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‘Desde lo Invisible’, o panorámica de la contradicción de la diferencia

octubre 31, 2018

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Después de exhibirse en otros lugares de Madrid – como el Festival Una Mirada Diferente- El Pavón Teatro Kamikaze tuvo el acierto de dar temporada – y por lo tanto cierta continuidad- en su ambigú a Desde lo Invisible, proyecto de investigación sobre el universo de la discapacidad intelectual que en 2008 se alzase nada menos que con el Premio Max al Mejor Espectáculo Revelación. Se trata de un trabajo desarrollado por Irma Correa, José Manuel Pizarro, Isabel Rodes, Rolando San Martín, Victoria Teijeiro y Rubén Tejerina mediante visitas a un centro ocupacional de Madrid en el que todo el equipo pudo convivir y ver de cerca el día a día de personas con diversidad intelectual y funcional; al que también se suman experiencias personales del equipo artístico en torno a este ámbito. A partir de este trabajo de campo, se ha construido una dramaturgia que firman Irma Correa y Rubén Tejerina que explora, a modo panorámico, el mundo que enfrentan no sólo los discapacitados intelectuales – y lo distorsionada que puede aparecer su realidad para el resto del entorno- sino también aquellos que deben convivir con ellos; tal vez enfrentar el reto para llegar a convertirlo en normalización. Y, como telón de fondo, la gran pregunta: ¿dónde están los límites? ¿quién decide dónde está la normalidad? ¿quién nos obliga a trabajar para ‘normalizar’ lo que la norma ha convertido o trata de convertir en ‘anormal’?

En los últimos años se han ofrecido muchos espectáculos en torno al mundo de la discapacidad –interpretados o no por profesionales discapacitados-. Si por algo se diferencia Desde lo Invisible del resto seguramente sea por el lenguaje que emplea: directo, claro, huyendo conscientemente de cualquier atisbo de autocomplaciente sin buscar conmover o emocionar conscientemente al espectador a través de mostrar un mundo diferente –¿cuántos espectáculos teatrales sobre discapacidad hemos visto que apelan a la emocionalidad fácil y barata para desmontar al espectador sin compasión? No, eso no ocurre aquí-, sino limitándose a mostrarlo para que cada espectador saque sus propias conclusiones y se mueva a su propia reflexión.

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Puede que a primera vista – y como tiende a pasar con los espectáculos que entrelazan pequeñas historias, como es este caso- parezca que la función ofrece un punto de vista excesivamente panorámico de una situación que sin duda requiere pasarse a estudiarla con detenimiento. Sin embargo, no podemos negar que todo cuanto se ve y aparece en Desde lo Invisible son situaciones perfectamente reconocibles para cualquier persona que se encuentre medianamente cercana a esta realidad; prueba de que el proyecto nace de la investigación seria y rigurosa. También hay un discurso bien armado crítico más o menos velado con la situación –y con la hipocresía de la sociedad en torno a estos asuntos-, que se asoma a la realidad del punto de vista de las personas con discapacidad intelectual, sin renunciar a la ironía ácida.

Las píldoras por las que transita Desde lo Invisible nos muestran tanto el rechazo más o menos sistemático hacia lo diferente como el propio submundo de felicidad y hasta autorrealización en el que pueden llegar a vivir las personas con discapacidad intelectual: felices puede porque sean ajenas a la crueldad que les espera fuera – la crueldad del falso victimismo malentendido, de esa sociedad que se equivoca al hacer discriminación positiva y no mirar como iguales a aquellos que tal vez lo sean más de lo que parezcan: también esa vertiente aparece aquí- de esa burbuja en la que ellos encuentran lugar hasta para el humor, quién sabe si ajenos a la realidad o varios pasos por delante de esta. Pero también las dudas aparecen –más o menos lógicas- de unos padres ansiosos por la llegada de su hijo que reciben la noticia de que su hijo será diferente y han de decidir qué hacer; o la figura de una familia que se esfuerza por sacar adelante a un hermano con discapacidad intelectual severa y entra en un mundo de contradicción entre amor y rabia, que difícilmente dejará indiferente a nadie y que vuelve a poner de manifiesto la honda contradicción que encierra todo este mundo. Como digo, puede que todo suceda a vista muy panorámica; pero en una hora y veinte no hay tiempo a más, se abren suficientes caminos como para invitar a la reflexión –y está claro que el espectáculo prefiere mover a la reflexión antes que a la emotividad barata- todo cuanto se muestra son realidades que están ahí y aparecen despojadas de cualquier adorno: corresponderá a cada espectador decidir dónde situar, qué hacer y cómo gestionar el mundo real que Desde lo Invisible le ha plantado en las narices.

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Puede que el Ambigú del Pavón Teatro Kamikaze sea un espacio demasiado escueto para una propuesta que se apoya mucho en lo físico, y que creo que –aún perdiendo tal vez en cercanía- respirará mejor en un espacio más grande. Aquí se pierde en parte, por ejemplo, la proyección de vídeo, por situarse en un emplazamiento que hace difícil integrarla en la escena. La puesta en escena –que firma Rolando San Martín– se apoya en toda clase de objetos – xilófonos, estructuras plásticas, frutas…- esparcidos por el espacio; y a los que habitualmente se les da una carga musical –frecuentemente disonante- con fines expresivos. Tres intérpretes intervienen en el espectáculo: mientras Nacho Martín se ocupa de la parte musical – sobre partitura de José Manuel Pizarro- y completa el trío con pequeñas intervenciones habladas; son Victoria Teijeiro e Isabel Rodes quienes llevan el peso de las historias que aparecen en el espectáculo, desdoblándose en personajes con y sin discapacidad para cubrir todo el fresco narrativo que pide la función. A la dificultad que entraña tanto el moverse en historias fragmentarias –que obligan a gestionar muy rápidamente las emociones- como el transitar entre personajes tan distintos; hay que sumar además el sumo cuidado que hay en la construcción de la diferentes discapacidades que se muestran en la pieza: habrá quien crea que algunas de ellas están distorsionadas o exageradas; pero nuevamente hay que incidir en que quien conozca ese mundo podrá apreciar el mimo que hay en las construcciones físicas de los tics, la fisicidad, la vocalización y demás elementos que se necesiten para dar vida a estos personajes. Es, lo repito de nuevo, la muestra de que detrás de todo esto hay un trabajo serio de investigación e interiorización de la problemática.

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A fin de cuentas, puede que Desde lo Invisible sea uno de los trabajos más serios que se hayan visto directamente centrados en plasmar el mundo de la discapacidad en un escenario –me refiero con esto a funciones de índole más documental, dejando de lado clásicos del teatro o ficciones contemporáneas-: porque muestra la realidad sin ambages, porque no busca noquear al espectador con recursos efectistas ni lacrimógenos y porque, desde un punto de vista crítico y serio, se limita a poner sobre la mesa realidades que a veces pueden ser consideradas un tabú para que sea cada espectador el que decida qué hacer con ellas. Le faltará profundidad en las historias; pero no se pueden exponer más cosas en menos tiempo. Desde luego, tiene virtudes suficientes como para ser considerado un espectáculo muy serio. Hay que felicitar también al Pavón Teatro Kamikaze por haber incluido este espectáculo dentro de una programación regular y no en un ciclo específico: la normalización y la verdadera visibilización de las cosas empiezan por ahí.

H. A,

Nota: 3.5 / 5

 

“Desde lo Invisible”, Creación de: Irma Correa, José Manuel Pizarro, Isabel Rodes, Rolando San Martín, Victoria Teijeiro y Rubén Tejerina. Dramaturgia de Irma Correa y Rubén Tejerina. Con: Isabel Rodes, Nacho Martín y Victoria Teijeiro. LA QUINTANA TEATRO.

El Pavón Teatro Kamikaze (Ambigú), 24 de Octubre de 2018

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2 comentarios leave one →
  1. noviembre 26, 2018 16:19

    A min gustoume precisamente que o xeito de presentar esa panorámica de xeito pouco lineal dende o punto de vista narrativo pero que cala no emocional, me fixera sair do espectáculo ca función na cabeza. Aínda agora me fan rir ou me encollen o corazón cousas. E para min é un éxito que a xente que vimos o espectáculo xuntos aínda falamos del, e mais do “diferente” (i-el non o seremos nos? que diría Cunqueiro) a conta do espectáculo.
    Un pracer lerte, coma sempre!

    • noviembre 27, 2018 19:40

      Coincidín véndoa, de maneira case inesperada, cun bo número de bos amigos ós que coñezo fai bastante tempo. Xerou debate, entre eles, conmigo e (por que non dicilo?) tamén sobre min. Dende logo, que ese debate se xenere como ocorre é interesante e é unha virtude incuestionable do espectáculo. Pero non a única! Grazas por comentar.

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