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‘Andrea Pixelada’, o los límites de la verdad en la era cibernética

abril 30, 2019

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Fruto de la colaboración entre tres teatros bien diferentes –la Sala Beckett, El Pavón Teatro Kamikaze y el Teatre Principal de Palma- se presenta Andrea Pixelada, texto de la catalana Cristina Clemente que dirige y versiona libremente la directora uruguaya Marianella Morena.

Andrea Pixelada es una joven booktuber –influencer de libros en un canal de youtube- que acaba de llegar a los 300.000 suscriptores en su canal. Puede conseguir que el libro de su autora preferida –My Friend Carol, de una tal Anne Jeremy-  Es tendencia y lo sabe. Se debate entre mantenerse en el candelero cibernético y bregar con la compleja relación que tiene con su madre y su hermana. Además, imparte clases de literatura a unos alumnos que, en esencia, se limitan a repetir como cotorras los juicios que Andrea emite desde su púlpito, casi perdiendo cualquier tipo de criterio propio. Todo se complicará cuando una de las alumnas de Andrea gane un premio literario con una novela que ha escrito, y la booktuber se decida a analizarlo en sus clases. Porque entonces la realidad se disgregará y veremos cómo la alumna ha escrito, después de todo, una especie de distopía de la vida de Andrea, convertida en heroína de su novela… Una distopía que permite jugar con dos planos de realidad –las sesiones de análisis literario por un lado y las escenas de la novela por otro-; y que deja las fronteras claras para el público, por más que la propia Andrea sea en un principio incapaz de ver hasta qué punto su alumna se ha decidido a hurgar en su vida para llevar adelante su obra. Pero la cosa va más allá, porque en Andrea Pixelada las cosas no son lo que parecen, la mentira está a la orden del día y a casi todos les vale casi todo para alcanzar sus propósitos.

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Más que un juego de metaficción –y hasta una cierta parodia de las autoficciones- Andrea Pixelada parece querer elevar una crítica ácida hacia esa sociedad de consumo en la que vivimos en la era de la tecnología, en la que nos tragamos todo aquello que nos vendan de manera casi sistemática. La honestidad se ha perdido, y lo que cuenta ahora es tener más seguidores; o encontrar una plataforma desde la que promocionarse… ¿a cualquier precio? Probablemente. Andrea Pixelada es, sí, un juego de ficciones, una matrioshka que se enreda más y más conforme avanza la trama; pero, sobre todo –y lo más interesante- cuestiona el universo de la postverdad y el peligro de crear ídolos, voceros o voces capaces de anular un juicio propio o impulsarlo hacia el lugar que más les convenga a ellos. Hay tanto en el texto de Cristina Clemente como en la versión muy libre que presenta Marianella Morena una cierta voluntad festiva que de algún modo intenta resaltar aquello que de mercantilismo cibernético tiene la historia. También es cierto que, dependiendo del público al que vaya dirigida, la lectura que se hará de la función variará considerablemente. Para un público más joven –ese público con el que busca conectar, ese público al que busca llevar al teatro- Andrea será una heroína de su tiempo, un ser con el que conectarán de inmediato –porque la cuestión real de los booktubers entronca mucho más con ellos-; mientras que el público más adulto seguramente se fije más en la crítica que el montaje realiza hacia ese universo de internet en el que –según parece- todo vale con tal de obtener tu momento de gloria.

Andrea Pixelada no esconde –en la sencillez de su historia, mucho más sencilla de lo que puede parecer incluso a pesar de las múltiples capas de narración que maneja- su naturaleza de teatro generacional –lo es-, algo que puede volverse un hándicap; aunque al mismo tiempo tiene la virtud de erigirse como una herramienta crítica que podemos ver desde otro prisma. Los personajes no siempre huyen del estereotipo en la escritura; por más que aquí y allá aparezcan algunos hallazgos –el doble juego del personaje con discapacidad, el afán del alumno de Andrea por contar chistes casi a la manera de stand-up comedy, el perfil mismo de la protagonista, muy reconocible en lo recargado…- que hacen de la pieza una experiencia entretenida.

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Desde luego que se nota que Andrea Pixelada no es un texto propio de Marianella Morena, y está muy lejos de la experiencia que supone conocer un texto de la creadora uruguaya –recordemos Rabiosa Melancolía, Ella Sobre Ella y Bombardeo: El Show-. Desde su lectura del texto, parece claro que Morena lo sabe y busca sacar el mayor rendimiento a aquello que tiene, vestir la función obteniendo el mayor partido posible. Lo logra, primero ofreciendo una versión bastante libre del original –que da fundamental importancia, por ejemplo, al aspecto musical, siempre presente en las creaciones de Morena- y jugando con esta matrioshka de historias tanto desde lo visual – con una sugestiva escenografía de Paula Bosch, multifuncional, llena de sorpresas y recovecos que se irán descubriendo conforme avanza la trama- y poniendo en primer término la cuestión de la relatividad del punto de vista, tan importante para la historia; y que tan bien resaltan las luces de Guillem Gelabert. En cualquier caso, Morena construye un espectáculo vistoso y que va bien de ritmo; explotando hasta las últimas consecuencias el trabajo actoral y poniendo el foco en los aspectos más interesantes del texto para potenciarlos, del mismo modo que cubre sus ciertas carencias con aportaciones marca de la casa. No servirá para que quien no conozca el trabajo de la uruguaya se haga una plena idea de su potencial –aquí sólo se intuye-; pero desde luego que se nota que ha hecho de Andrea Pixelada todo lo mejor que podía hacer. Es virtud.

Afinado trabajo actoral, tanto en la protagonista Roser Vilajosana –tal vez algo espídica de más en algunos momentos; pero al mismo tiempo muy fina al retratar ese perfil de influencer que, efectivamente, debe tener algo de impostación y hasta resultar un pelín cargante: en este aspecto el retrato está muy bien delineado- como en sus compañeros –desdoblados en personajes reales y de ficción-, Ássun Planas –bien medida entre la alumna timorata y la maruja-, Mima Riera –que ha de evocar una discapacidad severa que en absoluto le coarta la expresividad, porque la busca desde otro lugar más allá de la palabra y lo consigue- y Borja Espinosa se lleva algunos de los mejores momentos de la función personificando a ese alumno pelota y exento de cualquier criterio –perfil tan reconocible…- con ansias de ser una estrella del monólogo humorístico: arranca carcajadas.

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Desde luego que Andrea Pixelada es una función hija de su tiempo, generacional y enfocada sobre todo a un público juvenil; pero que además ha de leerse como una crítica hacia la muerte del criterio propio que está provocando en los seres humanos la era de Internet. Correcto texto, podría haber quedado en mera anécdota en otras manos; pero aparece muy bien vestido y puesto en escena por el entregado equipo que comanda Morena, poniendo sus ideas al servicio de la función. Sólo cabe desear que algún teatro de Madrid haga apuesta firme por el trabajo de Marianella Morena y le ofrezca larga temporada a algunas de sus creaciones propias. Después del esfuerzo empleado en este espectáculo, es lo menos que merece.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

“Andrea Pixelada”, de Cristina Clemente. Con: Roser Vilajosana, Assun Planas, Mima Riera y Borja Espinosa. Versión y dirección: Marianella Morena. SALA BECKETT / EL PAVÓN TEATRO KAMIKAZE / TEATRE PRINCIPAL DE PALMA.

El Pavón Teatro Kamikaze, 24 de Abril de 2019

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