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‘Linda Vista’, o ¿dónde queda la moraleja?

enero 18, 2019

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Aunque había estrenado varias piezas antes, el actor y dramaturgo americano Tracy Letts se puso en el punto de mira de todos cuando estrenó Agosto: Condado de Osage allá por 2007, con la que ganó el Premio Pulitzer a la Mejor Obra Teatral de 2008 y el Tony al Mejor Espectáculo ese mismo año. Aquella obra se convirtió casi de inmediato en un clásico contemporáneo que se estrenó en medio mundo – en España hubo hasta tres producciones: la que protagonizaron Anna Lizaran y Emma Vilarasau dirigidas por Sergi Belbel para el Teatre Nacional de Cataluña en 2010; la memorable versión que encabezaron Amparo Baró y Carmen Machi con Gerardo Vera en el Centro Dramático Nacional en 2011 y una tercera estrenada en Andalucía en 2016 bajo la dirección de Carlos Aceituno- e incluso se convirtió en película con Meryl Streep y Julia Roberts en los papeles principales. No es de extrañar que el estreno en España de Linda Vista – comedia ácida escrita en 2017- disparase las expectativas; máxime cuando el equipo a cargo de la función –gran parte de los mismos responsables de la memorable versión de Razas, de David Mamet, unos años atrás- ofrece garantías. Y, sin embargo, la decepción ha sido importante; porque, aunque el montaje tiene honestidad en las formas, Linda Vista parte de una premisa que podría ser interesante tratada de otro modo, pero resulta una comedieta simplona, previsible y muy americana –en la línea de según qué seriales…- que queda muy lejos del vuelo que alzaba Agosto.

Recién cumplidos los 50, en plenos trámites de divorcio y con trabajo en una tienda de reparación de cámaras fotográficas que regenta Michael – adalid del machismo y la misoginia donde los haya- Wheeler se muda a un apartamento de soltero en la urbanización Linda Vista dispuesto a iniciar una nueva vida. Incapaz de aceptar que la parte baja de la curva se acerca, se empeña en rehacer su vida; para lo que sus amigos Paul y Marge le preparan una cita a ciegas con Julia, una mujer con la que en un principio no parece tener muchos puntos en común pero con la que termina iniciando una relación casual. Además, un encuentro fortuito entre Wheeler y Minnie –una joven vecina embarazada y abandonada, a la que el hombre acoge en su casa en un principio como si fuese un padre- terminará de trenzar un cuadro en el que Wheeler deberá afrontar cómo tratar con las mujeres –diferentes tipos de mujeres- y consigo mismo a los 50. Un punto en la vida en el que el hombre, puede que por no asumir su propia decadencia, tal vez acumule equivocaciones por mera torpeza; o crea que, sencillamente todavía es una persona que está dejando de ser. Así, Wheeler se verá enredado en una serie de situaciones que definen su relación con las mujeres en una sociedad contemporánea –y bastante machista, al menos por cómo se la pinta aquí- en la que la vida puede cambiar en un segundo. ¿Se puede recomenzar a los 50? ¿Existe el karma? ¿Nos devuelve realmente el daño que hacemos a los demás? ¿Todo en la vida son ciclos?

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Puede que estén pensando en una comedia fácil de tintes comerciales, sin más elementos críticos que los justos; para entretener al público con algo que parezca que tiene un fondo pero que no haga pensar más de la cuenta. Eso es más o menos lo que hay en este texto: la sombra de la televisión es aquí alargada… Teniendo en cuenta que Agosto es lo mejor de Letts; no es menos cierto que, puestos a apostar por montar este autor, hay varias obras suyas con mayor hondura que esta que permanecen sin estrenar en España –pienso en Killer Joe o The Minutes-.  Lo más decepcionante de Linda Vista es que no es nada nuevo bajo el sol. Este tipo de antihéroes maduros han dado mucho juego en cine –Wheeler tiene algo del personaje de Kevin Spacey en American Beauty: claro que aquel tenía unos matices y una humanidad que, de algún modo, creaban una empatía con el público que con Wheeler nunca llega, porque su retrato es mucho más plano; o incluso en el protagonista de Todas las Mujeres, filme de Mariano Barroso que subió a las tablas el pasado año-. Este estereotipo lo hemos visto antes y mejor contado… El relato de Letts –simpático aquí y allá- carece de verdadera profundidad y enseguida se vuelve un festival de tópicos previsibles que no permiten ni la empatía con el protagonista –algo fundamental en este tipo de historias, por más que sea un perdedor- ni llamar a la reflexión del público: porque asistimos a la cuesta abajo sin frenos de un Wheeler que no es consciente de su caída – divertido en sus escarceos, torpe en sus intentos de humanidad con los demás-; pero al llegar el desenlace –uno de los puntos más desacertados del texto- se elude cualquier tipo de moraleja y nos indica que la vida sigue… Entonces ¿qué significa lo que hemos visto hasta aquí? ¿cuál es el mensaje que nos quiere transmitir el autor? Al menos Letts permite a las muchas mujeres que transitan la pieza –observadas durante buena parte de la función desde una perspectiva machista: en esta pieza no hay hombre que se salve- dar un golpe en la mesa y acabar tomando sus propias decisiones; por más que estas sean erróneas algunas veces o deban arrastrar el daño que les ha hecho alguno de los hombres que aparecen en la función.

En pocas palabras, Linda Vista decepciona porque es una comedia fácil y sin demasiada profundidad con algunos diálogos bien traídos –pero también otros que suenan bastante artificiosos- y que no va más allá del divertimento ni lo pretende, por más que en un principio parezca que se dirige a territorios más profundos que nunca llegan del todo porque no mueve ni a la moraleja ni a la reflexión. Este tipo de teatro es válido y necesario, sí; pero a todo un Tracy Letts hay que pedirle bastante más, porque sabemos que nos lo puede dar. Linda Vista es una obra menor sin demasiado interés, creo que a causa del texto mismo. ¿Qué interés le pueden haber visto a Linda Vista quienes ha traído a España textos contemporáneos americanos de peso como para apostar por esta función con esta decisión, más allá del tirón del nombre del dramaturgo? Es una pregunta que cabe hacerse.

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Máxima honestidad en el montaje y en el elenco. José Pascual se vale de una funcional escenografía de Curt Allen Wilmer, que separa el escenario en los diferentes espacios en los que transcurre la acción –el apartamento, un pub, la tienda de fotografía, un restaurante…-. Perdemos la posibilidad de jugar con todo el espacio – porque cada escena transcurre en un punto muy concreto del escenario- pero es una solución válida para arreglar, con pocos elementos, un montaje que exige muchos cambios de espacio. Dentro de que el texto maneja estereotipos –esto no es culpa del director- se ha intentado no cargar mucho las tintas en los bocetos de los personajes; excepción hecha de Michael – el dueño de la tienda de fotografía, un personaje feo subrayado aquí hasta el punto de volverlo francamente desagradable: creo que las cosas que dice ya son demasiado bestias por sí solas como para poner el foco en ellas- y la empleada Anita: personajes que no dan más de sí; pero el estereotipo está en estos dos casos llevado al extremo. No siendo en estos dos casos, Pascual se ha empeñado en mostrar la cara más humana de unos personajes no siempre bien construidos; y lo consigue las más de las veces. No es poca virtud para un texto que no deja las cosas fáciles. En otro orden de cosas, hay un par de escenas de sexo –ya saben lo complicado que resulta montar este tipo de escenas en teatro y que queden mínimamente creíbles…- no del todo bien resueltas.

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El reparto es bastante sólido en líneas generales. Como Wheeler Toni Cantó trata –y casi siempre lo consigue- de no poder especial énfasis en los aspectos más oscuros de su personaje – que no son pocos-: su Wheeler intenta tener la mayor humanidad posible en su constante viaje hacia el fracaso y es más un perdedor que un egoísta, y consigue que nos acabe dando más lástima que asco cuando debe humillarse hacia el final: es un triunfo para componer un personaje que lo tiene todo para no caer mal al espectador; por más que el desenlace que reserva el autor tire por tierra la humanidad que el actor haya podido aportar al protagonista… Pero el actor es sólido. Tres cuartas partes de lo mismo le ocurre a la Julia de Ruth Gabriel: la intérprete es de calidad; pero el personaje sólo alcanza algo de definición hacia el final de la función, los pocos momentos en los que puede salir a relucir el peso de la actriz. Lástima, nos gustaría verla en empresas de mayor envergadura. Puede que Minnie –la joven vecina- sea el personaje mejor perfilado, y Nuria Herrero consigue insuflar vida a la función con cada aparición, colocando cada frase con el desparpajo al que ya nos tiene acostumbrados: aquí se unen un personaje con recorrido y una actriz, como siempre, particularmente inspirada: para brillar en este montaje como lo hace hay que emplearse a fondo. Emilio Buale e Ylenia Baglietto están en su sitio, en personajes de apoyo –el matrimonio de amigos de Wheeler que, de algún modo, prende la mecha de los acontecimientos- que no tienen demasiado en la trama; mientras que Alfonso Delgado debe lidiar con un personaje francamente desagradable y Almudena Cid –tal vez algo cantarina en exceso en cuanto al tono- con un personaje breve pero que bebe de unos estereotipos femeninos que ya no deberían existir: posiblemente la pieza mejorase sin estos dos personajes.

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En fin, en Linda Vista tenemos el esfuerzo de un equipo suficientemente sólido –actores notables, montaje honesto- al servicio de un texto menor, previsible y sin demasiado interés. Es una lástima, pero no entiendo qué hayan podido ver los productores españoles de ‘mamets’ interesantes como Razas o Muñeca de Porcelana en un texto estrenado en 2017 que en 2019 ya nos resulta antiguo; por más que sea una obra de Letts. Las críticas de las producciones extranjeras hablan de éxito; pero, a decir verdad, se me escapan las razones por las que este texto puede llamar la atención más allá de la curiosidad. Y a un ganador del Pulitzer hay que pedirle bastante más que una mera curiosidad. Me hubiera gustado ver a este mismo equipo al servicio de un texto de mayor calado, como ya ha sucedido otras veces.

H. A.

Nota: 2/5

 

“Linda Vista”, de Tracy Letts. Con: Toni Cantó, Ruth Gabriel, Nuria Herrero, Emilio Buale, Alfonso Delgado, Ylenia Baglietto y Almudena Cid. Dirección: José Pascual. TALYCUAL PRODUCCIONES.

Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), 11 de Enero de 2019

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