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‘Todas las Mujeres’,o el encanto del perdedor

octubre 2, 2018

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Todas las Mujeres –material original de Mariano Barroso y Alejandro Hernández-  fue primero serie de televisión, y después una más que notable película que arañó alguna nominación a los Goya. Ahora, con un reparto completamente renovado, llega al formato teatral en una versión que dirige nada menos que Daniel Veronese y que capitanea Fele Martínez –en el rol del que antes se encargase Eduard Fernández-, en una versión amable; que parece querer subrayar cuanto de cómico tiene la trama antes que adentrarse en unos terrenos más profundos y pantanosos que sí aparecían en la cinta. El resultado es precisamente ese: una comedia negra amable, bien sostenida por las interpretaciones, que garantiza una entretenida tarde de teatro para el gran público; pero que quizá deje la sensación de que al material – y más con los mimbres con los que se cuenta aquí- se le podría haber sacado algo más de chicha.

Todas las Mujeres cuenta la historia de Nacho, un vererinario entrando en la cuarentena que se pilla de una becaria que parece intentar hacerle un lío del quince: ahora ha robado unos novillos a su suegro para venderlos a muy bien precio en Portugal y darse la gran vida con su despampanante amante… hasta que el suegro descubre el pastel y amenaza con empapelarle. Será entonces cuando Nacho –aparentemente abandonado por Ona, la becaria, que desaparece en el momento más oportuno dejándole el marrón- tenga que enfrentarse a una serie de mujeres que han marcado su vida, para intentar reunir el dinero que reclama el suegro y evitar así ir a la cárcel. Por la casa de campo en la que estaba al principio con la becaria, irán pasando una abogada – además ex pareja suya-, su madre, su cuñada y una psicóloga a través de las cuales vamos conociendo características de la vida del protagonista, y ese extraño charme que parece tener con todas las que le rodean: una capacidad para embaucar y darle la vuelta a la tortilla a todas las situaciones al alcance de pocos; el arte de la prestidigitación que tal vez ahora le salve de cumplir condena… o no.

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Tiene Todas las Mujeres la teatralidad de estructurarse en diálogos de a dos –Nacho va recibiendo progresivamente a las mujeres, en este caso en su casa (la película mostraba otros emplazamientos; esta vez, Ana Garay ha diseñado una casa de campo en la que transcurren todos los encuentros, separados por fundidos que parecen sugerir el paso del tiempo entre unos y otros)- de manera que el crescendo progresivo de la historia se sustenta en los datos que, como espectadores, vamos conociendo del protagonista conforme se van sucediendo los encuentros. Así pues, en Todas las Mujeres no impera tanto lo que podríamos llamar las diferencias de percepción de cada mujer hacia Nacho – porque prácticamente todas acaban sucumbiendo, al menos en primera instancia, a su manipulación o chantaje emocional- sino precisamente el retrato que, a lo largo del relato, se va construyendo del protagonista: el de un hombre con un raro encanto para llevarse a todas al huerto, pero que ahora – quién sabe si entrando ya en la crisis de la pitopausia– empieza a atravesar sus horas más bajas; de manera que puede que su charme ya no le pueda salvar de su propia realidad: no tiene dónde caerse muerto y está más solo que la una con un embolado de tres pares de narices.

En la versión teatral –que, con respecto a la serie y la película, elimina un encuentro de Nacho con su mujer-, se ha hecho especial hincapié en la vertiente más cómica del asunto – supongo que para acercar el material al gran público-, resaltando especialmente el lado más decadente del protagonista, sus horas más bajas y su torpeza para gestionar lo que le sucede. Sin querer entrar en una comparación propiamente dicha entre cine y teatro; sí hay que señalar que el perfil de ofrecía Eduard Fernández tenía algo más marcado de dandy; que nos dejaba más claro el encanto que este personaje en decadencia debió tener en el pasado para embaucar a todas las que pasan por ahí. El perfil de Nacho que representa Fele Martínez, sin embargo, incide más en la torpeza emocional del personaje, de manera que el propio espectador puede llegar a preguntarse cuál es el encanto real que ven todas esas mujeres en ese sujeto tan lleno de defectos y contradicciones como para ir cayendo una detrás de otra. Esta decisión –que parece enfoque de dirección bastante claro- se justifica para acercar la obra al gran público –ese que se irá del teatro feliz, tras haber visto una comedia agradable, bien sostenida-; pero creo que la historia – y el perfil protagonista- da para una mayor oscuridad, e incluso la pide a la hora de recordarnos que este hombre va al abismo cuesta abajo y sin frenos, porque las armas con que contaba ya no le sirven.

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Sobre la idónea escenografía única antes comentada, Daniel Veronese realiza una dirección de actores aseada –sólida pero lejos de las proezas de otros espectáculos suyos- sustentada probablemente en un elenco bien preparado y que domina este género que no pretende ser comedia desternillante pero tampoco drama. Asumiendo que se enfrenta a un perfil blando, que es el que se le ha marcado, Fele Martínez afronta con entereza un rol larguísimo en el que ha de irle plantando cara una a una a las otras cinco actrices, demostrando que es un actor sólido –eso ya lo sabíamos- aunque quizás otro perfil le hubiera permitido jugar con un mayor arco emocional. De entre las cinco actrices, todas en su sitio, puede que las más redondas e inspiradas sean la férrea abogada despechada de Nuria González, la madre de rompe y rasga que compone Lola Casamayor – tan alejada del perfil de la película, pero a la vez tan válida- y la hermética psicóloga de Cristina Plazas. Puede que la cuñada de Mónica Regueiro – aquí por asunto de escritura de un personaje difícil de sostener- y la becaria de Lucía Barrado – que encaja en el perfil con dificultad- queden un escalón por debajo con respecto a sus tres compañeras; siempre manteniendo niveles de dignidad. Pero hay que decir que Veronese – espléndido director de actores muchas veces- ha hecho aquí un trabajo digno; que no pretende profundizar en perfiles más allá de lo que pide un trabajo comercial que, sin embargo, tiene las suficientes garantías para funcionar con el público comercial. Queda claro lo que ha hecho; pero a Veronese se le puede –y se le debe- pedir más.

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Así las cosas, hay que decir que –siempre asumiendo el tipo de producto que han levantado- en Todas las Mujeres es un honesto y cuidado divertimento para el gran público, que se ve sin mayores preguntas ni mayores complicaciones. Que el material y el equipo artístico seguramente pudiesen haber llegado más lejos – la propia película vuela mucho más alto- es un hecho; pero sencillamente no es eso lo que se ha buscado aquí.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Todas las Mujeres”, de Mariano Barroso y Alejandro Hernández. Con: Fele Martínez, Nuria González, Lola Casamayor, Cristina Plazas, Mónica Regueiro y Lucía Barrado. Dirección: Daniel Veronese. PRODUCCIONES OFF / VANIA.

Teatro Reina Victoria, 16 de Septiembre de 2018

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