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‘Putas Rancheras’, o desmontar los tópicos de un género

marzo 18, 2019

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Nos pongamos como nos pongamos, queda mucho camino por recorrer para que el género musical en España se iguale al nivel de los grandes circuitos internacionales, básicamente por la ausencia de grandes figuras dedicadas al género en nuestro país. Quizá sea por eso que, con la Gran Vía rebosante de musicales comerciales, a veces hay que buscar nuevos formatos, nuevas ideas y reoxigenarse en lo que podríamos llamar el off-off del musical; dar un paso más allá y explorar y reivindicar el cabaret como género vivo y propio, dándole tal vez una vuelta de tuerca hacia el aquí y el ahora. Eso es lo que ofrece Putas Rancheras, un producto inclasificable que se ofrece a modo de sesión golfa en el Bar El Intruso en el que Gloria Albalate, a modo de show-woman de primer nivel, revisa un buen ramillete de rancheras, intercaladas con monólogos que, a modo de cabaret, revisan –y desmontan- el mito machista de la ranchera como género, y el asunto de la prostitución como lugar común en la cultura mexicana – y no sólo…-, entiendo que a partir de casos y testimonios reales.

Lo primero que hay que destacar de Putas Rancheras más allá de su frescura es su marca de espectáculo único en su género ahora mismo dentro de la cartelera madrileña. Puede que estemos ante la única propuesta dedicada al mundo de la ranchera –tan conocida por todos; pero nunca lo suficientemente en primer término como merece- que podemos ver en Madrid; pero, además, Albalate y su equipo han tenido la capacidad y la inteligencia de armar un espectáculo que, dentro de su espíritu canalla –no en vano tiene lugar en un bar en horario nocturno, parte incuestionable del encanto de la función- bebe del espíritu de los cafés-concierto, y del estilo cabaretero que tanto gusta al público –pero que sin embargo cada vez es más infrecuente encontrar en la cartelera-. En un tú a tú con el público, Albalate va desgranando un buen número de éxitos del género –no nos engañemos, se las saben todas y van a poder cantar a coro a placer…- al tiempo que va integrando en su concierto dramatizado – o en su pieza de teatro cantado, llámenla como quieran- pequeños monólogos, reivindicativos pero desde la esfera de lo irreverente, que ponen de manifiesto tanto el tópico – iba a decir extendido, pero mejor decir real- de la explotación femenina por medio de la prostitución como algo más o menos normalizado en la sociedad mexicana –por duro que parezca decir normalizado- incluso como posibilidad laboral. A modo de confesionario con el público, Albalate va desgranando una serie de historias que ponen de vuelta y media la degradación sexual de esa sociedad, sin perder de vista ese punto de ironía ácida y cabaretera que este tipo de espectáculos siempre deben tener –así, llegamos por ejemplo a ser cómplices del programa “Prostitutas por el Mundo”, en el que se nos ofrecen testimonios de diversas trabajadoras del sexo-.

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Al tiempo que enlazan estas pequeñas historietas, Albalate y su equipo aprovechan para revisar la hipersexualización –y la masculinización sistemática- del género de la ranchera, a través de sus letras. Letras en cuyos contenidos tal vez nunca hayamos llegado a profundizar lo suficiente; pero que pronto empiezan a cortocircuitar, confrontadas con las historias que trenzan este espectáculo.  Con mucho humor, Albalate se lanza a desmontar los mitos machistas que encierra este repertorio; e incluso a reivindicar el cuerpo y el sexo como propiedad y derecho de los seres humanos a través de la farsa que permite el cabaret, mediante esa crítica velada y picarona tan propia del género.

A primera vista uno puede pensar que esto no es más que un mero concierto dramatizado; y sin embargo los textos, las temáticas y la elección y posición del repertorio aparecen a menudo escogidos a conciencia para armar un todo que nos lleva a una reflexión clara: el cuerpo y el derecho al sexo, esa capacidad de decisión y libertad, son –y siempre deberían ser- propiedad de cada individuo; y toda mercantilización de ellos es forma de prostitución. Y, nosotros, como público, no debemos juzgar, pues “quien esté libre de pecado que tire la primera rosa”, como dice el espectáculo. A estas conclusiones – a través del debate distendido- nos lleva el espectáculo en el que van cayendo además un puñado de clásicos del género –desde “Paloma Negra” hasta “Tres Veces te Engañé”; de “La Llorona” a “Volver, volver”; de “El Rey” a “No me Amenaces” y un largo etcétera. Desde luego es absolutamente meritorio engarzar esta música –puesta en primer término por una vez- en el seno de una aparente comedia cabaretera que, sin embargo, deja un amplio poso de crítica social de cara a la reflexión en su tono aparentemente desenfadado. Para que todo este cóctel funcione como lo hace –y vaya que si lo hace- hay que ser muy hábil, tanto para seleccionar el material como para lograr que todo encaje en su sitio. En este sentido, la dirección, a cargo de Jorge Gonzalo – de esas que no se ven, aunque incuestionablemente están- tendrá sin duda mucho que ver. El resultado son 90 minutos de café-concierto, cabaret, teatro y crítica social –todo cabe- que se disfrutan de forma distendida y se pasan en un suspiro. Un triunfo.

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De Gloria Albalate, aupada aquí a show-woman de primer nivel, uno no sabe si admirar más su capacidad de speaker, comunicadora y actriz capaz de meterse al público en el bolsillo desde el espíritu del cabaret; o sus dotes vocales, perfectamente acordes al estilo de la ranchera. El canto de Albalate –a veces cálido, otras veces roto; pero siempre expresivo, rasgado y lleno de acento dramático, jugando con los colores de voz…- pone de manifiesto toda la grandeza del género, hecho justo como debe hacerse. Puede que no sea el suyo un instrumento especialmente memorable; pero ni falta que le hace porque sabe dotar al repertorio de la necesaria intención dramática sin la que no se puede plantear la ranchera, y que aquí… De esto van las rancheras al fin y al cabo. Es infrecuente escuchar este género a una artista no mexicana que se acerque a él con esta adecuación estilística. Si a esto le sumamos su soltura interpretativa, y su capacidad de conectar con el público – fundamental en el género del cabaret-, el resultado es un triunfo por la idea, por lo distendido del espectáculo y por ofrecer ranchera mexicana auténtica integrada en un todo difícil de etiquetar y catalogar. Junto a ella, Melina Liapi al piano y Álex Tatnell a la trompeta y la guitarra, dan el perfecto acompañamiento, integrándose ocasionalmente en la acción dramática.

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Desde luego que el que sepa encajar Putas Rancheras como lo que es disfrutará de lo lindo. Una propuesta nocturna, gamberra, canalla; que hace dialogar el cabaret y el café-concierto con el espíritu de la crítica social y que pone en primer término de la cartelera – incluso si es la cartelera más off- un género legendario como es el de la ranchera, muy bien servido. Una pequeña gran fiesta única en su género en la cartelera madrileña actual, indispensable para fans del repertorio y el estilo.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

 

“Putas Rancheras”, de Gloria Albalate. Con: Gloria Albalate, Melina Liapi y Álex Tatnell. Dirección: Jorge Gonzalo.

Bar El Intruso, 14 de Marzo de 2019

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