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‘Las Cosas Buenas’, o cuando la supervivencia asfixia

mayo 12, 2019

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Dentro del casi asfixiante panorama teatral madrileño –donde la oferta es vastísima- a veces salta la liebre donde uno menos se lo espera y el boca-oreja pone las cosas en su lugar con toda justicia. El Umbral de Primavera –pequeña sala que ya lleva varios años abierta en el corazón de Lavapiés- ofrece a menudo una programación con personalidad que permite acercarse a propuestas alternativas, tal vez pequeñas; pero siempre serias y algunas veces hasta de primer nivel. Las Cosas Buenas –coescrita por Victoria Facio y Pablo Rojas– es una función argentina que lleva unos meses llenando cada semana la sala y obteniendo constantes prórrogas; y con toda justicia, pues estamos ante uno de esos ejemplos de teatro auténticamente argentino que, bajo la falsa apariencia de comedia, esconde un oscuro retrato social de los estamentos más bajos, más desfavorecidos, esta vez en la mismísima Pampa. Las Cosas Buenas parece una historia costumbrista, en la que lo extremo de sus tres personajes nos hace reír; pero pronto entendemos que grano a grano de arena, estas mujeres se están metiendo en un agujero sin retorno del que tal vez no puedan salir: es entonces cuando la comedia, casi sin darnos cuenta, da paso a lo trágico: ¿cuál es el verdadero horizonte de expectativas? Pensarlo casi nos estremece y, efectivamente, cualquier cosa puede pasar.

Vísperas de Carnaval en la Pampa argentina. Un calor de morirse. Dos hermanas han reformulado una habitación de la casa que da a la calle en una especie de kiosko en el que intentan malvender lo poco que tienen o lo que van encontrando para sobrevivir. Necesitan vender, necesitan el dinero y necesitan que los trastos –desperdigados por la estancia- no se las coman. Nené, la más joven, coquetea con una supuesta vida como artista; mientras que Pilar, la mayor, se apoya en una muleta y se ocupa del cuidado de Falequete, un ser invisible cuya identidad nunca se aclara –¿es una persona con un retraso? ¿es un animal?- pero que habita en la casa y supone una amenaza –a juzgar por el miedo que le tiene Pilar- y parece que ahora se ha calmado en sus instintos antes peligrosos –¿pero cuáles son?-. Hay una cierta relación de dependencia, un cordón que no se puede cortar y que une a Nené con Pilar, evitando que la primera vuele alto. Será la llegada de la tercera hermana, Malú –con aires de grandeza, puesto que logró salir de ese pueblo hace años y labrarse una vida aparentemente mejor- y la hija de esta –que permanece en el coche, fuera de la casa- la que ponga el dedo en la llaga de una rutina que pareciera que no va a alterarse nunca. Sin embargo, el reencuentro de las tres hermanas y el hecho de que se vean obligadas a convivir en este contexto tan falto de expectativas de futuro sacará lo peor de cada una de ellas: rencores, envidias, deseos incumplidos… y una tensión creciente aupada por el calor, la amenaza de ruina y hasta una gran cantidad de petardos que esperan a ser vendidos en estas fechas carnavalescas. ¿Cómo se puede escapar de un entorno así? Luchando por la supervivencia, que es la única salida que les queda… Pero ese afán de supervivencia a veces nos hace atacar a nuestra propia sangre, no por quererlo sino porque la vida no nos deja otra opción. Se impone entonces la realidad: ¿Tienen salida estas tres hermanas? Y, ante la falta de oxígeno creciente… ¿qué opciones tienen estos personajes?

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Las Cosas Buenas constituye una de esas muestras de costumbrismo tan auténticamente argentino en las que parece que no pasa absolutamente nada, que la rutina lo invade todo… pero para cuando queremos darnos cuenta de las gotas de rutina que nos ha ido dejando la función, el hundimiento es inevitable. Estas hermanas se asfixian de calor, se ahogan por la falta de espacio y se hunden en su falta de expectativas vitales y laborales. Discuten por impotencia y se ríen por no llorar; hasta se agarran a la rutina porque no tienen otra cosa. El tono es cotidiano y realista; y se pasa de lo cómico a lo trágico en un abrir y cerrar de ojos. La vida. No será nada nuevo bajo el sol; pero desde luego que este tipo de historias de lo cotidiano –tan vivas, tan humanas, tan de personajes- siempre funcionan y son gustosas de ver; además de valer ante todo por el poso que dejan después de su visión.

En este entorno de rutina, hay muchas cosas que valen más por lo que callan que por lo que dicen; y el texto de Facio y Rojas es plenamente consciente de ello. Primero por esa cantidad de personajes ausentes pero presentes –los que no aparecen pero están: Falequete, o la hija de Malú que permanece esperando en el coche son centrales; pero también aquellos que representan el entorno del pueblo- que hacen crecer y avanzar la trama y después por todo lo que no se cuenta pero se intuye turbio: ¿qué o quién es Falequete? ¿por qué ese nexo tan fuerte entre Pilar y Nené? Las Cosas Buenas acierta en su sencillez porque está bien dialogada y no pretende llegar más allá de a donde llega; por más que deje en el aire preguntas que flotan una vez que se ha visto la función. Puede que en sus 80 minutos sobre alguna escena –no termino de ver la necesidad real de esa pesadilla que, de algún modo, entronca con el espíritu del realismo mágico-; pero el conjunto se ve con agrado y la falsa comedia –que ayuda al público a entrar en harina- no impide ver el dramático mar de fondo que se cierne sobre las tres hermanas. En este aspecto hay que destacar el brillante desenlace que, por supuesto, no se puede desvelar: digamos que es tan rápido e inesperado como poderoso y coherente; y una auténtica declaración de intenciones de lo que es esta obra. Un acierto.

La puesta en escena de Victoria Facio encierra a las tres hermanas en una escenografía abigarrada –en la línea de aquella escenografía que reciclase tantas veces Daniel Veronese para sus montajes- para subrayar de algún modo cómo Nené, Pilar y Malú se ahogan en ese espacio en el que apenas tienen por dónde pisar. También se gestionan bien los offs a nivel expresivo –algo tan difícil en una sala pequeña como es esta- y no se abusa del uso de efectos. Se agradece. Pero, por encima de todo, Las Cosas Buenas destaca en ese modo de hacer y actuar tan auténticamente argentino que se la juega a ir de verdad y con la verdad a un palmo del espectador: una verdad cercana, viva y orgánica. En las interpretaciones de Noelia Noto, Soledad Caltana y Majo Cordonet –respectivamente la hermana más autoritaria, la hermana más idealista a la que por momentos parece faltarle un hervor y la hermana con aires de superioridad que llega de fuera- se palpa una verdad que es, sin duda uno de los grandes pilares del montaje. En Las Cosas Buenas hay ese plus, ese algo de verdad que sólo puede dar un reparto argentino; en general de escuela interpretativa tan diversa a la española. Es en la calidad incuestionable de las interpretaciones donde reside otro punto de interés de esta pequeña propuesta.

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En fin, Las Cosas Buenas es una propuesta que no deben perderse los amantes del teatro argentino; porque sabe tornar la comedia en drama y mostrar la mugre que esconde ese falso ambiente de cotidiano; del mismo modo que sabe usar algunas estrategias literarias tan vistas anteriormente como útiles para el propósito de la narrativa. Es cierto que hemos visto piezas semejantes –podríamos hablar de una especie de escuela del off argentino y citar en este grupo y junto a Las Cosas Buenas piezas como Como Si Pasara un Tren (Lorena Romanín) o La Pilarcita (María Marull)-; pero eso en absoluto le resta a esta el encanto que tiene. Del mismo modo, Las Cosas Buenas nunca es pretenciosa –se agradece- y va justo allá donde pretende. Aun así, el poderoso final y las preguntas que plantea dejan la función en la memoria por un tiempo. Buena señal, desde luego.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

“Las Cosas Buenas”, de Victoria Facio y Pablo Rojas. Con: Noelia Noto, Soledad Caltana y Majo Cordonet. Dirección: Victoria Facio.

El Umbral de Primavera, 3 de Mayo de 2019

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