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‘MDLSX’, o ¿quién es Silvia Calderoni? Somos todos

febrero 20, 2019

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Espectáculo en italiano

Desde su estreno en 2015, MDLSX –el espectáculo de la compañía italiana Motus que protagoniza Silvia Calderoni sobre una dramaturgia que coescribe con Daniela Nicoló- se ha convertido en una de las sensaciones internacionales del teatro moderno. En España, apenas había podido verse unos días en las Naves de Matadero –en Junio de 2017- dejando un hondo recuerdo en todos los que la vieron- Ahora, el Festival Escenas do Cambio recupera el espectáculo presentando por primera vez en Galicia una propuesta que pone en primer término la identidad personal más allá de la mera identidad sexual y que dialoga con cuestiones como el transgénero, la pansexualidad o los límites que pueden hacer que la sociedad –y las personas en sí mismas- se cuestione una identidad. Y es que ¿acaso está la identidad ligada a un cuerpo o a una combinación cromosómica? ¿no debería estar el concepto de persona por encima de todo? ¿hasta dónde debe luchar una persona por ser considerada aquello que realmente es? ¿sirven o son necesarias para algo las etiquetas? El resultado es un unipersonal sincero, descarnado y atrevido en el que Silvia Calderoni narra su propia experiencia personal desde una prosa directa que dialoga además con diversas técnicas del teatro más rabiosamente actual. Una propuesta que es sin duda una de las mejores muestras que se han visto últimamente de un género teatral cada vez más en boga; y que golpea por la sinceridad reivindicativa que emana el relato y por el atractivo visual y estético de una propuesta en la que Calderoni no sólo se desnuda – emocional y literalmente- ante nosotros; sino que además se revela ante nuestros ojos como artista total. Todo ello desde un lugar personal y muy concreto, que solamente este espectáculo ha abordado… MDLSX puede ser algo hoy por hoy único en su género en la escena teatral mundial, sin exagerar ni un ápice.

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MDLSX –que seguramente tome su título de la novela Middlesex, con la que Jeffrey Eugenides ganase el Pullitzer en 2003, sin ser una adaptación de la novela- es la confesión autobiográfica de Silvia Calderoni. Se confiesa ante nosotros desde un punto de partida, contándonos que nació dos veces: primero como una cosa y después como otra cosa. Nos cuenta que al nacer se le dio género femenino, y recurre –restándole importancia a esa designación de género, a esa etiqueta- a cómo todo lo que habita en este planeta está formado de la suma de varias cosas y cómo es la suma de todas esas cosas la que construye a los animales, plantas… también a los humanos. Es entonces cuando se traslada al pasado para profundizar en su infancia, la relación con su familia –una familia normal- y sus primeros pasos en el colegio e instituto… La historia de una niña que no comprendía por qué en primera instancia se sentía más atraída por las mujeres que por los hombres; y más adelante la historia de una mujer que se ve enfrentada a una realidad difícil de encajar: es una mujer con la composición cromosómica de un hombre XY; lo que la convierte de algún modo en un ser andrógino, ser asexual o pansexual en el sentido más literal de la palabra. Desbordada por situaciones y conceptos que a duras penas logra comprender; y tras consultar a los médicos y enfrentada en su juventud a esta realidad, Calderoni decide tirar de enciclopedia para tratar de comprender su situación… y una asociación de términos la acaban enlazando hacia un concepto terrible que la pone contra las cuerdas: “Monstruo”. En el momento en el que, para comprender lo real de su identidad, Calderoni alcanza la palabra monstruo, obviamente toma la decisión de detenerse, de desoír las presiones de propios y extraños –porque tiene claro que su caso obedece más a una mera cuestión identitaria que de cambio de sexo-. De hecho, los médicos le confirman que un cambio de sexo en sí mismo podría afectar sin remedio a los organismos que le proporcionan placer sexual… algo que para los médicos parece carecer de importancia ante la posibilidad de convertirse en un ‘humano’ al uso…

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Con la dificultad que supone para Calderoni asumir y encajar toda esa catarata de voces, decide no operarse y dar un golpe en la mesa, reivindicando – desde luego muchos años antes de la explosión de los estudios LGTB, las teorías queer y demás corrientes de investigación- su identidad como persona más allá del género, dispuesta a convivir con aquellos rasgos de X y de Y que su propia composición le ha otorgado, y luchando por ser persona, individuo por encima de las etiquetas de género. Será el inicio de un largo y duro periplo – casi una road-movie sobre las tablas- en el que Calderoni emprende, en un primer momento, una huida hacia delante para encontrarse que no le dejará las cosas fáciles y que obligará a Calderoni a enfrentar –en su vida personal y real- varias situaciones límite que, a fin de cuentas, ayudarán a formar y reafirmar su identidad como persona; a ese crecimiento que lleva hacia el autoconocimiento, a ese autoconocimiento que lleva hacia la aceptación. Un grito por el derecho a decidir y elegir nuestra identidad por encima de todo, y a constituirnos como personas.

Como digo, MDLSX conmueve primero por la descarnada sinceridad de un testimonio que Calderoni nos ofrece en primera persona, sin dobles sentidos, sin condescendencia, y aportando dosis de humor irónico, dolor desgarrado y entereza a partes iguales a un relato ocurrido y surgido hace ya algunos años; cuando la corriente de estudios queer –que hoy da sus primeros pasos y todavía era una quimera. Introducir, desde el presente, testimonios como los estudios de Paul B. Preciado nos sirven para entender la dificultad añadida – y lo heroico de la decisión- de Silvia Calderoni, que plantea su lucha como un verdadero laberinto en el que encuentra obstáculos, dudas –personales y emocionales- pero se mantiene firme en un terreno que en aquel momento –hace un par de décadas- era tierra de nadie. Esto es: si todavía hoy –cuando existen estudios fiables que se encargan de cuestiones de género, roles e identidades- esta cuestión lo tiene todo por andar, a pesar del primer paso dado ¿cuánto más no lo sería para Calderoni en su presente? Es una de las grandes preguntas que se nos vienen a la cabeza cuando vemos MDLSX. Estamos ante una propuesta de plena vigencia por los temas que aborda –pero sobre todo por cómo los aborda- como un paso hacia la normalización; pero que además permite poner en primer término esa capacidad pionera de Calderoni para asumir, aceptar y defender su derecho a ser ser humano por sobre todas las cosas. Sin miedo a exponerse. Y, además, si hemos visto varias propuestas teatrales que tocan –de un modo u otro la cuestión de la identidad de género- nunca antes lo habíamos visto como ocurre aquí, desde la verdad, desde lo sincero y desde el conocimiento de causa. Es eso – la generosidad de Calderoni para exponerse ante el público de la manera que lo hace- lo que nos hiela la sangre y nos emociona.

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Hay que agradecer ante todo que, además, el equipo de Motus –con Silvia Calderoni, Enrico Casagrande y Daniela Nicoló en las labores de dirección y dramaturgia- hayan construido un espectáculo teatral total y tremendamente atractivo. Porque Calderoni se reivindica y se muestra como performer total, en un espectáculo en el que lo audiovisual, la música –van cayendo más de 25 temas de pop pinchados en directo por Calderoni, y pocas veces una banda sonora en teatro ha aportado tanto a la narración como lo hace esta-, el arte performativo, el texto y la iluminación son claves para levantar un montaje rabiosamente contemporáneo en el que Calderoni se deja la piel, moviéndose por el escenario como una presencia serpenteante, capaz de jugar con su propia figura para – potenciada por efectos lumíncos- crear formas vaporosas, sugerentes y que ayudan a potenciar el componente andrógino del personaje. El resultado es un espectáculo en el que Calderoni se entrega a fondo como artista total – más allá del relato, su trabajo físico es de altos vuelos-, integrando un buen puñado de imágenes sugerentes, tremendamente expuestas –la iluminación de sus genitales, la figura de la sirena, la decisión de decir las más de las veces el texto de espaldas al público…- que nos dan la sensación de que el teatro tiene una utilidad más allá de lo artístico, sin descuidar por ello lo artístico. El relato mueve sin duda a la reflexión; pero los límites corporales a los que Calderoni se lanza de cabeza, sin titubeo, también nos demuestran cómo todo está aquí al servicio del resultado. Aquí, lo performativo, lo posdramático, la danza y lo festivo están al servicio de una historia tremendamente potente, y Calderoni alcanza un paroxismo escénico que pocas veces se ha visto antes en un teatro. Todo está llevado al límite –el espectáculo contiene algunas imágenes ciertamente desasosegantes, poderosas; y al mismo tiempo tremendamente pertinentes para la narración. La apuesta escénica es de un atractivo estético que está fuera de toda duda, y tiene un riesgo incuestionable al confrontar al respetable no sólo con la verdad de la palabra sobre el escenario sino también con un puñado de imágenes extremas que exceden con creces lo puramente visual para alcanzar un profundo significado expresivo.

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Como público, pronto perdemos el pudor inicial y lo compramos todo, porque hay un momento en el que Calderoni somos todos, somos un único ser que se cuestiona –nos cuestionamos- la necesidad –o no- del conflicto por el que está atravesando. Su crecimiento es nuestro crecimiento; y, además de ver una propuesta deslumbrante en lo estético, todos ganamos como personas ante este testimonio brutal, teatralmente tan bien servido. Si, como dice Calderoni al comienzo, somos la suma de muchas cosas, y son muchas cosas las que nos crean; podemos decir sin temor a equivocarnos que todos los que hayamos presenciado este espectáculo somos, de algún modo, parte del ser que es Calderoni. En esa simbiosis que se produce está otra de la claves del significado -empleando el término significado en toda su extensión- de este hecho teatral concreto. Cuando unos y otros somos una sola cosa, cuando las fronteras entre público y artista se han difuminado y somos tremendamente cómplices de su experiencia, es cuando aflora la gran pregunta: ¿qué somos después de todo? Seguramente la respuesta sea que esta noche somos un poco más parte de Silvia Calderoni. Tan complejo y tan sencillo como eso.

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Encontrar este perfecto y delicado equilibrio –una historia necesaria, intérprete entregada, un espectáculo visualmente deslumbrante y rabiosamente contemporáneo- es algo que rara vez se ve; y por más que esto parezca un gran unipersonal de Calderoni, cada persona responsable del espectáculo seguramente tendrá su parte del éxito que el espectáculo tiene. Por su potencia, por su sinceridad y por su voluntad de jugar sin esconder, MDLSX seguramente sea la mejor propuesta en su género y uno de los espectáculos más extremos que hayamos visto últimamente. Porque el espectador no deja de recibir estímulos –emocionales, visuales, musicales…- en los 80 minutos que dura el espectáculo. Uno podrá pensar –y llega a suceder- que lo poderoso de la propuesta estética se come a veces el contenido del texto –llega a ocurrir; y, en este sentido, cómo no recordar otro memorable monólogo italiano, La Merda, en el que todo quedaba reducido a texto y a actriz, sin el menor artificio-; pero desde luego que uno sale del teatro tocado, modificado, removido y empujado a la reflexión. Sólo un mayor equilibrio entre narración y componente performativo se le puede reprochar a un espectáculo distinto a cualquier propuesta que hayamos visto anteriormente en este género –y sabrán que hemos visto unos cuantos- que tiene la extraña capacidad de mover a la reflexión más profunda al mismo tiempo que vemos una apuesta teatral verdaderamente potente. Calderoni somos todos. En su género es una propuesta inalcanzable hoy por hoy.

H. A.

Nota: 4.25/5

“MDLSX”, dramaturgia de Silvia Calderoni y Daniela Nicoló. Con: Silvia Calderoni. Dirección: Enrico Casagrande. MOTUS en coproducción con  La Villette – Résidence d’artistes 2015 Paris / Create to Conect (EU Project)Bunker/ Mladi Levi Festival Ljubljana / Santarcangelo 2015 /  Festival Internazionale del Teatro in Piazza, L’Arboreto – Teatro Dimora di Mondaino /  Marche Teatro Con el apoyo de MiBACT, Regione Emilia Romagna.

Festival Escenas do Cambio (Santiago de Compostela). Teatro Principal, 10 de Febrero de 2019

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