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‘Idiota’, o la importancia de la letra pequeña

marzo 13, 2019

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Espectáculo en lengua gallega

Llama la atención que una función con todas las virtudes que tiene Idiota, de Jordi Casanovas –pequeño formato, dos personajes, texto ágil y bien escrito, balance entre géneros, pluralidad de lecturas de cara a la reflexión- apenas se viese en Galicia durante la gira del montaje que supuso la apertura del Pavón Teatro Kamikaze en Agosto de 2016. A pesar de lo accesible del texto y lo logrado de la propuesta que dirigía Israel Elejalde y protagonizaban Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert, apenas he localizado un único bolo en Ourense. Es por ello por lo que me parece una opción de buen criterio, que la compañía Redrum Teatro recupere ahora el texto en lengua gallega, para que gire por toda la Comunidad Autónoma, esperemos que con la amplitud que merece. El montaje cuenta con intérpretes sólidos y una dirección de esas que saben qué hacer con este texto para que funcione, por lo que el éxito está garantizado.

A medio camino entre la sátira social y el thriller psicológico, Idiota –un título que esconde un acrónimo fundamental para la trama, y que de hecho debería transcribirse como I.D.I.O.T.A. para ser exactos- nos presenta a Carlos Varela, un individuo fachendoso pero con el agua al cuello – su karaoke está al borde de la quiebra y el banco podría embargarle la casa en cualquier momento, información que por supuesto ha ocultado a su familia- dispuesto a ganar dinero fácil prestándose a un experimento para el que ha firmado un contrato que, por supuesto, no ha leído. Se trata de hacer una serie de pruebas respondiendo a una serie de preguntas, aparentemente estúpidas, para poder llevarse la pasta. La función transcurre el día de la última prueba, en la que Varela se enfrentará cara a cara a la hermética doctora Edel. No parece que vaya a suceder nada fuera de lo común: comienza la ronda de ejercicios, que Varela se toma a risa a pesar de que la doctora le advierte una y otra vez de lo serio del experimento… Hoy, sin embargo, todo será diferente a las pruebas anteriores: por cada fallo en los acertijos, podría haber consecuencias directas para él y para los suyos… Consecuencias perfectamente estipuladas en ese contrato que, por supuesto, nuestro hombre ha firmado sin dudar –y sin leer…-. Ahora, parece que la empresa tiene bien cercado el entorno de Carlos, y el futuro, para bien o para mal, sólo dependerá de sus respuestas. La importancia de la letra pequeña convertirá el periplo de Varela –que se las creía muy felices…- en una auténtica pesadilla que no se termina de creer y ante la que tendrá que agudizar su ingenio no sólo para resolver los enigmas sino para salir a bien de la situación. ¿Hasta dónde puede llegar el riesgo real de lo que se juega? ¿Dónde están sus límites? Y, sobre todo ¿Qué demonios está sucediendo aquí?

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Para quienes ya hayamos visto Idiota resultará como mínimo curioso examinar los mecanismos del thriller sabiendo la sorpresa que esconde el pastel. Y, sin embargo, he de reconocer que la función mantiene gran parte de su atractivo en la capacidad de hacer pensar al espectador –que, de inmediato, empieza a jugar inconscientemente a los acertijos con Carlos- y de causarle esa perplejidad conforme las cosas se van poniendo más y más oscuras. Casanovas –hábil en los diálogos y a la hora de transitar entre la comedia más absurda, el humor negrísimo y el más oscuro thriller, todos en perfecto equilibrio en esta función- sabe armar un juguete de relojería, que tiene todos los elementos para garantizar una tarde entretenida de teatro. Porque en Idiota hay algo más inesperado que esa resolución final; y es la magnitud de la crítica social que encierra, en tantos ámbitos. Cuando el espectador, superada la primera sorpresa de una historia que parece ciencia-ficción pero acaba tornándose de un devastador realismo, cree que la función ha terminado, Casanovas asesta el último golpe y nos muestra su último as en la manga: Varela no es más que el retrato individual de una sociedad misma, una sociedad forzada a alienarse o –lo que podría ser más grave- que se deja alienar. ¿Quién o qué es entonces ese Idiota del título que parece referirse a ese protagonista a priori tan pagado de sí mismo? Esa es la gran clave de la función, y la capacidad de pasar de lo particular a lo general uno de los mayores aciertos de un texto que calibra bien qué quiere contar y cómo lo cuenta.

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Ante un texto tan bien escrito y estructurado como es este, un buen director sólo tendría que escoger un buen reparto y dejar hacer, dejar que todo fluya a partir del texto y los actores. Eso hace un Álex Sampayo al que el espectáculo tal vez deje poco margen de maniobra creativa –sin calcarla, ni mucho menos, la estética de iluminación y escenografía recuerdan a la del montaje del Kamikaze, porque es, fundamentalmente, una función de texto- pero que consigue que el resultado funcione. Primero porque Machi Salgado ha sabido equilibrar en su Carlos Varela a un tipo que no resulte ni excesivamente patético al principio – debemos reírnos más con él que de él, la comedia es más fina que de brocha gorda, el humor es negro; y actor y director lo saben- ni excesivamente desesperado al final, donde sabe que debe mantener la cabeza fría si quiere salir a bien de ahí: en el equilibrio, en el no pasarse en ninguna de las dos líneas está el mayor triunfo de la interpretación de Salgado, siempre sólido y elegante actor. Del mismo modo que Susana Sampedro –en el papel de la Doctora Edel, tal vez más desagradecido que el principal, tal vez más ‘de apoyo’ en este gran pulso a dos que es la función- sabe mantenerse en su lugar, sosteniendo la tensión y respaldando a su compañero adecuadamente. Quizá se podría señalar que –del mismo modo que la sección inicial está muy lograda, con una comedia muy bien medida y nunca pasada de rosca- al montaje no le vendría mal extremar un poco más la parte más oscura una vez que las cosas se ponen feas… distanciarse de la comedia para subrayar más la amenaza real ante la incertidumbre. En cierto punto, el tono cómico debería acabarse de raíz, y aquí a veces sigue aflorando. Así y todo, hay que reconocer que la función está bien sostenida, se pasa un rato estupendo y el texto sigue pareciéndome un artefacto espléndido de comedia negra. Un apunte que llamó mi atención y no quisiera pasar por alto. La versión del Kamikaze –que dirigía Israel Elejalde- duraba 95 minutos y no se hacía especialmente larga; esta versión gallega dura apenas 65, manteniendo el texto íntegro y sin que tengamos nunca la sensación de excesiva premura en los diálogos. Uno y otro difieren en media hora de duración –que en teatro es una eternidad- y es imposible decir con certeza qué es lo que ocurre: punto para la versión gallega, supongo.

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Teniendo en cuenta que la versión original apenas se ha visto en Galicia, hay que decir que es un acierto la apuesta de Redrum por un espectáculo que llega justo a donde se propone: garantiza una tarde entretenida de teatro con un texto inteligente y bien sostenido por la propuesta escénica, sin estridencias ni accesorios gratuitos. Tal vez la apuesta hacia la comedia impida acentuar más la parte más oscura de cara al desenlace – con lo que la función ganaría un plus en intensidad-; pero poco más se puede reprochar a este honestísimo proyecto.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

 

“Idiota”, de Jordi Casanovas. Con: Machi Salgado y Susana Sampedro. Dirección: Álex Sampayo. REDRUM TEATRO.

Teatro Principal, 6 de Marzo de 2019

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