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‘El Mago’, o comedia desenredada

diciembre 21, 2018

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Debemos considerar a Juan Mayorga seguramente como el más importante y fecundo dramaturgo vivo de nuestro país en la actualidad. Con una producción imparable y con una proyección al exterior envidiable, no es de extrañar que todo estreno de un nuevo texto suyo suscite una gran expectación. Las entradas para todas las funciones de El Mago –su último texto, que escribe y dirige- se agotaron apenas unos días después de la primera función y las expectativas estaban en lo alto. Sin embargo, a la vista del resultado, tenemos que hablar de un Mayorga menor: una comedia de enredo que apunta ideas interesantes en su trama –y tiene más posibilidades de las que llega a ofrecer, de eso estoy seguro-; pero que dista mucho de ser redonda tanto en su desarrollo como en una puesta en escena que, a pesar de contar con un estupendo elenco y una lujosa escenografía, flaquea por una dirección incapaz de exprimir todo el jugo que posee la pieza. Texto y dirección son de hecho los dos aspectos más discutibles del montaje; y ambos corresponden a Mayorga, lo cual nos da una primera idea de muchas cosas.

Nadia regresa a su casa después de un espectáculo de magia al que ha acudido sola y en el que ha salido voluntaria para el número de hipnosis. La esperan su esposo Víctor y su hija Dulce; horas antes de una cena a la que asistirá el marido de una antigua novia de Víctor, a la sazón un hombre que podría dar una importante oportunidad a Dulce, y por tanto un hombre al que conviene impresionar. Pero algo no va bien: Nadia afirma que, pese a la torpeza del mago, cree que sigue hipnotizada y oye órdenes dentro de su cabeza. Efectivamente, la mujer empieza a desarrollar un comportamiento extraño, que hace que en un principio todos crean que se trata de una broma. Las cosas se complicarán más cuando, primero la hija y después la madre de Nadia –Aranza, que aparece en el momento menos oportuno- acudan al teatro para comprobar que efectivamente, la mujer hipnotizada sigue en el centro del escenario. Entonces ¿quién es la Nadia que está en casa y por qué se comporta así? Víctor, desesperado y viendo que la inminente cena se puede ir al garete, intenta sin éxito expulsar a su suegra de la casa e, incrédulo, se apoya en la idea de que toda la familia está montando un paripé contra él. Para colmo, la tan importante cena se complica con la llegada de un comprador interesado en la casa, al mismo tiempo que la enajenación de Nadia crece y crece; y el resto de la familia debe encontrar un remedio para traer a la madre –a la verdadera madre, que supuestamente es la que está en el teatro- de vuelta antes de que sea demasiado tarde.

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En esencia podemos decir que El Mago es una comedia de enredo con tintes de absurdo que no escapa de ciertos tópicos del género ni lo pretende. Sin embargo, insisto en recalcar que encuentro que tiene más posibilidades de las que el autor llega a desarrollar. Porque Mayorga salpica su trama de aspectos como los doppelgangers –durante largo tiempo se apoya la teoría de que la Nadia que está en la casa no es más que una proyección de la real-, la identidad individual –porque también se pone sobre la mesa el derecho de Nadia a escoger quién ser- o las hondas crisis del concepto de familia como punto de apoyo. Esto es, en torno a la comedia, Mayorga apunta asuntos de cierta enjundia, asuntos que podrían haberle dado al todo una entidad reflexiva que, sin embargo, nunca llega; como si el dramaturgo no hubiese querido ir más allá y se conformase con escribir una comedia fácil sin mayor fondo, algo bastante impropio de la literatura mayorguiana. Ante este panorama tan sencillo, nos pasamos la función esperando un giro en el desenlace que le dé algo de peso al conjunto de lo que estamos viendo: lo hay, pero el camino es previsible y no aporta mucho lugar a la reflexión.

En otro orden de cosas, debemos decir que incluso dentro del género de la comedia alocada de enredo, el autor ha perdido la posibilidad de crear situaciones más alocadas y más explosivas en busca de la carcajada: la relación de Nadia, en su alocado mundo hipnótico con el resto de personajes –los que habitan la esfera de lo real- no está del todo desarrollada, y eso que hubiese sido un filón de situaciones cómicas que no siempre llegan… Dicho de otro modo, a esta comedia le faltan situaciones decisivamente cómicas –de carcajada-, puesto que parece que el autor ha preferido centrarse en lo puramente cómico que en la comedia de reflexión. Hay algún golpe –los mejores golpes los asestan la abuela Aranza, y Ludwig, el comprador argentino que no sabe muy bien cómo se ha metido en ese percal…-  pero no es suficiente viniendo de quien viene. Tampoco todos los personajes tienen el desarrollo que deberían –Aranza y Ludwig son apenas bocetos de personaje, que sin embargo se llevan lo mejor del texto sin que les conozcamos más de la cuenta; pero Lola, la antigua novia de Víctor, ni a eso llega: es un personaje prescindible en escena, y hubiese bastado, creo, con mencionarlo, o sugerirlo…-.

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No nos engañemos: El Mago no es un mal texto, pero es muy poca cosa para ser un texto de Juan Mayorga. Es una comedia fácil, blanca; que apunta asuntos trascendentales pero que casi nunca profundiza en terrenos más pantanosos, teniendo ocasiones de sobra para hacerlo. Ha querido ser mera comedia, y como tal le falta desbarrar en situaciones cómicas. No sería una mala primera obra de autor novel; pero a Mayorga se le puede y se le debe pedir más, incluso considerando que la comedia no es su terreno natural. El Mago se ve sin mayores sobresaltos, sí; y cumple la mayoría del tiempo con su función de ser entretenida –tampoco más- pero sabemos que el dramaturgo madrileño nos tiene acostumbrados a cosas de bastante más calado de las que poco hay esta vez. Da la sensación de que estamos ante un texto escrito con rapidez por un autor que ha demostrado varias veces su facilidad para escribir; pero tengo mis dudas de que esta función merezca subir a las tablas con un equipo y unos medios de esta calidad: sin salirnos de la producción de Mayorga –revisando por ejemplo su tomo de Teatro Completo- encontramos piezas anteriores pendientes de estreno, que tienen a todas luces más interés que esta. Así pues ¿por qué ahora El Mago y no otro Mayorga? Nunca lo sabremos.

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Muchos medios al alcance de levantar una producción lujosísima. Desde la aparatosa y vistosa escenografía de Curt Allen Wilmer –que reproduce un piso con todo lujo de detalles, a un nivel que rara vez se ha visto en esta sala- hasta un elenco que reúne algunos de los nombres más sólidos del panorama actual español. Sin embargo, la dirección –del propio autor- no siempre consigue sacar todo lo mejor de ellos. Sólo así se explica que la Nadia de Clara Sanchis – en un papel que es un verdadero regalo, un juguete cómico si estuviese bien dirigida; porque se pasa gran parte de la función hipnotizada haciendo el ganso: la comedia debe asentarse sobre ella- no encuentre casi nunca el punto cómico que haga que nos partamos de risa, porque la dirección no ha sabido calibrarla. Es una pena, porque el papel tiene posibilidades enfocado de otra forma; y la actriz mejora notablemente en aquellos pasajes más serios, pero la comedia no fluye como debería. José Luis García-Pérez da bien el perfil del marido sobrepasado por la situación, con la solidez que acostumbra; aunque el papel no le deje grandes momentos de lucimiento. La abuela Aranza de María Galiana tiene un papel breve pero con algunas frases incisivas, que la actriz sabe bien cómo colocar para convertirse en una de las mayores bazas de la función. De ley es reconocer que he visto en Julia Piera –Dulce, la hija- a una actriz centrada y llena de posibilidades, que brilla aquí por derecho propio en un papel más serio sostenido con entera convicción: me gustará verla haciendo otras cosas, porque parece que tiene verdadero potencial. Tomás Pozzi aprovecha su vis cómica –y el tener, como en el caso de la abuela, algunos de los momentos mejor escritos de la función- para sacar todo lo que puede de Ludwig, el comprador visitante: es, de nuevo, un papel breve, pero le luce. En fin, Ivana Heredia resuelve sin problemas lo poco que le deja un personaje sin recorrido alguno como el que le ha tocado en suerte. En cualquier caso, que la atención se la roben los personajes secundarios –cuando todo debería pivotar en torno al personaje de Nadia- muestra algunos agujeros de texto y dirección.

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Pocas risas durante la función, y aplauso bastante de cortesía al final, con la sala llena. El resultado, una comedia blanca, que no molesta pero que tampoco vuela todo lo alto que se le debe pedir a un texto de Juan Mayorga; por más que esté defendida por un equipo perfectamente válido. Desde luego, en este caso, la expectativa queda bastante por encima de los verdaderos resultados. Sería un texto estimable para alguien que empieza, pero a todo un Mayorga debemos pedirle más; porque sabemos que puede darlo.

H. A.

Nota: 2.25 / 5

“El Mago”, de Juan Mayorga. Con: Clara Sanchis, José Luis García-Pérez, Clara Piera, María Galiana, Tomás Pozzi e Ivana Heredia. Dirección: Juan Mayorga. AVANCE / ENTRE CAJAS / GARCÍA-PÉREZ PRODUCCIONES.

Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), 15 de Diciembre de 2018

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