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‘Please, Continue (Hamlet), o ¿cuáles son los límites de lo teatral?

mayo 21, 2019

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Los Teatros del Canal dedicaron en este mes de Mayo un ciclo panorámico en torno al trabajo de Roger Bernat (Barcelona, 1968), otrora enfant terrible del teatro contemporáneo y ahora convertido en una figura fundamental del teatro participativo. Fracaso Interminable fue el nombre del ciclo que, en apenas unos días, englobó cuatro propuestas distintas firmadas por FFF –a la sazón, The Friendly Face of Fascism, la compañía de Bernat- que englobaban distintos tipos de acercamiento al teatro participativo. Ante la imposibilidad de ver todo el ciclo, me incliné por la primera de las propuestas: Please, Continue (Hamlet), un espectáculo estrenado en Ginebra en 2011 que está a medio camino entre el teatro, la performance y hasta el experimento social; pudiendo incluso invitarnos a pensar dónde están los límites de lo teatral o no. El presente artículo no pretende ser tanto una crítica del espectáculo –ahora veremos por qué- como meramente una exposición de la experiencia y una reflexión.

Please Continue (Hamlet) reproduce un juicio completo y real en el que el tribunal cambia cada noche y está formado por profesionales del ámbito jurídico. El público asiste al juicio, podrá ser reclamado para intervenir como jurado popular, y el tribunal que juzga cambia cada noche. Hasta aquí, bien. Pero la particularidad de la propuesta es que asistimos al juicio a Hamlet, Príncipe de Dinamarca, por el supuesto asesinato de Polonio. Para ello, además del imputado –Hamlet- serán llamadas a declarar tanto Ofelia –hija de Polonio- como Gertrudis –reina de Dinamarca y madre de Hamlet-. El objetivo del juicio es dictar sentencia sobre la culpabilidad o no de Hamlet en los hechos que se le imputan; y el espectáculo se prolonga tanto como lo haga el juicio real. La particularidad es que, frente a un tribunal real de profesionales del Derecho –un juez, un abogado, una fiscal, un médico forense, una psicóloga y un agente judicial que lo son de profesión- tres actores interpretan a Hamlet, Gertrudis y Ofelia. Se ha preparado además un dossier completo y real sobre el caso objeto de estudio –que permanece a disposición de todo el público durante todo el juicio-, que la judicatura debe estudiar y preparar para el momento del juicio. No hay –o al menos no lo parece- un encuentro previo entre los actores y los profesionales reales; y, al final del proceso, cualquier persona del público – todos tenemos un número con la entrada- podrá ser reclamada como jurado popular para dictar sentencia.

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¿Dónde situar Hamlet (Please, Continue)? Es francamente difícil. Salvo por cuestiones muy concretas –las declaraciones de los tres actores en los interrogatorios, que después de todo apenas ocupan un 15% del tiempo total; o el hecho de que sabemos que el juicio no es real en sí mismo- este espectáculo estira hasta el extremo el límite de lo que podríamos llamar lo puramente teatral. No pretende en ningún momento parecer teatral y por eso puede decepcionar a quienes vayan esperando una obra de teatro al uso. Su carácter de juicio –y su duración variable según cada función: en nuestro caso dos horas y cuarenta minutos- incitan a situar Please, Continue (Hamlet) más en el ámbito ya no de la performance –que algo tiene de ello- sino de la experiencia en sí misma. Como tal – como experiencia- la encontré francamente interesante, y seguramente fascinará a los profesionales del derecho que acudan a verla; pero al mismo tiempo puedo entender la reticencia de quienes prefieran una ficción al uso –incluso si nos movemos en la esfera de una ficción participativa- y se encuentren con este experimento.

Roger Bernat y Yan Duyvendak seguramente busquen hacer reflexionar al público no ya solo sobre la esfera de la justicia –¿es justa la justicia? ¿quién la imparte?- sino también – y casi diría que sobre todo- sobre el concepto de responsabilidad como individuos y como colectivo. No en vano, se le recuerda al público constantemente que debe tomar conciencia de todo lo que se diga y ocurra, por si son requeridos al final para formar parte del jurado popular de 9 personas escogidas al azar que, tras casi media hora deliberando, decidirá sobre la suerte de Hamlet. Como experimento social, es sin duda interesante lo que plantea la función y el lugar hacia el que quiere llevarnos, no me cabe duda. Incluso –debo insistir- el asunto me pareció atractivo como experiencia. Pero… ¿es esto teatro? No sé si me atrevería a afirmar tal cosa, por más que le haya visto su chicha y su gracia a la función.

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Nunca habrá, claro, dos funciones ni remotamente iguales, por más que el caso sea el mismo. Lo que ocurra dependerá no tanto el público –que ejerce de agente observador pasivo, salvo si es requerido a formar parte del jurado- como de la implicación tanto de los profesionales reales –cuanto más en serio se tomen la cosa, mejor resultado va a tener- como de los actores que den vida a Hamlet, Gertrudis y Ofelia. En este sentido, hay que señalar que el aparato judicial apareció implicado en el juego –incluso buscando motivar al público- y que tener actores de primer nivel fomentó momentos de gran fuerza teatral. El despliegue inventivo de Consuelo Trujillo en Gertrudis fue en aumento, con total convicción en lo que hacía: la guinda, el momento en que interpeló al público diciendo que “no sabía de qué se ríe esta gente”, ante el jolgorio generado por los minuciosos detalles de su declaración: ¡hasta para esto es buena! También Raúl Prieto sacó jugo de sus intervenciones, sobre todo en su alegación final de inocencia –enfrentamiento con el juez incluido- mientras que la Ofelia de Zaira Romero se mostró más plana y justa de inventiva. En cualquier caso, el juicio – que declaró a Hamlet inocente de toda culpa después de 2 horas y 40 minutos- funcionó bien.

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Las fotografías no se corresponden con las funciones de Teatros del Canal, pero sirven al menos para dar una idea física del concepto de la propuesta.

Debo insistir en que no pretendo que este artículo sea una reseña al uso; porque tampoco el espectáculo me lo parece. Como experimento –incluso más que como performance- lo encuentro interesante, y lo cierto es que acabó capturando mi atención y prácticamente la de todos. También algún escéptico –un par de señoras se quejaban a la salida de que profesionales serios del derecho “se prestasen a este juego”- e incluso algunos que abandonaron la sala, probablemente porque no sabían qué iban a ver. Lo cierto es que yo hoy, varios días después de la representación, tampoco sabría catalogar bien lo que he visto. Pero mentiría si dijese que me pesó verlo, o que no pasé un rato agradable. Como curiosidad, sin duda conviene saber que esto existe; para poner de nuevo la cuestión de los límites del teatro encima de la mesa. Es difícil saber si emplearía o no mi tiempo en ver hasta cuatro propuestas distintas de Bernat -todas con conceptos bien diferenciados entre sí-, como es difícil saber si la que escogí es o no la más interesante; pero sí creo importante conocer su trabajo. No hay calificación final porque no sabría cómo valorarlo; pero, desde luego, la propuesta es original y pasé un rato estupendo. ¿Es o no teatro? Buena pregunta. Pero poco importa eso si el rato es estupendo…

H. A.

 

“Hamlet (Please, Continue)”. Concepto y dirección de Roger Bernat y Yan Duyvendank a partir de Hamlet, de William Shakespeare. Con: Raúl Prieto, Consuelo Trujillo y Zaira Romero. En el juicio del 17 de Mayo, al que hace referencia esta reseña participaron: Ignacio González Vega (juez), Marcos García-Montes (abogado de la defensa), Olga Muñoz Mota (fiscal), Luis Segura (médico forense) y Manuel Moreno (agente judicial). FFF,  ROGER BERNAT,  Le Phénix (Valenciennes), Huis a/d Werf (Utrecht), Théâtre du Grü (Ginebra), Elèctrica Produccions (Barcelona) y Dreams Come True (Ginebra) Correalización: Montévidéo (Marsella), Le Carré – Les Colonnes Scène conventionnée (Saint-Médard- en-Jalles/ Blanquefort)

Teatros del Canal (Sala Verde), 17 de Mayo de 2019

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