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‘Hablar por Hablar’, o trasladar una atmósfera

diciembre 27, 2018

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Justo el mismo año en que el programa ha cesado sus emisiones, Cornejo Films recupera para el teatro –a modo de homenaje o recordatorio- la esencia de Hablar por Hablar, mítico espacio radiofónico de llamadas nocturnas que se mantuvo en emisión durante varias décadas en Cadena Ser. Durante años, el espacio funcionó como plataforma de desahogo, ayuda, línea abierta a la esperanza, llenando las noches con llamadas de los oyentes, con una importante cantidad de locutores entre los que podemos mencionar a Gemma Nierga, Cristina Lasvignes o Macarena Berlín, llegando a ser uno de los formatos más recordados y reconocidos del medio. Ahora, la apuesta de la versión teatral opta por recuperar ese espíritu y esa esencia, con una singular apuesta de creación que pretende aportar una visión panorámica del programa.

En el espectáculo se entrelazan pequeñas historias de lo cotidiano –muchas de ellas tomadas de llamadas reales al programa- hiladas mediante textos preparados por Juan Cavestany, Yolanda García Serrano, Anna R. Costa, Juan Carlos Rubio y Alfredo Sanzol; en un formato que imagina la emisión de uno o varios de esos programas en directo en el tiempo que dura la representación. A los mandos del espectáculo figura Fernando Sánchez-Cabezudo –que ya se encargase de un espectáculo de corte más o menos semejante con éxito hace algunos años: Historias de Usera– y Carlos Tuñón –de sobra reconocido por sus propuestas de teatro inmersivo- con un importante elenco actoral; sin escatimar medios en un montaje escénico francamente lujoso.

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Lo que parece perseguir el espectáculo en primera instancia es recuperar el formato y el sabor del programa; y en este sentido la propuesta es impecable, por intenciones, atmósfera y puesta en escena. En una mastodótica escenografía de Eduardo Moreno –que reproduce un estudio de radio capaz de adelantarse, retroceder y girar sobre sí mismo; para crear diferentes perspectivas y dejar espacio a que transcurran las historias que pueblan la función- muy bien iluminada por David Picazo, se van alternando tanto emociones del programa de radio –con las tres actrices del elenco alternándose como locutoras, seguramente como un guiño al paso de diversas conductoras por el espacio-. Tanto la atmósfera del programa como el cuidado estético de la propuesta están muy logrados, y la propuesta escénica fluye con suficiente agilidad. El tono general transmite muy bien ese ambiente nocturno, un punto decadente y de humareda que debe tener este espacio en el que la oscuridad del desamparo se ilumina con las voces de aquellos que llaman para apoyarse. Es en el haber creado una atmósfera que nos retrotrae de inmediato al espíritu del espacio de radio donde está el mayor hallazgo de una propuesta en la que las historias no siempre mantienen ni el mismo desarrollo ni el mismo interés… puede que a la manera del programa de radio; pero para teatro se requiere algo más para mantener la atención del espectador durante dos horas; por más que la puesta en escena de Sánchez-Cabezudo sepa bien cómo aprovechar los medios a su alcance para crear un todo bien pensado y visualmente atractivo.

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El grueso de la función lo constituyen las pequeñas historias de los oyentes que llaman al programa, píldoras que a veces tienen una continuidad y otras son meros retazos. Una madre de ocho hijos desesperada porque ha perdido a uno de ellos, que además tiene una discapacidad; la pareja de una de las locutoras intentando gestionar una crisis sentimental en pleno directo; una peculiar familia cuya abuela lleva años intentando viajar a París sin éxito, porque cada vez que lo intenta sucede algún imprevisto; una madre soltera que quiere desahogarse y a la que oportunamente escucha el padre de su hija; un desesperado hombre en paro que vive con su hermana; una señora que busca desesperadamente un camisón que lleva puesto o un joven con un tumor cerebral incapaz de confesar a sus padres que le queda un año de vida son algunos de los personajes que pueblan las historias de madrugada que aparecen en la representación, intercaladas entre sí y con la emisión del programa. No se nos aclara –como ocurría por ejemplo en El Manual de la Buena Esposa, de estructura semejante a este espectáculo- quién ha escrito qué; pero hay que señalar que la diferencia de estilos, de tonos e incluso de desarrollo de las historias llama hasta cierto punto a confusión, primero por la falta de peso de algunas; y después porque parece que tampoco se ha querido profundizar en demasía en los aspectos más dramáticos. El conjunto se ve con agrado –y algunas de las tramas, como la de la familia que viaja a París desatan la carcajada-, pero creo que otras – como la de la madre que busca a su hijo o la del hombre en paro- teniendo potencial, no llegan a alcanzar ese punto que haga que el espectador se implique emocionalmente con lo que está recibiendo… A otras, sin embargo –el espléndido momento del joven con el tumor cerebral- les bastan apenas unos minutos para conmover –creo que el actor tiene mucho que ver en este caso-. En otras palabras, el formato es interesante, el espectáculo está bien planteado y los medios al alcance son todo un lujo; pero creo que se ha buscado armar una propuesta tal vez excesivamente amable, en la que no todo el material tiene el mismo interés –y algo de ese material tiene bastante más potencial del que se alcanza- provocando que haya altibajos a lo largo de las dos horas que dura el espectáculo. Considerando el espectacular grupo de dramaturgos congregado, se le puede pedir algo más de profundidad al conjunto de los textos, siempre sin perder de vista que se la función se ve de forma agradable. Así y todo, viendo este espectáculo uno no puede dejar de recordar cómo en Hoy… El Diario de Adán y Eva –otra función ambientada en la radio, con lo cual la idea tampoco es una novedad- partiendo de lo cotidiano como ocurre aquí, se alcanzaba una emocionalidad mucho más marcada.

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Cinco actores desdoblados en casi cuarenta personajes, todos ellos tremendamente capacitados para la caricatura y los personajes ‘característicos’. Elenco muy bien escogido que es sin duda uno de los grandes atractivos de la propuesta. Teniendo en cuenta la estructura, todos tienen momentos de lucimiento personal; pero no hay que perder de vista que seguramente la mayor dificultad de este espectáculo sea construir pequeños personajes, gestionando las emociones en breve espacio de tiempo y pasando de un estado a otro. Todos como digo tienen sus momentos de lucimiento. Pepa Zaragoza transmite espléndidamente el encanto de la locutora de radio – y no estaba fácil, porque todos tenemos a Macarena Berlín en la cabeza-; pero más adelante descolla como la estrafalaria abuela de familia, demostrando su capacidad histriónica. Carolina Yuste se luce con un par de monólogos donde transmite muchísima luz y verdad –el de la hija gitana está para enmarcar-. Ángeles Martín bascula sus personajes con habilidad entre el dramatismo y el costumbrismo. Samuel Viyuela nos muestra una vez más el excelente actor que es en el monólogo del joven con el tumor cerebral –un viaje en sí mismo, muy bien gestionado por el actor; y creo que el único momento de la función que me produjo una emoción real: espléndido actor, una vez más- y Julio Cortázar –que se ha incorporado al montaje para la gira- mantiene la solidez acostumbrada. Quinteto entonado, que logra mantener el interés; por más que los textos no siempre sean igual de redondos, ni mucho menos: esto dice mucho bueno de todos ellos.

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Desde luego que Hablar por Hablar tiene interés tanto por el aspecto visual como por su capacidad de trasladar a escena la atmósfera del mítico programa de radio. También destacan las interpretaciones; en una función que acaba resultando quizás demasiado extensa, teniendo en cuenta que no todas las historias que se cuentan tienen el mismo calado: así sucedería seguramente en el programa de radio, pero para mantener la atención de forma constante en el teatro se requiere algo más.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

 

“Hablar por Hablar”, textos de Juan Cavestany, Yolanda García Serrano, Anna R. Costa, Juan Carlos Rubio y Alfredo Sanzol. Con: Julio Cortázar, Ángeles Martín, Samuel Viyuela, Carolina Yuste y Pepa Zaragoza. Dirección: Fernando Sánchez-Cabezudo. CORNEJO FILMS.

Teatro Rosalía de Castro, 22 de Diciembre de 2018

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