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‘Claudia’, o la honestidad de la verdad serena

marzo 31, 2019

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“El dolor de no saber es un dolor que no se puede cerrar (…) ¿Cómo hace uno para representar todo el tiempo a otro sin perderse a sí mismo?” (Claudia).

***

En los últimos años, la compañía catalana La Conquesta del Pol Sud –que fundaran Carles viene desarrollando una trilogía de teatro documento en torno a las experiencias de tres mujeres que tienen la honestidad y la generosidad de compartir con el público su propia experiencia, haciendo del hecho íntimo e individual una verdadera catarsis colectiva. Nadia se ocupa de la historia de una joven nacida en Kabul hace 28 años que a los 8 sufre graves secuelas tras un bombardeo en la Guerra Civil posterior a la retirada soviética, tuvo que hacerse pasar por hombre durante diez años para mantener a su familia y actualmente estudia cooperación en Barcelona; Raphaëlle se ocupa del recorrido vital de una joven transexual; y Claudia –la pieza que nos ocupa- aborda la biografía de Claudia Poblete, una de las nietas de las abuelas de la Plaza de Mayo, desde su infancia –con una identidad que no es la suya- hasta el descubrimiento de su verdadero origen, la reformulación de su ser y la reconciliación consigo misma a través de la figura de su hija. En los tres espectáculos, las mujeres implicadas se encuentran en escena, contando de primera mano su peripecia en espectáculos que incluyen refuerzo audiovisual y sólidas dramaturgias. Mi primer encuentro con el trabajo de esta compañía se salda, desde luego, con una sorpresa mayúscula: con un espectáculo – esta Claudia– que pone ante nuestros ojos una realidad vigente y real y que golpea por la sinceridad y honestidad del relato; y por esa capacidad de conciliación que genera una distancia casi extraña, casi morbosa, entre lo tremendo del relato y esa capacidad de calma y perdón que transmite la protagonista. Una protagonista que emociona por su honestidad mucho más que muchas actrices profesionales; en un espectáculo que equilibra como pocas veces la potencia dramatúrgica –hay imágenes y recursos verdaderamente ingeniosos- con la claridad del documento. Una pieza de buen teatro; que además encierra una verdad y un mensaje social de esos que rara vez calan tanto como sucede aquí-.

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Al comenzar la función, Carles F. Giua y Eugenio Szwarcer nos explican cómo, en un trabajo de investigación que incluyó varios viajes a Argentina para profundizar sobre el tema de los bebés robados, dieron con Claudia Victoria Poblete, dispuesta a contar su historia en un escenario. A ella – que aparece ante nosotros tejiendo desde el presente, con trozos de tejidos, porque “…armar pedacitos es algo que yo hago toda la vida”– dejan desde entonces el peso del espectáculo. La función, de 95 minutos de duración, se estructura en tres partes. La primera –Merceditas- se ocupa de la niña que creía ser. Esa pequeña hija de militares, amante de la ciencia-ficción, que vivía con unos padres a los que muchos confundían con sus abuelos; y que no comprendía que en su colegio muchos criticasen tan duramente el Régimen: ese régimen que a ella no le dio más que facilidades, aunque su padre a menudo las mandase a ella y a su madre a comer a la cocina, apartadas. Tal vez la comodidad de la ignorancia. La segunda parte –Claudia- se ocupa del shock que recibe la joven cuando a los 21 años descubre y debe asumir su verdadera realidad: su identidad como niña robada, el juicio hacia sus supuestos padres –del que ella misma forma parte- el contacto con su verdadera familia, el encuentro con su abuela que la buscaba hace años y la toma conciencia de lo que ocurrió con sus padres biológicos (“al Olimpo fuimos llevados en noviembre de 1978 mis padres y yo… Ellos no volvieron a salir vivos de ahí”) algo que, inevitablemente, obliga a Claudia a cortorcircuitar, a que dos versiones contradictorias de sí misma convivan en ella y a no saber qué camino tomar ni cómo afrontar una realidad tan rotunda; que sin embargo demuestra que –como en las historias de ciencia-ficción- una tercera parte –Guada- donde nuestra protagonista, ya reconciliada con su pasado y con su vida asimilada y rehecha, debe enfrentar a su pequeña hija, cuando ella comienza a comprender la dimensión de la realidad de su madre. Tras una conversación con la hija, el poso final de Claudia Poblete es no haber dejado en su pequeña ni sombra de duda ni atisbo de maldad. Porque la vida continúa, y tal vez por eso la función se cierre con un tema de María Elena Walsh que conecta a la protagonista con el universo infantil de su hija: la vida no es más que una huida hacia delante, hacia el autoconocimiento –no en vano, la imagen de un coche que avanza por una carretera empinada conforme crece la investigación es adecuadamente recurrente- y todo círculo puede volver a empezar. Como se cerró el de Merceditas, como empezó el de Claudia, y como ahora empieza el de Guada, a través asumir la realidad de su madre como parte natural de ella.

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Ver Claudia apabulla en todos los aspectos por la verdad y honestidad que transmite. Claudia es un espectáculo complejo, porque está interpretado por una persona que no es actriz –Poblete renuncia, desde luego, a ser algo así como ella interpretándose a sí misma-; pero se aleja del teatro amateur con decisión para convertirse en una pieza de teatro profesional de primer nivel. Porque detrás de la verdad serena que transmite Claudia Poblete hay un equipo de profesionales del teatro y la dramaturgia que han sabido armar un relato de lo real que funcione sobre el escenario. Esa es una de las claves. En escena tenemos la verdad de Claudia Poblete contada con toda su honestidad; pero pasada por el filtro de profesionales que saben cómo hacer que esa verdad funcione y que no han querido ni magnificar ni traicionar lo que la persona implicada quería contarnos. No es fácil. En otro orden de cosas, precisamente porque es su historia –y casi me atrevo a decir que precisamente porque no es actriz- nadie podría haber contado Claudia mejor que la propia Claudia; porque Claudia tiene el deber y la intención de ser honesta y verdadera, para con ella y con el público.  Ha sabido acercarse a un asunto espinoso –los bebés robados durante la dictadura militar argentina- desde un lugar completamente exento de tópicos, de partidismos, de lugares comunes o de balanzas que se inclinan de un lado o del otro… Precisamente porque nos ofrece su verdad desnuda, su punto de vista, lo que ella vivió tal y como ella lo vivió. No hay accesos victimistas ni ataques lacrimógenos gratuitos. Claudia aparece dubitativa a veces, vulnerable otras, en ocasiones irónica ante el retrato de sus primeros padres visto desde la distancia; pero siempre ajena a poseer una verdad superior… Y reconciliada con el horror, porque reconciliarse es la única opción para seguir adelante. En otras palabras: hemos escuchado muchos relatos de esta época y esta circunstancia; pero ninguno tan claro, tan completo y tan descarnado como este. Poblete nos narra una historia devastadora –como público la recibimos como devastadora, precisamente por su claridad- desde un lugar de una serenidad difícil de encontrar. Ya no hay dolor, ya no hay rencor y está en paz consigo misma… por más que tal vez el espectador pueda esperar lo contrario. En la claridad y en la honestidad con la que se cuenta el relato está lo que nos hace seguir la función con un nudo en la garganta; y lo que nos hace acabar en pie. En pie desde la emoción, pero también –y sobre todo- desde el respeto hacia el acto de honestidad total que acaba de ejecutar nuestra protagonista. Lo que hace Claudia Poblete en esta función no es un exorcismo sanador – porque nos demuestra que esto ya lo tiene integrado en su ser- sino un acto de amor con nosotros, con su público; pero también con toda una sociedad. De viva voz y desde su ser, Poblete repara las heridas de la Historia y eleva lo individual a lo colectivo haciendo que su historia dé voz a otras tantas. De eso trata la verdadera autoficción.

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Además, el equipo de La Conquesta del Pol Sud ha sabido armar un espectáculo atractivo, tanto en la forma de organizar la narración –que, junto al realismo que impera en la función, echa mano de lo simbólico y lo poético; para organizar el relato a veces como un verdadero cuento… claro que un cuento desgraciadamente real- como en la forma de armar la propuesta. Porque, más allá del aparato documental –que incluye materiales reales- la puesta en escena que proponen Carles F. Giua y Eugenio Szwarcer –en perfecto diálogo con los medios audiovisuales, usando material grabado en directo, pregrabado, fotográfico… para apoyar la narración- cuenta con imágenes sugerentes que le dan a la propuesta fuerza teatral suficiente como para erigirse en lo que es: un espectáculo de gran teatro –veamos algunas: Claudia cosiendo en  la máquina, esa persiana que sube y baja y da tanto juego; la idea de enfrentar al público como audiencia y hasta jurado del juicio decisivo para el futuro de la protagonista; loa distintos ‘yoes’ de Claudia dialogando en vídeo con la Claudia real en ese momento en que su personalidad, de algún modo, se disocia (¡qué momento de soberbia audacia!)…-. En definitiva; sin perder de vista el teatro documental, ni la necesidad de que la narración esté dominada por una persona real –Giua y Szwarcer, presentes en escena, intervienen puntualmente para personificar otros roles o contextualizar la situación documental; pero el peso se carga en el relato de Poblete- La Conquesta del Pol Sud ha querido hacer teatro, buen teatro.

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Resulta superfluo incidir de nuevo en la honestidad que posee este espectáculo, en su impacto social y emocional y en cómo nos da muestra de la que debe ser la verdadera utilidad del teatro. Es una suerte que se cuenten estas cosas así, y que tengamos la fortuna de encontrarnos con este tipo de espectáculos tan honestos. Hay que agradecer desde luego tanto a Claudia Poblete como a los integrantes de La Conquesta del Pol Sud esta experiencia que, desde luego, difícilmente va a dejar frío ni indiferente. No es desde luego el tipo de espectáculo que se incluye en este ciclo de abono –de ahí algún comentario captado al vuelo aquí y allá sobre si esto “es o no teatro” (…así estamos todavía…)-; pero es el camino por el que este ciclo de abono debe avanzar. Por supuesto que esto es teatro. Teatro de primer nivel, emocionante y comprometido. Uno de los espectáculos del año por derecho propio. Aguardo con curiosidad voraz las otras dos partes de la trilogía.

H. A.

Nota: 4.5 / 5

 

“Claudia”, de La Conquesta del Pol Sud a partir del relato de Claudia Poblete. Con: Claudia Victoria Poblete Hlaczik, Carles F. Giua y Eugenio Szwarcer. Dirección: Carles F. Giua. LA CONQUESTA DEL POL SUD.

Teatro Rosalía Castro, 30 de Marzo de 2019

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