Saltar al contenido.

‘A Leituga’, o lo que subyace bajo la risa

junio 29, 2018

leitugacartel

Espectáculo en lengua gallega

La compañía Eme2 –con un elenco que recupera felizmente para el teatro a algunos de los más importantes intérpretes gallegos del panorama audiovisual actual- presenta A Leituga, una comedia dramática que el venezolano César Sierra escribió allá por 1989 – retengan este dato, porque me parece importante-, que vuelve sobre un tema clásico en el teatro como es el de las relaciones familiares complicadas por medio de una de esas cenas en las que hay que figurar a modo de paripé y donde a menudo todo salta por los aires. Así las cosas, podría parecer que A Leituga se apoya en un esquema funcional y más que visto dentro del repertorio teatral – esquema que tantos buenos resultados ha dado, dicho sea de paso-; pero, sin embargo, pronto veremos que que abre, entre carcajadas de ironía, un tema de debate mucho más complejo; un asunto aún polémico para la sociedad y pendiente de resolución a día de hoy – así que cuánto más en el momento de la concepción de la obra-: ¿cuál es el camino correcto a seguir con un ser humano en estado vegetativo?

leituga4

Virginia y su esposo Héctor ponen su casa a disposición de una cena familiar para celebrar el cumpleaños del patriarca. A la cena acudirán también Vinicio y Víctor – los hermanos de Virginia- y Dora – la esposa de Víctor, en avanzadísimo estado de embarazo-. En un principio parece que estamos ante un nuevo caso de una celebración rutinaria; uno de esos encuentros en los que se reúne la típica familia sin demasiado que decirse y que tiene que poner su mejor cara para agradar al homenajeado. Sin embargo, hay un detalle capital: el homenajeado es un hombre que lleva 9 años en estado vegetativo, a cargo de Héctor y Virginia en su propia casa. Celebrar su cumpleaños en familia se ha convertido ya en una tradición, puede que un ridículo mal menor por el que todos asumen que deben de pasar; y tal vez también una buena oportunidad para demostrar ante los demás que son felices, que sus vidas son mejores, más plenas que las del otro. Sin embargo, este año algo será diferente; porque Héctor y Virginia darán por fin un golpe en la mesa: ha llegado el momento, después de 9 años, de pasar el testigo a alguno de los otros hermanos para que, por fin, se hagan cargo de los cuidados del padre… Así, a la incomunicación familiar subyacente –que unos y otros intentan paliar con hachazos de ironía, en el clásico juego de atacar al de enfrente para protegerse de sí mismos-, en una carrera en la que todos –los tres hermanos como pilares; y los dos cónyuges como apéndices que tratan de entender qué pintan en esa unidad que se resquebraja- hay que sumar un doble debate: por un lado ¿hasta qué punto está cualquiera de ellos realmente a sacrificarse? ¿es sincero ese sacrificio? ¿es el padre una bendición o una carga? y por otro ¿hasta dónde es necesario y positivo que el padre siga con vida? Ante esta situación ¿cuál es la ética correcta? ¿Existe una ética correcta? Las cartas quedan sobre la mesa, la lucha por demostrar quién es mejor está servida y el debate que se abre arroja como mínimo preguntas interesantes. Entre todas ellas, tal vez una principal: ¿es vida la vida de un ser humano en estado vegetativo? Este último es sin duda el gran motivo que aborda A Leituga.

leituga1.jpg

El texto de Sierra arranca ágil, mediante una serie de diálogos breves que nos introducen en la dinámica familiar, perfilando los roles de los personajes dentro de ese microcosmos –Virginia es la esposa sacrificada, tal vez a la sombra de Héctor, el esposo ambicioso que anhela una vida mejor, la vida que está convencido que merecen; de la misma manera que Dora, anclada en un mundo de luz y color y a quien en apariencia le faltan un par de hervores y no se entera de nada, intenta inútilmente establecer diálogo con Víctor en un matrimonio que ni los hijos van a poder salvar; mientras que Vinicio es un bueno para nada que ni él sabe muy bien cuál es su rol en esa familia-. De las primeras réplicas –instaladas en un tono de comedia ácida, irónica y realista; tanto es así que uno puede llegar a reconocer aspectos de sus propias familias en algunas situaciones que aparecen plasmadas en escena- se puede deducir que estamos ante un tipo muy concreto de función; pero pronto vemos que las cosas van en otra dirección cuando sale a florecer el verdadero asunto del que se trata. En A Leituga no es tan importante el intento de todos por encontrar su lugar y evadirse del conflicto –evadirse para salvarse, claro- como el asunto del derecho a la vida digna –la eutanasia- que acaba siendo piedra de toque del argumento. Es obviamente un asunto que ya se ha tocado muchas veces en el teatro – por más que siga pendiente de legislación y normalización en la sociedad-; pero sorprende la claridad con la que Sierra abre debate sobre ello… ¡¡¡en 1989!!! Y puede que este sea el aspecto más interesante que se nos plantea cuando vemos la función: si el asunto no ha perdido vigencia alguna hoy; cuánto más removería conciencias entonces.

Tiene además el texto de Sierra la habilidad de instalarse en una esfera de falsa comedia que ayuda al público a entrar a través de una carcajada provocada por unos personajes dibujados con ciertos tintes de esperpento – en un momento u otro el autor acaba sacando a la luz lo peor de todos; y aún así nos acabamos compadeciendo de ellos, precisamente por lo miserables que pueden llegar a resultar- pero que pretende ir más allá… Tal vez sea eso lo que le falte para redondearse: que instalado en una atmósfera de comedia que funciona, el autor renuncie a darle un tono más oscuro al asunto cuando surge el verdadero conflicto que nos enseñe el verdadero bagaje – y por tanto la verdadera tragedia- de todos. Así las cosas, después de un inicio prometedor, puede que la cosa se deshinche un poco, porque el autor prefiere quedarse en una tónica cercana al esperpento que muestra lo miserable de los personajes antes que profundizar en un debate que, pese a ser tema central, acaba quedándose por debajo. Puede que me quede la sensación de que, a través del recurso de la comedia, el autor consiga introducir al público en un tema mucho más serio, sin querer incomodar más de la cuenta a la hora de ponerlo sobre la mesa; y es una lástima, porque el teatro que consigue incomodar es siempre interesante, en cualquier género. Así y todo, hay que reconocer que la pieza está dialogada con bastante tino y el equilibrio entre miseria y comedia da bastante juego, con algunos momentos muy logrados – el del enfrentamiento de las dos mujeres y un final francamente desasosegante: esa sensación de desasosiego por el contraste entre lo que se muestra y lo que realmente sucede podría y debería aparecer en más momentos de la obra-; y volver a señalar algo que me fascina: tiene casi 30 años y su conflicto central continúa generando ampollas… La valentía de Sierra para afrontar este tema en aquel momento – y la vigencia que el asunto conserva hoy- son dos valores a tener muy en cuenta.

leituga2.jpg

La puesta en escena que firma Víctor Duplá se apoya en el realismo escénico de José Manuel Faro, Coti, que ha iluminado sin embargo de forma que en muchos momentos subrayando un componente onírico, de pesadilla o misterio que a menudo sume a los personajes en fogonazos de sombra amenazante y que alcanza posiblemente su mejor momento en una ensoñación figurativa a cámara lenta en la que los personajes imaginan por un momento cómo podría haber sido –o cómo les hubiera gustado que fuese- esa fiesta si realmente estuviésemos ante una familia bien avenida: está claro que para todos es un verdadero problema que la familia no tire hacia delante. El contraste entre el realismo que se imprime a las interpretaciones –aquí la comedia surge más de las situaciones mismas que de que los personajes se hayan perfilado con trazos gruesos, cosa que afortunadamente no sucede- y los destellos de la luz forma una buen símil con lo que es esta obra: una aparente comedia más o menos blanca, con algo por debajo que amenaza con salir en cualquier momento y que podría sumirlo todo –y a todos- en tinieblas. También el tono de las interpretaciones está bastante conseguido, en una especie de balanza que pone la cosa a medio camino entre el humor y los estallidos de rabia que – en uno u otro momento- acaban teniendo todos los personajes, para que nos compadezcamos de ellos: todos poseen un objetivo a alcanzar, y todos enfrentan un obstáculo común que amenaza con que su deseo no pueda llegar a buen puerto. Nos reímos, sí; pero lo que sucede en el fondo es una tragedia de solución tan sencilla como prohibida que les está amargando la existencia a todos. Del tono de dirección se deduce rápidamente esa que es otra de las grandes claves de la pieza.

leituga3.jpg

El reparto es importante y experimentado; y todos rinden a buen nivel, si bien puede que los dos puntales interpretativos se encuentren en los polos opuestos que representan los dos cónyuges externos a la familia, que seguramente sean los más afectados por el conflicto aunque ni ellos lo sepan. El Héctor de Antonio Durán “Morris” –por la violenta sequedad que aporta a ese hombre claramente superado por unos acontecimientos que se han convertido en suyos sin serlo si quiera- y la Dora de María Vázquez –esa mujer incapaz de olerse la marejada que se está formando ante ella y sus consecuencias, por su extrema bondad o su falta de luces, según queramos enfocarlo: no en vano a ella le corresponde la última escena con mucha coherencia- forman una pareja externa y opuesta y a la vez podrían explicar – precisamente por verse en el marrón desde fuera- muchas de las cosas que ocurren en la función. Donde él marca el punto más seco del montaje – y creo que esa es la sequedad que se necesita para darle a la pieza esa oscuridad que requiere- ella consigue un personaje de pocas luces, sin hacer nunca parodia de esa mujer a la que le faltan un par de hervores: seguramente sean los dos personajes más complejos y las dos mejores interpretaciones del montaje, hasta el punto que llegan a contagiar su energía a quienes comparten escena con ellos. De hecho, uno puede pensar que hay cierta distancia en los tres hermanos, a pesar de que todos encuentren un momento para destacar: el Vinicio de Xosé Barato, tal vez arranque algo dubitativo en materia de proyección y vocalización, para irse asentando progresivamente; y encuentra su mejor momento en la escena de la cogorza que comparte con Dora – en la que también vemos la verdadera cara del personaje- y la Virginia de Mercedes Castro funciona mejor en los enfrentamientos que tiene con Héctor y Dora que en su momento de estallido individual y el Víctor de Federico Pérez se acoge a esquemas cómicos que tiene perfectamente controlados y le funcionan en general bien; aunque tal vez el propio personaje no disponga de un momento árido y un punto rastrero –como sí sucede con los demás-, de forma que le deja menos margen de arco de personaje. En cualquier caso, los cinco forman una buena paleta de lo que podría ser una comedia realista y manejan bien el ritmo de texto y réplicas, dándole al todo un tono muy apreciable.

A Leituga funciona bien como la comedia aparente que es –e introduce al público a través de la carcajada-; pero resulta más interesante por poner sobre la mesa –tal vez no con todo el peso de la ley como hubiese sido deseable- un tema que genera aún controversia. Si a eso le añadimos la vigencia que mantiene el texto tantos años después de haber sido escrito, lo pulcro del montaje y el buen nivel de las interpretaciones, estamos ante un espectáculo que indudablemente se disfruta, a falta quizá de que el texto – esto visto desde el presente- abandone más la comedia conforme avanza para decidirse apostar por la oscuridad.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

A Leituga”, de César Sierra. Con: Antonio Durán Morris, María Vázquez, Mercedes Castro, Federico Pérez y Xosé Barato. Dirección: Víctor Duplá. EME2.

Teatro Principal (Santiago de Compostela), 14 de Junio de 2018

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: