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‘Da Avaricia, a Luxuria e a Morte’, o de esencias y estilos

enero 27, 2019

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Espectáculo en lengua gallega

Sigue el furor en Galicia por presentar la obra de Valle Inclán en gallego una vez vencidos los derechos de autor. Sobre el frenesí de traducir Valle Inclán al gallego ahora que se puede – del mismo modo que conviene no olvidar cómo era un autor bastante denostado como autor gallego que es por buena parte de la erudición literaria de la tierra cuando sus herederos no permitían esa traducción… qué curioso-  debo señalar que no encuentro – ni antes, ni ahora ni nunca- una necesidad real de hacerlo, por más que incluso muchas de estas traducciones se hayan publicado: estamos perdiendo de escuchar el original – al que casi cualquier gallego parlante puede acceder- para escuchar algo que, por fiel y puro que sea –y, en este caso, la traducción de Mauel Guede Oliva lo es, por más que haya ciertos términos específicos, sobre todo en A Cabeza do Bautista que personalmente considere que deberían permanecer en el castellano original-.En cualquier caso la cuestión sigue siendo espinosa ¿merece la pena traducir al gallego a un autor que escribe en un castellano tan depurado y concreto? ¿qué aportan las traducciones para mejorar el resultado? A tenor del frenesí generado en torno a la posibilidad de que suenen en gallego tantas obras de un mismo autor en tan poco tiempo debe haber algún aspecto que se me escapa…

Si anteriormente hemos visto producciones de A Cabeza do Dragón –Produccións Teatrais Excéntricas- Martes de Carnaval y Divinas Palabras – ambas a cargo del Centro Dramático Gallego- ahora es la compañía privada Teatro do Noroeste la que se encarga de subir a las tablas las que seguramente sean las tres piezas más conocidas del denominado Retablo de la Avaricia, la Lujuria y la Muerte-. Así, a las tres pequeñas obras presentadas aquí – Ligazón, La Cabeza del Bautista y La Rosa de Papel-, que como tal se han escenificado juntas en no pocas ocasiones en programas de nombre idéntico a este –recordemos la producción del Centro Dramático Nacional hace unos años, en la que Ana Zamora, Salva Bolta y Alfredo Sanzol se repartieron la dirección de las piezas- habría que sumar Sacrilegio y El Embrujado-. Más cercana está sin embargo la recordada epopeya de Tribueñe – compañía privada, como lo es Teatro do Noroeste- que escenificó hace casi dos años el retablo en su práctica totalidad –se prescindió de Sacrilegio; pero se incluyó la extensísima El Embrujado– en una propuesta que se extendía durante siete horas.

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Con este espectáculo, Teatro do Noroeste recupera – y estrena en gallego- tres de las piezas ofrecidas sin solución de continuidad en un espectáculo de aproximadamente 100 minutos que apuesta por ofrecer un Valle digamos puro, siguiendo a rajatabla las particulares indicaciones del autor, lo que supone sin duda un atractivo incuestionable a nivel estético, si bien las interpretaciones – estilísticamente diversas entre unos actores y otros, sin que haya una cohesión clara en las decisiones a la hora de abordar el montaje- convierten la propuesta en algo más irregular.

Subir a escena esta propuesta es siempre un reto difícil, por la variedad de los textos, el número de personajes y las particulares exigencias que Valle solicita. Hemos visto Valle montado de muchas y muy particulares maneras; y si tal vez la propuesta estética purista que plantea Alonso pueda parecer menos arriesgada que una adaptación que ponga de manifiesto otros valores del texto, sí hay que señalar que el asunto estético cobra interés aquí precisamente por lo poco frecuente que resulta presenciar estas obras a modo clásico.

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A nivel visual y estético, Eduardo Alonso ha creado un espectáculo de espacio limpio, que centra el espacio de Antonio Simón en un entarimado central en el que transcurren las tres obras, y oculta al fondo un pequeño conjunto musical que aprovecha ritmos netamente gallegos – la tradición del romance, por ejemplo, está muy presente- para incorporar a estas piezas que, por unas cosas o por otras, tanto le deben al espíritu galaico. Además, Alonso incorpora en su montaje las sombras en Ligazón y las marionetas en A Cabeza do Bautista como parte de la propuesta plástica: dos indicaciones expresas del autor pero que sin embargo rara vez se ven cuando estas obras se suben a escena. En este aspecto, si bien podemos decir que los desenlaces de las tres obras ocurren demasiado precipitadamente – en general en forma de romances, cuyo texto no siempre llega al público con la necesaria nitidez-, Alonso ha armado un espectáculo que es, en lo visual, coherente con el espíritu de Valle y válido en la administración de los recursos con los que cuenta: las luces están bien jugadas, el espectáculo contiene alguna imagen de sugerente fuerza expresiva – en este aspecto, se le saca más partido a las sombras de Ligazón que a las marionetas que aparecen tanto en A Cabeza do Bautista como en A Rosa de Papel, donde se acaban quedando en accesorios anecdóticos que podrían haber dado más juego (el recurso de las marionetas para personificar a los hijos de Floriana en A Rosa de Papel, por ejemplo, lo hemos visto calcado en otros montajes-. En cualquier caso, su la propuesta es honesta en su sencillez estética.

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En cuanto a la dirección, hay una voluntad clara de subrayar tanto el componente irónico y esperpéntico de los textos como los aspectos más oscuros que entrañan las obras –no se esconde ni la relación sexual central en Ligazón ni un oportuno abuso post-mortem de Julepe a Floriana en A Rosa de Papel-: son caminos valientes considerando el público al que se dirigen; pero no podemos perder de vista que en Valle muchas veces las cosas funcionan precisamente a base de llevarse a un extremo que aún podría y debería ser mayor que aquí, por más que pudiese molestarse alguien: de eso debe ir, a fin de cuentas el esperpento. También el aspecto musical –partituras de Bernardo Martínez, interpretadas en directo por Felisa Segade, Xan Casas y el propio Martínez; de clara tradición gallego-portuguesa- está muy cuidado y bien integrado en la propuesta, siendo uno de los aspectos más interesantes del conjunto.

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Menos feliz es la dirección de actores, en la que cinco actores y tres músicos se reparten el total de los roles. Condensar en tan corto número de elenco todo lo que aparece en estas obras es una hazaña notable, indudablemente. Lo que también hay que señalar es cómo entre los cinco actores –que se reparten todos los roles- hay, como mínimo, tres estilos interpretativos bastante diferenciados que desequilibran la balanza. De un lado tenemos a Manuela Varela (La Mozuela y Floriana) e Inma António (La Ventera y La Pepona) ambas trabajando desde una emoción real, orgánica y un desgarro que son muy de agradecer en este repertorio: esto es lo que pide el esperpento, saber jugar a ir con todo sin miedo; y en este sentido Varela aparece particularmente entregada a la causa. En un punto intermedio, Miguel Pernas está decididamente más creíble como Julepe – se entrega al final en una escena compleja- que en un Don Igi en el que aparece especialmente subrayado un cierto engolamiento vocal que nos aleja de lo real. Mejor por presencia que por la verdadera creación de personajes, donde tal vez resulte un tanto plano, Fernando Tato, que se encarga de los dos galanes principales – a saber, el Afilador y el Jándalo- y en un código directamente anticuado – con tenencia a la declamación y vocalización no siempre del todo clara Luma Gómez en sus respectivos roles – el contraste entre ella e Inma António en aquellas escenas en que interpretan vecinas o comadres es bastante acusado-. El balance entre unos y otros estilos interpretativos – no se ha buscado o no se ha conseguido unificar todos en único tono- no termina Bien servido el aspecto musical del montaje por Felisa Segade, Xan Casas y Bernardo Martínez.

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Así pues esta versión de Da Avaricia, da Luxuria e da Morte tiene el acierto de recuperar el espíritu y la esencia de Valle con pocos elementos bien empleados, darle a las piezas ese sabor gallego que claramente rezuman y que tantas veces se pierde; y un nivel actoral en el que conviven sin demasiada armonía distintos estilos de interpretación. Y, para el que tal cosa le parezca interesante y necesaria, incorporar más títulos de Valle al catálogo en gallego: con estos tres, suman la friolera de siete los presentados en la lengua de Rosalía en apenas tres años. En cualquier caso, es complejo para una entidad privada alzar un espectáculo de esta dimensión, y eso también debemos tenerlo en cuenta.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Da Avaricia, da Luxuria e da Morte (Ligazón, A Cabeza do Bautista y A Rosa de Papel)”, de Ramón María del Valle Inclán. Traducción: Manuel Guede Oliva. Con: Luma Gómez, Fernando Tato, Miguel Pernas, Manuela Varela, Inma António, Felisa Segade, Xan Casas y Bernardo Martínez. Dirección: Eduardo Alonso. TEATRO DO NOROESTE.

Teatro Principal (Santiago de Compostela), 24 de Enero de 2019

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