bien encajados entre sí; sabe el tipo de espectáculo que está armando y no pretende ser otra cosa; dura exactamente lo que tiene que durar y –sobre todo- tiene máxima implicación por parte de todo su equipo artístico, a la hora de sacar lo mejor de la propuesta. No es poco. Se ve con agrado, y uno sale sabiendo más sobre Gloria Fuertes de lo que sabía al entrar, quién sabe si replanteándose su figura en sí misma. Además, es un goce escuchar a Gloria Albalate interpretar todo un ramillete de canciones tan diversas desde un lugar tan cálido. Tiene mucho encanto y tiene luz, nostalgia y melancolía.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

“A la Gloria de Lavapiés”, dramaturgia y poesía de Angie Martín a partir de textos de Gloria Fuertes. Con: Gloria Albalate, Angie Martín y Melina Liapi. Dirección: Fernando Roca Andreu. LA CANTERA PRODUCCIONES S.L.

Teatro de la Escuela, 25 de Mayo de 2019

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