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‘Tal Vez Soñar’, o comedia a corazón abierto

noviembre 12, 2018

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Nuevo texto del canario Antonio Tabares –prolífico autor que alcanzó la gloria gracias a La Punta del Iceberg; pero que, entre otras, también es el autor de la mucho más que interesante Una Hora en la Vida de Stefan Zweig-. Ahora, con Tal Vez Soñar, Tabares escribe una comedia blanca y amable que explora los límites entre la vida y la muerte y la esfera del recuerdo; en un código más cercano a la sonrisa que a la emoción; sobre una puesta en escena tan sencilla y práctica como efectiva que firma Mario Vega.

Nos recibe en el teatro un elegante cortinaje translúcido. Al comienzo de la representación, una videoanimación nos sumerge en lo que podríamos llamar el ciclo de la vida, acabando con la entrada de una mujer casada y con un hijo entrando en un quirófano. La obra comienza con esa misma mujer, ataviada con una bata de hospital, llegando a un lugar indeterminado en el que la recibe un hombre maduro, trajeado pero algo polvoriento, y que carga con un carrito de supermercado. El hombre, que parece conocerla, se sorprende de verla ahí tan pronto y ante la perplejidad de Inma le explica lo que sucede: acaba de morir durante la operación, y ahora debe aguardar en esta especie de limbo a que alguien la sueñe… porque cada vez que alguien la sueñe ella deberá acudir para completar ese sueño. Perpleja ante su nueva situación, Inma se resigna y espera y los sueños van llegando: el cirujano que provocó su muerte, su marido, su amante y hasta su hijo se encuentran con ella en un entorno onírico en el que Inma acaba actuando, de una u otra forma, de ángel de la guarda de todos ellos; ayudándoles a crecer y a madurar, sin dejar por eso de entablar también reproches por cuestiones del mundo de los vivos que Inma –desde el mundo de los muertos- no logra comprender, en un entorno marcado por una paradoja temporal en la que el tiempo parece avanzar a sus anchas. Entre sueño y sueño, Inma ha de regresar al limbo; siempre con la compañía de Pedro, ese hombre que le resulta familiar, que parece saberlo todo sobre ella, pero con el que extrañamente parece que nadie sueña. Así, mientras vamos conociendo la realidad de la vida de Inma a través de sus encuentros con los que la sueñan, también vemos cómo la mujer se aclimata a su nueva situación –porque no le queda otra-.

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Con esta trama, uno podría pensar que nos podríamos estar inclinando por una trama propia de la comedia dramática –de esas de nudo en la garganta- o incluso una comedia romántica sobrenatural a modo de algunas películas de los 80 y 90 –en la línea de El Cielo Sobre Berlín o City of Angels, por poner dos ejemplos claros-. Sin embargo, Antonio Tabares se inclina por una comedia neutra, apta para todos los públicos, simpática –siempre más de sonrisa que de carcajada-, de fácil digestión y que prefiere entretener que conmover; por más que tenga como elemento central la temática mortuoria. Puede que, precisamente por tratar un material delicado, el autor prefiera quitarle hierro al asunto de la muerte potenciando los aspectos más cómicos de la narración a través de la ironía con la que Pedro –desde luego un muerto experimentado- se refiere a la muerte; o del tono de ‘madre de todos’ que acaba adoptando Inma en los sueños de todos los que la llaman, de forma que para liberarse ella ha de liberar también a los demás.

En este sentido, a pesar de que la pieza es entretenida y está convenientemente dialogada –lejos de las funciones más redondas de Tabares, pero perfectamente válida- puede que uno espere detrás de una comedia tan blanca algún giro final hacia la emoción melancólica que bien podría ser el cierre más apto para esta historia. Sin embargo, Tabares es fiel al espíritu de su pieza y nos reserva para su desenlace un giro que es mejor no desvelar; pero que enlaza tramas y aporta un halo de luz a una obra en la que –como su propio título indica- la esfera del sueño es central. El final, desde luego, es coherente con el espíritu de la pieza – sin hacer peligrar su espíritu de comedia blanca y fácil-; pero siento que un desenlace más enfocado a lo meramente emocional hubiese contribuido decisivamente a redondear más el resultado final: no se debería temer apelar a la emoción en favor de un desenlace bonito. A pesar de todo, asumiendo género y el público al que va dirigida, Tal Vez Soñar, se ve con agrado y cumple exactamente con lo que busca y lo que promete.

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La puesta en escena de Mario Vega saca partido de muy pocos elementos – el telón móvil y translúcido que permite juegos de profundidad, una mesa que llega a tener múltiples utilidades, una iluminación que sabe bien cómo dibujar los espacios…- para armar un montaje atractivo y efectivo que demuestra que a veces basta con saber cómo emplear aquello con lo que se cuente para lograr un todo atractivo y solucionar los muchos emplazamientos que exige el montaje sin perder tiempo en las transiciones. Además, Vega encuentra con facilidad el punto justo en el texto para no convertirlo ni en una comedia de brocha gorda ni en un derroche de emocionalidad, cosa que tampoco estaba especialmente sencilla. Bien planteado el aspecto audiovisual, con un toque naif que casa muy bien con el espíritu de la propuesta; del mismo modo que el “Moon River” de Mancini -hilo conductor musical- cumple bien con esa función intermedia entre comedia amable y emoción que es clave en el desarrollo.

El trío actoral maneja bien ese punto intermedio –ni comedia fácil ni melodrama-  en el que se mueve la propuesta. La Inma de Marta Viera tiene aptitudes para armar el personaje central con garantías; pero la vocalización resulta a veces confusa y hay partes del texto que se pierden. Miguel Ángel Maciel se maneja bien en la ambigüedad y la bonachonería de ese Pedro que tiene las claves de todo lo que ocurre, manejando bien la ironía que se le permite al personaje. Por su parte, Maykol Hernández asume los cuatro roles que aparecen en los sueños de Inma – cirujano, marido, amante e hijo- haciendo una óptima labor de diferenciación entre unos y otros en un conjunto de personajes sin demasiado desarrollo, pero que permiten sin embargo que el actor tenga una amplia continuidad en escena.

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Tal Vez Soñar es, en pocas palabras, un buen espectáculo que sabe lo que pretende y consigue justamente eso: una comedia blanca, cómoda y entretenida de ver que no busca ir más allá, servida en un montaje sencillo pero atractivo; pero que tal vez pierda la oportunidad de jugar con la emoción sin perder ese tono de comedia. Como divertimento se ve con agrado, pero queda bastante lejos del espíritu de los grandes textos de Antonio Tabares. Un honesto divertimento, que tampoco es poca cosa en los tiempos que corren.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Tal Vez Soñar”, de Antonio Tabares. Con: Marta Viera, Miguel Ángel Maciel y Maykol Hernández. Dirección: Mario Vega. FACTORÍA UNAHORAMENOS.

Teatro Rosalía Castro, 3 de Noviembre de 2018

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