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‘Monta al Toro Blanco’, o degradación de valores

octubre 11, 2018

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Por un puñado de funciones ha permanecido en cartel en el ambigú del Pavón Teatro Kamikaze Monta al Toro Blanco, último texto de Íñigo Guardamino – uno de los más fecundos dramaturgos contemporáneos de nuestro país-. Una sátira negra que bien podría ser la otra cara de Este es un País Libre y Si No Te Gusta Vete a Corea del Norte –otro de sus textos- puesto que comparten no pocas similitudes: ambas se conforman de historias cortas que se entrelazan y ambas usan la comedia, la farsa y la sátira para poner el dedo en la llaga de la sociedad –en este caso la sociedad Europea- y enseñarnos la cara más negra que se oculta tras lo que podríamos considerar un territorio adelantado, y hasta una potencia relativamente boyante. Así, las pequeñas historias de Guardamino comienzan pareciendo inofensivas pero acaban enseguida atacando con acidez corrosiva, políticamente incorrecta y hasta incómoda los supuestos valores que rigen la aparente potencia europea, y cómo todos esos valores podrían derrumbarse a la primera de cambio: Guardamino nos muestra, en definitiva, la degradación de Europa; de esa Europa manoseada, atentada y sobrepoblada que – como en el símil mitológico que da título a la pieza y que aparece indirectamente evocado en varios momentos de la representación- acaba seducida, raptada y abusada por Zeus.

Una pareja en la primera madurez que intenta superar una crisis en Roma mientras les pilla desprevenidos un atentado en una cafetería, una pareja joven con un particularísimo y místico concepto del amor y de los límites de la entrega –física y fisiológica- al otro, un austríaco de moral digamos dudosa dispuesto a abrir su casa a un grupo de emigrantes y una directora de construcción de un futuro parque temático de gran calado en Grecia que debe tapar a cualquier precio la aparición de unas ruinas mitológicas que podrían dar al traste con su proyectazo del que, por supuesto, se va a lucrar son algunos de los personajes que pueblan las historias que arma Guardamino para mostrarnos desde diferentes ángulos la falta de principios, la doble moral y, en suma, la carroña que habita el que aparentemente es uno de los continentes más adelantados.

Como es costumbre en las obras de Guardamino, la crítica a través de la sátira es brutal: nada ni nadie se salva; y los ecos de ese pasado que ensucia la memoria de Europa parecen haberse extendido hasta un presente que es el que es a base de arrastrar la basura ajena. Cuando accedemos a la sala vemos toda una serie de balsas a modo de patera entre bombardeos, desde las que los actores intentan avanzar sin conseguirlo; y un lienzo que evoca los destrozos de la Segunda Guerra Mundial cubre el espacio. Tal vez ni si quiera esa destrucción haya sido suficiente para comenzar de nuevo e imaginar un futuro en el que Europa haya aprendido de sus errores; porque  el futuro casi apocalíptico que pinta Guardamino en su función es también poco alentador –las fronteras se han cubierto de hombres armados dispuestos a todo, quién sabe si para evitar la masificación-, y los ecos del nazismo, el racismo, la lucha armada, el terrorismo o la expropiación de terrenos a cualquier precio no solo no han desaparecido, sino que han crecido con más. Ni siquiera la escena de los dos adolescentes buscando alcanzar la plenitud sexual –que acaba convertida en un escabroso momento de éxtasis erótico-místico, en el que se sostiene que solo mediante la mutilación se alcanzará el placer y la máxima entrega al otro- se salva de la mirada corrosiva del autor.

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Para mirar a Europa, Guardamino ha repetido una fórmula que ya le funcionó en Esto es un País Libre y Si No Te Gusta Vete a Corea del Norte; pero en este caso ha sabido condensar material y medir sobremanera su particularísimo sentido del humor. En Esto es un País Libre… – montaje que sobrepasaba las dos horas y se hacía larguísimo…- eran demasiadas las historias, muchas veces demasiado fragmentarias y sin un verdadero recorrido real; pese a algunos momentos de acierto. Aquí, sin embargo, el hecho de tener menos historias – apenas cuatro para un montaje que dura 80 minutos- ha permitido ofrecer mayor bagaje, mayor profundidad y mayor recorrido a lo que se cuenta; sin perder ni el espíritu crítico, ni el tono de humor negro ni esa capacidad de que nos espante estar encontrando divertido – como lo hacemos- un material tan bestia y políticamente incorrecto como este, virtudes que ya estaban en otras obras del autor. Y pese a todo, creo que, como en casi todas las funciones de sketches o historias entrelazadas, no todas funcionan igual de bien, y algunas son susceptibles de resumirse. Hay de todo, pero podemos decir que mientras la de los dos adolescentes –la más breve y directa- acaba siendo la más redonda – porque no se necesita más-, la de la constructora se acaba repitiendo casi hasta lo exasperante; mientras que la de la pareja ante el atentado en Roma gana con su último giro, de una negrura casi extrema; pero por eso tan interesante –¿dónde están las fronteras entre víctimas y verdugos?- y la del patriota austriaco empieza mejor de lo que termina.

En otro orden de cosas, hay que señalar que, dentro de lo que es el particularísimo sentido del humor de Guardamino – inconfundible, pero casi diría que es de estos en los que se entra o no se entra- Monta al Toro Blanco difiere de obras anteriores del autor en el sentido de que se distancia bastante de la sátira para acercarse a un humor más oscuro, más negro; menos evidente la mayoría de las veces. No es ni pretende ser una obra de carcajada –la ironía debe surgir desde la oscuridad latente de los personajes; presentada sin embargo aquí casi como algo normal- y esto convierta tal vez esta función en un texto menos cargante de lo que pueden resultar a veces otros del autor; sin perder de vista nunca ese tono incómodo y políticamente incorrecto que es marca de la casa. Creo sinceramente que –a pesar de que no todas las historias funcionen igual- el estilo de Guardamino aparece aquí más depurado que en obras anteriores, sin perder ni sus valores ni su esencia, precisamente porque ha sabido encontrar un tono menos recargado y condensar el contenido de la pieza.

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El propio autor dirige la pieza. El cuarteto actoral tal vez aparezca algo apiñado en el pequeño ambigú del Kamikaze – sería interesante ver la pieza en un escenario al uso, porque aquí la escenografía de Meloni está bastante desaprovechada; seguramente porque el espacio no da más de sí…-; pero están bien desenvueltos en un montaje que no es fácil de defender. Encontré a Sara Moraleda luminosa y particularmente inspirada en todas sus intervenciones, igual de eficaz que siempre en un registro bastante diverso al de otras cosas que le haya visto antes: la escena de la pareja adolescente echa chispas y es pura luz junto a Fernando Sainz de la Maza –que además se encarga de un rol más aséptico en la historia de la constructora- felizmente contagiado de la energía de su compañera: están ambos para enmarcar – no ha de ser fácil hallar el equilibrio entre las barrabasadas que dicen y ese tono naif que le imprimen- y es el mejor momento de la función. A Rodrigo Saenz de Heredia le caen en suerte varios lobos con piel de cordero – personajes por tanto bastante ricos en lo psicológico- y se las ingenia bien para dibujar todas esas dualidades y Gema Solé, seguramente la más desaprovechada del conjunto, brilla más en el sketch del atentado en Roma que en el de la constructora –aquí intuyo que es, básicamente, porque la historia no termina de funcionarme-.

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Seguramente Monta al Toro Blanco sea un Guardamino más maduro dentro de sus piezas de historias cortas –personalmente me atrapó más, desde luego, que Este es un País Libre… o Solo con Tu Amor No es Suficiente– y, aunque le sobre algo de metraje –los 90 minutos se hacen largos por momentos- siempre es una buena manera de acercarse a un autor con un estilo crítico y singular, que difícilmente dejará indiferente a nadie.

H. A.

Nota: 3.25/5

“Monta al Toro Blanco”, escrita y dirigida por Íñigo Guardamino. Con: Rodrigo Saenz de Heredia, Sara Moraleda, Fernando Sainz de la Maza y Gema Solé. LA CAJA NEGRA TEATRO.

El Pavón Teatro Kamikaze (Ambigú), 26 de Septiembre de 2018

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