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‘Sidra en Vena’, o humor, sidra y libertad

octubre 9, 2018

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Renovarse o morir. Después de haber estrenado con éxito lo que podríamos llamar la trilogía de la peluquería -ya saben: Lavar, Marcar y Enterrar, No Hay Mejor Defensa que un Buen Tinte y Rulos: El Origen– Juanma Pina evita acomodarse o dormirse en los laureles. Mientras dos de estas tres obras continúan en cartel desde hace varios años en el Teatro Lara –ya son clásicos de la cartelera madrileña- y estrena Sidra en Vena, una comedia astur pop que, sin perder el sello característico de su autor, rinde homenaje a todo ese universo de sagas familiares que han dado lugar a tantos y tantos seriales de espíritu telenovelesco –Dinastía, Dallas, Falcon Crest, Gran Reserva…– pasándola, eso sí, por el filtro de la comedia. Podríamos decir pues que Sidra en Vena es, en esencia, una parodia amable del universo de los folletines, con todos los ingredientes que no pueden faltar; y con ecos de ese humor absurdo –tan deudor de las comedias españolas de los ochenta- que Pina ya cultivaba en sus anteriores obras.

Noche de San Juan. Don Juan Pomarada –decrépito patriarca y dueño de sidras Pomarada, uno de los llagares más destacables de Asturias- reúne a sus hijos -Aurora, Paloma y Genaro- y a sus parejas e hijos, en su casa de Ribadesella; en torno a una cena familiar en la que unos y otros, tras largo tiempo sin verse todos juntos, darán rienda suelta a sus envidias, odios y pasiones secretas en una familia marcada por los secretos y las muertes más o menos accidentales ante las que todos prefieren callar. Mientras cae la noche, y se prepara el encendido de la ya clásica hoguera, los Pomarada deberán soportarse, ante la atenta mirada de Conchita –la sirvienta, que por supuesto conoce todos los secretos de la familia- y Cristo, el hombre de confianza de Juan Pomarada. La sidra corre, las gaitas suenan, el fuego crepita… y la sombra de los últimos días de Juan Pomarada –y, por tanto, la continuidad del boyante negocio- planea. ¿Serán capaces los Pomarada de aguantar esa noche juntos sin que se produzca algún nuevo accidente? ¿Cuál es el futuro del negocio familiar? ¿Qué secretos oculta Conchita, la criada? Sobre estas y otras incógnitas se construye esta delirante comedia que respeta la tradición de la telenovela para ponerla de vuelta y media a base de farsa satírica para todos los públicos.

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En Sidra en Vena se mantiene, como digo, el espíritu de las comedias de Pina: diálogos rápidos, trepidantes e ingeniosos; surcados por el espíritu del absurdo y los dobles sentidos; pero teñidos además aquí de los ecos del folklore astur – elemento fundamental en la trama no solo como base musical, sino también con fines expresivos- y de elementos que solamente podrían situarse en un contexto como este en el que transcurra la acción, perfectamente integrados en la parodia: el espíritu rural –y todo lo que ello conlleva (convenciones sociales, tradicionalismos, ocultaciones…)-, el nacionalismo rancio – astur en este caso, claro- y el espíritu de lo esotérico ligado a ese símbolo tan norteño que es la noche de San Juan. Además, a Pina no le queda un tópico por revisar de la mejor tradición de la telenovela de sobremesa –luchas por herencias, venenos, cuernos, intentos de asesinato, personajes con más vidas que un gato…- pero puestos en manos de personajes excéntricos que podrían moverse a medio camino entre la comedia almodovariana – Paloma y Aurora bien podrían haberse escapado de las primeras comedias del manchego- la tradición del cine de Pajares y Esteso – el retrato del patriarca con la pornoenfermera- o incluso el espíritu del humor de Martes y Trece; que favorecen un delirio que mueve sin remedio a la carcajada, al ritmo de los bailes populares, revisados para la ocasión por el mismísimo Rodrigo Cuevas: un cóctel explosivo, sin duda alguna.

Además de todo esto, Pina eleva a través de sus personajes y sus tramas – y siempre dentro de ese espíritu de alocada comedia- un canto a la amplitud de la libertad: la libertad de expresarse, la libertad para amar, la libertad de decidir, la libertad de normalizar la diferencia… Muchos de los personajes de Sidra en Vena se encuentran de hecho consciente o inconscientemente encorsetados en convenciones sociales contra las que luchan con todas sus fuerzas, y todos acaban evolucionando para rebelarse. En este sentido, hay que destacar que, dentro de las mil historias que pueblan Sidra en Vena Pina se guarda en la chistera un giro argumental bien integrado en la trama que nos habla de un acto de valentía, tanto a nivel de personaje como a nivel de interpretación – recordemos que ya en su trilogía anterior, Gabriela, la protagonista, era una mujer que había salido adelante endureciéndose pese a los golpes de la vida; pero aquí hay personajes que van todavía más allá-. El giro que se reserva para el desenlace –que es a su vez el viaje emocional hacia la desnudez de la verdad que hace uno de los personajes- es la historia de tantos y tantos personajes que han tenido que huir para encontrarse, y vuelve a demostrar una de las virtudes de la escritura de Pina: escondidas entre una comedia gozosa y pensada para reír, sin mayores complicaciones, hay también historias de personajes de tinte social… Pequeñas tragedias que salpican grandes comedias, sin que nos demos cuenta. Tal vez esa sea la gran habilidad de Pina, en una historia en la que tal vez podría haber sacado más jugo a ciertos lugares comunes de culebrón – tiene muchas virtudes el asunto, pero como parodia de telenovela se me queda algo corta- y que tal vez sea susceptible de recortar aquí y estirar allá, ahora que está en sus primeros pasos.

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El montaje se apoya en una sucinta escenografía –no hay que olvidar que la obra se estrenó en la sala grande del Teatro Lara, pero hace temporada en la pequeña-; pero plantea un reto técnico al decidir que cinco actores den vida a la quincena de personajes que puebla la función, provocando que todos doblen o tripliquen roles, normalmente embutidos en vestuarios bastante kitsch con todo lo que ello implica: el esfuerzo entre cajas para que todo suceda a tiempo ha de ser a buen seguro descomunal; y sin embargo todo fluye con una facilidad aplastante, sin que –salvo quizá por un par de interludios musicales que, sin embargo, entran muy bien en el carácter de la pieza- la trama se detenga en exceso para ganar tiempo. En este aspecto más o menos técnico, sí hay que señalar que el acabado formal de Sidra en Vena como función seguramente sea más complejo que el de la trilogía de la peluquería, porque exige un complejo y constante esfuerzo de caracterización por parte de los actores. Inenarrables algunos elementos de atrezzo – esa aspiradora con fol de gaita es como para no olvidar en bastante tiempo…-.

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Algunos personajes de Sidra en Vena.

Reconociendo la dificultad que plantea para el elenco este alocado ejercicio de cambio de roles, hay que señalar que todos se amoldan muy bien a estos códigos de comedia petarda y ochentera, casi farsa, que plantea Pina. Quisiera empezar destacando el generosísimo trabajo de Dolly – entre otros personajes, Conchita, la criada-, sin duda un emblema en su género y una garantía en cualquier comedia, como sucede también aquí: sin embargo, les puedo asegurar que nunca han visto a la intérprete entregarse tanto y a los niveles a los que llega en esta función. Podemos pensar que Dolly es un personaje en sí mismo; pero Sidra en Vena le da la oportunidad de mostrar nuevas caras y nuevos registros. En otras palabras, puede que nunca Dolly haya enseñado sus posibilidades actorales como lo hace aquí: hay que aplaudirla por atreverse a tanto. También Mario Alberto Díez –aquel imprescindible Fer de la trilogía de la peluquería- encuentra gracias al desdoblamiento la posibilidad de huir de ciertas imágenes preconcebidas para crear un rol de carácter que le permite mucho lucimiento. Alicia Orozco –como la hermana inconscientemente desequilibrada; por tanto la hermana capaz de todo- se las ingenia con destreza para sacar adelante un rol larguísimo pero muy carismático, mientras que Olga Hueso todavía puede y debe fijar algunos despistes con el texto y Sergio Campoy sabe buscar la comedia sin cargar excesivamente las tintas – consiguiendo con Saúl una caracterización francamente acertada y desternillante-.

En pocas palabras, Sidra en Vena tiene todas las características clásicas del teatro de Juanma Pina, gustará a quienes hayan disfrutado de la trilogía de la peluquería o a quienes quieran pasar una noche distendida entre risas, muestra un cierto avance técnico con respecto a sus hermanas mayores y –a pesar de no profundizar del todo en la parodia de telenovela- acaba, como buen melodrama, dejando varios caminos abiertos que huelen a spin-off.

H. A.

Nota: 3.75/5

 

“Sidra en Vena”, escrita y dirigida por Juanma Pina. Con: Sergio Campoy, Mario Alberto Díez, Dolly, Olga Hueso y Alicia Orozco. Música: Rodrigo Cuevas. MONTGOMERY ENTERTAINMENT.

Teatro Lara, 25 de Septiembre de 2018

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